La
memoria de la Presentación de María nos lleva históricamente a la consagración
de la basílica de Santa María en Jerusalén (20 noviembre 523). Para nuestros hermanos
de Oriente es una de las doce fiestas del Calendario litúrgico, con su
correspondiente iconografía.
La
leyenda de María en el templo (Protoevangelio de Santiago) está significando toda
una teología con respecto a la Madre del Señor ya en el siglo II. Teología de
consagración y virginidad que los Santos Padres han continuado.
Pío
XII escribía estos párrafos en al encíclica “Sacra virginitas” (25 marzo 1954)
“Por tanto,
exhortamos con afecto paterno a todos los sacerdotes, religiosos y vírgenes
consagrados a que se pongan bajo la especial protección de la Santa Madre de
Dios, que es Virgen de vírgenes y maestra de la virginidad, como afirma
San Ambrosio (nota 113), y es Madre poderosísima de aquellos, sobre todo, que
se han dedicado al divino servicio.
Por ella,
dice San Atanasio, comenzó a existir la virginidad (114), y lo enseña
claramente, San Agustín con estas palabras: La dignidad virginal comenzó con
la Madre de Dios (115). Siguiendo las huellas del mismo San Atanasio (116),
San Ambrosio propone a las vírgenes como modelo la vida de la Virgen María: Imitadla,
hijas... (117). Sírvaos la vida de María de imagen y modelo de
virginidad, cual imagen que se hubiese trasladado a un lienzo; en ella, como en
un espejo, brilla la hermosura de la castidad y la belleza de toda virtud. De
aquí podéis sacar ejemplos de vida, ya que en ella, como en un dechado, se
muestra, con las enseñanzas manifiestas de su santidad qué es lo que habéis de
corregir, qué es lo que habéis de reformar, qué es lo que habéis de retener...
He aquí la imagen de la verdadera virginidad. Esta fue María, cuya vida pasó a
ser norma para todas las vírgenes... (118). Sea, pues, la Santísima
Virgen maestra de nuestro modo de proceder (119), Tan grande, fue su
gracia, que no solo conservó en sí misma la virginidad, sino que concedía este
don insigne a los que visitaba (120). ¡Cuán verdadero es pues el dicho del
mismo San Ambrosio: Oh riquezas de la virginidad de María! (121). En
vista de tales riquezas aprovecha grandemente, también hoy a las vírgenes
consagradas, a los religiosos y a los sacerdotes el contemplar la virginidad de
María para observar con más fidelidad y perfección la castidad de su propio
estado.
Pero no os
contentéis, amadísimos hijos, con meditar las virtudes de la Santísima Virgen
María; acudid a ella con absoluta confianza, siguiendo el consejo de San
Bernardo: Busquemos la gracia, y busquémosla por María (122). Y en este
Año Mariano de una manera especial poned en ella el cuidado de vuestra vida
espiritual y de la perfección, imitando el ejemplo de San Jerónimo, que
aseguraba: Para mí la virginidad es una consagración en María y en Cristo
(123)”.
Templo de Dios es
María,
por eso fue
inmaculada
Dios la quiso para
el Hijo
como perfecta
morada.
Templo de Dios
habitado
desde la más
tierna infancia,
esta hija de
Israel
fue siempre la
consagrada.
Templo de Dios
maternal
y el Arca de la
Alianza
la Ley y el Maná
vivían
en sus íntimas
entrañas.
Templo de Dios que
la Iglesia
hoy recuerda entre
alabanzas,
María vive en
nosotros
y es presencia
celebrada.
María nos lleva al
Hijo,
fuente de toda
gracia,
María, pobre y
humilde
ruta de fe de la
esclava.
¡A la excelsa
Trinidad,
que es y será nuestra
patria,
sea el amor, la
pureza,
y la obediencia
evangélica! Amén.
Madrid,
Presentación de María 2020.
Puede
verse nuestro himno “Jerusalén la amó desde el principio”
(Jerusalén, 3 de abril de 1985).
31
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se
sentará en el trono de su gloria 32 y serán reunidas ante él todas
las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de
las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su
izquierda. 34 Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid
vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde
la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo
y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. 37
Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te
alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; 38 ¿cuándo te vimos
forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; 39 ¿cuándo te
vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. 40 Y el rey les
dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis
hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. 41 Entonces dirá a los
de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para
el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de
comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me
hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me
visitasteis”. 44 Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo
te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel,
y no te asistimos?”. 45 Él les replicará: “En verdad os digo: lo que
no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
46 Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».
Hermanos:
1.
Hoy es el Domingo de Jesucristo, Rey del universo. Y con ello coronamos un
ciclo anual. El próximo Domingo iniciaremos el ciclo siguiente, cuyo centro
será la Pascua del Señor. La palabra “Rey” la tomamos de labios de Jesús,
porque está en el Evangelio que acabamos de proclamar y escuchar. Jesús se
designaba a sí mismo con un título bíblico misterioso: el hijo del hombre. Y
así ocurre en esta escena final de la historia que él ha ideado y que comienza
así: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre. El relato sigue: Entonces
dirá el rey a los de su derecha.
