domingo, 14 de agosto de 2022

1793. Dom XX, C – He venido a prender fuego a la tierra

 

                                    He venido a prender fuego a la tierra 

                                                            Lc 12,49-53

Texto:

49 He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!

50 Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! 51 ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. 52 Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

 

Hermanos:

1. Hace unos domingos Jesús emprendió decididamente el camino hacia Jerusalén, hacia la muerte. “Puso su rostro para ir a Jerusalén; se enrostró a Jerusalén”. Jerusalén era su destino. No cabe que un profeta muera fuera e Jerusalén. Y hoy escuchamos estas palabras, que son una explosión de algo que lleva en su corazón: fuego, fuego arrasador.

Palabras que las estamos escuchando después de haber visto en pantalla fuego, escenas terribles de fuego que ha destruido montes hermosas; que incluso se ha llevado ganados y haciendas. Al ver tales llamaradas, teníamos ganas de cerrar la televisión y pasar a otra cosa; pero no, el fuego estaba allí. Y quién más, quién menos, ha podido ver a conocidos, amigos, acaso familiares entrar en pánico, porque el fuego avanzaba y entraba en el pueblo. Había que recoger en dos o tres maletas lo esencial y a toda prisa, escapar, dejar la casa, sin saber que iba a pasar, porque el viento llevaba las llamas sin que los bomberos y los servicios de incendios pudieran contra esta plaga devoradora.

Jesús dice que he venido a poner fuego, pero no en una aldea; lo que quiero es un incendio universal en la tierra, ¡y cómo estoy deseando que arda ya la tierra entera en este fuego!

¿Qué es lo que quiere Jesús? Meter el fuego de Dios en el mundo. El fuego purifica y de las cenizas tiene que salir algo completamente distinto. Esto es más que una revolución. Jesús, manso y humilde de corazón, es fuego, es más que un revolucionario.

2. Jesús está hablando de su vida. Su vida es puro fuego. Y con nuevas palabras pasa a una segunda comparación. Jesús va en busca de un bautismo. El que se bautizaba entraba en las aguas del río, se sumergía en ellas y salía como nueva criatura.

Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Qué bautismo es este, si Jesús ya había sido bautizado? Es el bautismo de la Pasión. Jesús no iba a entrar en un río de su sufrimiento, sino que iba a hundirse en el mar de la Pasión. Sufrimientos del cuerpo y del alma iban a venir sobre él, un océano de dolor. Pero es que lo estaba deseando: , ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

Es la locura del amor que se ha apoderado completamente de su corazón. San Pablo ha vivido el eco de estas palabras locas: Me amó y se entregó por mí. 

3. Y, mirando a sus discípulos, Jesús nos dice con el alma rota: 51 ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

Jesús, en contra de su voluntad, ha venido a romper lo más sagrado: la familia. Y nos lo dice con palabras dolorosísimas: He venido a traer división: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra.

Él trae el Evangelio, que es la suprema oferta de amor y de gozo, de prosperidad y de bien estar, en suma, de salvación. Unos lo reciben, otros lo rechazan. Su pueblo, en general, lo ha rechazado; unos pocos lo han acogido.

Todo esto crea situaciones de extremo dolor. En su tiempo fue así, y seguirá siendo así.

4. Un ejemplo estremecedor lo teníamos esta misma semana recordando a una santa judía del tiempo del nazismo. El caso de la judía Edith Stein, nacida en familia judía, creyente y observante. Ella fue brillantísima estudiante de Filosofía, tanto que su profesor la escogió como profesora adjunta. Una noche, leyendo de un tiró la autobiografía de Santa Teresa de Jesús, iluminada por Dios, dijo: Esto es la verdad. No era una niña ni una jovencita. Era una mujer de 30 años, curtida por la vida, por el sufrimiento de su pueblo judío, al que amaba como la reina Ester, Doctora en Filosofía, que había pasado del Judaísmo al ateísmo, y aquella noche se hacía discípula de Jesús, seguidora de Jesús para siempre. No podía tener una cátedra universitaria en propiedad en Alemania, por ser judía. Pero comenzó a dar conferencias. Al fin, comprendió que su misión era encerrarse en un monasterio de monjas carmelitas y desde allí salvar a su pueblo desde la oración y la penitencia. Terminó en un monasterio de Colonia, luego pasó a Holanda. Su madre le decía: Hija mía, no te niego que Jesús de Nazareth fuese una persona buena, pero Hijo de Dios, no…, eso es una locura.

