A las personas interesadas ofrezco
estos 12 Himnos al Corazón que en diversas fechas he ido componiendo
1
Tu amable Corazón
Este himno es una meditación sobre el
corazón humano, donde se ha aposentado el corazón de Cristo, Más aún: Dios ha
hecho del corazón humano, es decir, de mi corazón, su propio corazón. Sobre
este doble gozne gira el himno.
El primero es, pues, lo que expresa el
comienzo de la estrofa cuarta:
Lugar de lo posible, corazón, de todo
amor vivido y toda guerra.
¿Hemos meditado hondamente en nuestro
corazón, en mi corazón? Es el lugar de lo posible, de todo lo posible. En mi
corazón hay escondido un criminal y un santo.
Pero la misma estrofa, nos da entrada a
la revelación: a ti, pobre y sublime, en gracia pura del cielo en carne y
sangre el Verbo llega. Justamente en este corazón mío, en lo más mío de mi
mismo, se ha encarnado el Hijo de Dios, y éste es Jesús.
Tomamos, pues, la palabra “corazón” en
ese sentido totalitario y simple que tiene el corazón en la Sagrada Escritura.
El corazón es lo más acendrado del yo.
He aquí la admirable revelación de
nuestra fe. Dios tiene corazón. Jesús es corazón de Dios; y Jesús es mi
corazón. Adoremos y amemos.
Tu amable corazón, Jesús humano,
belleza de los cielos y la tierra,
se da en mi corazón, secreto tuyo,
más hondo que el saber de mi conciencia.
Es bello el corazón, por ti creado,
por ti habitado, vida verdadera;
al ritmo del latido cotidiano
mi vida fue contada por tus venas.
Penetro en lo más hondo de mí mismo
y busco en mis dominios mi riqueza;
mi humano corazón que en ti confina
me anuncia que eres tú quien me sustenta.
Lugar de lo posible, corazón,
de todo amor vivido y toda guerra,
a ti, pobre y sublime, en gracia pura
del cielo en carne y sangre el Verbo llega.
Ya puede el corazón, libre y ardiente,
alzar el vuelo en pos de su querencia;
¡oh Cristo, que conoces nuestros pasos,
la historia universal en ti se cierra!
A ti, Padre
celeste, Padre santo,
cantamos el amor con voz perfecta;
recibe todo agrado por el Hijo
que ha puesto sus latidos en la Iglesia. Amén
Gea de Albarracín, monasterio de capuchinas, 2/VIII/1983
Nota. El himno tiene música de Fidel Aizpurúa, no publicada.
2
Tu Corazón despide fuego
Cada una de las seis estrofas de este
himno – cada una de ellas con seis versos – tiene dos partes: los dos primeros
versos y los cuatro siguientes.
En cada estrofa se comienza con una
exclamación admirativa, que tiene su resumen en dos palabras: ¡tu corazón!
¿Qué será, pues, el Corazón de Jesús?
Fuego, sacramento, paraíso, refugio, Espíritu.
Contemplemos, porque ya la
contemplación no tiene límites: contemplación es lo que el Señor pone en
nuestro corazón para ver las maravillas de su amor.
Tu Corazón despide fuego,
tu corazón.
Y un río humano de ternura
desde tu pecho roto llega,
que al hombre dulcemente inunda,
oh Cristo amor, Dios de mis venas.
Tu corazón es sacramento,
tu corazón.
Y son las siete fuentes vivas,
de ti salidas, las que riegan
la seca tierra de los hijos
y el santo huerto de tu Iglesia.
Tu corazón es paraíso,
tu corazón.
Al alba pura y a la tarde
en ti la voz del Padre suena;
no busque el hombre otra palabra,
que en ti la tiene, en ti, tan cerca.
Tu corazón es el refugio,
tu corazón.
El mundo pasa, gira y pasa,
tu corazón tan solo queda,
y a la hora suma del encuentro
tu corazón será mi puerta.
Tu corazón es del Espíritu,
tu corazón.
