Misterio de la
maternidad divina. ¡Qué palabras son éstas, Dios mío! María conservaba todo
aquella en el corazón, dice Lucas, en un corazón que será Traspasado por una
espada.
Que una mujer sea
Madre de Dios, ella que es “hermana nuestra” (S. Atanasio, en la lectura de
hoy), no la saca del común de los mortales; al contrario, la mete más adentro,
la hace más nuestra, pues como madre llega adonde como hermana no puede llegar.
Jesús, por ser Hijo de Dios, no es menos hombre ni menos humano; al contrario,
por ser Hijo de Dios con nosotros, es el más humano de los hombres.
Dicen que hemos “divinizado”
a María, y que por ello la hemos falsificado. Falsa divinización. Que por haber
sido la Madre del Hijo de Dios, ha sido la más mujer de las mujeres.
Misterio de la
maternidad que no cabe en la mente humana, como tampoco cabe el misterio acerca
a ella.
¿Cómo era María?
¿Cuál era su realidad? Han surgido muchos caminos, para comprenderla y orar. Y
no hay camino simplemente humano que pueda abordarla. La Teología nunca la
podrá alcanzar; la Poesía, la Pintura, la Música… Intentos fallido, si nos e
amparan bajo la luz del único camino: Mysterium fidei.
La Psicología no
pude verter la realidad del ser de María; la Sociología… tampoco (María, cual
si fuera la pionera de la Teología de la Liberación). La Mitología…, nada. María
es la que es, tan incomprensible como el Hijo; y admirable, amable desde él,
por él y para él. Como Dios la quiso.
Y desde este
misterio, misterio de la Encarnación, hacemos nuestra professio fidei:
- Por ser Madre
del Hijo Verbo, alcanza a todos los que alcanza la humanidad de su Hijo. Si es
Madre del Hijo es Madre de los hermanos del Hijo.
- Si es la Madre
de Dios de Dios “encarnado”, llega a toda carne humana, a todo dolor humano, a
todo gozo humano; llega hasta mí.
La fe nos conduce
a María, dulce Madre mía, Madre de amor.
En su corazón
guardaba… María es la primera creyente de su Hijo, la primera creyente de sí
misma.
16 Fueron corriendo
y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17
Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se
admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su
parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que
habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Fueron corriendo y
encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 21 Cuando
se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre
Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Hermanos:
1. Hoy es Año
Nuevo, año de gracia 2022, y todos, de par de mañana, cuando nos hemos encontrado
con familiares y amigos nos hemos saludado con un augurio: ¡Feliz año Nuevo!
Muy hermoso que la
misa primera de este Año, la Misa de Año Nuevo sea ante nuestro Dios un
homenaje de gratitud por el don que se nos concede, al mismo tiempo que una
ofrenda de amor para todo lo que Dios tiene dispuesto para este año. Dios, como
Padre, no puede hacernos ningún mal; todo lo que de Él venga, aunque fuera la
misma muerte, será un bien.
Día de Año Nuevo festejado
en las culturas de buena parte de la humanidad, aunque haya tradiciones de
cultura milenaria y de religión cuando el año nuevo tenga otra fecha en el
calendario: como el Año Nuevo en China, el Año Nuevo en el Islam, el Año Nuevo
en el Judaísmo.
2. “Año Nuevo,
vida nueva”, dice el viejo refrán, que cada uno puede aplicárselo a su modo y
estilo. Si nosotros, como creyentes, hemos venido a celebrar la Eucaristía y
alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios y del Cuerpo mismo de Cristo, ¿qué
resonancia tiene en la sagrada Liturgia este día de Año Nuevo? El Año Nuevo cae
en el corazón de los cristianos con esta triple llamada espiritual:
- Hoy es la octava
del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo; seguimos celebrando el misterio de
amor de la Navidad.
- Pero fijándonos
en las personas involucradas en este Nacimiento, hoy miramos a la Madre. Hoy
celebra la Iglesia la solemnidad de santa María Madre de Dios.
