Jesús proclama las Bienaventuranzas
Mt 5,1-12a
[Nota. El año 2020, coincidiendo este Domingo con el 2 de febrero, FIESTA de la Presentación del Señor, los textos de la Fiesta prevalecen sobre los del Domingo del tiempo ordinario)
Texto evangélico:
1«Bienaventurados los pobres en el
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque
ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos
por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de
cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque
vuestra recompensa será grande en el cielo”
Hermanos:
1. El
domingo pasado, domingo III del tiempo ordinario, decíamos: Jesús anuncia la
Palabra de Dios, Jesús anuncia el Evangelio del Reino. Y explicábamos cómo el Papa
había designado ese domingo III para celebrar todos los años el Día de la
Palabra de Dios, el Día de la Escritura.
Hoy
decimos lo mismo con otras palabras: Jesús proclama las Bienaventuranzas,
comienzo del Sermón de la montaña, que abarca tres capítulos en San Mateo,
capítulos 5, 6 y 7. ¿Qué son las Bienaventuranzas? Ni más ni menos que el ReinodeDios,
que se inaugura en la tierra con la presencia de Jesús.
2. No
os cansaremos de repetir lo que otras veces hemos dicho, lo que instintivamente
viene a mi reflexión cuando hemos de explicar esta página divina del Evangelio.
Las Bienaventuranzas no son la serie de virtudes que debe practicar el
cristiano para alcanzar la meta de la santidad y pasar al Reino de los cielos.
Las
Bienaventuranzas son una serie de felicitaciones que brotan el corazón de Jesús,
cuando él contempla la obra que el Padre Dios está haciendo en la tierra, y
primero de todos en él. Las Bienaventuranzas son el perfecto autorretrato de Jesús
que ha quedado en el Evangelio. Cuando uno habla traduce lo que él, sin
remedio. Las Bienaventuranzas son el corazón de Jesús, descrito y entregado.
¡Bienaventurados! Es decir: ¡Qué dicha la vuestra! Es
maravillooso lo que Dios está haciendo von vosotros; y por esta maravilla
podéis ser dichosos, disfrutad de esa felicidad que se os regala.
3. Variando
el lenguaje, Jesús está diciendo, en cada una de estas exclamaciones, lo mismo.
Es el mismo mensaje, con distintos colores, con diversos tonos de belleza. Los pobres
de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de
santidad, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos por
causa de su rectitud, son los mismos. Es la la nueva gente contagiada del
mensaje. Y es precisamente aquella gente, aquel pueblo sencillo que Jesús tiene
ante sí.
Y Jesús
quiere que ese grupo feliz seamos justamente nosotros.
4. Hemos
de personalizar las Bienaventuranzas hasta convertrilas en mensaje personal que
el Hijo de Dios me está dirigiendo a mí: ¡Dichoso tú, pobre de espíritu, pobre
de corazón, porque estás ya disfrutando del Reino de los cielos!
A decir
verdad, solo Jesús es el porotagonista perfecto de cada un de las Bienaventuranzas.
¿Quién es pobre de espíritu, pobre de corazón, pobre hasta no tener nada más
que a Dios? Solo Jesús es el sujeto de esta Bienaventuranzas.
5. Para
entender las Bienaventuranzas, hermanos, necesitamos el don de contemplación;
pararnos ante cada una de ella, llenos de admiración y de alegría, y exclamar:
¡Realmente solo dios, el hijo de Dios, puede hablar con este lenguaje!
Las
Bienaventuranzas son el mundo al revés. Cada una de las Bienaventuranzas nos
pone ante los ojos un valor supremo que es la antítesis de lo que codicia el mundo;
pero que, misteriosamente, cuando uno llega a atisbar el secreto escondido, no
puede menos de exclamar: ¡Es cierto, no puede haber una felicidad mayor!
Tomemos,
como ejemplo, una de ellas, la sexta: Bienaventurados
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. ¿Puede
haber alegría mayor en la tierra que esta, de sentirse limpio de corazón?
¿Puede haber alegría mayor que ver a Dios? Los limpios de corazón ven a Dios.
Las promesas de las Bienaventuranzas se
refieren al futuro último, ciertamente, a lo que llamamos la “escatología”;
pero ese futuro comienza ya, inaugurado por Jesús.
Tener un corazón limpio, divinizado por
Jesús, es como volver a las manos de Dios, cuando Adán nació limpio ante Dios y
ante sí mismo.
6. Seguramente que la Bienaventuranza
más repetida ha sido la primera, la Bienaventuranza que se refiere a los
pobres. Los pobres no son los ricos, sino los pobres, pero no los pobres sin
más, sino los pobres hasta las mismas raíces del Señor, los pobres de espíritu,
los pobres que solo el Espíritu Santo puede hacer. Y discurriendo más hasta el
fondo, s seguramente que acabaremos dicien do que también el rico puede ser
pobre, si se ha dejado empobrecer por Dios, y un día feliz ha llegado a
comprender que solo Dios, por los caminos más sorprendentes, solo Dios, es la
riqueza del hombre, y ha llegado a aceptar, con todas sus consecuencias, que
solo Dios es mi única riqueza.
No estamos haciendo un juego de palabras,
sino asomándonos a unas realidades espirituales, obra de la presencia de Dios
en medio de sus hijos.
7. Repito, hermanos, que solo el
espíritu de contemplación, el sentido de admiración y asombro ante el misterio,
nos puede dar la infinita alegría de empalmar con el mensaje de las
Bienaventuranzas.
El mundo de Jesús, el mundo el amor, de
la fraternidad de Dios se construye únicamente desde las Bienaventuranzas proclamadas
por el Señor. Dios nos está llamando por estos rumbos. Nos hagamos teorías que,
a fuerza de discurrir y más discurrir, no alejan de este camino luminoso de la
sencillez y de la verdad.
8. Dice un salmo: “Esta es la generación
que busca al Señor, | que busca tu rostro, Dios de Jacob” (Sal 24,6).
Somos el grupo que busca al Señor, que
busca el rostro de Dios. Jesús lo ha encontrado en sí mismo, y lo ha visto en
aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Ese, y no otro, es el ámbito de la
felicidad que gozamos ya y que anhelamos para siempre.
Señor
Jesús, en ti está el rostro de Dios, porque en ti resplandecen las
Bienaventuranzas. Danos la alegría de las Bienaventuranzas, que nadie no podrá
quitar, hasta contemplarte un día cara a cara junto al Padre. Amén.
Guadalajara, Jalisco, 31 enero 2020.
According to Stanford Medical, It's really the one and ONLY reason women in this country get to live 10 years more and weigh 19 KG lighter than us.
ResponderEliminar(Just so you know, it has absolutely NOTHING to do with genetics or some secret exercise and EVERYTHING about "HOW" they are eating.)
BTW, I said "HOW", not "what"...
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