¡Oh sangre ardiente de Jesús,
oh Trinidad en nuestra Tierra,
oh Corazón del Padre, oh Cristo,
a ti el amor por siempre sea! Amén.
Jerusalén, 4 de junio de 1985.
3
Sagrado Corazón, Dios palpitante
La palabra nuclear de este himno es la
que corona las estrofas: Sagrado Corazón. Es, pues, un himno a Cristo, el
Señor, adorado como “Sagrado Corazón”. El Sagrado Corazón es para el cristiano
síntesis plenaria de la fe desde la óptica verdadera: el amor. El amor
encarnado hace la fe creíble. Esta es la palabra terminativa de Dios, la
palabra que explica toda la historia de salvación. Los papas han hablado del
Sagrado Corazón como la síntesis de toda la religión cristiana.
Si el amor mueve el sol y las estrellas
(Dante), este amor de Dios palpitante es el amor que hace girar el universo,
Sagrado Corazón.
En el pecho de Cristo ese amor es
dádiva del Padre y es abismo del Espíritu de fuego. En este amor está todo
Dios: La santa Trinidad aquí se vierte, que no hay nada divino ajeno al Verbo.
Al mismo tiempo todo lo humano desemboca ahí: ni pena de los hijos de los
hombres que de este corazón se encuentre lejos, Sagrado Corazón.
En el corazón de Cristo queda
depositada toda la realidad divina y toda la vivencia humana. Verdaderamente el
Corazón de Jesús es el encuentro, el abrazo, el anillo…; es el secreto de la
fe. Aquí nos quedamos.
1. Sagrado Corazón, Dios palpitante,
Jesús, primer y eterno pensamiento,
y vida derramada sobre el hombre,
amor que hace girar el universo,
Sagrado Corazón.
2. En ese pecho, dádiva el Padre,
abismo del Espíritu de fuego,
perdón que nos anega dulcemente,
amor, beatitud y dulce cielo,
Sagrado Corazón.
3. El hombre y Dios, eternamente juntos
se estrechan al latir al mismo tiempo;
un mismo corazón cual Dios nos ama,
cual hombre ofrece nuestro ser sufriendo,
Sagrado Corazón.
4. La santa Trinidad aquí se vierte,
que no hay nada divino ajeno al Verbo,
ni pena de los hijos de los hombres
que de este corazón se encuentre lejos,
Sagrado Corazón.
5. Sagrado Corazón, amor invicto,
dulcísimo descanso siempre abierto,
rescate y redención de toda culpa,
herencia de la Iglesia, eterno precio,
Sagrado Corazón.
6. ¡Oh Cristo, que mereces todo amor,
a ti la gratitud y nuestro afecto!,
¡oh Cristo, por tu honor, que es nuestra gloria,
alienta con tu aliento en nuestro pecho!,
Sagrado Corazón. Amén.
RUFINO MARÍA GRÁNDEZ (letra) – FIDEL AIZPURÚA (música),
capuchinos, Himnario de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990. pp.
171-174.
4
Amor de Dios de siempre y para siempre
Este himno (escrito ocasionalmente para
un grupo de matrimonios), está hablando del amor, palabra sustituida en la
doxología por su equivalente: “corazón”.
El amor es la palabra más bella del
diccionario de los humanos y el único futuro de la humanidad. Pues… ¡cuando se
considera que ese amor no es mero amor humano., sino el amor descendido y
depositado en un corazón humano que simultáneamente es divino y es humano…!
¡Con qué razón decimos que el Corazón
de Jesús es la síntesis de toda nuestra fe!
Amor de Dios de siempre y para siempre,
amor de Creador a creatura,
amor depositado en carne humana,
amor de Padre, pródigo en ternura.
Amor del Hijo amado que nos ama,
escrito paso a paso en su andadura,
sudado en las aldeas y caminos,
al lado del gimiente y de la viuda.
Amor hecho Evangelio en unos labios
y suave medicina que nos cura,
clemente compañía, firme báculo,
perdón que al perdonar jamás acusa.
Amor de amigo fiel, de amigo bueno,
de hermano y de maestro que asegura,
y férvido profeta que se encrespa
si el hombre fariseo a Dios se oculta.
