EL ESPOSO DE MI CASTIDAD
A
una novicia
que
se prepara para pronunciar los votos religiosos,
a
la hermana
que
a lo largo de años ha querido ser fiel a su esposo.
I
Consideraciones
desde la fe del Evangelio
1.
Aclaraciones de lenguaje
Todo cristiano, por su consagración
bautismal, es llamado y destinado a la castidad, y una castidad
"perfecta": castidad perfecta en la adolescencia, castidad perfecta
en la juventud, castidad perfecta en el matrimonio, en la viudez, en la
ancianidad.
Exactamente igual como hemos sido llamados,
todos sin excepción, a la perfección del amor.
Ahora bien, por limitaciones del lenguaje
llamamos "castidad consagrada" al estado de quienes se han propuesto
vivir una vida sin compañía de esa esposa, de ese esposo que presumiblemente
plenificaría su vida.
2. Encuentro del
hombre y la mujer, éxtasis de la vida
El hombre ha nacido para el encuentro, y la
mujer, recíprocamente, igual. El Génesis lo ha expresado genialmente. Adán ha
sido constituido Rey de la Creación. Como dueño del Mundo, ante su vista han
pasado todos los animales, y Adán ha ejercido su soberanía dándoles el nombre
adecuado que les correspondía "a todos los ganados, a las aves del cielo y
a todos los animales del campo" (Gn 2,20). Lo tenía todo y a más no
necesitaba ni podía aspirar. Pero no era feliz porque se encontraba solo, y el
mundo no llenaba el hueco de su corazón. Buscaba algo semejante a él, "un
ayuda adecuada".
Vino la creación de Eva, y la presentación
a Adán y el primer matrimonio del mundo se hizo en un éxtasis de amor:
"Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (2,23).
La conclusión es obvia: una mujer vale más que el universo entero. Ahora queda
coronado el mundo. Este fue el acontecimiento supremo de la creación. Y lo
deben saber todos los que un día se deciden a contraer matrimonio. Una mujer
llena un vacío que el mundo entero no puede llenarlo. Diga la mujer a la
inversa que un hombre llena su corazón como el disfrute de ninguna otra cosa
puede llenarlo.
Estamos tocando las esencias del ser y
percibimos que el amor es la razón misma de la vida, la vocación que asume
todas las demás; el amor que se realiza justamente como amistad.
Así pues, el encuentro del hombre y la
mujer Dios, lo ha establecido para llenar una soledad. Pero la soledad sigue
siendo la fractura más sensible de la humanidad. Una mujer puede sentir “un
corazón, afortunadamente libre, pero solitario". Mujer, en este caso, de
sólido matrimonio, esposa, madre y abuela.
Cualquier sacerdote que se siente al confesionario, a poco que se asome al
ventanal de la vida, sabe de estas soledades, soledad que también puede asediar
la vida de los célibes.
Soledad, por otra parte, que se asoma a las
últimas honduras de todo corazón humano, cuando un día descubre que ha nacido
para lo infinito y ninguna creatura se lo puede colmar. He aquí, pues, que, hablando
filosóficamente, el hombre que ha nacido constitutivamente para la comunión,
para la sociedad, que perfilado como ser en soledad, peregrino del absoluto.
3. Punto de
partida: un "don" y una "llamada"
Con estos párrafos por delante, y ante unas
jóvenes novicias que se preparan para pronunciar dentro de unos meses su voto
de "castidad consagrada", ¿cómo podemos hablar sabiamente de la
castidad? Hablar, por otra parte, como persona mayor, que hace cerca de 60 años
emitió los votos religiosos (15 agosto 1956).
La vocación puede surgir en edad infantil;
más claramente en la adolescencia. En tales casos se supone que la vida de esta
niña y de esta adolescente ha sido una vida pura, aunque estuviera envuelta,
según su incipiente formación, en muchos tabúes y represiones y malformaciones.
