jueves, 27 de noviembre de 2014

623. San Saturnino: Cariños de sobremesa



San Saturnino (29 de noviembre)
(Patrono de Pamplona, Navarra)

Cariños de sobremesa,
Recordando a mi madre Saturnina

(Nació en Salinas de Ibargoiti, 29 noviembre 1908;
contrajo matrimonio el 4 de agosto de 1934
con Rufino Grández;
tuvo seis hijos,
y quedó viuda para siempre el 1 diciembre 1947;
murió en Alfaro, la Rioja, el 15 agosto de 2008)


Mi madre a los 98 años

1. Vuelve otra vez mi recuerdo
al llegar san Saturnino;
es muy dulce, tierno y fino
me dejo y allí me pierdo.

2. De mi madre estoy hablando,
que era Sátur…, Saturnina,
hoy vive en la paz divina,
y de Dios está gozando.

3. Murió casi centenaria,
pero a mí me parecía
que un poquito todavía
ella me era necesaria.

4. Porque mi amor es goloso
y quizás soy un infante…,
pero ante una madre amante
¿quién no se siente mimoso?

5. El Señor la conservó
tan anciana y tan lucida,
desprendida de la vida,
del amor materno, no.

6. Porque ¡cuánto nos quería,
a los seis hijos igual,
pues era un amor cabal
y más amor no cabía!

7. Lo que una mujer precisa
en una pequeña aldea…,
hogareña chimenea,
el catecismo y la misa

8. y el arte de la costura…
mi santa abuela María
se lo dio con maestría
a esta mi madre futura.

9. Mas cómo cayó en las redes
de un pertinaz alfareño…
es un secreto risueño
que no se lo cuento a ustedes.

10. – “Es que tu padre, hijo mío,
era un muchacho distinto,
mejor que yo te lo pinto
trabajador y muy pío.

11. Jamás hacia mí un desprecio,
al contrario, me adoraba,
y yo lo amaba y cuidaba
feliz, con el mismo aprecio…”.

12. Mi recuerdo se desvía…
de mi madre hacia su esposo,
que se fue muy presuroso
y a los cuarenta moría.

13. Un santo para una santa…
y lo digo con orgullo,
porque a mí no me atribuyo
su virtud que a mí me encanta.

14. Dicen, y yo lo diría
que tener padres así
para ti igual que a mí
es la mejor lotería.

15. Tanta que hoy la disfruto
después de años pasados
son regalos regalados,
pero de esto… no discuto.

16. Otra vez, amigo mío,
de mi sagrado baúl,
recamado en seda azul
saco el más bello trapío.

17. ¿Qué algún defecto tenía…?
No tuve tiempo a pensarlo;
que perder tiempo en mirarlo
me parece miopía.

18. Fue navarra y Salinera,
donde había eras de sal,
de Ibargoiti – de Monreal –
junto a La Higa cimera.

19. ¡Qué recuerdos…, de repente,
que el cariño se desata,
y el corazón te arrebata
a cualquier grato incidente!

20. Es mi infancia y madurez
todo junto, junto a ella,
dulce madre, buena y bella…
un rumor de placidez.

21. ¡Bendito san Saturnino
por su humilde Saturnina,
que uno a otro bien combina,
unidos en un camino!

22. ¡A Jesús yo le bendigo
y a su bendición me acojo
a sus brazos yo me arrojo,
amante de amor mendigo!

Guadalajara, Jalisco, 27 noviembre 2014.

viernes, 21 de noviembre de 2014

622. Domingo XXXIV A – Jesucristo, rey de amor en todos los necesitados



Homilía en la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo,
Domingo XXXIV, domingo final, ciclo A
Mt 25,23-46

 


Texto evangélico:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.  Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna»”.

Hermanos:
1. Este es el domingo final del año litúrgico, domingo último ocupado por la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Esta es la corona anual del ciclo litúrgico. Los textos sagrados están tomados del Evangelio, del Antiguo y Nuevo Testamento para presentarnos la figura verdadera de nuestro rey.
Para saber quién es Jesucristo Rey, cuál es su reinado, quiénes somos sus vasallos, cuáles son sus poderes, cómo se ejerce este reinado, ¿dónde tendremos que acudir?
Los estados y naciones de la tierra se configuran con la conjunción de tres poderes: el poder legislativo para establecer una constitución, que radica en el pueblo soberano y lo delega al rey; el poder ejecutivo para gobernar ejecutando las leyes previamente establecidas; el poder judicial para determinar cómo se ha de proceder cuando la ley se ha quebrantado. En una monarquía absoluta los tres poderes tienen una sola cabeza.