- Y como inicio
del calendario, hoy es el Día de la paz. Al decir “Feliz Año Nuevo” queremos decir:
Que reine la paz en las familias y en el mundo entero, por la paz es el
conjunto de todos los bienes, es la base de la felicidad razonable que podemos alcanzar
en esta vida, y que Dios quiere, que con la colaboración de todos, la
alcancemos.
Todos los años,
para esta ocasión, el Papa escribe para el mundo católico y todas las naciones
un mensaje para la paz. Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:
instrumentos para construir una paz duradera, es el mensaje que el Papa ha
escrito. Es un texto para leerlo despacio, compartirlo, y situar nuestra vida
en esas llenas por donde debemso avanzar. Allí donde yo estoy yo debo ser un
instrumento de paz.
3. Escuchen, por
ejemplo, este párrafo que se refiere al primer punto del mensaje: Diálogo
entre generaciones para construir un clima de paz
“Todo diálogo
sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre
una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza
mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad
y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los
jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de
futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger
lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos
de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.
Dialogar significa
escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo
esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del
conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y
compartida”.
Todo esto es muy
hermoso, digno de reflexionarlo pausadamente y sacar las consecuencias. La Iglesia,
especialmente a través del magisterio de los Papas, ha ido formando un sólido
cuerpo de doctrina social, inspirada en los principios del Evangelio.
4. Con todo, en la
Eucaristía nuestra predicación debe centrarse en la esencial del misterio, y
hoy el centro del misterio que celebramos nos lleva a poner nuestros ojos en María.
Dice el Concilio que el Padre de las misericordias quiso que a la Encarnación de
su Hijo precediera el consentimiento de una mujer (Lumen Gentium, 56). María ha
sido parte integrante de la Encarnación. Y en la misa de hoy la Iglesia pide
una gracia: que lo mismo que estuvo María presente en la Encarnación esté
presente en nuestra vida, y que nosotros experimentemos esa presencia, una
presencia que se manifiesto, sobre todo, pro su intercesión.
Todo esto resulta
sublime y está dentro del misterio. ¿Cómo es posible que Dios contara con el
consentimiento de una criatura para un plan absoluto y divino? Dios contó con
el consentimiento libre de una mujer. Libre es aquel que puede decir sí y puede
decir no. María dijo sí al plan de Dios, con todas las consecuencias. El Evangelio
de hoy nos dice una frase muy misteriosa, para pensar: María, por su parte,
conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
5. María está
diciendo permanentemente a la Iglesia – a nosotros, a mí en particular – que Dios
es misterio de fe y que debemso recibirlo en obediencia de fe. La Virgen del sí
es la Virgen de la peregrinación en la fe; peregrinó hasta el Calvario en la fe
que un día había dado.
Esto también es
una frase del Concilio: peregrinó en la fe. Sólo en la fe pudo aceptar la
misión de su Hijo y la misión a la que ella fue llamada.
Y lo mismo ocurre
en nuestra vida, hermanos. Sólo en la fe podemos asumir los senderos de Dios
por los que se desliza nuestra vida. Justamente el domingo pasado, que era el
domingo de la Sagrada Familia. No entendieron la respuesta de Jesús a los doce
años en el Templo, pero la madre guardaba estas cosas en su corazón, nos vuelve
a decir el Evangelio. No hace falta entender, hermanos, todo lo que pasa, pero
sí hacer falta creer y guardarlo en el corazón. Y un día se nos mostrará que todo
estaba en orden.
Demos gracia al Señor,
por tener una madre que, aunque no la veamos, está presente y nos conduce. Pidámosle
a ese Dios y Padre Todopoderoso que contó con el consentimeitno de una mujer
para la Encarnación del Hijo que sintamos que la misma Madre, llena de amor y
de dulzura nos acompaña todos los días de nuestra vida.
Señor Jesús, que
tuviste por madre a María y por Madre nos la diste cuando estaba al pie de la
Cruz, ella que estuvo en tu nacimiento, pues ella te trajo al mundo, y estuvo
presente en tu muerte, esté presente y la sintamos en todos los momentos clave
de nuestra vida. Amén.