sábado, 1 de enero de 2022

1715. Maternidad divina de María – Oratio, professio fidei

En el corazón guardaba

 

Misterio de la maternidad divina. ¡Qué palabras son éstas, Dios mío! María conservaba todo aquella en el corazón, dice Lucas, en un corazón que será Traspasado por una espada.

Que una mujer sea Madre de Dios, ella que es “hermana nuestra” (S. Atanasio, en la lectura de hoy), no la saca del común de los mortales; al contrario, la mete más adentro, la hace más nuestra, pues como madre llega adonde como hermana no puede llegar. Jesús, por ser Hijo de Dios, no es menos hombre ni menos humano; al contrario, por ser Hijo de Dios con nosotros, es el más humano de los hombres.

Dicen que hemos “divinizado” a María, y que por ello la hemos falsificado. Falsa divinización. Que por haber sido la Madre del Hijo de Dios, ha sido la más mujer de las mujeres.

Misterio de la maternidad que no cabe en la mente humana, como tampoco cabe el misterio acerca a ella.

¿Cómo era María? ¿Cuál era su realidad? Han surgido muchos caminos, para comprenderla y orar. Y no hay camino simplemente humano que pueda abordarla. La Teología nunca la podrá alcanzar; la Poesía, la Pintura, la Música… Intentos fallido, si nos e amparan bajo la luz del único camino: Mysterium fidei.

La Psicología no pude verter la realidad del ser de María; la Sociología… tampoco (María, cual si fuera la pionera de la Teología de la Liberación). La Mitología…, nada. María es la que es, tan incomprensible como el Hijo; y admirable, amable desde él, por él y para él. Como Dios la quiso.

Y desde este misterio, misterio de la Encarnación, hacemos nuestra professio fidei:

- Por ser Madre del Hijo Verbo, alcanza a todos los que alcanza la humanidad de su Hijo. Si es Madre del Hijo es Madre de los hermanos del Hijo.

- Si es la Madre de Dios de Dios “encarnado”, llega a toda carne humana, a todo dolor humano, a todo gozo humano; llega hasta mí.

La fe nos conduce a María, dulce Madre mía, Madre de amor.

En su corazón guardaba… María es la primera creyente de su Hijo, la primera creyente de sí misma.

 

En el corazón guardaba

aquel divino secreto,

que no lo puede entender

el finito entendimiento.

 

María es Madre de Dios,

como creyente lo creo,

y una dulzura sin fin

al creerlo experimento.

 

Madre de la Encarnación,

con libre consentimiento,

que sin ella Dios no fuera

Jesús el hermano nuestro.

 

Ni ella misma lo entendía,

porque era fe y sacramento:

soy la casa de mi Dios,

yo que de la nada vengo.

 

Ni a mi Hijo le entendí

lo que nos dijo en el Templo;

mas no hubo regaño alguno,

sino ternura en mi pecho.

 

Ser Madre de Dios humano

es la fe hasta el extremo,

milagro como creer

que el Muerto surgió en el Huerto.

 

Ser Madre de Encarnación

es ser Madre hasta el completo,

madre de todos los hijos

hermanos de carne y hueso.

 

Recuerda, Madre de Dios,

que por ser Madre del Verbo,

eres tú mi Madre mía,

de salvados dulce encuentro.

 

Madre de Dios en Belén,

con el calor de tu seno,

para Dios Infante fuiste

el necesaio sustento.

 

Madre mía de llorar,

de sentir tu amor más tierno,

para un hijito que gime

porque es hijito pequeño.

 

Madre de todos los niños,

de Dios hijos y herederos,

nacidos y no nacidos,

que requieren tus consuelos.

 

Madre de la humanidad,

todo el orgullo depuesto;

si lloro, eres mi Madre,

y al llorar no me avergüenzo.

 

Madre mía, ten piedad,

que a ti solo te lo cuento;

muéstrame, Madre, a Jesús,

mientras me quedo en silencio. Amén.

 

Jerusalén, Santa María, Madre de Dios, 2022.

1714. Octava de Navidad - Año nuevo 2022

 

La Virgen en el misterio de la Encarnación,

ayer y hoy

Texto evangélico:

16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.  18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

Hermanos:

1. Hoy es Año Nuevo, año de gracia 2022, y todos, de par de mañana, cuando nos hemos encontrado con familiares y amigos nos hemos saludado con un augurio: ¡Feliz año Nuevo!

Muy hermoso que la misa primera de este Año, la Misa de Año Nuevo sea ante nuestro Dios un homenaje de gratitud por el don que se nos concede, al mismo tiempo que una ofrenda de amor para todo lo que Dios tiene dispuesto para este año. Dios, como Padre, no puede hacernos ningún mal; todo lo que de Él venga, aunque fuera la misma muerte, será un bien.

