Ayer, fiesta de
Santiago Apóstol, Patrón de España, escuchábamos esta lectura:
20 Entonces se le acercó la madre de
los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21
Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos
se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis
beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda
no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi
Padre». 24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los
dos hermanos. 25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los
jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 26
No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea
vuestro servidor, 27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que
sea vuestro esclavo (Mt 19, 20-27).
La
madre de aquellos dos hermanos pide mucho, el todo para sus hijos, nada para
ella. Y Jesús les va a conceder no lo que ella pide, sino algo distinto y sin
comparación más, muchísimo más, la mayor gracia que Jesús puede conceder:
hacernos partícipes de su Pasión, en definitiva de su Misterio Pascual. Desde
esta consideración va esta rima del Evangelio.
13 1 Aquel día salió
Jesús de casa y se sentó junto al mar. 2 Y acudió a él tanta gente
que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en
la orilla.
3 Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. 4 Al
sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la
comieron. 5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía
tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; 6 pero en
cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. 7 Otra
cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. 8 Otra cayó en
tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. 9
El que tenga oídos, que oiga».
10 Se le acercaron los discípulos y
le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Él les
contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los
secretos del reino de los cielos y a ellos no. 12 Porque al que
tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo
que tiene. 13 Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y
escuchan sin oír ni entender. 14 Así se cumple en ellos la profecía
de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; 15
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado
los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el
corazón, ni convertirse para que yo los cure”. 16 Pero
bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. 17 En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon
ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
18 Vosotros, pues, oíd lo que significa la
parábola del sembrador: 19 si uno escucha la palabra del reino sin
entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa
lo sembrado al borde del camino. 20 Lo sembrado en terreno pedregoso
significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21
pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o
persecución por la palabra, enseguida sucumbe. 22Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la
palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la
palabra y se queda estéril. 23 Lo sembrado en tierra buena
significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce
ciento o sesenta o treinta por uno.
Hermanos:
1. Los santos Evangelios nos han transmitido unas
40 parábolas de Jesús. Y digo unas cuarenta, porque no se pueden contar
exactamente. Para algunos una frase de Jesús que es una comparación lapidaria,
que quede bien grabada en nuestras mentes, es una parábola abreviada; para
otros es simplemente una sentencia para el perpetuo recuerdo.
Pues una de las parábolas más sonadas y conocidas
de Jesús es esta de “El Sembrador”, con la cual san Mateo abre un capítulo o
sección de su Evangelio dedicado a un grupo de parábolas.
Para comenzar vamos a fijarnos en dos detalles,
que nos van a dar mucha luz para esta y las demás parábolas. Jesús dice la
parábola y termina con una frase como en un acertijo: El que tenga oídos,
que oiga. Una frase que, con alguna variante se repite otras veces. Una frase
que los traductores a veces traducen con su estilo. Por ejemplo, en una Biblia
popular, suena así: El que tenga entendimiento, que discurra. En
castellano tenemos un dicho: Que cada uno se aplique el cuento.
¿Qué significa lo que Jesús está diciendo? Y
Jesús responde: Tú lo verás; puede significar tantas cosas. Y cosas muy
distintas para unos y otros.
Es decir, hermanos, las parábolas no terminan en
los labios de Jesús. Las parábolas terminan en el corazón de cada uno. Dios te está
hablando a ti a través de esta parábola, tú verás lo que te está diciendo. El
que tenga oídos, que oiga. Escucha, escucha atentamente; piensa y
reflexiona y ya verás cómo la parábola es entonces distinta del principio, y lo
que parecía un cuentecillo entretenido va a resultar una profecía que Dios te
dirige a ti, a mí, precisamente a mí.
2. Pero
hay otro punto importantísimo, que queremos oír y asimilar: En verdad os
digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y
oír lo que oís y no lo oyeron. Tenemos un privilegio que no lo ha tenido
nadie en la antigua Ley. Jesús lo acaba de decir: A vosotros se os han dado
a conocer los secretos del reino de los cielos. Lo veíamos también en otro
domingo: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has ocultado
estas cosas a los sabios y entendido y las has revelado a los pequeños, a esta
gente sencilla.
