domingo, 2 de febrero de 2020

1309. Dom IV A - Jesús proclama las Bienaventuranzas


Jesús proclama las Bienaventuranzas
Mt 5,1-12a

[Nota. El año 2020, coincidiendo este Domingo con el 2 de febrero, FIESTA de la Presentación del Señor, los textos de la Fiesta prevalecen sobre los del Domingo del tiempo ordinario)

Texto evangélico:
1«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”

Hermanos:
1. El domingo pasado, domingo III del tiempo ordinario, decíamos: Jesús anuncia la Palabra de Dios, Jesús anuncia el Evangelio del Reino. Y explicábamos cómo el Papa había designado ese domingo III para celebrar todos los años el Día de la Palabra de Dios, el Día de la Escritura.
Hoy decimos lo mismo con otras palabras: Jesús proclama las Bienaventuranzas, comienzo del Sermón de la montaña, que abarca tres capítulos en San Mateo, capítulos 5, 6 y 7. ¿Qué son las Bienaventuranzas? Ni más ni menos que el ReinodeDios, que se inaugura en la tierra con la presencia de Jesús.

2. No os cansaremos de repetir lo que otras veces hemos dicho, lo que instintivamente viene a mi reflexión cuando hemos de explicar esta página divina del Evangelio. Las Bienaventuranzas no son la serie de virtudes que debe practicar el cristiano para alcanzar la meta de la santidad y pasar al Reino de los cielos.
Las Bienaventuranzas son una serie de felicitaciones que brotan el corazón de Jesús, cuando él contempla la obra que el Padre Dios está haciendo en la tierra, y primero de todos en él. Las Bienaventuranzas son el perfecto autorretrato de Jesús que ha quedado en el Evangelio. Cuando uno habla traduce lo que él, sin remedio. Las Bienaventuranzas son el corazón de Jesús, descrito y entregado.
¡Bienaventurados! Es decir: ¡Qué dicha la vuestra! Es maravillooso lo que Dios está haciendo von vosotros; y por esta maravilla podéis ser dichosos, disfrutad de esa felicidad que se os regala.

3. Variando el lenguaje, Jesús está diciendo, en cada una de estas exclamaciones, lo mismo. Es el mismo mensaje, con distintos colores, con diversos tonos de belleza. Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de santidad, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos por causa de su rectitud, son los mismos. Es la la nueva gente contagiada del mensaje. Y es precisamente aquella gente, aquel pueblo sencillo que Jesús tiene ante sí.
Y Jesús quiere que ese grupo feliz seamos justamente nosotros.

4. Hemos de personalizar las Bienaventuranzas hasta convertrilas en mensaje personal que el Hijo de Dios me está dirigiendo a mí: ¡Dichoso tú, pobre de espíritu, pobre de corazón, porque estás ya disfrutando del Reino de los cielos!
A decir verdad, solo Jesús es el porotagonista perfecto de cada un de las Bienaventuranzas. ¿Quién es pobre de espíritu, pobre de corazón, pobre hasta no tener nada más que a Dios? Solo Jesús es el sujeto de esta Bienaventuranzas.

5. Para entender las Bienaventuranzas, hermanos, necesitamos el don de contemplación; pararnos ante cada una de ella, llenos de admiración y de alegría, y exclamar: ¡Realmente solo dios, el hijo de Dios, puede hablar con este lenguaje!
Las Bienaventuranzas son el mundo al revés. Cada una de las Bienaventuranzas nos pone ante los ojos un valor supremo que es la antítesis de lo que codicia el mundo; pero que, misteriosamente, cuando uno llega a atisbar el secreto escondido, no puede menos de exclamar: ¡Es cierto, no puede haber una felicidad mayor!
Tomemos, como ejemplo, una de ellas, la sexta: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. ¿Puede haber alegría mayor en la tierra que esta, de sentirse limpio de corazón? ¿Puede haber alegría mayor que ver a Dios? Los limpios de corazón ven a Dios.
Las promesas de las Bienaventuranzas se refieren al futuro último, ciertamente, a lo que llamamos la “escatología”; pero ese futuro comienza ya, inaugurado por Jesús.
Tener un corazón limpio, divinizado por Jesús, es como volver a las manos de Dios, cuando Adán nació limpio ante Dios y ante sí mismo.

6. Seguramente que la Bienaventuranza más repetida ha sido la primera, la Bienaventuranza que se refiere a los pobres. Los pobres no son los ricos, sino los pobres, pero no los pobres sin más, sino los pobres hasta las mismas raíces del Señor, los pobres de espíritu, los pobres que solo el Espíritu Santo puede hacer. Y discurriendo más hasta el fondo, s seguramente que acabaremos dicien do que también el rico puede ser pobre, si se ha dejado empobrecer por Dios, y un día feliz ha llegado a comprender que solo Dios, por los caminos más sorprendentes, solo Dios, es la riqueza del hombre, y ha llegado a aceptar, con todas sus consecuencias, que solo Dios es mi única riqueza.
No estamos haciendo un juego de palabras, sino asomándonos a unas realidades espirituales, obra de la presencia de Dios en medio de sus hijos.

7. Repito, hermanos, que solo el espíritu de contemplación, el sentido de admiración y asombro ante el misterio, nos puede dar la infinita alegría de empalmar con el mensaje de las Bienaventuranzas.
El mundo de Jesús, el mundo el amor, de la fraternidad de Dios se construye únicamente desde las Bienaventuranzas proclamadas por el Señor. Dios nos está llamando por estos rumbos. Nos hagamos teorías que, a fuerza de discurrir y más discurrir, no alejan de este camino luminoso de la sencillez y de la verdad.

8. Dice un salmo: “Esta es la generación que busca al Señor, | que busca tu rostro, Dios de Jacob” (Sal 24,6).
Somos el grupo que busca al Señor, que busca el rostro de Dios. Jesús lo ha encontrado en sí mismo, y lo ha visto en aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Ese, y no otro, es el ámbito de la felicidad que gozamos ya y que anhelamos para siempre.

Señor Jesús, en ti está el rostro de Dios, porque en ti resplandecen las Bienaventuranzas. Danos la alegría de las Bienaventuranzas, que nadie no podrá quitar, hasta contemplarte un día cara a cara junto al Padre. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 enero 2020.

1 comentario:

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