Amor en donde el mundo nace nuevo
porque es amor que todo amor fecunda,
la fuente de la sangre y del Espíritu,
la copa deliciosa de la uva.
¡Oh corazón de Dios y de los hombres,
fundidos en tu pecho sin ruptura,
de ti, Jesús, por quien nos vino el cielo
de ti hasta el Padre nuestra tierra suba! Amén.
Logroño, Sagrado Corazón 1993.
5
Corazón palpitante del Verbo
La teología del Sagrado Corazón de
Jesús, como síntesis de toda la religión cristiana, la expuso el Papa Pío XII
en la encíclica Haurietis acquas (1956). El Corazón de Jesús es el encuentro
del amor divino descendente, que en él reside, y del amor del Hombre, que en
Jesús se recoge y asciende. Desde una cristología clásica expuso cómo en el
Corazón de Cristo se concentra el amor.
“... con toda razón, es considerado el
corazón del Verbo Encarnado como signo y principal símbolo del triple amor con
que el divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres.
Es, ante todo, símbolo del divino amor
que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en El, como
Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco Y frágil velo del cuerpo
humano, ya que en El habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente.
Además, el Corazón de Cristo es símbolo
de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa
dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una
doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa.
Finalmente, y esto en modo más natural
y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo
de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del
Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a
todos los demás cuerpos humanos”.
Corazón palpitante del Verbo,
de Jesús en el seno del Padre,
sienta yo tus latidos divinos
y mi amor en tu amor se consagre.
Puro amor que de Dios descendía,
todo amor, que no había más grande.
Dios es nuestro, que es Dios en Jesús:
a Dios trino en Jesús adoradle.
Bello amor que hasta Dios ascendía,
holocausto de aroma fragante;
cuanto humano en el hombre es posible
en tu pecho era ofrenda agradable.
Corazón esperanza del mundo,
manantial siempre abierto y manante,
en la Cruz, el perdón derramado
y en el cielo el amor suplicante.
El amor desplegado en amores
todos juntos son vida en su sangre:
¡Amadores sedientos amad,
y volcad la pasión en amarle!
¡Corazón de Jesús, Dios y Hombre,
el encuentro y la paz celestiales,
gloria a ti, nuestra frente inclinada,
te adoramos con todos los ángeles! Amén.
Puebla, Sagrado Corazón 2009.
6
Tu Corazón rasgado es puerta abierta
El significado más profundo de este
culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su
contribución no sólo al conocimiento sino también, y sobre todo, a la
experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio (cf. ib.,
62). Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: están
íntimamente relacionados. Por lo demás, conviene destacar que un auténtico
conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de
oración humilde y de generosa disponibilidad. Partiendo de esta actitud
interior, la mirada puesta en el costado traspasado por la lanza se transforma
en silenciosa adoración. La mirada puesta en el costado traspasado del Señor,
del que brotan "sangre y agua" (cf. Jn 19, 34), nos ayuda a reconocer
la multitud de dones de gracia que de allí proceden (cf. Haurietis aquas, 34
41) y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están
comprendidas en el culto al Corazón de Jesús.
La fe, entendida como fruto de la
experiencia del amor de Dios, es una gracia, un don de Dios. Pero el hombre
sólo podrá experimentar la fe como una gracia en la medida en la que la acepta
dentro de sí como un don, del que trata de vivir. El culto del amor de Dios, al
que la encíclica Haurietis aquas (cf. n. 72) invitaba a los fieles, debe
ayudarnos a recordar incesantemente que él cargó con este sufrimiento
voluntariamente por nosotros, por mí
(Carta de Benedicto XVI al prepósito
general de la Compañía de Jesús en el 50 aniversario de la encíclica “Haurietis
acquas”, Vaticano 15 de mayo de 2006) .
Tu corazón rasgado es puerta abierta
del infinito amor que allí palpita,
adéntrame, Señor, en la experiencia
que abrió la lanza cuando abrió la herida.
