viernes, 23 de septiembre de 2016

848. Domingo XXVI, C – Jesús retrata al rico y al pobre Lázaro y al Dios de los débiles



Homilía para el domingo XXVI del tiempo ordinario,
ciclo C, sobre Lc 16,19-31


Texto evangélico
19 Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. 20 Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, 21 y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 22 Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. 23 Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, 24 y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 25 Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 26 Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
27 Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 29 Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Hermanos:
1. Hace dos domingos estábamos leyendo el capítulo 15 de san Lucas, todo él consagrado a las tres parábolas de la misericordia: el pastor que ha perdido una oveja de las cien de su rebaño, deja las 99 en el desierto y va a buscar a la extraviada, la carga en sus hombres lleno de alegría y luego convoca a los amigos para compartir esa alegría la mujer que busca la moneda perdida y al encontrarla quiere compartir su alegría con sus vecinas y amigas. La tercera, la del padre que ha perdido a su hijo por los caminos de la vida, y al encontrarlo celebra una gran fiesta. Cada una de estas tres parábolas está reflejando el corazón de Dios, y exactamente igual está reflejando el corazón de Jesús, hijo de Dios.

2. En el capítulo siguiente se habla de ricos y pobres. Y la finalidad es la misma: cómo es el corazón de Dios para con los pobres, cómo es el corazón de Jesús que está predicando estas cosas. Qué piensa Jesús de los ricos, qué piensa Jesús de los pobres. En estas parábolas no pretendamos ver soluciones sociales que Jesús quiera darnos.
Un ejemplo: en tantas iglesias vemos a mendigos – y más mendigas con niños y niñas – pidiendo limosna. ¿Qué nos dice Jesús? Que debemos ser compasivos y darles limosna cuando entramos a la iglesia… No, no es esa la enseñanza de la parábola. No es ese el mensaje de la parábola. De ninguna manera podemos decir: el que da limosna es el bueno, y recibirá el premio de Dios; el que no da limosna es el malo y no recibirá el premio de Dios. Es un argumento demasiado simplista. A lo mejor, la limosna más de agradecer es dar a esta persona una mirada personal, rostro a rostro, y darle al mismo tiempo una palabra. Son planteamientos de fondo que uno se los tiene que hacer a sí mismo y compartirlos con la comunidad eclesial (como se hace en Cáritas) para encontrar la solución adecuada.

3. Jesús con una enorme audacia imaginativa se ha inventado dos escenas, con dos protagonistas principales: una escena en la tierra: el rico, que no tiene corazón, y el desgraciado, este tiene un nombre personal, se llama Lázaro (nombre hebreo que significa Dios ha ayudado, la única vez que Jesús ha puesto un nombre a sus personajes de las parábolas). En contraposición, una escena en el más allá, con los dos mismos personajes: el rico, que ahora es el desgraciado para siempre; y el desdichado de antes que ahora es el bienaventurado Lázaro para siempre.
En esta segunda escena va a actuar en nombre de Dios el patriarca Abraham, el padre del pueblo elegido al que pertenece el rico y al que pertenece al pobre. El rico, ardiendo en llamas para siempre; el pobre, gozando en la morada celestial para siempre.
Que lo piense el rico, que lo piense el pobre.

4. Pero todavía la parábola no acaba, porque ahora viene lo más dramático, cuando el rico pide a Abraham que le mande a Lázaro a la tierra para que pase el aviso de lo que ocurre a la hora de la verdad: Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento.
La respuesta de Abraham es inexorable en un crescendo dramático, donde la parábola explota en todo su sentido: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”.

5. Jesús anuncia con esta parábola dos mensajes:
Lo primero, que el Dios de nuestra fe es el Dios defensor de los humildes; es el único Dios que conoce Israel en toda su tradición religiosa. Los libros de la Sagrada Escritura nos anuncian a este Dios de los humildes, no a otro Dios.
Y lo segundo, que ahora mismo, en el momento en que Jesús está hablando a su pueblo, en el momento en que nosotros estamos repitiendo el mensaje de Jesús, nos estamos jugando nuestro destino eterno, si no atendemos a ese Dios de los humildes que es el único Dios que han defendido Moisés y los Profetas.
Tenemos la Sagrada Escritura. No hace falta que nadie de aparezca, que resucite un muerto para anunciarnos la verdad.
Con estas palabras Jesús está reivindicando la validez de su misión concreta en el mundo, y la validez de quienes predicamos a Moisés y a los Profetas. La palabra de Dios permanece para siempre, y en ella está el camino de salvación.

