jueves, 13 de febrero de 2020

1311. Domingo VI A - Pero yo os digo; el amor revelado

Pero yo os digo; el amor revelado
Mt 5,17-37

Texto evangélico:
17 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 18 En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. 19 El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
 21 Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. 22 Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. 23 Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
 27 Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. 30 Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna.
 31 Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. 32 Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima*— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
 33 También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y
“Cumplirás tus juramentos al Señor”. 34 Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. 36 Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. 37 Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Hermanos:
1. Estamos de lleno en el Sermón de la montaña, proclamación de Jesús que san Mateo nos la presenta con la Carta Magna del cristianismo. Hemos de  concentrar las palabras para que en pocos minutos podamos abrir los ojos, iluminados por el Espíritu Santo, a esta novedad absoluta que Jesús nos presenta. Dietrich Bonhöffer, fue un teólogo y pastor luterano (citada por el Papa Francisco en Amoris Lætitia, 320), que conoció los campos de exterminio, y a los 39 años murió ahorcado, acusado de conjurar contra el Führer, lo cual no pudo demostrarse. Entre sus mucho libros escribió una explicación del Sermón de la montaña: Seguimiento [1937]: “el precio de la gracia”, que es una vigorosa interpretación de las palabras de Jesús. En este libro escribió una frase muy citada: “«Cuando Cristo llama a un hombre, le ofrece a venir y morir».

2. Lo primero que dice Jesús es que él no ha venido a destruir la Ley y los Profetas. Todo lo contrario. En el monte de la Transfiguración Jesús apareció con Moisés y Elías, que eran la Ley y los Profetas. Esos eran sus confidentes. Jesús es Hijo de Israel, jamás lo ha negado. Y si de Natanael pudo decir: Este es un israelita de verdad, en quien no hay engaño, mucho más lo podemos decir nosotros de Jesús. Cuando un judío de hoy pasa de a fe judía a la fe cristiana, puede decir: Ahora, sí, ahora soy más judío, un judío de verdad.
A Pablo le ocurrió esto, aunque sus compatriotas no lo entendieron.
Hay una fractura milenaria entre Judaísmo y Cristianismo, y hasta el mundo judío, religioso y civil, podrá considerar que nuestra fe cristiana es una apostasía de Moisés. Pero el pensamiento de Jesús es otro: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.  El Evangelio es el mayor logro del Judaísmo.
Pero el judaísmo no lo entiende así.

3. Esta adhesión al Judaísmo, como fidelidad a Dios, la ha querido expresar Jesús, bajando a las minucias de la Ley. El amor siempre es concreto, y el que ama va al detalle.
Nos sorprende, porque en otras partes del Evangelios, Jesús critica las observancias tal como las practican los judíos. Hasta el punto de que, después de unas de estas discusiones, san Marcos en su Evangelio, afirma, mirando a la comunidad cristiana: “Con esto declaraba puros todos los alimentos” (Mc 7,19), lo cual iba contra la letra de la Ley.
Jesús no se contradice, si bien su lenguaje sea paradójico y diga, como ahora le acabamos de oír, que es un dictamen muy negativo contra los escribas y fariseos, que son quienes marcan el camino espiritual de Israel: “Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.
Está claro que Jesús se adhiere a la Ley y los Profetas, pero rechaza la interpretación que se está haciendo de la Ley y lso Profetas.

4. Y ahora Jesús lanza la última novedad de su mensaje: Habéis oído que se dijo…, pero yo os digo. Son las seis antítesis entre lo antiguo y lo nuevo, que hoy las comenzamos y las terminamos el domingo que viene. Nos vamos a detener en la primera: Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo…
¿Qué significa “No matar”?  Matar significa:
- Matar significa dar a uno un tiro con la pistola.
- Matar significa pagar a un sicario diez mil pesos para que tome la pistola y dispare.
- Matar significa recibir esos diez mil pesos y disparar, aunque yo por mi cuenta nunca lo habría hecho.
- Matar significa concebir a una criatura y abortarla, porque estorba en mi plan familiar.
- Matar significa obligar a la hija a que aborte por el honor de la familia.
No matarás y el que mate, es reo de juicio y muerte.