En mi lejana generación (años 40 y más bien 50), donde socialmente no existía
la desenvoltura social hoy reinante, un joven piadoso podía decir: ¡He guardado
la pureza! Con ello decía: No me he masturbado, no he visto pornografía, no he
tenido tocamientos deshonestos con chicos o con chicas. A lo mejor, alguna curiosidad…;
ahí quedó todo. No había la llamada “educación sexual”, ni sana ni malsana. La
afectividad quedaba reducida a unos niveles germinales. Acaso el Señor estaba
esperando otra época de la vida para que se despertara, bullente, la afectividad,
que viene a ser compañera de la espiritualidad. Hay que suponer que una persona
profundamente espiritual suele ser, en el mismo grado, profundamente afectiva;
y, si es varón, no raramente con una profunda vibración sexual, en el sentido
más noble de la tendencia.
Pero la vocación puede surgir en la
juventud ‑ 16, 17, 18… años ‑ o en una
juventud más avanzada (25‑28 años), por tanto tras una experiencia precedente
considerable. El sexo… Esta pansexualidad del ambiente lleva a las frecuentes
relaciones prematriomniales o no prematrimoniales…, simplemente "ocasionales",
aventura de una noche loca…; de manera que el confesor, custodio de un secreto
sagrado, se encuentra con esta confidencia: "Antes de venir a la vida
religiosa tuve alguna vez relaciones sexuales". (No hablo de otra
confidencia que merece tratamiento aparte: "En mis años universitarios
tuve un aborto, que nadie sabe").
¿Cuándo y dónde comienza la
"vocación"? En el momento en que Dios quiere. Si la llamada a la fe o
la llamada a la vida consagrada aparece no en la infancia y adolescencia, sino
en la juventud o en una tarda juventud, el planteamiento acerca de la
honestidad de la vida anterior ha de ser muy realista, a veces, puede ser hasta
crudo. San Pablo se expresa de una
manera descarnada: "¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni
adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni
borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios. Y
eso fuisteis antes algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis
sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y
en el Espíritu de nuestro Dios" (1Cor 6,9‑11).
4.
Clarificaciones teológicas
1. La castidad que vas a profesar no es
una "elección" que tú haces ‑ como uno puede elegir una carrera u
otra, según propias aficiones y posibilidades ‑ sino que es una
"llamada". Dentro del proyecto humano es legítima la elección de
la "soltería" por nobles causas; por ejemplo dedicarse en cuerpo y
alma al estudio e investigación. Esta elección es posible y es correcta; pero
la soltería no es ni virginidad ni celibato, y de eso no hablamos. Decir que
Jesús fue soltero es error aparte de mal gusto. En el registro civil las
opciones que te dan son: soltero(a) / casado(a) / divorciado(a) / separado(a).
[Acaso "unión libre", "unión de hecho"]. Ninguna de ellas
se adecua a mi verdadero y último “status” personal.
2. Si es una llamada es una oferta:
puedes decir "sí"; puedes decir "no". Si alguno quiere…,
era el estilo de Jesús. Y esto no es ni una fórmula literaria ni de cortesía.
Véase Mt 19,17.21
3. Si es una oferta, es la oferta de un
"don"; ni más ni menos que un don. Es un don precioso del Espíritu
Santo.
4. En la vida religiosa la consagración que
Dios nos hace para sí y que nosotros aceptamos, se expresa en los tres
votos: castidad, pobreza y obediencia. Se podría expresar de otros modos;
pero la Iglesia ha aceptado este como muy adecuado y expresivo. Y además en
este orden. "Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, de
pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Señor, y
recomendados por los Apóstoles y Padres, así como por los doctores y pastores
de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió de su Señor y que con
su gracia conserva siempre La autoridad de la Iglesia, bajo la guía del
Espíritu Santo, se preocupó de interpretar estos consejos, de regular su
práctica e incluso de fijar formas estables de vivirlos" (Lumen Gentium, 43).
5. Cada uno de los tres votos es una
consagración total del ser a Dios, por medio de Jesucristo, acentuando una
perspectiva u otra. En este sentido cada uno, por su totalidad, tiene la misma
fuerza.
6. En este sentido es "el
primero"Ahora bien, el de la castidad consagrada (virginidad, celibato)
es el más expresamente referido en el Evangelio y adquiere una determinada
"primacía" (ver Mt 19,12). Seguramente que en nuestra propia
sensibilidad es también es más expresivo de nuestra donación. Nada extraño que
la Iglesia haya tomado esta cualidad específica de "virgen" para
definir el "status" o condición de cierras santas que se han santificado
e tal estado.
