viernes, 26 de diciembre de 2014

636. Villancico del Niño de la leche



Villancico del Niño de la leche

(Meditación de Navidad contemplando a la Virgen María
amamantando a su Hijo)


… parvoque lacte pastus est
per quem  nec ales esurit.

Con un poquito de leche se alimentó
Aquel por quien  ni las aves padecen hambre
(Sedulius + 450, Himno para Navidad “A solis ortus cardine”)


El mundo fue creado para que el Verbo tomara cuerpo en la tierra. Por él y para él fueron creadas todas las cosas. Dios lo pensaba así antes de la creación del mundo.
Este mundo fue el que formó el cuerpo virginal de María. Este kosmos es el que suministró la leche para el seno de María que ahora está sorbiendo Jesús.

El protoevangelio de Santiago (siglo II) cuenta, extasiado, el pasmo de la creación en el momento en que se produce el parto virginal de María:
“Y yo, José, avanzaba, y he aquí que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y veía el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo veía inmóvil, y los pájaros detenidos. Y las bajé hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que tenían los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanecían quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vacío. Y contemplaba la corriente del río, y las bocas de los cabritos se mantenían a ras de agua y sin beber. Y, en un instante, todo volvió a su anterior movimiento y a su ordinario curso” (XVIII,2).
Toda la creación gira en torno a este Niño que una Virgen lo tiene en sus brazos.


1. Con un poquito de leche
se alimenta el Rey del cielo,
de los pechos de una Virgen
se la bebe el pequeñuelo;
luego aparta su boquita
y se duerme satisfecho.

2. La sonrisa de María
cobija el divino sueño,
entre la Madre y el Hijo
la armonía es el silencio
y entre los dos corazones
de hace el dialogo del Verbo.

3. Con un poquito de leche,
tus labios junto a mis dedos,
hijo mío, vida mía,
tan pequeñito y tan tierno,
del universo creado
te traigo lo que me dieron.

4. Los prados y las montañas,
las fuentes y los océanos,
para ti que los creaste,
me dieron este sustento:
tuyo es el cielo y la tierra
y en mi seno te lo ofrezco.

5. Dios lo quiso y Dios lo dijo
y vio que todo era bueno;
por este divino instante
giraba su pensamiento,
besándose para siempre
la eternidad con el tiempo.

6. Con un poquito de leche,
que requieres sin remedio,
me haces feliz infinito,
hijo mío, dulce dueño:
¡hijo mío yo te adoro,
y conmigo el mundo entero!


De viaje Guadalajara-México, 26 diciembre 2014

jueves, 25 de diciembre de 2014

635. Oración al alba de Navidad



Oración al alba de Navidad

Cristo nos ha nacido: Venid, adorémosle

1. En carne mía encarnado
Jesús de santa María,
humaniza a todo hombre
cuando al venir diviniza.

2. Verán a Dios estos ojos
y su gloria mis pupilas;
seré vidente de Dios
con la fe contemplativa.

3. Veré la gracia del Padre,
del Espíritu la vida,
cuando vea a mi Jesús
en los brazos de María.

3. Se abrirán las Escrituras,
rotas ya las profecías,
cumplidas y rebasadas
en este Infante Mesías.

4. Abraham y Moisés,
David y el profeta Elías
adoran en esta cuna
la Palabra que decían.

5. La Encarnación ha tocado
a todo ser que salía,
alumbrado por Dios Padre
al alba del primer día.

6. Mi sangre es sangre del Hijo
y la suya es sangre mía,
es una la humanidad
pena y gloria compartida.

7. ¿Para quién mis ojos claros,
luz de Dios que me ilumina,
para quién mis rojos labios
que a un beso de amor aspiran?

8. ¿Para quién mi piel ardiente
en busca de una caricia,
y estas manos creadoras,
hoy abiertas y mendigas?

9. Tú más mío que mí mismo
en mis raíces habitas,
y estás aunque yo me vaya,
Jesús, que el Padre me envía.

10. Yo me rindo a tu ternura,
Jesús, mi historia infinita,
tuyo soy y en ti me pierdo,
mi amor, mi paz, mi armonía. Amén

Guadalajara, Jalisco en el alba de Navidad 2014.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

634. Día de Navidad – Dios es nuestro Dios y nuestro hermano



Homilía para el Día de Navidad

Jn 1,1-18


Texto evangélico:
En el principio existía el Verbo,
y el Verbo estaba junto a Dios,
y el Verbo era Dios.
Este estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo,
y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
este venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz,
sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera,
Que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de él,
y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron,
les dio poder de ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de deseo de carne, ni de deseo de varón,
sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él
y grita diciendo: «Este es de quien dije:
El que viene detrás de mí
se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
Dios unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.