Las parábolas no son cuentecillos entretenidos
para pasar un rato ameno. Las parábolas, a veces tan sencillas y pintorescas,
son revelación de los secretos del Reino; así lo fueron, así lo son y serán.
3. En esta parábola, que es como una introducción
a todas, Jesús nos presenta cuatro cuadros. La semilla es la misma, el
sembrador también, pero la tierra donde cae, es decir, el destinatario, puede ser
muy diferente. La semilla y el sembrador no pueden ser mejor; lo demás queda a
tu responsabilidad.
La semilla cae en el camino, acaso senderos que
ha habido que preparar en la hacienda para el trabajo. Esa semilla no ha
entrado dentro de la tierra. Los pájaros se comen esos granos. Esto puede
ocurrir y ocurre. Es como si preguntáramos a uno que ha venido a misa. ¿Qué ha
dicho el predicador? Y este responde: No me he enterado, es que tampoco me
interesa. Ocurre lo que decimos: por un oído entra y por otro sale. No pasa
nada. Jesús añade, al explicar, que el Maligno, el demonio, está muy interesado
en que ocurra esto: en que no pase nada. En que la Palabra de Dios no sea
Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios, si un día llegas a entenderla, te
fascina y te cambia la vida.
La semilla puede caer, segunda hipótesis, en una
tierra pedregosa. Cualquier labrador dirá: Es inútil, no es tierra de
sembradío. Va a salir, ciertamente, pero no es tierra, no va a granar, porque
no puede echar raíces, cualquier calor la va a quemar antes de que llegue a
granazón. Y viene la aplicación: el que al principio recibe la Palabra de Dios
con alegría: es cosa nueva y bonita pero no tiene raíces, es inconstante, y
en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Pero habrá también tierra buena. Efectivamente,
tercera hipótesis: tierra buena, pero tierra sin trabajar, no preparada, tierra
donde brota cualquier cosa, hasta las zarzas. ¿Quién es este, que es tierra
buena en la que cabe todo? A lo mejor estamos retratados aquí. Lo sembrado
entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y
la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Todo el
mundo es bueno, dice el refrán, a lo mejor con lenguaje gracioso. Todo el mundo
es bueno, sí, hermanos, y a lo mejor “todo el mundo es malo”, yo mismo. Porque
en el corazón se revuelven muchos sentimientos que hay que ordenar y dominar.
En la parábola se mencionan dos cosas: los
afanes de esta vida y la seducción de las riquezas. Uno que es un egoísta y
vividor no puede disfrutar de las cosas de Dios. Hay que cultivar el campo, hay
que labrarlo, airearlo, abonarlo para que la semilla pueda dar fruto. Es lo
mismo que si un joven quiere sacar una carrera, no basta con que sea listo, tiene
que echarle ganas, imponerse una disciplina, dedicar tiempo, renunciar a muchas
cosas que le apetecerían. En suma, si la Palabra de Dios ha de dar fruto, hay
de preparar la tierra.
4. Con esto que hemos dicho, ¿queda explicada la
parábola de Jesús? Porque ahora viene lo principal. El que se ha sentado ante
los libros para estudiar al detalle los santos Evangelios, se queda sorprendido
cuando viene el investigador especialista y te dice: Lo más importante que
quiere acentuar Jesús es esto: que la Palabra de Dios siempre,
absolutamente siempre, ha de encontrar tierra buena.
Jesús fue rechazado, es cierto; no encontró la
acogida que él esperaba de su pueblo, es cierto. Pero en su pueblo encontró
gente que dio su vida por él, y gracias a ellos nosotros estamos aquí.
Un sacerdote mayor, como este que habla, puede
decir: Para encontrar santos y santas, uno no ha tenido que ir allá lejos o a
tiempos de atrás. Los hasvisto allí donde tú has trabajado. ¿Quién les ha
enseñado? ¿Acaso aquel buen sacerdote que han conocido…? Acaso, pero ha sido
Dios mismo en sus corazones. Si yo quiero abrir las puertas a Dios, no hay
fuerza, ni en el cielo ni en la tierra, ni en el infierno, que me lo pueda
impedir. Y entonces entra Dios y hace lo que a Él le place, porque Dios es el
único dueño del corazón.
