jueves, 3 de agosto de 2023

1904 900.20 Porciúncula, mi casita – Rima espiritual

 Porciúncula, mi casita

La fiesta de la Porciúncula o de Santa María de los Ángeles es algo entrañable en la familia franciscana. Nos evoca orígenes y amores, y san Francisco, a su muerte, nos la encomendó como una herencia preciosa, como el icono en que podía reflejarse toda la familia. San Francisco, tocado por la Gracia, inició su itinerario espiritual reparando ermitas. La primera fue la pequeña iglesia de San Damián, donde durante años tuvieron su morada las Hermanas Pobres. La segunda fue la Porciúncula, nido de sus amores. Era una ermita derruida, propiedad de la Abadía benedictina de Monte Subasio, luego generosamente cedida por los monjes a los hermanos. Bien es cierto que los hermanos anualmente llevaban un cestillo de peces pequeños a los monjes, en señal de dependencia, y, a su vez, los monjes correspondían fraternalmente dándoles una vasija de aceite.

La Porciúncula es el lugar de aquel “perdón de Asís” o Indulgencia plenaria que el humilde Francisco obtuvo del Papa Honorio III, privilegio insólito en aquellos tiempos, extendido posteriormente a todas las iglesias franciscanas, y actualmente también parroquiales, el día 2 de agosto.

Desde otra perspectiva, que nos interesa especialmente, la Porciúncula es nuestra casa de familia, la casa de la Madre. Como en otro tiempo he tenido la oportunidad de escribir:

Ø  En tiempo de Francisco es, por excelencia, el lugar espiritual de la Orden:

- Lugar del nacimiento de toda la familia franciscana: Cuna de la Orden (para san Francisco y para santa Clara).

- Lugar del encuentro fraterno (capítulos generales).

- Lugar de la misión (de allí partieron las misiones).

- Lugar del tránsito de san Francisco. Él quiso que para morir le trajeran precisamente al lugar donde todo había comenzado, a la Porciúncula.

- En la historia de la Orden, el lugar de la fidelidad a la Regla.

La Porciúncula es la casa hogar de la Madre de los menores, bajo cuya maternidad nacimos. La Porciúncula, por ello, bien puede convertirse en “nuestra fiesta de la Madre”.

En el oficio divino que rezamos la familia franciscana, en este 2 de agosto leemos en el “Oficio de lectura” las apremiantes recomendaciones que nos hizo nuestro hermano y padre francisco de Asís de que nunca abandonáramos este lugar, y de que la vida de los ehrmanso que aquí morasen fuera un verdadero ejemplo y referencia para toda la Orden.

Porciúncula, mi casita,

la de mi Madre querida,

la que el Hermano Francisco

más que a ninguna quería.

 

La Virgen sencilla y pura

ha de ser siempre la misma,

Nazaret y la Porciúncula

suenan a igual sinfonía.

 

Porciúncula, los pequeños,

con la pequeña María,

llena de gracia entre todas

la que esclava se sentía.

 

Esclava de Dios Altísimo,

servidora pobrecita,

que tan solo una mirada,

una mirada pedía.

 

Llena de gracia le dice

el Ángel de la misiva,

vas a ser Madre del Verbo

en tus entrañas purísimas.

 

Hágase su voluntad,

que todo mi ser suspira,

suya soy, por Él creada

y su querer es mi dicha.

 

Y el nuevo mundo nació

del sí del hermoso día

y María más pequeña

se vio toda bendecida.

 

Porciúncula del Señor,

fontana de toda vida,

por tu humildad sin recortes

te han hecho toda divina.

 

Porciúncula para ser

entrañas de Eucaristía;

a tu vientre llegó un Hijo

como luego pan sería.

La carne de Cristo es tuya,

en tu cuerpo concebida,

y ese cuerpo en comunión

es comida y ambrosía.

 

Porciúncula de mi Dios,

que en verdad el alma ansía,

que pequeña, sí, es mi alma,

mas de todo un Dios mendiga.

 

Porciúncula de los ángeles

que afinan arpas y liras,

para cantar en la ermita

a quien es la más bendita.

 

Hoy me llego hasta tus plantas,

Juglar de la Virgencita,

con los versos que el amor

me puso en canciones lindas.

 

Para una madre de veras,  

que con ojos limpios mira,

lo que su hijo le ofrece

es la cosa más bonita.