El 2 de agosto de 1942, a sus 50 años, como judía fue llevada al campo de exterminio de Auschwitz, y una semana después, el día 9 desapareció en los hornos crematorios. Hacía tiempo su hermana Rosa, era católica como ella. Así murió, con las palabras y el amor de Jesús, la que hoy veneramos como Santa Benedicta de la Cruz, hoy Patrona de Europa.

4. Esto es la explicación viva del Evangelio del hoy.

Hermanos, ¿queremos ser de verdad discípulos de Jesús?

Estoy preguntando: ¿Queremos ser de verdad discípulos de un Crucificado? Aceptemos la muerte de Jesús y que esa muerte la comparta en mi vida.

La Cruz de Jesús, origen de nuestra salvación, no está allá lejos para para yo vaya a buscarla. La Cruz de Jesús está donde yo esté.

No quisiera que mi familia fuera mi propia cruz, porque lo más dulce que hay en la vida es una familia bien compuesta. Pero no puedo olvidar las palabras paradójicas que Jesús se ha atrevido, bien a pesar suyo, a pronunciar: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra. No siempre ser ‘así, pero puede ocurrir.

Un texto del Evangelio nos dice, a propósito de los parientes de Jesús: Y es que tampoco sus parientes (hermanos) creían en él (Jn 7,5).

Concluyamos, hermanos. Jesús vive, él es nuestro salvador, y en él hemos puestos todo nuestro amor y esperanza.

Señor Jesús, tus palabras me iluminan y confortan. Haz que llegue a comprender que en al Cruz está la vida, que tú nunca me has de fallar, y que es verdad, por lo siento, que en ti he encontrado mi salvación. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes, 12 agosto 2022.

miércoles, 3 de agosto de 2022

1791. Dom XVIII,C – Jesús, la herencia y el dinero

                                                Jesús, la herencia y el dinero

Lc 12,13-21

 

Texto:

13 Entonces le dijo uno de la gente*: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». 14 Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?». 15 Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

16 Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. 17 Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. 18 Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. 19 Y entonces me diré a mí mismo: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. 20 Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. 21 Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Hermanos:

1. Este Evangelio nos muestra a Jesús metido en las cosas de este mundo, y claramente nos revela cuál es su misión frente a los afanes diarios de la vida, y cuál debe ser el nuestro.

La escena es viva y espontánea. Un desconocido, que no es propiamente un discípulo sino uno de la gente, se presenta a Jesús a decirle: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Ya veis, hermanos, la herencia causa de divisiones familiares. Esto ocurría hace dos mil años, y esto ocurre hoy. El corazón humano es así.

Este hombre que acude a Jesús. ¿Tenía la razón? No lo sabemos; así, pudiera ser que sí. Y acaso Jesús con su autoridad ponía poner orden y hacer una obra buena. Lo que puede hacer un rabino de autoridad, puede ser importante. Si la petición se la hubieran hecho a un rabino judío, a una jefe de la sinagoga… ¿no habría actuado para resolver este conflicto de familia? Probablemente.

La respuesta de Jesús es cortante. Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?

2. ¿Qué significa esta respuesta de Jesús? No es una respuesta evasiva, para no entrar en conflicto, como si una voz le dijera; No te metas en líos, que vas a salir escaldado, porque no has de dejar a las dos partes contentas… Esa prudencia humana no es la que guía la conducta de Jesús.

Una interpretación de este tipo sería falsificar el Evangelio. En otro momento Jesús ha dicho claramente que nos ha venido a traer la paz sino la espada, porque él sabe que va a dividir familia, y evocando frase de los profetas. Recordemos, hermanos:  He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa (Mt 10,35-36).

Esta enemistad que Jesús provoca no es por inmiscuirse en asuntos de familia, sino porque el anuncio del Reino las suscita por sí mismo, y al anunciar el Reino el decidirse por Jesús o en contra Jesús.

Lo que está pidiendo a Jesús es que resuelva un asunto de familia a favor propio, y punto.

