Juglares del Evangelio
Sobre el juicio final de Mt 25, 31-46
Los entendidos
distinguen lo que es un “juglar”, poeta y cantor callejero que requiere un
público, y un “trovador”, artista de gabinete que crea palabras acaso para que
otro las cante, acaso en la corte, canciones de amor cortés. Hace falta mucha
erudición medieval, que yo no poseo, para entrar en matices. A Francisco se le
ha visto como juglar de Dios (Francisco, juglar de Dios, Rossellini). Francisco
“heraldo (praeco,
pregonero) de Gran Rey” ha sido visto como “iocultator Dei”.
Vamos a ser juglares a
lo divino, cantando con versos sencillo el paso del Evangelio por el corazón.
Eso han querido ser entradas anteriores de “El Evangelio en verso” (1011, 1012,
1016, 1017, [1017], 1019), no preciosismo literario – que poco lo hay – sí,
toque del alma, que ha sentido el tacto del Evangelio.
Ezequiel, profeta tan
sorprendente, fue tomado como un coplero de amores, como "juglar" de aquellos tiempos: Eres para ellos como un cantor apasionado, de buena voz y
que sabe acompañarse con las cuerdas. Escuchan tus palabras, pero no las
practican. Pero cuando se cumplan —y están para cumplirse— sabrán que había un
profeta en medio de ellos (Ez 33,32-33. La Biblia de Jerusalén traduce: Te han
tomado por un intérprete de cantos de amor, de voz encantadora que se acompaña
de buenos instrumentos). Una simple cita para ver como los versos de amor son
tan viejos como el corazón.
Volviendo al texto, es
que el Evangelio se abre a lo infinito. Requerimos libros de exégesis, cierto,
pero, sobre todo, requerimos silencio ante el Santísimo, sabor ante la
Presencia de un Jesús que vive, y porque vive puede hablar.
El Evangelio de hoy,
“chocante” (es palabra castellana expresiva) por todos los costados, es un
Evangelio para que lo cante un juglar y lo dance. Quedémonos con la primera
parte, metidos a la recha del Rey. Evangelio visual (Evangelio para los
ojos), Evangelio hiriente hasta el extremo (Evangelio para el
corazón), Evangelio dulcísimo si, por gracias, nos metemos entre las ovejas
que recibe la bendición eterna (Evangelio místico).
Como sea, cantemos
Uni de his
fratribus meis minimis (Mt 25,40)
1. Con los ángeles
sirvientes,
porque el cielo es
reino tuyo
te presentas, Nazareno,
como juez y rey del
mundo.
2. Pasaron siglos e
imperios,
la historia rodó su
rumbo,
y ha llegado tu venida,
que es presente mi
futuro.
3. La humana geografía
son los hombres, todos
uno,
ni judíos ni cristianos
para dar el juicio
sumo.
4. No hay fronteras
para el Padre
que dio el trono a su
Hijo único,
y las gentes se
congregan,
sumisas para este
juicio.
5. Venid, hermanos
benditos,
nos dirá con gozo puro,
para un reino preparado
ab aeterno por su
gusto.
6. Y ese rostro
luminoso
de Jesús, mi Dios augusto,
se hará ternura
infinita
de mi ser en lo
profundo.
7. Yo dije en mi corazón:
yo soy tuyo, a mí
renuncio,
en las sendas de la
vida
buscaré tu rostro
enjuto.
8. Porque la luz de
Belén,
me mostró tu rostro
oculto,
me dijo que lo pequeño
es divino y absoluto.
9. Tu resplandor y
hermosura,
si mi ojo es impoluto,
yo la veré a desbordar
en cuanto veo e intuyo.
10. Pero existe un
sacramento,
sin quitar antes
ninguno,
que nos lleva a una
presencia
en pura fe y al
desnudo.
11. Lo que hicisteis a los
mínimos,
que el mundo dice los
últimos,
a mí mismo me lo
hicisteis
y en el amor lo disfruto.
12. Hermano soy de los
mínimos
y mi rostro desfiguro
pero la fe es el
milagro,
camino bello y seguro.
13. Nos citamos en la
fe:
allí te espero y
auguro,
y nuestro encuentro ha
de ser
lo que pensar nadie
pudo.
14. Amores del Evangelio,
libro que siempre descubro,
allí volveré, Dios mío,
porque es mi hogar y
refugio.