 

Acepta mi ofrecimiento,

Madre mía, Madrecita;

es una flor que yo traigo

a la ermita preferida.

 

Madre de gracia y perdón,

de un amor que no es mentira,

yo dejo mi vida aquí

que tus manos la reciban.

 

Y la entregues a Jesús,

a quien Dios todo confía:

él es dueño y redentor

y a sus pies todo termina

 

Que seas tú mi Porciúncula

en esta mi travesía,

mi espejo, mi luz, mi meta,

icono de mi familia.

 

Porciúncula de menores

mientras el mundo se agita,

eres la paz, la esperanza,

la verdad que consolida.

 

Eres la gracia más bella,

transparencia que fascina,

obra de Dios toda suya,

brindando plena acogida.

 

Tu pobreza y tu humildad

son tu belleza indivisa;

en esa santa hermosura

acógenos, compasiva.

 

Madre de Dios, la Porciúncula

de nuestra Iglesia en salida,

serás siempre nuestra Madre,

seguridad y alegría. Amén.

 

Pamplona, al eco de la Porciúncula (3 agosto 2023).

viernes, 28 de julio de 2023

1903. 900-19 Dom XVII A – Jesús, el tesoro escondido, la perla preciosa

 Jesús, el tesoro escondido, la perla preciosa 

Mt 13,44-52

Texto

44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

45 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, 46 que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

47 El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51 ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 52 Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». 

 

 

Hermanos:

1. Por tercer domingo consecutivo el Evangelio que se nos anuncia es un Evangelio de parábolas de Jesús: parábola del tesoro escondido, parábola de la perla preciosa y parábola de la red barredera. Las dos primeras, una con sensibilidad masculina, la del tesoro en el campo; otra, con sensibilidad femenina, la de la perla preciosa.

La de la red es distinta, parábola fulminante, como la de la cizaña, cuando Jesús nos remite al juicio final de la vida, a lo que sucederá al final de los tiempos, cuando haya que separar a los buenos de los malos.

 

2. Nos detenemos primero en las dos primeras parábolas para ver qué es lo que Jesús nos quiere revelar.

En ellas Jesús nos da, por de pronto, un doble mensaje:

-        El primero, que el reino de Dios, que es lo más precioso, es algo escondido, es decir, que solo Dios lo puede revelar; que el reino de Dios no es un programa sublime, el mejor programa que se haya inventado, como una alternativa a todos los demás. No es un programa: es un tesoro escondido, y si tú un día lo recibes, tendrás la sensación de que no puedes convencer a nadie, si Dios mismo no le concede a esa persona la gracia que a ti te ha concedido.

-        En segundo lugar, las dos parábolas nos dicen que ante ese bien supremo, yo puedo renunciar a todo lo que tengo, puedo vender todo lo que tengo a cambio de ello, porque lo que yo recibo vale infinitamente más que todo lo que tengo y puedo tener.

Pero hay un dato que lo ha recalcado la primera parábola, la del tesoro escondido, y los expertos en los Evangelios lo hacen notar diciéndolo: eso es precisamente la punta de la parábola. ¿Y cuál es este dato? Este detalle es lo que dice el Evangelio: que lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene. Este hombre, que ha tenido esta suerte, no es ningún héroe porque venda todo lo que tiene; bien al contrario, es el hombre de la suerte y puede hacer eso con alegría.

Si uno ha encontrado el Reino de Dios, hermanos, ser cristiano no es un acto heroico; no soy yo el que le estoy haciendo un favor a Dios, con mi entrega, con mi generosidad, dejándolo todo, es Dios el que me está dando la suerte a mí, que me ha hecho encontrar el tesoro de mi vida.

 

3. Según este modo de hablar de Jesús, el Reino de Dios, que es lo que Jesús nos ha predicado y lo que sigue anunciando misteriosamente, es un secreto, es un tesoro escondido. Esto quiere decir que yo no lo puedo alcanzar, ni lo puedo entregar a otro, como puedo entregar un programa político o los conocimientos de una ciencia. La comparación más próxima acaso sea la del amor. ¿Qué has visto tú en esta persona, que no han visto los demás, para que tú digas que es la mujer de tu vida? El amor es un hallazgo, es un encuentro, que establece una sintonía vital, de vida a vida. Así es la Fe. La Fe no es ni una ciencia ni una mercancía. La Fe es un don que Dios nos regala a modo de encuentro vital. La Fe da un sentido a toda la vida: todo es igual que antes y, al mismo tiempo, es distinto. Todo lo que llamábamos valores verdaderos no pierden su valor, pero quedan ordenados, a lo mejor corregidos, completados, y de todas formas iluminados por una luz superior.