Y hay un último detalle muy simpático, que nos
anima mucho. Que en esa buena tierra donde siempre hay fruto, unos producen 30,
otros 60, otros 100. Un labrador dirá: eso no es así: un grano de trigo no da
30, ni mucho menos 60 y 100. Es verdad, pero este invento es cierto en las
cosas de Dios. Que, sin saber por qué, en el campo de Dios, hay una cosecha del
30, del 60 o del 100 por ciento. Cuando Dios actúa, actúa con eficacia. Nos lo
ha dicho Isaías en la primera lectura de hoy.
“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
| y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, | de fecundarla y
hacerla germinar, | para que dé semilla al sembrador | y pan al que come,
así será
la palabra, que sale de mi boca: | no volverá a mí vacía, | sino que cumplirá
mi deseo | y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11).
Señor Jesús, en tu palabra están los secretos del
Reino que el Padre nos quiere revelar. No dejes de sembrarla en mi corazón, que
yo quiero recibirla con alma y vida. Amén.
Pamplona, sábado 15 julio 2023 (San
Buenaventura).
1899. Dom XIII A – Jesús y su declaración de los supremos valores del ser y
de la vida
Mt 10,37-42
Texto
El que quiere a su
padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí;
el que quiere a su
hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
38 y el que no carga
con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
39 El que encuentre
su vida la perderá, y
el que pierda su
vida por mí, la encontrará.
40 El que os recibe
a vosotros, me recibe a mí,
y el que me
recibe, recibe al que me ha enviado;
41 el que recibe a
un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta;
y el que recibe a
un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
42 El que dé a
beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños,
solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa
Hermanos:
1. El Evangelio de este domingo está redactado de
una manera especial, distinta de los demás domingos. Si lo escribimos en una
papel, no todo seguido, sino en líneas diferentes, como cuando se escribe
poesía, vemos que es una hilera de diez frases en forma de sentencia solemnes,
cada una de las cuales comienza de la misma forma: el que hace esto, el que
opta así…, aténgase a las consecuencias.
Diez sentencias que son diez principios de vida,
como podrían ser quince, como podrían ser veinte.
En cada caso se trata de proponer un criterio
absoluto, según el cual se decide la vida. Es como el chico y la chica que se
han conocido, que se gustan, que se entretienen, que a lo mejor tontean un poco….,
pero tiene que llegar un momento preciso en que esto se resuelva: o sí o no; o
sí de verdad, y nos comportamos como debemos portarnos, o no sencillamente y
cortamos, y cada uno por su camino.
2. Aquí Jesús, que trae una vida nueva, pide
decisiones claras, y aparte de ser claras tienen que se radicales. Estas diez
frases que están en este catálogo, que es un Decálogos de las exigencias de
Jesús para su seguimiento, todas giran en torno a lo mismo. Jesús plantea una
alternativa, y la plantea de un modo hasta hiriente y cruel:
- Jesús y mis padres
- Jesús y mis hijos
- Jesús y mi vida
- Jesús y mi entorno social.
Si nos hemos apuntado a ser seguidores de Jesús,
discípulos de Jesús, no podemos andar con medias tintas. El lenguaje popular ha
creado una frase: Una vela a Dios y otra al diablo.
Ser cristiano es tomar opción clara por una
persona, con todas sus consecuencias. Esto lo ha repetido Jesús en diversas
ocasiones y de diversas maneras: Recordad aquella frase fulminante: “Nadie
puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al
contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir
a Dios y al dinero” (Mt 6,24).
En la vida todos hemos tenido pequeños incidentes
que nos han enseñado mucho. Recuerdo a una mujer que trabajaba en una agencia
de viajes. A la hora de componer la factura veía algo raro: esto es el precio
del viaje, esto es el IVA, este otro tanto por ciento es tal y este es cual.
Ella fue al empresario a decirle: Señor, aquí hay algo que no funciona, porque
este tanto por ciento que se añade no es legal, y no lo puede percibir el
climente. El empresario le respondió: Ojo, si dices algo te juegas tu puesto de
trabajo. No hizo falta que le despidieran; ella se marchó porque no quería
colaborar con la injusticia.