7. La "castidad consagrada"
tiene, evidentemente, un sustrato de psicología humana, pero en sí misma la virginidad ‑ y la castidad consagrada
‑ es un misterio. Y solo el tratamiento de "misterio" la puede explicar.
5. Cristo es mi esposo:
Vida esponsal
1. La castidad aceptada como don nos
introduce en la vida esponsal con Jesucristo. El amor como "amor
total gratuito y para siempre" (que esto es la esencia de la profesión) se
convierten amor recíproco, y esto es el amor de amistad, que en este caso es el
amor total, totalmente correspondido:
‑ Jesús
me ama a mí.
‑ Yo amo a Jesús.
2. El amor de esposos tiene una nota
específica, que es la intimidad. La intimidad entre seres humanos tiene
unos límites infranqueables:
‑ Yo no puedo introducirme dentro del ser
que amo, mi amada.
‑ Mi amada no puede introducirse en mí.
Aunque dos seres se digan: "Soy
tuyo" ‑ "Soy tuya", cada uno de los dos seres encuentra unas
barreras infranqueables.
3. Ahora bien, en la amistad con Jesús
se rompen las que humanamente son barreras infranqueables en la amistad
humana.
‑ Porque Jesús "conoce" todo lo
que hay en mí.
‑ y me traspasa con su presencia.
‑ Por ello, su intimidad para conmigo llega
adonde yo no alcanzo.
La intimidad, por tanto, arranca de este
punto: Soy todo (soy toda) poseído por Dios.
La intimidad consiste en ser consciente de
esa presencia y abrirse, en cuanto la conciencia alcanza, al influjo que de
allí dimana.
4. Por otra parte, si la intimidad es
algo personal, lo más personal de lo personal, no vamos a imponer reglas a
Jesús acerca de su comportamiento con nosotros. Solo sabemos que la intimidad
se manifiesta y realiza:
‑ Como revelación de secretos; y
aquí el secreto es Dios mismo. "El
hombre psíquico (el que funciona solamente con la psyche) no aceptas las cosas
del Espíritu de Dios, pues las considera una locura" (1Cor 2,14)
‑ Como comunión de vida, y aquí la
vida es la vida de Jesús: toda la vida de Jesús es participada en la intimidad,
y en algunas personas muy especialmente su pasión.
‑ Como fruición, pues, al final,
Dios es plenitud.
6. Castidad
consagrada como camino de humildad
Lejos de nosotros pensar que la castidad
consagrada constituya en una "élite espiritual"; más bien, se podría
pensar que es un "minus" de la persona. Habrá quienes piensen que no
aceptar el matrimonio es incompletez y cobardía, eximirse de la tarea de la
humanidad, del "Creced [sed fecundos] y multiplicaos del Génesis"
(1,28). De hecho para el mundo judío es el primer precepto (mitzvá) de
la Torá. Personas que han dejado la vida religiosa la han dejado porque se han
sentido incompletas no siendo madres.
Desde una ladera humana la castidad
consagrada es una forma de pobreza, como la esterilidad (Véase Sab
2,13). Puede verse como una forma de "existencia humillada". Asumirla
es un acto de humildad. Sin duda que la castidad consagrada, bien entendida, es
un camino precioso de vivir en humildad.
II
Caminando día a
día con Jesús
1. La castidad
consagrada en alguien que humanamente anhela amar y ser amada
La castidad consagrada no anula las
tendencias constitutivas del ser. Y el ser humano gravita en torno a esta
fuerza: amar y ser amado, amare et amari.
La fuerza del amor emerge impetuosa en
aquel que aspira a las alturas. No se piense que la sexualidad sea una miseria
de la que se va alejando el espiritual. Nada extraño que el espiritual aprecie
más y más la belleza de la sexualidad, como integrante del ser. La visión estética
de la vida, al tiempo que eleva y espiritualiza, te hace valorar más la carne
sensible en su realidad propia. Cuando en el arte se introduce "el desnudo"
(tabú para una moral convencional) no se introduce como una concesión al
pecado, como desfogue de la animalidad instintiva; se lo introduce como
valoración estética de la belleza en sí.
Claro que los ojos lujuriosos hasta una obra de arte pueden deteriorarla
transformándola en lujuria… Jesús ha sido claro al detectar el adulterio en el
corazón (Mt 5,28); una mirada puede ser un adulterio.