El que ha encontrado a Dios como eje de su vida, ve que la vida en salud y enfermedad, en trabajos e ingresos no ha cambiado, pero que ahora es distinto bajo una luz diferente. Dios no nos aparta de las cosas humanas, pero nos las hace ver de modo bien diferente.

Hermanos, si no tenemos esta experiencia personal, nuestra fe puede tambalearse fácilmente, y podemos ser cristianos por tradición, por cultura, por ambiente, por familia, pero si eso no es absolutamente mío, como experiencia de mi corazón, eso se puede ir.

Estos días estamos sintiendo en España algo muy especial: programas y programas de discusiones políticas para ver cómo se va a formar el nuevo gobierno. Todos tienen el mismo derecho de discutir y de opinar.

Cuando se conoció el resultado de las elecciones, el episcopado, por medio del Secretario de la Conferencia Episcopal, tuvo unas palabras: "El resultado de las elecciones pide diálogos y acuerdos, y eso exige altura de miras de los líderes políticos".

Ahora bien, no hace falta ni ser obispo, ni ser cristiano, para dar este pronunciamiento, que, ciertamente es muy sensato. Pero este criterio no es Evangelio; puede ser preámbulo de Evangelio.

Lo que Jesús anunció en el Evangelio no fue eso: sentaos, dialogad, entendeos. Lo que Jesús nos anunció es que Dios, su Padre y nuestro Padre, está en medio de la vida y allí reina. Dios está – debe estar – en medio de la vida, de la familia, del matrimonio, del noviazgo, del trabajo, de la economía, del comercio, de la sanidad, de la educación, en una palabra, en el centro de la vida y de la muerte.

El político quizás diga: Eso puede ser en otras épocas; un estado es laico, y a Dios, si existe, hay que dejarlo en otra parte…

 

Pero resulta que Jesús veía a Dios en los niños, y por eso los defendía. Jesús veía a Dios en los enfermos, y si hacía milagros con ellos, no era para dar un golpe de poder y tumbar al adversario, sino para decir: Hija, tu fe te ha salvado, mira cómo Dios te ama y está presente en ti, hasta curarte de tu enfermedad.

El Reino de Dios es real, del todo real, está presente, pero está escondido. Dichosos los humildes, que han abierto sus ojos y han visto lo que los soberbios nunca pueden ver: que Dios viviente es el tesoro de mi vida.

Pero, hermanos, nosotros como cristianos predicamos que Dios está en Jesús y que Jesús, su vida y su doctrina, su acción presente, es lo que llevamos al mundo. Y esto nos llena de una alegría que nadie nos podrá quitar, sea este partido el que gobierne, sea este otro. La fe cristiana se abrió camino en medio de gobiernos hostiles, en medio de prácticas aberrantes.

Jesús nos está invitando a que con nuestra vida demos testimonio de nuestra fe; desde ahí s eproduce el cambio. Si tenemos el don de la palabra, que hablemos, de acuerdo a lo que él nos ha dicho; incluso, si hace falta hacer milagros, que los hagamos, que él desde el cielo nos ha de ayudar.

 

4. Nos hemos detenido en las dos primeras parábolas. Pero digamos algo de la parábola de la red. En la red entran todos los peces: los que han de ir al mercado y los que no pueden ir a la venta. Pero a la hora de la verdad el pescador, que prepara la venta para el mercado hace una selección: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Y la aplicación la hace Jesús con unas palabras que nosotros no nos atreveríamos a inventar: Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Es lo mismo que lo de la cizaña. ¿Existe el infierno, hermanos? No cabe en nuestra mente. Pero Jesús ha hablado así, y sus palabras quedan ahí.

Hemos de concluir. Miremos humilde y confiadamente a Jesús y digámosle:

 

Señor, por tu misericordia, he encontrado como tesoro escondido el Reino de Dios que tú has predicado. Con alegría daré todo lo que tengo para disfrutar de este regalo infinito, y entregarlo al mundo con el testimonio de mi vida y mis palabras.

 

Alfaro (La Rioja), 27 julio 2023.