2. Todo esto, hermanos, en la historia, se ha querido aplicar a Jesucristo y su Iglesia, partiendo, por otra parte, del principio absoluto de que Jesucristo es el creador de cielo y tierra, con el mismo poder de Dios, y de que él por tanto es la única fuente del derecho, y que Jesucristo radica y subsiste en la Iglesia católica y que su reinado se deposita en ella. Todo esto, que puede tener su filosofía interna y su lógica, es aberrante si contemplamos el modo como Jesucristo aparece como rey en su vida.
No quiso ninguna propiedad, porque vivió en la pobreza absoluta; no intentó poseer ningún dominio sobre nadie; no pasó por su mente el que sus discípulos pudieran formar un poder militar para conquistar con armas y guerra, absolutamente nada de eso.
Murió como rey, según la sentencia escrita: Jesús Nazareno, rey de los Judíos, insultado, pero invocado como rey por aquel malhechor que estaba junto a él, reconociendo su culpa y Jesús le prometió estar hoy mismo conmigo en el paraíso. Este es el triunfo de Jesús, el primer trofeo que el rey crucificado se lleva al cielo: de la cárcel, del patíbulo, al cielo, porque tuvo la visita de Jesús.

3. En el texto proclamado aparece un rey Mesías, el Hijo del hombre, que no es otro que el mismo Jesús de Nazaret, y Jesús presenta una escena provocadora y escandalosa, y al mismo tiempo iluminadora, porque ahí está el Evangelio.
El escándalo es este:
1) Yo soy ese rey, yo, el Hijo del hombre, que va a ejercer esa soberanía judicial sobre todas las naciones, esto es, sobre sus discípulos, sobre Israel, sobre el mundo entero.
2) La gloria de mi reino no va ser el trofeo de mis victorias, el aplastamiento de mis enemigos, el avance de mis banderas.
3) Mi gloria y mi victoria va a ser el triunfo del amor sobre los indigentes y desheredados de la tierra, los que son la periferia del mundo y en muchos casos el deshecho de la humanidad: seis palabras, que podría alargarse hasta sesenta, hasta seiscientas: los hambrientos, los sedientos, los emigrantes, los desnudos (léase, los que no tienen trabajo), los enfermos, los encarcelados.
4) El examen no se va a hacer a los necesitados y miserables que aquí aparecen: Tú, ¿por qué eres pobre?, ¿por holgazán, por vicioso…? El examen se va a hacer a los que íbamos por el camino de la vida y encontramos a un pobre, a un enfermo, a un emigrante, a un encarcelado. ¿Le diste de comer? ¿Le vestiste? ¿Le acogiste en tu casa? ¿Le curaste? ¿Le visitaste en la cárcel?
5) Lo más sorprendente, lo que nadie podría jamás pensar, lo que no tiene filosofía alguna en la tierra para confirmarlo, es lo que dice Jesús: Yo estaba en el pobre: en el hambriento y el sediento, en el emigrante y en el desnudo; en el enfermo y el encarcelado. Yo estaba allí, yo era él. Ni los buenos se habían enterado, ¡y era verdad!

4. Hermanos, ¡hay tanto que pensar y reflexionar sobre estas palabras de Jesús, que son pura vida! El día 20, aniversario de la Revolución en México, riadas de manifestantes, millares y millares, por todo el país, invadieron calles y plazas, con amplia repercusión en el extranjero. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Era el clamor repetido por la desaparición de 43 normalistas. No era guerra a un partido político, sí oposición al gobierno; pero más allá que el gobierno era un clamor humano de solidaridad y reivindicación.
Hermanos, desde el Evangelio de hoy también en esos muchachos, en esas jóvenes estaba Jesucristo, rey de amor.

5. Señor Jesús, con tus palabras de profeta y de Hijo de Dios nos ha mostrado tu camino. Concédeme en esta vida la alegría de verte, de sentirte, reinando por la fe, por el amor, por el servicio, en los más pobres y desvalidos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 21 noviembre 2014