La roja y blanca brecha al corazón
amor sobre la muerte nos decía:
ya muerto estabas, pero aún sangrabas
los ríos del amor que no moría.
Nosotros adoramos tu costado,
la patria del amor que allí vivía;
costado de mi Dios, dulzura toda,
de un pobre buscador pura delicia.
Corazón de Jesús, conocimiento,
la casa de mi fe y teología,
hogar del mundo, llave de la historia,
el nuevo Edén de eterna paz y dicha.
Atráeme hacia ti y allá entraré
conságrame a tu carne sin mancilla,
y en esa comunión que tú deseas
permíteme morar ya sin salida.
¡Belleza de Dios trino y amor mío
la esposa amante alcance tu mejilla:
a ti la adoración y la oblación,
a ti el silencio,
a ti la melodía! Amén.
Puebla, 18 de junio de 2009
7
El corazón descansa
(Soliloquio de meditación)
Este poema no es, como los anteriores,
un Himno para la solemnidad del Corazón de Jesús. Es, más bien, una meditación
en un retiro espiritual.
Ya sabemos aquello que escribió en el
libro de sus Alabanzas, de sus Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti y
nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1).
El corazón descansa
cuando descansa en Dios,
como flor que a los vientos da su aroma
como niño que al pecho se ha dormido;
Padre Dios, soberano Padre nuestro,
mar de mares y amor inconsumido.
El corazón es libre
cuando lo apresa Dios,
oh Jesús, mi Verdad alada y firme,
que te ciernes, paloma del olivo .
Por encima del mundo, victorioso,
con tu amor entregado a los amigos.
El corazón se lanza
cuando se quema en Dios,
Nazareno escondido y andariego
que predicas un reino amanecido,
defensor de indefensos, dios patente,
sentenciado y amante y dolorido.
El corazón es paz
cuando padece en Dios,
oh paciente Jesús, humilde siervo,
obediente mortal en tu camino,
que descubres mi anhelo y mi tormento,
tú, venido del cielo como Hijo.
Oh corazón creado
para vivir de amor,
rompe el nudo, desata la canción
y derrama tu grito enternecido:
¡Gloria a ti, la pasión de cielo y tierra,
oh Jesús, esperanza de los siglos! Amén.
Retiro en Estella, 26 septiembre 1997.
8
Del corazón de Jesús
(Año Sacerdotal)
La Congregación para el Clero, al darnos el logotipo de este
Año Sacerdotal, nos ha dado en varias lenguas, la explicación y el mensaje:
“La iconografía corresponde a aquella
del Sagrado Corazón, como hecho de que la Jornada anual de la santificación
sacerdotal ha coincidido siempre, desde su institución, con la Solemnidad del
Sagrado Corazón de Jesús. Es por eso que inmediatamente presenta el tema de la
especfica santidad a la que es llamado el ministro sagrado.
La visibilidad del Corazón, que expande
sus rayos, hace recordar la frase del Santo Cura de Ars, quien define el
sacerdocio como “el amor del Corazón de Jesús”.
La estola, que reviste la figura de
Jesús, lleva a considerar su Ser de Sumo y Eterno Sacerdote y el hecho de que
todo presbítero debe constituir continuidad de aquel Único Sacerdote en la
historia y entre las futuras generaciones.
Los brazos abiertos quieren manifestar
la forma típica orante y de meditación, que son propias del sacerdote. Las
llagas en las manos y en el costado, visibles en la figura del logo, recuerdan
el único sacrificio redentor y quieren dar a conocer la satisfacción vicaria y
la total entrega de sí, típicas en el sacerdocio. La actitud de acoger parece
que quiere decir: “Venid a mi todos los que estáis cansados y oprimidos que yo
os aliviaré”. Invitación consoladora para cada sacerdote, que sufre la fatiga
del trabajo diario movido por la caridad pastoral, también en los campos más
áridos y llenos de piedras y que, a su vez, muestra la misma actitud a favor de
aquellos que le son cercanos, como de aquellos lejanos”.
(Fuente: www.annussacerdotalis.org).