Hermanos:
1. El día de Navidad lo celebramos con tres momentos espirituales: la misa de la medianoche, la misa del alba, la misa del día, momentos recogidos por distintos Evangelios. El Evangelio proclamado es el Evangelio solemne de la misa principal del día. Y en torno a él queremos hacer que suba a Dios nuestra alabanza, nuestra gratitud, nuestra alegría.
¡Feliz Navidad! Es el augurio que nos hacemos los cristianos, queriendo expresar con ello la gracia infinita que Dios nos ha hecho al enviarnos a su Hijo amado. Es la felicidad ya derramada, que empezamos a disfrutarla real y verdaderamente, y que un día alcanzará su plenitud en el encuentro con Jesucristo en el cielo.
Recordemos aquella palabras de san Pablo: “ni el ojo vio, ni oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2,9). Estos son los bienes espirituales que Dios nos ha traído al darnos a su Hijo. Y continúa san Pablo: “Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios” (v. 10).
¡Feliz Navidad!, hermanos, en cristiano es infinitamente más que ese ¡Felices Fiestas! que nos puede transmitir un eslogan comercial detrás del cual seguramente no está la Fe que nosotros celebramos.
Nos felicitamos la santa Navidad de Jesús, como días de gozo familiar, tan hermoso y entrañable, pero, sobre todo, como días de contemplación, de exultación, ante el don que Dios nos regala.

2. Un franciscano en Navidad recuerda a san Francisco. San Francisco de Asís murió el año 1226. El primer biógrafo del santo cuenta: “Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. Y era este nombre para él como miel y panal en la boca” (2 Cel 199).
El mismo biógrafo dice a continuación con qué ternura e ingenuidad vivía san Francisco el misterio: “Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. «Si llegare a hablar con el emperador -dijo-, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia»” (n. 200).

3. Reflexionando ahora sobre el Evangelio que hemos proclamado, ¿qué podremos decir?
Hay una cosa muy sencilla que yo les quiero comunicar que toca el corazón de este texto sagrado.
Ante todo debemos saber que este pasaje poético y de lenguaje sublime es la introducción no solamente a todo el Evangelio de san Juan, sino a todas y cada una de las escenas del Evangelio. Si estamos en las Bodas de Caná, si estamos en el diálogo de Jesús con la Samaritana, con Nicodemo, si nos hallamos en las discusiones con los judíos, si presenciamos la curación del cielo de nacimiento, san Juan evangelista nos está diciendo: No olvidéis que para entender esto, tenéis que pensar que este Jesús que actúa es el que Jesús que os he presentado en el Himno inicial del Evangelio. Jesús es el que es y no puede dejar de serlo para ser otra cosa: es el Verbo de Dios, es el amor de Dios que se ha entregado al mundo.

4. Por otra parte, hermanos, para entender este excelso pasaje podemos adoptar dos métodos diferentes:
- uno, el método teológico. Este texto es la cumbre de la teología y para explicarlo con competencia hacer falta ser teólogo de altos vuelos; y nunca jamás se acabará de sondear la teología que aquí se encierra. Es la teología del verbo Encarnado.
- Pero hay otro camino, el camino de una comprensión sencilla e inmediata, al alcance de todos los que buscan a Dios.
Aquí se nos dice:
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Para dejarse invadir de estas verdades nos hace falta ir a la Universidad y sacar una licenciatura, una maestría, un doctorado. Pero sí hace falta ser invadido por el Espíritu Santo, que nos diga al corazón qué es lo que esto significa:
- Dios conmigo.
- Dios a mi lado.
- Dios como una presencia que no me abandona.
- Dios mi interlocutor inmediato para todos los días de mi vida.
- Dios que es la gloria, la gracia y la verdad, que es el todo para mí.

5. Esto es lo que nos anuncia san Juan. Dios definitivamente hombre. Aquí termina Dios. No habrá nunca una revelación superior. Dios por los siglos de los siglos hombre como nosotros para conducirnos a la intimidad con Dios.

6. Señor Jesús, en el niño nacido en Belén de las entrañas de la Virgen María, te reconozco como mi Dios y como mi hermano. Salva a toda la familia humana, pues por todos te hiciste hombre; y concédenos que, viviendo en la tierra todos como hermanos, alcancemos un día tu compañía en el cielo. Amén.
Guadalajara, 24 diciembre 2014.