martes, 18 de noviembre de 2014

621. Gracias, mi santa madre Iglesia



Gracias, mi santa madre Iglesia

A los 50 años de constitución dogmática

Lumen gentium, sobre la Iglesia

21 noviembre 1964 – 2  noviembre 2014


Dentro de unos días

Dentro de unos días, el 21 de noviembre, memoria de la Presentación de la Virgen María, se cumplen 50 años de la fecha en que fue promulgada la constitución dogmática sobre la Iglesia, titulada, por sus primeras palabras “Lumen Gentium” (Luz de las gentes).
Para quienes amamos a la Iglesia como madre y miramos la vida con cierto panorama este recuerdo es más que recuerdo; es parte de nuestra vida que remueve muchos sentimientos.
Ha sido justamente el cura joven de mi pueblo, Javi (don Javier Martín Martija), querido por todos, quien semanalmente nos zarandea a las “misioneras” y “misioneros” del pueblo regados por el mundo, enviándonos la Hoja parroquial, el que me ha suscitado estas vivencias. Nos cuenta lo que pasa, y desde la India a México, pasando por Uruguay, Venezuela, Ecuador y Cuba escribe a José María Heredero misionero (y muy veterano), Rufino María Grández misionero, Roque Grández misionero, Luisa Fernández misionera, Santiago Fernández misionero, Tere Fernández misionera, Carlos Bernal misionero, Lidia Fernández misionera.
Hoy nos dice:
 En la primera página de la HOJA de esta semana hablo de los 50 años que cumple esta semana la LUMEN GENTIUM... ese documento que dio la vuelta a la manera de entender la Iglesia... aún nos queda tiempo para acabar de asimilarlo y de hacerlo vida.
Y comentamos los 50 años de la advocación mariana "María, Madre de la Iglesia"... ¡¡Que nuestra Madre, la Virgen del Burgo os bendigaaaaaa y nos bendiga a todos!!!
Gracias, Javi; aunque, callados, sabes que estamos en la brecha, por Jesús, por su Reino, por su divina utopía que sustenta nuestra vida. Y con una ilusión siempre mayor, sí por cierto.
Aquel día, hace cincuenta años, yo tuve un inmenso gozo y me place revivirlo. Tenía 27 años, cuatro y medio de sacerdote, y recién estrenaba mi grato oficio de profesor de Sagrada Escritura en Pamplona, en un Teologado de capuchinos de unos cuarenta alumnos…
Todo aquello lo vivíamos con pasión, con el ardor de la juventud. Se trataba de nuestra Madre, la Iglesia.
Hoy vuelvo sobre entonces y tengo entre mis libros el Diario del Concilio, de Jacinto Argaya, obispo, editado muchos años después…, en 2008 (Jacinto Argaya, Diario del Concilio. Edición y notas de Xavier Basurko y José María Zunzunegui. Publicaciones Idatz, San Sebastián 2008, 625 páginas). Hay que saber que este obispo asistió a las 168 congregaciones generales de las cuatro sesiones del Concilio (1962-1965), sin faltar a una sola. Al final de la Introducción escribe. “Lo que en el Concilio vi, oí y viví es lo que con fidelidad transcribo en estas memorias, sin otro objetivo que el de servir a la Iglesia con entero amor” (p. 26).
Es que, además, don Jacinto no solo escribió su propio diario, sino que recopiló todo lo que pudo – cualquier papel que se repartía – y en la actualidad 134 volúmenes encuadernados en rojo, cada uno con su propio índice del contenido, dan fe en la Biblioteca del Seminario de San Sebastián del Archivo conciliar de don Jacinto Argaya.
 ¡Qué libro más interesante el de su Diario, que da testimonio sincero, por hablar en lenguaje casero – de todo lo que allí se iba cociendo, y constatando siempre que, al final, la Providencia ponía su firma!


Aquel 21 de noviembre de 1964

Sigamos con don Jacinto Argaya, que era hermano de un capuchino, sencillo y querido P. Carlos Argaya (1905-2000). Casa natal de ambos hermanos en Vera de Bidasoa (Navarra). Don Jacinto había nacido en 1903, y durante los años del Concilio era obispo de Mondoñedo (Galicia) y de allí pasó a ser obispo de San Sebastián en 1968 hasta su jubilación en 1979.
El día 21 de noviembre de 1964 se aprobó con un sí rotundo la constitución sobre la Iglesia: 2.151 votos a favor, 5 en contra. Realmente comenzaba una era nueva en la Iglesia. El episcopado español, en sí de valía, andaba rezagado y disperso… Hombres como Argaya vivían los debates y preocupaciones del momento; así el tema de la “libertad religiosa” que se postergaba para la sesión siguiente, tema candente en España y más ante el declive del general Franco, que se veía venir.
Este documento sobre la Iglesia sería la base de otras constitución, llamada “constitución pastoral” sobre la Iglesia en el mundo. El teólogo Congar la anhelaba como “la tierra de promisión”; es expresión suya.
Los teólogos peleaban entre sí, y, por ejemplo, el título de “Mater Ecclesiae” no logró pasar al texto de votación (por razones que no es del caso examinar aquí). No obstante, el Papa Pablo VI lo asumió y por su autoridad personal lo proclamó en el discurso conclusivo de la sesión, con el aplauso aquiescente del colegio episcopal.
Es interesante, y animado, recuperar lo que entonces se decía y se vivía. Traslado aquí la página de la vuelta de la sesión el Concilio, al día siguiente de estos acontecimientos.