5. Ahora viene Jesús y nos dice: Matar significa: Matar con las manos, matar con las palabras, matar con el pensamiento…
Un proverbio oriental dice poéticamente: “No hieras a una mujer ni con el pétalo de una rosa”, y un poeta mexicano, Amado Nervo, completó el proverbio, también poéticamente: “… Ni con el pensamiento”.
Estas bonitas frases son poesía y valen como poesía. Jesús dice mucho más y dice el todo: si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti,  deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
En el lenguaje de hoy: Si no te hablas con tu hermano, antes de venir a misa, reconcíliate…
La moral cristiana odia todas las apariencias, es la moral de la verdad total, de la pureza total, de un corazón nuevo que solo Jesús nos puede dar. Nuestro Dios de amor no puede contentarse amores a medias, con pizcas de amor, sino que espera el amor del todo.
Luego sigue Jesús hablando del adulterio. Pero tener que parar aquí nuestras reflexiones.

Jesús, Dios de amor, que nos has enseñado el amor total, humildemente te pedimos que no lleves por este camino del amor. Amén.

Guadalajara, jueves, 12 febrero 2020.

sábado, 8 de febrero de 2020

1310. Domingo V A - Sal de la tierra, luz del mundo


Sal de la tierra, luz del mundo
Mt 5,13-19
Video: próximamente
Texto evangélico:
13 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16 Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

Hermanos:
1. El domingo pasado, por haber coincidido con la fiesta de la Presentación del Señor día 2 de febrero, que tiene sus lecturas propias, escuchamos las lecturas de la fiesta, y omitimos las del Domingo correspondiente. En ese Domingo IV del tiempo ordinario, comenzaba el Sermón de la Montaña que se abre con la proclamación de las Bienaventuranzas. Qué página más luminosa del Evangelio que llena el corazón de alegría y nos abre a la esperanza sin límites.
Las bienaventuranzas son felicitaciones, exclamaciones de júbilo que Jesús dirige a su comunidad naciente. El ve la obra de Dios y proclama bienaventurados a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de la justicia santa, de la santidad de Dios, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz, a los perseguidos por los motivos del Evangelio.  Este era la sección del Evangelio que nos correspondía leer; y el texto que hoy acabamos de escuchar es justamente la inmediata secuencia de las Bienaventuranzas.

2. Jesús tiene delante la comunidad del Reino que empieza a surgir, y él la contempla con los ojos del Padre Dios; y a esta comunidad, que viene de la Tierra de Israel y de más allá, Jesús les habla con palabras, en las que resuenan los mensajes de los profetas, pero que, al fin, resultan nuevas. El Sermón de la Montaña  podemos tomarlo, por su valor especial de síntesis, como la Carta fundacional del Reino.
A esta Comunidad que Dios va creando Jesús les transmite la Palabra de Dios a los hombres, una doctrina nueva, y al mismo tiempo les encomienda una misión que les encarga llevar al mundo entero, a toda la tierra. Es la misión que traspasa las fronteras de Israel y nos alcanza hoy hasta a nosotros.

3. Jesús nos habla de la sal de la tierra y nos habla igualmente de la luz del mundo.  Con la gracia de Dios vamos a recibir este mensaje y esta responsabilidad.
La primera pregunta que suscitan estas palabras del Señor es esta: ¿A quién se está dirigiendo? Una respuesta tímida, y en el fondo no verdadera, sería la siguiente: Jesús está hablando y señalando a los responsables de la Iglesia, que deben llevar adelante la comunidad de Dios. Esos son la sal de la tierra, esos son la luz del mundo: los apóstoles y sus sucesores.
Hermanos, esta no es la respuesta correcta. Jesús en este momento no está hablando a Pedro y al grupo de los apóstoles; está hablando a todos los discípulos que le rodean, que son el germen de la Iglesia.