El camino sucesivo de nuestra castidad ‑ de
mujer o de varón ‑ una vez emitidos los vínculos sagrados, va a ser un camino delicado,
porque es un camino de la Naturaleza en sintonía con el Espíritu.
La consagrada, el consagrado, no quedan
atrofiados. Bullen dentro las apetencias vitales, que deben estimular el
sentido de nuestra oblación. En la mujer consagrada el ciclo menstrual
continuará su curso; el fenómeno de la menopausia llegará a su tiempo con sus características
físicas y psicológicas. Es una castidad que debemos vivir de continuo en referencia
al Esposo.
2. La presencia
del pecado
Dentro de la castidad matrimonial se puede
pecar seriamente contra el proyecto de Dios. Se puede pecar por desamor
(tibieza en el amor o pérdida del amor), por “antiamor”, cuando uno ha renegado
del amor primero y se lanza a la aventura de un amor no legítimo. El adulterio
es una bofetada frontal al amor del matrimonio,
hace estallar el compromiso inicial: tuya/tuyo del todo y para siempre.
La masturbación, si fuera una actividad
meramente biológica‑evacuatoria (fenómenos que conllevan placer orgánico), no
sería pecado. Si, por el contrario, es un acto simbólico‑personal, entonces si
es desorden y pecado. El ejercicio del sexo de por sí es unitivo, y esto le
hace ser personal, cosa que no ocurre en la actividad sexual de los animales.
El estímulo sexual, que de por sí clama comunión, en el caso de la masturbación
(masculina o femenina), queda truncado, confinando en el propio individuo. El
ejercicio correcto de la sexualidad mira a la oblación y comunión; la
masturbación es egoísmo.
3. Ser esposa,
ser madre
El anhelo de ser esposa, de ser madre
(muchas veces de modo sensible más madre que esposa) de tal manera está inserto
en las fibras interiores de la mujer, que de modo genérico se puede decir que
constituye su "vocación"; es la llamada del ser.
Ese río de ternura con el que nace la mujer
sigue manando y manando de su corazón… el silencio y el pudor retiene sus palabras.
(Hace muchos o muchísimos años una religiosa ejemplar, hoy santamente difunta,
me dijo: "Me juntaría con quien fuera por ser madre". Y por su expresión
no vi en ello nada grosero ni pecaminoso, sino un clamor de vida en estado
puro... Muchas veces lo he recordado con reverencia y ternura. Comprendo que no
se puede citar ante cualquiera, porque la reacción puede ser brutal y grosera).
La literatura mística por fuerza tiene que
acudir a estas vivencias, incluso sublimadas, para poder dar un lenguaje
referencial de lo que es mi relación con Cristo.
El cantar de los cantares, desde la
tradición judía, ha sido todo un símbolo del amor relacional; lo espiritual y
lo sensitivo fundido en única vivencia. Téngase presente que el Cantar de los
cantares contempla el amor como idilio de encuentro, pero prescinde del amor
fecundo, el amor materno (el ansia de maternidad), el amor paterno (el amor
reproducido e inmortalizado en la descendencia).
4. La castidad
consagrada por los senderos de la amistad
El ser humano aspira a realizar el amor en
el cauce de la amistad, que, por definición, es el amor recíproco, cuya
expresión suprema sería:
‑ Te amo totalmente.
‑ Te amo por lo que eres (no por lo que
tienes).
‑ Te amo gratuitamente.
‑ Te amo para siempre.
‑ Y anhelo que esa dinámica de amor halle
de ti hacia mí la respuesta recíproca.
Sin darnos cuenta, hemos sacralizado el
amor de una manera divina y lo hemos violentado en el ser humano. Este amor,
conclusivo en sí es un amor, de hecho, exclusivo. Incluye unas confusiones, que
en ráfaga intelectual se perciben, pero vitalmente no siempre. El amor entonces
se desfigura y el culto a la persona amada resulta ser una esclavitud.
El amor "apasionado romántico"
funciona con ese género de parámetros: "sin ti no tiene sentido mi
vida…"; "sería mejor suicidarme…"; "vivo pensando en
ti…"
Tal invasión violenta del amor, está
diciendo que el amor, en toda religión, tiene un componente divino, indomable y
violento. En la antigüedad es el amor de las tragedias.