6. Señor Jesucristo, nuestro corazón se siente fortificado en humildad y verdad cuando te escuchamos hablar de esta manera. Danos la gracia de perseverar en la doctrina del santo Evangelio que tú nos has enseñado hasta el final de nuestra vida. Amén.

Guadalajara, Jal., viernes 23 septiembre 2016
(San Pío de Pietrelcina)

lunes, 19 de septiembre de 2016

847. Espíritu de Asís, a los 30 años - Misericordia es la paz



Misericordia es la Paz
Sed de paz

“El próximo martes [20 septiembre 2016] iré a Asís para el encuentro de oración por la paz, treinta años después de aquel histórico que convocó san Juan Pablo II. Invito a las parroquias, asociaciones eclesiásticas, individualmente a los fieles de todo el mundo para que vivan ese día como una Jornada de oración por la paz.
Hoy más que nunca tenemos necesidad de paz en esta guerra que existe en todas las partes del mundo. Recemos por la paz siguiendo el ejemplo de san Francisco, hombre de fraternidad y de mansedumbre. Estamos todos llamados a ofrecer al mundo un fuerte testimonio de nuestro empeño común por la paz y la reconciliación entre los pueblos. Así el martes, todos, unidos en oración. Recemos por la paz: cada uno se tome un poco de tiempo, el que pueda para rezar por la paz. Todo el mundo unido” (El Papa Francisco, en el Ángelus del domingo 18 de septiembre de 2016).
“El encuentro ‘Sed de paz. Religiones y cultura en diálogo’, que inicia hoy domingo, contará con la presencia de líderes mundiales de 9 religiones, 6 Premio Nobel de la paz, representantes del mundo de la cultura, un grupo de 25 refugiados y el martes con la participación del papa Francisco.
En total serán 511líderes religiosos provenientes desde todo el mundo y unas 12 mil personas podrán seguir los eventos religiosos y las 29 conferencias que se realizarán.
Así 30 años después de la histórica Jornada de Oración por la Paz impulsada por san Juan Pablo II , hombres y mujeres de religiones y culturas diferentes, se reunirán durante 3 días para hablar, confrontarse y orar uno junto al otro en el Espíritu de Asís” (Agencia Zenit).
“Sed de paz, que comienza el domingo. A la cita, organizada por la comunidad de Sant’Egidio, las Familias Franciscanas y la diócesis de Asís, acudirán también el patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé; el arzobispo de Canterbury, Justin Welby; el patriarca Sirio-ortodoxo de Antioquía, Efrén; además de un líder musulmán y otro judío. El Papa se entrevistará personalmente con cada uno de ellos después de comer con refugiados. El Dalai Lama –ha informado su secretario– no ha sido invitado al encuentro. Por la tarde, varios lugares de la ciudad acogerán oraciones por la paz para los fieles de cada religión. El encuentro concluirá en el exterior de la basílica inferior de San Francisco, con la lectura de discursos y de un llamamiento a la paz, y con un momento de silencio por las víctimas de la guerra” (Alfa y Omega, Arquidiócesis de Madrid,15 sept. 2016, p. 7).

1. Misericordia es la Paz,
que anunciaba san Francisco,
que nace en el corazón
y en el rostro tiene brillo.

2. En esta misericordia
de Dios uno somos hijos,
por origen y destino
hermanos en Jesucristo.

3. Dios nos pensó en el amor,
desde siempre sin principio,
y por amor nos creó
para este mundo bendito.

4. De no ser fruto de amor,
no habríamos existido,
el Creador nos amaba
y porque amaba nos quiso.

5. Vinimos al mundo en marcha
por tan variados caminos,
el Espíritu guiaba,
y Él sabe cómo lo hizo.

6. Nacieron las religiones
con sed de hallar al Dios vivo,
anhelantes adorando,
turbados y confundidos.

7. Nacieron guerras de hermanos,
al salir del Paraíso,
y en nuestra Casa Común
nos sentamos divididos.

8. Mira, Misericordioso,
desde tu trono divino;
tú eres la paz sin pecado,
y nosotros peregrinos.

9.  Sed de paz es el encuentro,
que no es proselitismo;
humildad y cercanía,
perdón sincero y sencillo.

10. Francisco de Asís, hermano,
espejo del crucifijo,
tiene un mensaje de amor
y un ramo que ha florecido.

Guadalajara, lunes 19 septiembre 2016

Fr. Rufino María Grández, OFMCap.
Misionero de la Misericordia