En
este pasaje del Evangelio nos da un retrato soberano, rigurosamente divino, de
su propia persona.
Primero,
se pone en la misma categoría de Dios, en el centro y la cúspide de toda la
creación y toda la historia.
Segundo,
él convoca a todas las naciones, cristianos y no cristianos. Él es el dueño y
señor de todos y todos deben rendirle cuentas a él.
Tercero:
el Rey se convierte en Juez. No hay división de poderes, porque en él reside
toda la plenitud de la divinidad. Y su juicio es inapelable.
Y
cuarto: el juicio que él pronuncia es o la vida eterna o el fuego eterno.
2.
Esta parábola de Jesús nos deja absolutamente en silencio y adoración. Nuestra
mente humana choca ante el final de las palabras de Jesús, que habla de vida
eterna y de castigo eterno. La mente humana no puede comprender que exista el
castigo eterno, que es el mal eterno frente al bien eterno. Dos eternidades
contradictorias: el bien eterno y la desgracia eterna. Para nuestra mente finita,
la desgracia eterna sería en Dios una pesadilla eterna, un punto negro eterno
que tendría de desaparecer, ser aniquilado, no existir, para que ni en la mente
de Dios, que todo lo alcanza y domina, no hubiera ni el recuerdo de un mal
contra su persona, que un día existió.
Hermanos,
nos perdemos en absoluto si queremos dar razón a la fe. Es la hora de la
humildad, de la entrega y del amor, para decirle al Señor: Señor, no
entiendo el misterio de la Trinidad, que es un misterio de amor y de bondad a
lo infinito; lo acepto con gozo, sabiendo que allí todo es bien y solo bien. No
entiendo el misterio del demonio, que es el mal y el absurdo en esta eterno; ni
entiendo el infierno, que es la misma maldad del demonio. Pero acepto que tu
Hijo haya hablado de estas cosas, que nos revelan por de pronto, la seriedad
del misterio de la salvación.
Hermanos,
me ha parecido oportuno mencionar estas cosas, porque en nuestras homilías y en
nuestra predicación en general no hablamos de los novísimos, de las verdades
eternas en lo que tienen de seriedad y misterio. No podemos mutilar las palabras
del Señor, para quedarnos solo con la parte hermosa, que nos da la visión bella
del mundo.
3.
Pero ahora cambiemos de perspectiva para fijarnos en otros aspectos que nos trae
la palabra reveladora de este día. Jesús, nuestro Rey, es nuestro Pastor.
“Yo
mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—. Buscaré
la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré
a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré
con justicia” (Ez 34,15-16). Estas palabras del profeta
Ezequiel, y que con toda justicia la liturgia las aplica a Jesús, en la primera
lectura, nos dan un consuelo infinito, que nos va a acompañar hasta el cielo.
Esas palabras son las que hacen brotar del corazón el salmo del día: “El
Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; | me
conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero
justo, | por el honor de su nombre· (Sal 23,1-3).
La
preferencia de Jesús por sus ovejas débiles, enfermas, caídas… la ha puesto evidencia
Jesús en los rasgos que destaca en este Evangelio: Tuve hambre y me disteis de
comer, tuve sed y me disteis de beber… Quizás el Evangelio más citado en estos últimos
tiempos, cuando hablamos de la Iglesia en salida. “En la tarde te juzgarán del
amor”, dos dijo en una célebre frase san Juan de la Cruz, y esta tarde no es
solo la tarde de cada día, sino la tarde de toda mi vida, y la tarde del juicio
final de la historia humana.
4.
Pero hay otra consideración, hermanos, que es particularmente oportuna en los tiempos
que estamos viviendo. Y que es la siguiente: Nosotros somos discípulos de Jesús,
y sin atropellar a nadie, sin negar que en la sociedad plural han de tener
cabida otros modos de pensar, cómo podemos hacer que esa humanización que Jesús
trae al mundo impregne legítimamente la sociedad.
Me
refiero muy concretamente a la aprobación de la nueva Ley de Educación el día
jueves en el Congreso, para que pase al Senado. Las asociaciones católicas, y
también los obispos, rechazan frontalmente que se posesione el Gobierno de la
escuela concertada, en el sentido de recortar el pleno poder de los padres, para
que sean ellos quienes opten por el estilo de educación que quieren para sus hijos. Son asuntos
técnicos, evidentemente, que requieren matices, pero es claro que el rechazo
social de las entidades católicas ha sido contundente.
Jesús
ha de reinar en nuestros corazones. Y desde nuestros corazones ha de
proyectarse en la sociedad, para que su reinado sea de justicia, de verdad, de
amor y de paz. Para que la propuesta divina que Jesús nos trae, por nuestra presencia,
por nuestra palabra y acciones, alcance hasta los confines de la tierra.
Señor,
Hijo amado del Padre, con tu muerte de amor reinas sobre nosotros. Que nuestra vida, la mía en concreto, proclame que tú eres
el verdadero rey, que muriendo, da la vida al mundo. Amén.