Regreso a España.- El día 22, por ferrocarril, emprendo mi viaje de regreso de Roma a España. Viajan en el mismo tren mons. Garrone (Toulouse) y mons. Puech (Carcasona), excelentes amigos míos. En el mismo vagón viajan también: mons. García Goldáraz (Valladolid), mons. Gúrpide (Bilbao), mons. Bascuñana (Solsona) y mons. Rendeiro (Faro-Portugal).
A lo largo del viaje, comentamos las declaraciones hechas a la prensa por mons. Helder Cámara (Recife-Brasil). Este discutido prelado, preconiza lo siguiente: Constitución de un senado de la Iglesia universal compuesto por cardenales, patriarcas y representantes de cada Conferencia nacional de obispos. Sería convocada a lo menos una vez al año. Uno de sus cometidos será la elección de nuevo Papa. La Curia romana será órgano ejecutivo del Papa, del senado episcopal y de las comisiones postconciliares. Los obispos somos los sucesores de los Apóstoles; pero ¿quiénes serán los sucesores de los profetas y doctores? ¿No serán, acaso, los teólogos, investigadores, sacerdotes y laicos señalados? En su acción misional -sigue diciendo el mismo obispo- debe la Iglesia huir de toda especie de paternalismo y de colonialismo espiritual. Debe revisarse el Índice de libros prohibidos, y conceder un gran perdón o jubileo para todas las censuras, con ocasión del Concilio. En la próxima sesión, debe hacerse por aclamación la canonización de Juan XXIII.
Interesantes estos puntos de vista del discutido prelado brasileño. De él tengo un grato recuerdo. A mi simple petición, me entregó para mi archivo conciliar todo el material, muy cuantioso, que el poseía en Roma.
Realizado felizmente el viaje, en Hendaya me espera mi hermana Pilar. En casa encuentro a mi santa madre que con sus 88 años va tirando bien.
Al día siguiente emprendo viaje a Mondoñedo, llegando por la tarde. Visito a la patrona de la diócesis, la Virgen de los Remedios. Seguidamente, en el Seminario, doy a seminaristas y superiores una larga impresión del Concilio. El día 27 les dirijo otra charla relacionada con el esquema de Seminarios”.


Una persona de mi generación ante esta nueva imagen de Iglesia

Los de mi generación, los que queríamos estar en el hoy de la Iglesia, vivíamos lo que iba trayendo el Concilio, con sorpresa sí, pero sin trauma. Y ciertamente que en el campo intelectual la teología nueva, que nos iba inoculando el Concilio, dilataba más y más el corazón. Para uno de mi formación ¿qué traía el Concilio? Una esperanza sin límites, a saber
- una Biblia releída
- una fe repensada
- una fe celebrada.
Todo era igual, si pensamos que el Concilio no reprobaba una herejía nueva, no alumbraba nuevas verdades y bebía de la tradición pura de la Iglesia. Y al mismo tiempo todo era distinto, todo cobraba una frescura original.
Luego hemos sufrido – y mucho – al ver cómo ciertos valores, apoyados en elocuentes palabras que fascinan pero que en el fondo no te convencen, se iban desmoronando, valores que eran monumentos que nos sustentaban. ¿Cómo no sufrir al ver el deterioro progresivo que va teniendo la vida religiosa, que es mi casa..., al comprobar que los mayores, beneméritos, van llenando nuestras pacíficas enfermerías, al tiempo que no se ve el relevo de los jóvenes?
Esto ha venido por el Concilio, pero no ciertamente de las palabras genuinas del Concilio, si sabemos leer con la sabiduría de Dios.
El que lee el Concilio, y se deja conducir por él mismo, no por ningún teólogo queda enamorado de la Iglesia