Esta mujer podía leer con el rostro limpio la
palabra de Jesús, a quien amaba con todo su corazón: el que pierda su
vida por mí, la encontrará. Qué paz, qué satisfacción, qué bienestar
se encuentra en ser ante sí mismo testigo de la verdad. Porque un compañero
podía decir a esta empleada: eso no es de tu incumbencia, allá el dueño, él
sabrá; tú eres una contable, haz lo que te mandan y punto.
Sin
duda que esta mujer nunca se arrepintió de haber perdido el oficio y el ingreso
que necesitaba, porque la satisfacción de estar en la verdad de Jesús vale más
que todo.
3.
Hermanos: la vida cristiana tiene un eje y un centro, JESÚS. Y Jesús no es la
referencia de un partido político, programa negociable según las
circunstancias. Jesús se ha presentado como Hijo de Dios. Y sus exigencias son
claras y totales, y así para todos los cristianos estema en la vocación que
estemos, pues sea cual sea el oficio que ejerzamos todos estamos llamados a ser
santos, a vivir en la verdad y en el amor total.
Hace
cuatro años, en mayo de 2029 era beatificada en México Conchita Cabrera de
Armida. Armida es el apellido del que fue su marido, su querido Pancho. Se casó
a los 21 años; quedó viuda a los 39 años con nueve hijos. Adoraba a su esposo y
a cada uno de sus hijos. Quedó viuda tan joven, y cuando se iba a casar su hijo
mayor le escribía unos consejos: Que seas como tu padre. Estaba orgullosa del marido
que había tenido, trabajador y familiar, entregado a la educación de sus hijos.
Esta mujer, como casada y como viuda, vivió una vida de alta unión con Jesús,
con la Cruz de Jesús, que ha quedado escrita en páginas y páginas que le mandó
escribir su director espiritual. No tenía estudios, porque no había pasado de
la primaria. Es ala inspiradora de las Obras de la Cruz, las 5 instituciones u
Obras de la Cruz que florecen especialmente en México.Cuentas sus biógrafos de sus tiempos de
casada: “El 14 de enero de 1894 se graba en su pecho el
monograma JHS, como una forma de manifestar su pertenencia al Señor.
Entonces se olvida de sí y exclama su deseo: ¡JESUS SALVADOR DE LOS HOMBRES,
SALVALOS!”
4. Personas de este talante nos dicen a
todos cómo debemos ser cristianos a carta cabal.
Si muestro modo de ser cristianos no
produce entusiasmo en torno, bien podemos poder la mano al pecho y
preguntarnos: Señor, ¿qué pasa…? ¿Qué es lo que no funciona?
Estos
días pasados nos ha sorprendido la noticia del abandono que hay en Alemania de
la Iglesia Católica. “Más de medio millón de personas
abandonaron la Iglesia católica en Alemania el año pasado, lo que marca un
nuevo récord dentro de una tendencia al alza desde hace años, según
estadísticas presentadas este miércoles por la Conferencia Episcopal alemana en
Bonn.En 2022 dieron la espalda a la
institución 522.821 personas, frente a las 359.338 que lo habían hecho el año
anterior…” (Religión digital, 28 junio 2023).
La pregunta es: si Jesús es lo más bello y
fascinante que ha acontecido en la historia, como lo hemos creído nosotros, y
él mismos lo ha pensado hasta el punto de decir: El que dé a beber,
aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo
porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa, ¿por qué, pues,
los cristianos no hacemos resplandecer por nuestras obras la belleza de lo que
creemos, de lo que significa ser discípulos de Jesús con todas las
consecuencias?
Hermanos, si hablamos así de Jesús
es porque estamos convencidos y queremos entregar esta alegría a quienes no la
conocen. Démosle gracias por la fe que nos ha regalada, y pidámosle:
Señor Jesús, amor y sentido de
nuestra vida, guárdanos en esta fe hasta la muerte, y haz que, amando a nuestra
familia con todo el corazón, te amemos a ti más que al padre y la madre, más
que al hijo y a la hija, y más que al mundo entero. Amén.