4. Todo el que se considere verdadero discípulo de Jesús es – y debe ser – sal de la tierra y luz del mundo.
La sal cumple dos funciones: por una parte, preserva a los alimentos de la corrupción; por otra, sazona los alimentos, es decir, les da el sabor, para que los comamos con gusto.
Como discípulos de Jesús estamos destinados a esto: darle a la vida sabor y preservarla de la corrupción. La vida sin Dios se deshace; la vida sin Dios pierde su alegría. ¿Por qué lo decimos? Porque nos lo dice la experiencia.
La misión de los cristianos es esta: divinizar la vida, poner a Dios en el centro, Creador y dueño del mundo, y hacer que la vida recobre sentido en él.
Según el criterio vigente, al que el corazón se inclina de por sí: a mayor riqueza mayor felicidad; a mayor placer de los sentidos, más felicidad del corazón; y cuanto más poder, más satisfacción. Y, sin embargo, esto es una gran mentira que nos la tragamos como si fuese el verdadero progreso humano.
Vosotros sois la sal de la tierra; debéis darle a la vida el verdadero sabor, la verdadera alegría, una alegría tal, que, como dijo Jesús, en la Cena, nadie nos la podrá quitar. Estamos destinado a llevar a Dios a la vida; donde está Dios está la paz y la plenitud. Y de ninguna manera la presencia de Dios nos va a alejar de nuestras responsabilidades y tareas de la sociedad.

5. Con otro símbolo equivalente Jesús nos dice: Vosotros sois la luz del mundo. La luz es un gran símbolo en tantas religiones. La luz es salvación, alegría, victoria de las tinieblas, victoria sobre el mal.
Eso sois vosotros, nos dice Jesús: luz del mundo.
La luz tiene un destino: iluminar. Por eso, cuando se enciende una lámpara, hay que ponerla en el lugar más visible.
Aprendamos de memoria esta frase como consigna de vida: “Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”.
Debemos brillar, explotar todo lo que tenemso de bueno, sino para que vean en torno nuestro la obra de Dios, la grandeza de Dios. No me interesa estar en el pedestal; sí me interesa que por lo que yo digo o hago, Cristo sea conocido, el Padre sea glorificado. Dice san Francisco: “Bienaventurado aquel siervo (Mt 24,46) que no se exalta más del bien que el Señor dice y obra por medio de él, que del que dice y obra por medio de otro” (Admoniciones. 18).
Hoy vemos a san Pablo, como anunciador de Jesucristo, y nos da este testimonio espléndido y estremecedor:
“Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo;  mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1Cor 2,1-5).
En Pablo brillaba Cristo. No quiso despistar a nadie, haciendo gala de sabiduría humana.

Concluimos, hermanos, fijos los ojos en Jesús, iniciador de nuestra fe.
Señor Jesús, tú dijiste: Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no camina en tinieblas. Y ahora nos dices: Vosotros sois la luz del mundo. Haz que mi vida sea lámpara ardiente y luminosa, y que quien me mire, te vea. Amén.

Guadalajara, sábado, 8 febrero 2020

domingo, 2 de febrero de 2020

1309. Dom IV A - Jesús proclama las Bienaventuranzas


Jesús proclama las Bienaventuranzas
Mt 5,1-12a

[Nota. El año 2020, coincidiendo este Domingo con el 2 de febrero, FIESTA de la Presentación del Señor, los textos de la Fiesta prevalecen sobre los del Domingo del tiempo ordinario)

Texto evangélico:
1«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”

Hermanos:
1. El domingo pasado, domingo III del tiempo ordinario, decíamos: Jesús anuncia la Palabra de Dios, Jesús anuncia el Evangelio del Reino. Y explicábamos cómo el Papa había designado ese domingo III para celebrar todos los años el Día de la Palabra de Dios, el Día de la Escritura.
Hoy decimos lo mismo con otras palabras: Jesús proclama las Bienaventuranzas, comienzo del Sermón de la montaña, que abarca tres capítulos en San Mateo, capítulos 5, 6 y 7. ¿Qué son las Bienaventuranzas? Ni más ni menos que el ReinodeDios, que se inaugura en la tierra con la presencia de Jesús.

2. No os cansaremos de repetir lo que otras veces hemos dicho, lo que instintivamente viene a mi reflexión cuando hemos de explicar esta página divina del Evangelio. Las Bienaventuranzas no son la serie de virtudes que debe practicar el cristiano para alcanzar la meta de la santidad y pasar al Reino de los cielos.
Las Bienaventuranzas son una serie de felicitaciones que brotan el corazón de Jesús, cuando él contempla la obra que el Padre Dios está haciendo en la tierra, y primero de todos en él. Las Bienaventuranzas son el perfecto autorretrato de Jesús que ha quedado en el Evangelio. Cuando uno habla traduce lo que él, sin remedio. Las Bienaventuranzas son el corazón de Jesús, descrito y entregado.
¡Bienaventurados! Es decir: ¡Qué dicha la vuestra! Es maravillooso lo que Dios está haciendo von vosotros; y por esta maravilla podéis ser dichosos, disfrutad de esa felicidad que se os regala.