Desde esta frase de Jesús se puede iniciar un tratado de teología: cuál es la misión del cristiano y cuál no; cuál es el bien verdadero y cual no.

Por poner un ejemplo casero: Voy a hacer una novena a la Virgen o tal santo para aprobar los exámenes. Si te aprueban no habiendo estudiado y no sabiendo lo que debes saber, ese aprobado es una trampa, es un engaño, es un mal en la vida.

Al eco de la frase cortante de Jesús, seguimos preguntándonos: ¿Cuál es la verdadera misión de la Iglesia? ¿Resolver asuntos de familia? ¿Crear cauces para que la economía prospere y todos disfrutemos más y seamos más felices? Nada de eso. Pensarlo así sería un engaño.

3. En la institución de la Iglesia se ha creado una diplomacia, al modo de la diplomacia de los estados, y se dice que ese invento es para facilitar más la misión de la Iglesia, que es evangelizadora. Y en concreto las personas informadas nos pueden decir que se ha pedido la mediación del Estado Vaticano para llegar a una solución de dos estados en conflicto. En estamos en esta hipótesis de la misma lógica humana: si efectivamente existe un estado vaticano, puede existir una mediación sobre la base diplomática de un estado vaticano, como podría mediar otro estado. Pero la Iglesia de Jesús, aunque digamos que el conjunto de los cristianos somos socialmente una sociedad perfecta, con plenos poderes, y con relaciones di0plomáticas a ese alto nivel…, somo consciente de que la Iglesia de Jesús, no es ni puede ser nunca un estado al par de otro estado. Es la comunidad del Señor Resucitado, que brota de la Cruz, que lleva el perdón de los pecados, por la gracia de Cristo, que llena del Espíritu Santo quiere anunciar la gracia y la misericordia del Padre.

Estos puntos apenas insinuados nos darían para un libro para decir quién es Jesús y quién es su Iglesia. Si el Papa visita un país, el Jefe del Estado le hará una visita de cortesía, por razones de cortesía (viene a visitarle un líder mundial) y un jefe de estado; pero el Papa, por su misión de sucesor de Pedro, ni tiene por qué ser ni un líder mundial ni un Jefe de estado. Por tanto, todo lo que pertenece a la institución del estado Vaticano y a la red de representaciones diplomáticas, puede cambiar, porque no han nacido del Evangelio sino del devenir de la historia.

 

4. Siguiendo con la anécdota de hoy, Jesús pasa del conflicto familiar al asunto del dinero. Jesús nunca ha dicho una palabra a favor del dinero, como, por ejemplo: “Con el dinero se puede hacer mucho bien, se puede hacer mucha caridad. Es bueno tener dinero y saber emplearlo”. Todo esto es en sí correcto; incluso sano. Pero este lenguaje no pertenece al lenguaje de Jesús.  Al contrario, su lenguaje ha sido distinto: “Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas” (Lc 16,9).

Al dinero le da en esa parábola del administrador injusto ese apellido inicuo: “dinero de iniquidad”. Y ha pensado que el dinero tiene el poder de un dios: No podéis servir a Dios y al Dinero, y en este caso escribimos a Dios con mayúscula y al Dinero con la misma mayúscula.

Tenemos el caso impensable, pero real, de Judas que vendió a Jesús – y en consecuencia mató a Jesús – por dinero. ¿Cuánto me dais y yo os lo entrego? Pero el dinero no le sirvió para su felicidad, porque por el remordimiento de aquellas treinta monedas, se ahorcó.

La parábola del hombre que muere de repente, nos traduce un pensamiento de Jesús, que resulta difícil asimilar.

Cuanto más dinero, más felicidad… Aparentemente es verdad, pero la vida te dice que es mentira. Por más millones que tengas, por más coches y casas y aviones que puedas tener a tu disposición, no vas a ser más feliz.

Ejemplos estruendosos los tenemos a la vista.

El dinero no te hace dueño de la vida, y hoy mismo me puedo morir…

Hermanos, no hay otro camino para ser feliz que el camino de la verdad y del amor. Y la verdad y el amor son Jesús.

 

Señor Jesús, Tú y solo Tú puedes ser la felicidad a la que estoy llamado ya en esta tierra. En séñame la lección de este Evangelio, y hazme feliz con tu divina presencia en todos mis actos. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes 29 julio 2022.