El amor‑amistad de dos célibes (y
específicamente de hombre y mujer), guiado por el Espíritu tiene estas
características:
1ª Ha nacido de Cristo, tiene como meta
a Cristo y retorna constantemente a Cristo: Cristo es nuestra común
referencia inmediata. No eres tú ni soy yo. No vale: Yo para ti, tú para mí; yo
soy tuya, tú eres mía; fórmulas que pueden ser adecuadas en el matrimonio (Cantar
de los cantares).
2ª Es un amor de suavísima ternura.
3ª Puede ser amor apasionado. Como
amor apasionado la sexualidad, aunque no se intente, puede quedar afectada.
4ª Es un amor selectivo y preferencial,
pero no excluyente. Quien ama de esta manera tiene que tener la conciencia
de que no está quitando nada a Cristo, que no le está haciendo una trampa
espiritual.
5ª Es un amor que pertenece a la
creación nueva, requiere una sabiduría que solo el Espíritu puede dar.
6ª Es un amor, que se vive en libertad y
en constante purificación. Sin esta purificación el amor induce al engaño.
Pero téngase presente que en toda decisión
humana última y transcendente hay un "sin palabras", que solo puede
juzgarlo el amor y la misericordia de
Dios.
Cuando uno quiere ir a la Biblia para
aprender la vía de la amistad, se encuentra condicionado. El Libro del Eclesiástico
como ninguno, en el despliegue ético que propone al discípulo, ha tratado
como ninguno el tema de la amistad. Tiene estos textos mayores: 6,5‑17 // 9,10‑16
// 19,13‑17 // 22,19‑26 // 27,16‑21 // 37,1‑6
El autor se dirige al varón, y hace una
filosofía teológica de la amistad, basado básicamente en la experiencia humana.
(Como hoy el Internet ha introducido nuevas experiencias: tener doscientos cincuenta
"amigos" en Face‑Book es como no tener ninguno…). Estas observaciones
sobre la amistad no abordan el asunto que específicamente tratamos.
Habrá que acudir a otra literatura. En el
siglo XII el cisterciense Elredo de Rieval (1110‑1167), venerado como santo en
la tradición cisterciense, escribe De amicitia spirituali (En Internet
se encuentra en versión española), apoyándose en Cicerón, en la Escritura y en
los Padres; tratado clásico, en el cual la amistad aparece tratado de forma
espiritual‑mística, al estilo de los comentarios de San Bernardo al Cantar de
los cantares (Sermones super cantica),
una literatura que requiere su particular introducción.
* * *
En suma y concluyendo, quiera el Señor
concedernos en su misericordia, por la santa
Resurrección de su hijo que ha introducido en el mundo el orden nuevo,
dos gracias:
‑ la gracia de la guarda de la castidad que
hemos prometido junto con la perseverancia en ella;
‑ y la gracia de la amistad espiritual (en
el grado que a él le plazca), como honda experiencia del amor sencillamente
humano y cristiano, amor que, paradójicamente, puede proteger más el don de
nuestra castidad.
La Virgen purísima nos lleve por estos
rumbos que solo puede conocer quien se mete en ellos.
San Gregorio de
Narek, doctor de la Iglesia
En este 23 de febrero el Papa ha aprobado
el Doctorado de San Gregorio de Narek (ca 950 - ca 1005), máxima figura de la
Iglesia en Armenia, monje, poeta, teólogo. Tiene un Comentario al Cantar de
los Cantares. Su obra más famosa es el Libro de las Oraciones o Lamentaciones,
un conjunto de 95 oraciones (presente en la Liturgia armenia), cada una es
introducida así : "Hablando con Dios desde las profundidades del corazón".
Se le conoce como “Narek, por el nombre de la ciudad y monasterio. Puede
descargarse (en inglés), capítulo por capítulo de Internet en
Autor
para nosotros, occidentales, del todo desconocido. Nos esperan grandes
sorpresas de tesoros, para nosotros ocultos, de los cuales nos podemos
beneficiar.
Guadalajara, 23
febrero 2015 (lunes de la I semana de Cuaresma).
Retiro dado en
un Noviciado de Hermanas de vida activa, el 24 de febrero de 2015
Fr. Rufino María
Grández, O.F.M.Cap.