Día de Año Nuevo festejado en las culturas de buena parte de la humanidad, aunque haya tradiciones de cultura milenaria y de religión cuando el año nuevo tenga otra fecha en el calendario: como el Año Nuevo en China, el Año Nuevo en el Islam, el Año Nuevo en el Judaísmo.

 

2. “Año Nuevo, vida nueva”, dice el viejo refrán, que cada uno puede aplicárselo a su modo y estilo. Si nosotros, como creyentes, hemos venido a celebrar la Eucaristía y alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios y del Cuerpo mismo de Cristo, ¿qué resonancia tiene en la sagrada Liturgia este día de Año Nuevo? El Año Nuevo cae en el corazón de los cristianos con esta triple llamada espiritual:

- Hoy es la octava del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo; seguimos celebrando el misterio de amor de la Navidad.

- Pero fijándonos en las personas involucradas en este Nacimiento, hoy miramos a la Madre. Hoy celebra la Iglesia la solemnidad de santa María Madre de Dios.

- Y como inicio del calendario, hoy es el Día de la paz. Al decir “Feliz Año Nuevo” queremos decir: Que reine la paz en las familias y en el mundo entero, por la paz es el conjunto de todos los bienes, es la base de la felicidad razonable que podemos alcanzar en esta vida, y que Dios quiere, que con la colaboración de todos, la alcancemos.

Todos los años, para esta ocasión, el Papa escribe para el mundo católico y todas las naciones un mensaje para la paz. Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera, es el mensaje que el Papa ha escrito. Es un texto para leerlo despacio, compartirlo, y situar nuestra vida en esas llenas por donde debemso avanzar. Allí donde yo estoy yo debo ser un instrumento de paz.

 

3. Escuchen, por ejemplo, este párrafo que se refiere al primer punto del mensaje: Diálogo entre generaciones para construir un clima de paz

“Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida”.

Todo esto es muy hermoso, digno de reflexionarlo pausadamente y sacar las consecuencias. La Iglesia, especialmente a través del magisterio de los Papas, ha ido formando un sólido cuerpo de doctrina social, inspirada en los principios del Evangelio.

 

4. Con todo, en la Eucaristía nuestra predicación debe centrarse en la esencial del misterio, y hoy el centro del misterio que celebramos nos lleva a poner nuestros ojos en María. Dice el Concilio que el Padre de las misericordias quiso que a la Encarnación de su Hijo precediera el consentimiento de una mujer (Lumen Gentium, 56). María ha sido parte integrante de la Encarnación. Y en la misa de hoy la Iglesia pide una gracia: que lo mismo que estuvo María presente en la Encarnación esté presente en nuestra vida, y que nosotros experimentemos esa presencia, una presencia que se manifiesto, sobre todo, pro su intercesión.

Todo esto resulta sublime y está dentro del misterio. ¿Cómo es posible que Dios contara con el consentimiento de una criatura para un plan absoluto y divino? Dios contó con el consentimiento libre de una mujer. Libre es aquel que puede decir sí y puede decir no. María dijo sí al plan de Dios, con todas las consecuencias. El Evangelio de hoy nos dice una frase muy misteriosa, para pensar: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

 

5. María está diciendo permanentemente a la Iglesia – a nosotros, a mí en particular – que Dios es misterio de fe y que debemso recibirlo en obediencia de fe. La Virgen del sí es la Virgen de la peregrinación en la fe; peregrinó hasta el Calvario en la fe que un día había dado.

Esto también es una frase del Concilio: peregrinó en la fe. Sólo en la fe pudo aceptar la misión de su Hijo y la misión a la que ella fue llamada.

Y lo mismo ocurre en nuestra vida, hermanos. Sólo en la fe podemos asumir los senderos de Dios por los que se desliza nuestra vida. Justamente el domingo pasado, que era el domingo de la Sagrada Familia. No entendieron la respuesta de Jesús a los doce años en el Templo, pero la madre guardaba estas cosas en su corazón, nos vuelve a decir el Evangelio. No hace falta entender, hermanos, todo lo que pasa, pero sí hacer falta creer y guardarlo en el corazón. Y un día se nos mostrará que todo estaba en orden.

Demos gracia al Señor, por tener una madre que, aunque no la veamos, está presente y nos conduce. Pidámosle a ese Dios y Padre Todopoderoso que contó con el consentimeitno de una mujer para la Encarnación del Hijo que sintamos que la misma Madre, llena de amor y de dulzura nos acompaña todos los días de nuestra vida.

 

Señor Jesús, que tuviste por madre a María y por Madre nos la diste cuando estaba al pie de la Cruz, ella que estuvo en tu nacimiento, pues ella te trajo al mundo, y estuvo presente en tu muerte, esté presente y la sintamos en todos los momentos clave de nuestra vida. Amén.

 

Jerusalén, sábado 1 de enero de 2022.