sábado, 21 de noviembre de 2020

1456. En la Presentación de María - Templo de Dios es María


Templo de Dios es María

 

La memoria de la Presentación de María nos lleva históricamente a la consagración de la basílica de Santa María en Jerusalén (20 noviembre 523). Para nuestros hermanos de Oriente es una de las doce fiestas del Calendario litúrgico, con su correspondiente iconografía.

La leyenda de María en el templo (Protoevangelio de Santiago) está significando toda una teología con respecto a la Madre del Señor ya en el siglo II. Teología de consagración y virginidad que los Santos Padres han continuado.

Pío XII escribía estos párrafos en al encíclica “Sacra virginitas” (25 marzo 1954)

“Por tanto, exhortamos con afecto paterno a todos los sacerdotes, religiosos y vírgenes consagrados a que se pongan bajo la especial protección de la Santa Madre de Dios, que es Virgen de vírgenes y maestra de la virginidad, como afirma San Ambrosio (nota 113), y es Madre poderosísima de aquellos, sobre todo, que se han dedicado al divino servicio.

Por ella, dice San Atanasio, comenzó a existir la virginidad (114), y lo enseña claramente, San Agustín con estas palabras: La dignidad virginal comenzó con la Madre de Dios (115). Siguiendo las huellas del mismo San Atanasio (116), San Ambrosio propone a las vírgenes como modelo la vida de la Virgen María: Imitadla, hijas... (117). Sírvaos la vida de María de imagen y modelo de virginidad, cual imagen que se hubiese trasladado a un lienzo; en ella, como en un espejo, brilla la hermosura de la castidad y la belleza de toda virtud. De aquí podéis sacar ejemplos de vida, ya que en ella, como en un dechado, se muestra, con las enseñanzas manifiestas de su santidad qué es lo que habéis de corregir, qué es lo que habéis de reformar, qué es lo que habéis de retener... He aquí la imagen de la verdadera virginidad. Esta fue María, cuya vida pasó a ser norma para todas las vírgenes... (118). Sea, pues, la Santísima Virgen maestra de nuestro modo de proceder (119), Tan grande, fue su gracia, que no solo conservó en sí misma la virginidad, sino que concedía este don insigne a los que visitaba (120). ¡Cuán verdadero es pues el dicho del mismo San Ambrosio: Oh riquezas de la virginidad de María! (121). En vista de tales riquezas aprovecha grandemente, también hoy a las vírgenes consagradas, a los religiosos y a los sacerdotes el contemplar la virginidad de María para observar con más fidelidad y perfección la castidad de su propio estado.

Pero no os contentéis, amadísimos hijos, con meditar las virtudes de la Santísima Virgen María; acudid a ella con absoluta confianza, siguiendo el consejo de San Bernardo: Busquemos la gracia, y busquémosla por María (122). Y en este Año Mariano de una manera especial poned en ella el cuidado de vuestra vida espiritual y de la perfección, imitando el ejemplo de San Jerónimo, que aseguraba: Para mí la virginidad es una consagración en María y en Cristo (123)”.

 

Templo de Dios es María,

por eso fue inmaculada

Dios la quiso para el Hijo

como perfecta morada.

 

Templo de Dios habitado

desde la más tierna infancia,

esta hija de Israel

fue siempre la consagrada.

 

Templo de Dios maternal

y el Arca de la Alianza

la Ley y el Maná vivían

en sus íntimas entrañas.

 

Templo de Dios que la Iglesia

hoy recuerda entre alabanzas,

María vive en nosotros

y es presencia celebrada.

 

María nos lleva al Hijo,

fuente de toda gracia,

María, pobre y humilde

ruta de fe de la esclava.

 

¡A la excelsa Trinidad,

que es y será nuestra patria,

sea el amor, la pureza,

y la obediencia evangélica! Amén.

Madrid, Presentación de María 2020.

Puede verse nuestro himno “Jerusalén la amó desde el principio” (Jerusalén, 3 de abril de 1985).

viernes, 20 de noviembre de 2020

1455. Domingo XXXIV A – Domingo de Cristo Rey

 

  Domingo de Cristo Rey

Mt 25,35-46


Texto evangélico

31 «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria 32 y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34 Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. 37 Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; 38 ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; 39 ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. 40 Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. 41 Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. 44 Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. 45 Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. 46 Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Hermanos:

1. Hoy es el Domingo de Jesucristo, Rey del universo. Y con ello coronamos un ciclo anual. El próximo Domingo iniciaremos el ciclo siguiente, cuyo centro será la Pascua del Señor. La palabra “Rey” la tomamos de labios de Jesús, porque está en el Evangelio que acabamos de proclamar y escuchar. Jesús se designaba a sí mismo con un título bíblico misterioso: el hijo del hombre. Y así ocurre en esta escena final de la historia que él ha ideado y que comienza así: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre. El relato sigue: Entonces dirá el rey a los de su derecha.

En este pasaje del Evangelio nos da un retrato soberano, rigurosamente divino, de su propia persona.

Primero, se pone en la misma categoría de Dios, en el centro y la cúspide de toda la creación y toda la historia.

Segundo, él convoca a todas las naciones, cristianos y no cristianos. Él es el dueño y señor de todos y todos deben rendirle cuentas a él.

Tercero: el Rey se convierte en Juez. No hay división de poderes, porque en él reside toda la plenitud de la divinidad. Y su juicio es inapelable.

Y cuarto: el juicio que él pronuncia es o la vida eterna o el fuego eterno.