3. Variando el lenguaje, Jesús está diciendo, en cada una de estas exclamaciones, lo mismo. Es el mismo mensaje, con distintos colores, con diversos tonos de belleza. Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de santidad, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos por causa de su rectitud, son los mismos. Es la la nueva gente contagiada del mensaje. Y es precisamente aquella gente, aquel pueblo sencillo que Jesús tiene ante sí.
Y Jesús quiere que ese grupo feliz seamos justamente nosotros.

4. Hemos de personalizar las Bienaventuranzas hasta convertrilas en mensaje personal que el Hijo de Dios me está dirigiendo a mí: ¡Dichoso tú, pobre de espíritu, pobre de corazón, porque estás ya disfrutando del Reino de los cielos!
A decir verdad, solo Jesús es el porotagonista perfecto de cada un de las Bienaventuranzas. ¿Quién es pobre de espíritu, pobre de corazón, pobre hasta no tener nada más que a Dios? Solo Jesús es el sujeto de esta Bienaventuranzas.

5. Para entender las Bienaventuranzas, hermanos, necesitamos el don de contemplación; pararnos ante cada una de ella, llenos de admiración y de alegría, y exclamar: ¡Realmente solo dios, el hijo de Dios, puede hablar con este lenguaje!
Las Bienaventuranzas son el mundo al revés. Cada una de las Bienaventuranzas nos pone ante los ojos un valor supremo que es la antítesis de lo que codicia el mundo; pero que, misteriosamente, cuando uno llega a atisbar el secreto escondido, no puede menos de exclamar: ¡Es cierto, no puede haber una felicidad mayor!
Tomemos, como ejemplo, una de ellas, la sexta: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. ¿Puede haber alegría mayor en la tierra que esta, de sentirse limpio de corazón? ¿Puede haber alegría mayor que ver a Dios? Los limpios de corazón ven a Dios.
Las promesas de las Bienaventuranzas se refieren al futuro último, ciertamente, a lo que llamamos la “escatología”; pero ese futuro comienza ya, inaugurado por Jesús.
Tener un corazón limpio, divinizado por Jesús, es como volver a las manos de Dios, cuando Adán nació limpio ante Dios y ante sí mismo.

6. Seguramente que la Bienaventuranza más repetida ha sido la primera, la Bienaventuranza que se refiere a los pobres. Los pobres no son los ricos, sino los pobres, pero no los pobres sin más, sino los pobres hasta las mismas raíces del Señor, los pobres de espíritu, los pobres que solo el Espíritu Santo puede hacer. Y discurriendo más hasta el fondo, s seguramente que acabaremos dicien do que también el rico puede ser pobre, si se ha dejado empobrecer por Dios, y un día feliz ha llegado a comprender que solo Dios, por los caminos más sorprendentes, solo Dios, es la riqueza del hombre, y ha llegado a aceptar, con todas sus consecuencias, que solo Dios es mi única riqueza.
No estamos haciendo un juego de palabras, sino asomándonos a unas realidades espirituales, obra de la presencia de Dios en medio de sus hijos.

7. Repito, hermanos, que solo el espíritu de contemplación, el sentido de admiración y asombro ante el misterio, nos puede dar la infinita alegría de empalmar con el mensaje de las Bienaventuranzas.
El mundo de Jesús, el mundo el amor, de la fraternidad de Dios se construye únicamente desde las Bienaventuranzas proclamadas por el Señor. Dios nos está llamando por estos rumbos. Nos hagamos teorías que, a fuerza de discurrir y más discurrir, no alejan de este camino luminoso de la sencillez y de la verdad.

8. Dice un salmo: “Esta es la generación que busca al Señor, | que busca tu rostro, Dios de Jacob” (Sal 24,6).
Somos el grupo que busca al Señor, que busca el rostro de Dios. Jesús lo ha encontrado en sí mismo, y lo ha visto en aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Ese, y no otro, es el ámbito de la felicidad que gozamos ya y que anhelamos para siempre.

Señor Jesús, en ti está el rostro de Dios, porque en ti resplandecen las Bienaventuranzas. Danos la alegría de las Bienaventuranzas, que nadie no podrá quitar, hasta contemplarte un día cara a cara junto al Padre. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 enero 2020.