* * *
La imagen del corazón de Jesús, nos
lleva a la Cruz sobre el Calvario. Providencialmente allí estaban todos: María
con los discípulos, los judíos y los gentiles, que eran los romanos. De aquel
corazón manaba la gracia que se esparcía por todos.
Pues el Sacerdote está para llevar ese
corazón al mundo.
1. Del corazón de Jesús
ha brotado el ministerio,
y de ahí el sacerdocio
es sangre, ternura y fuego:
del corazón de Jesús,
que quedó por siempre abierto.
2. Corazón, un sol de rayos,
que encienden el mundo entero,
nadie que humano se diga
a este amor es nunca ajeno:
del corazón de Jesús,
el horno del pan más tierno.
3. Esos brazos extendidos,
para el abrazo dispuestos,
son arco de bendición
que traen el don del cielo:
del corazón de Jesús
nacieron los sacramentos.
4. Manos abiertas llagadas,
que son su Alianza y sello,
para tocar y sanar,
y crear al hombre nuevo;
del corazón de Jesús
nació el Nuevo Testamento.
5. Sacerdote pobrecillo,
Sacerdote de su pecho,
el amor, solo el amor,
sea tu conocimiento:
del corazón de Jesús
aprende tu reglamento.
6. En la cruz estaban todos,
juntos en el mismo cerco,
los judíos y gentiles,
María con los primeros:
del corazón de Jesús
se vertía el Evangelio.
7. Sacerdote de su sangre,
de su perdón al extremo,
de su amor enloquecido,
de su infinito silencio:
del corazón de Jesús
nacía el latido eterno
8. Sacerdote con Jesús,
de su santísimo cuerpo,
sacerdote humildemente,
de todas las gracias riego:
del corazón de Jesús
sacerdote verdadero.
Puebla, 30 enero 2010.
9
Corazón a corazón
El amor descendente de Dios al hombre y
el amor ascendente del hombre a Dios tienen un punto de encuentro. Es el
Corazón de Jesús. Por eso, como dijeron los papas, es “el compendio de toda la
religión cristiana”. Por eso es la llave de las santas Escrituras.
Queremos cantarlo en una exhalación de
amor, hoy, Día del Corazón de Jesús; hoy y siempre.
Corazón a corazón
hablaba Dios a sus hijos;
Corazón es la palabra
que junta a los santos Libros.
Por su solo Corazón
el Sinaí fue encendido
y eran los Diez mandamientos
como diez dardos purísimos.
Las hojas de los Profetas
sangran del amor herido
y son de miel celestial
por el Esposo querido.
Y el Cantar de los cantares
es a morir un delirio;
es nuestro Dios verdadero,
que ya no cabe en sí mismo.
Es un misterio nupcial
cuanto fue dicho y escrito;
mas era como la sombra
anunciando a Jesucristo.
Y ya llegó el Corazón
por una virgen mecido,
Corazón que fue clavado
en el santo Crucifijo.
Corazón Eucaristía
para ser uno conmigo,
unidad que hace la Iglesia,
más que banquete de amigos
Corazón para decir:
¡oh Señor mío y Dios mío!
¡Bendita mi fe y tu amor,
Dios amante en quien confío! Amén.
Guadalajara, jueves, 27 de junio de 2019
10
Sagrado Corazón, amor de Dios
Lo que pretende la Iglesia al presentar
la figura de Jesús como “Sagrado Corazón de Jesús” no es presentar “un aspecto”
de la figura de Jesús, sino la totalidad de su persona y su mensaje, una
síntesis que envuelve todo el Evangelio. Esto es la novedad y la grandeza de la
revelación. Dios no es “amor” y otras cosas, sino “Dios es amor”. Ahí está todo
Dios, el único Dios de la revelación cristiana.
Y este no es un Evangelio “light”, sino
el Evangelio en toda su fuerza renovadora.
Soy libre, por la dignidad de Dios que
me ha creado y puedo acoger que “Dios es amor”, o puedo rechazarlo. Si lo
rechazara, tendría ante mí el “Anti-dios” (condenación).
