Yo quiero verte, Jesús
La resurrección de Jesús, vista desde la fe, y da un dinamismo nuevo a la historia, porque la resurrección del Señor es obra mayor que la creación del mundo (primera oración de la Vigilia Pascual, después de la lectura de la creación).
Dice Evangelii gaudium: “La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (n. 278).
Donde hay vida, la vida revienta. Paseo por el pequeño jardín de casa, cómo de entre las rendijas de los adoquines nacían flores. Y largamente me he detenido a ver la higuera, que quedó maltrecha, desnuda y fría. Pero, al venir la primavera, he visto cómo día a día, pujaba por salir la vida de todas las ramas, y todas subían: minúsculas hojas que ya se han hecho grandes hojas, y a su cobijo, los pimpollos, los higos. Donde hay vida, la vida sale como sea, y no puede menos de salir.
Y si Cristo vive, vive para mí, y no puede menos de salir a mi encuentro.
1. Yo quiero verte,
Jesús,
para mí aparecido,
con el rostro que tú quieras,
que sabes cuál necesito.
2. Tú has penetrado la
historia
y su entraña has invadido,
que el mundo entero en tu Pascua
de raíz fue
redimido.
3. No te pido altos
saberes,
tu vivencia es lo que pido,
que mi fe sea evidencia,
porque viviendo te
he visto.
4. Tú eres, Jesús, lo
real,
lo que existe por sí mismo,
lo que un día he de encontrar
cuando dé el
postrer suspiro.
5. Y eres, siendo lo que
eres,
el misterio mío íntimo,
el cordón que me une al Padre
de cuya entraña he
nacido.
6. Eres todo espiritual,
sin
dejar tu humano brío,
eres hombre en el Espíritu
y por eso eres más mío.
7. Y por eso quiero verte
y sentir tu poderío,
que el solo estar ante ti,
haga verdad lo que ansío.
8. No es visión fugaz de
ojos,
ni intelecto que yo finjo;
eres tú mismo en persona,
como a Saulo en el
camino.
9. Yo me meto en tu
Evangelio,
que allí vives escondido,
y verte resucitado
que solo así te concibo.
10. Quisiera escribir de
ti,
pero lo veo un delirio,
pues, cuanto más me aproximo,
harto de mí desconfío.
11. Te tienes que
aparecer
– perdona mi desvarío –
para anunciar de verdad
que quien vive es
Jesucristo.
12. Tú vives resucitado,
tú
iluminas mis dominios,
y te hablo así, mi Señor,
porque tú me has convencido.
13. Sé piadoso, mi Jesús,
que es tuyo ser compasivo:
yo quiero verte, mi Dios,
hoy y por todos los siglos.
Amén. ¡Aleluia!