Qué es lo que me gusta de la Iglesia para estar enamorado de ella

1. Lo primero y esencial es que la iglesia sea la comunidad de Jesús: son dos realidades inseparables, del todo inseparables. No existiría Jesús, si no existiese la Iglesia que nos lo ha entregado. La Iglesia entrega a Jesús no como el mensajero portador entrega su mensajería; nos lo entrega viviéndolo, siendo ella misma Jesús transparentado.
Cuanto más nos adentramos en la Biblia esto es más que obvio.
Jesús ha nacido de la Iglesia, pues la Iglesia es su casa y en ella se nos ha dado a conocer. Cualquier frase del Evangelio me lo está diciendo. Todas, todas son un latido de la Iglesia.
Pero si ese Jesús anunciado no fuera el fondo viviente de la Iglesia, ayer, hoy y siempre, la Iglesia sería una creación vaporosa de nuestra fantasía.
Esta visión mística de la Iglesia es radical y radial para amarla. Es la visión de las Cartas de la cautividad: la Iglesia, amada de Dios, esposa de Cristo.
Hay otra visión que balancea esta, que el Concilio la ha asumido: la iglesia pueblo peregrinante de Dios. Aquí estoy yo, que, siendo Iglesia, soy iglesia en camino, con la tara de mis pecados que yo mismo, el primero, observo y lamento. No importa. La iglesia planeada por Dios vence a esta Iglesia partícipe de mis miserias.

2. Me enamoro de la Iglesia porque la Iglesia es la santa humanidad de Jesucristo. Al decir “humanidad de Jesucristo” doy testimonio de mi propia humanidad, que él ha asumido. Toda raza, toda cultura, toda miseria, toda grandeza pertenece a esta humanidad, amasijo de mi ser. Por esto es bella la Iglesia, porque no me alejo de mí mismo si le amo a ella. En ella me encuentro y reencuentro, yo, pecador.

3. Amo a la Iglesia porque yo soy un enriquecido de una tradición sedimentada en mí, y yo mismo quiero ser un tesoro para la Iglesia. Mi forma de pensar no se ha generado de la nada; ha venido de un humus que se me ha dado. Es toda la tradición que me sustenta, tanto que puedo afrontar el riego infinito de la eternidad, de mi destino eterno, desde base que me configura, mi ser Iglesia. A la hora de la muerte, por la fe, me entregaré en paz del Dios en quien creo y que mis ojos no lo han visto, pero mi corazón gravita en él.
De la Iglesia arranca la última posibilidad de mi ser. Pero, al  mismo tiempo, si bien no sé precisar el detalle, yo mismo soy un tesoro para la Iglesia, una posibilidad con la que mi Dios Creador, mi Jesús Redentor, cuenta.

4. La Iglesia es mi apertura al mundo. El Concilio nos ha hecho vibrar ante todo lo humano. Todo lo humano está divinizado pro el misterio de la Encarnación. La verdadera Iglesia de Jesús, la que uno intuye al leer las santas Escrituras, y como más allá de la Escritura, es la que abraza al mundo.
Y no pienso solo en todos los católicos, en todos los cristianos, sino que pienso en todos los que buscan a Dios, e incluso en todos los que  no lo buscan e incluso lo rechazan. La Iglesia, como Alianza de amor, es justamente apertura a toda religión. Nadie puede saber el rumbo de las religiones en el futuro. Acaso el fenómeno religioso de la multiplicidad de religiones persista hasta el fin del mundo; al parecer, sí, No será un fracaso de la Encarnación, sino una forma misma de condescendencia divina, que la Iglesia me enseña. La Iglesia, sin proselitismo, desde su silencio y amor, está destinada a ser en la peregrinación humana, el elemento emanante y conglutinante que lleva el hombre a Dios.

5. Amo a la Iglesia por su interioridad. María es el sacramento de la interioridad de la Iglesia. Me agrada que sea el capítulo que corona la constitución de la Iglesia. La constitución tiene frases sorprendentes cuando habla de María; avanza por la vía del amor y en el amor descubre a la madre de Jesús y madre nuestra. Dice la Lumen Gentium, a propósito de la acción y presencia intercesora de María. “La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (n. 62).
Nadie podrá demostrar nunca esta acción intercesora de María, la Madre. Está ahí, descubierta por el camino del amor. Es que estamos metidos de lleno en la Iglesia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¿Qué más decir…? Si esto es no más que un balbuceo a borbotones para que no se le quite la palabra al corazón, sin ordenar, sin estructurar ideas, como en ejercicio de cátedra…

Así veo la Iglesia, desde el latido del Concilio, y en esta Iglesia deseo vivir y morir hasta que el pecho rinda su último respiro.

Guadalajara, Jal,, 18 noviembre 2014