Pero no es el caso, porque, por su
misericordia, ni lo rechazo ni lo rechazaré.
Dios es Amor; Dios es mi Amor; Dios es
el Sagrado Corazón. Es lo que queremos cantar.
Sagrado Corazón, amor de Dios
que todo se deshace y se derrama,
cubriendo como un velo nuestra tierra
que queda en este amor divinizada.
Sagrado Corazón, el Evangelio
de la verdad de Dios, que nos es dada;
el mundo exulta y canta agradecido
pues toda culpa en Cruz fue perdonada.
Sagrado Corazón, historia ardiente
que fuera, por ser nuestra, regalada;
Tú fuiste el Vencedor, y de tu mano
pasaste a nuestra mano esa tu palma.
Sagrado Corazón, nuestro futuro,
la brújula segura que nos marca;
la patria del amor es nuestro hogar,
la luz de la victoria es nuestra carta.
Sagrado Corazón, nuestra confianza,
que eres y serás nuestra alabanza,
¡el celo y tierra, unidos en tu pecho,
por Ti en la Trinidad su gozo cantan! Amén.
Alfaro (La Rioja), 27 junio 2019,
primeras Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón.
11
La hermosa
Creación, de Dios espejo
“Esta verdad fundamental nos permite
entender cómo el Corazón de Jesús es el corazón de una persona divina, es
decir, del Verbo Encarnado, y que, por consiguiente, representa y pone ante los
ojos todo el amor que El nos ha tenido y nos tiene aún. Y aquí está la razón de
por qué el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más
completa profesión de la religión cristiana. Verdaderamente, la religión de
Jesucristo se funda toda en el Hombre-Dios Mediador; de manera que no se puede
llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo
que El mismo afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al
Padre sino por mí» (Jn 14,6).
(Pío XII, Haurietis
acquas [1956] n. 29)
La hermosa Creación, de Dios espejo
se ha hecho toda entera Corazón,
Corazón de Jesús en una Madre,
Misterio virginal de Encarnación.
Y todo el pensamiento de Dios trino
en un latido humano se encerró:
el Evangelio hablaba en cruz muriendo,
diciendo la verdad: Dios es amor.
La historia que recorre la Escritura
y paso a paso es revelación,
una cosa por todas revelaba:
que amor de Dios es todo amor pasión.
Corazón de Jesús en mí volcado,
abrazo de ternura y de perdón,
adéntrame muy hondo en tu espesura
que quiero ser profeta de tu don.
Tú eres la alianza nueva, eterna,
la fe total, mi paz, consolación;
en ti mi eternidad descansa ya,
que en ti mi vida es consagración.
¡Corazón de Jesús, cantar de Dios,
a ti la gratitud, la adoración,
unidos cielos y tierra en alabanza,
bajo tu mano alzada y bendición! Amén
Madrid, Jesús de Medinaceli, Sagrado Corazón de Jesús, 19
junio 20
12
Corazón de Jesús, sagrario abierto
Corazón de Jesús, sagrario abierto,
que amor y solo amor está manando,
esas olas invaden ya mi vida
y son mi sanación y mi descanso.
La Iglesia dolorida, arrepentida,
está purgando, triste, su pecado;
cayado es la verdad que nos conduce,
no te apartes, Señor, de tu rebaño.
Corazón de Jesús, misericordia,
de todo pecador caricia y paño,
eres la puerta abierta para todos,
acogida cordial, jamás rechazo.
Corazón de Jesús, futuro cierto
de una Iglesia, amor de tu costado,
humildes, pobrecillos, con confianza,
en ese Corazón nos refugiamos.
La Iglesia eternamente te celebra
y acepta al mundo entero como hermano;
que seas tú el abrazo que nos une,
primicia ya del gozo que esperamos.
¡Ascienda nuestra ofrenda a tu mirada,
y llegue a ti, Señor, el solo Santo,
a ti la gloria, santo Redentor,
que por siempre nos has santificado! Amén.
Madrid, 11 junio 2021 (S. Bernabé), Solemnidad del Sagrado Corazón de
Jesús.