2. Esta parábola de Jesús nos deja absolutamente en silencio y adoración. Nuestra mente humana choca ante el final de las palabras de Jesús, que habla de vida eterna y de castigo eterno. La mente humana no puede comprender que exista el castigo eterno, que es el mal eterno frente al bien eterno. Dos eternidades contradictorias: el bien eterno y la desgracia eterna. Para nuestra mente finita, la desgracia eterna sería en Dios una pesadilla eterna, un punto negro eterno que tendría de desaparecer, ser aniquilado, no existir, para que ni en la mente de Dios, que todo lo alcanza y domina, no hubiera ni el recuerdo de un mal contra su persona, que un día existió.

Hermanos, nos perdemos en absoluto si queremos dar razón a la fe. Es la hora de la humildad, de la entrega y del amor, para decirle al Señor: Señor, no entiendo el misterio de la Trinidad, que es un misterio de amor y de bondad a lo infinito; lo acepto con gozo, sabiendo que allí todo es bien y solo bien. No entiendo el misterio del demonio, que es el mal y el absurdo en esta eterno; ni entiendo el infierno, que es la misma maldad del demonio. Pero acepto que tu Hijo haya hablado de estas cosas, que nos revelan por de pronto, la seriedad del misterio de la salvación.

Hermanos, me ha parecido oportuno mencionar estas cosas, porque en nuestras homilías y en nuestra predicación en general no hablamos de los novísimos, de las verdades eternas en lo que tienen de seriedad y misterio. No podemos mutilar las palabras del Señor, para quedarnos solo con la parte hermosa, que nos da la visión bella del mundo.

3. Pero ahora cambiemos de perspectiva para fijarnos en otros aspectos que nos trae la palabra reveladora de este día. Jesús, nuestro Rey, es nuestro Pastor.

“Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—. Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia” (Ez 34,15-16). Estas palabras del profeta Ezequiel, y que con toda justicia la liturgia las aplica a Jesús, en la primera lectura, nos dan un consuelo infinito, que nos va a acompañar hasta el cielo. Esas palabras son las que hacen brotar del corazón el salmo del día: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; | me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo, | por el honor de su nombre· (Sal 23,1-3).         

La preferencia de Jesús por sus ovejas débiles, enfermas, caídas… la ha puesto evidencia Jesús en los rasgos que destaca en este Evangelio: Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… Quizás el Evangelio más citado en estos últimos tiempos, cuando hablamos de la Iglesia en salida. “En la tarde te juzgarán del amor”, dos dijo en una célebre frase san Juan de la Cruz, y esta tarde no es solo la tarde de cada día, sino la tarde de toda mi vida, y la tarde del juicio final de la historia humana.

4. Pero hay otra consideración, hermanos, que es particularmente oportuna en los tiempos que estamos viviendo. Y que es la siguiente: Nosotros somos discípulos de Jesús, y sin atropellar a nadie, sin negar que en la sociedad plural han de tener cabida otros modos de pensar, cómo podemos hacer que esa humanización que Jesús trae al mundo impregne legítimamente la sociedad.

Me refiero muy concretamente a la aprobación de la nueva Ley de Educación el día jueves en el Congreso, para que pase al Senado. Las asociaciones católicas, y también los obispos, rechazan frontalmente que se posesione el Gobierno de la escuela concertada, en el sentido de recortar el pleno poder de los padres, para que sean ellos quienes opten por el estilo de educación que quieren para sus hijos. Son asuntos técnicos, evidentemente, que requieren matices, pero es claro que el rechazo social de las entidades católicas ha sido contundente.

Jesús ha de reinar en nuestros corazones. Y desde nuestros corazones ha de proyectarse en la sociedad, para que su reinado sea de justicia, de verdad, de amor y de paz. Para que la propuesta divina que Jesús nos trae, por nuestra presencia, por nuestra palabra y acciones, alcance hasta los confines de la tierra.

Señor, Hijo amado del Padre, con tu muerte de amor reinas sobre nosotros. Que nuestra  vida, la mía en concreto, proclame que tú eres el verdadero rey, que muriendo, da la vida al mundo. Amén.

 

Madrid, viernes 22 noviembre 2020.

sábado, 14 de noviembre de 2020

1454. Versos dominicales - La flor del Domingo

 

La flor del Domingo

 



Entera se deja ver

esta flor que es toda bella

y mientras la miro y miro

mi alma de paz se llena.

 

Yo la traje a mi escritorio

diciéndole que me diera

lo que ella lleva escondido:

una divina presencia.

 

La veo y toco infinito

cuando mis ojos contemplan;

su raíz en Dios se hunde

y toda esplendor destella.

 

Parece estarme diciendo:

“Comunicar es mi esencia;

no soy yo quien tú me ves,

que soy Quien a ti se acerca”.

 

Abriendo sus tiernos pétalos,

es frágil y sin defensa,

yo seré su defensor

si sé entregarme de veras.

 

Es bella, que no puede ser

más bella en su realeza,

que Dios se deshizo en ella

por Madre Naturaleza.

 

Pedestal de su hermosura

las hojas que la rodean,

como una corte escogida

para mi amada pequeña.

 

Yo pienso en Jesús sin tacha,

al contemplar su pureza,

pienso que el mundo es hermoso

por Quien lo cuida y sustenta.

 

Quiero besarla y lo haré

inclinando mi cabeza:

¡Te venero, humilde hermana

y divina mensajera!

 

Madrid, en vigilia de Domingo

XXXIII del tiempo ordinario 2020