Jesús
nos habla del trigo y la cizaña s
Mt
13,1-23
Texto
24Les propuso otra parábola: «El
reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio
del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga
apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor,
¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les
dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados
le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger
la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos
hasta la siega y cuando
llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en
gavillas para quemarla, y
el trigo almacenadlo en mi granero”».
31Les propuso otra parábola: «El
reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en
su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta
que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros
del cielo a anidar en sus ramas».
33Les dijo otra parábola: «El reino
de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de
harina, hasta que todo fermenta». 34Jesús dijo todo esto a la gente en
parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35para que se cumpliera lo dicho
por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto
desde la fundación del mundo». 36Luego dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a
decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo;
la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios
del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final
de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo
que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos:
41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los
escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de
fuego; allí será el llanto y el rechinar
de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de
su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Hermanos:
1. El domingo pasado iniciábamos el capítulo de
las parábolas de Jesús, y la primera era la parábola del sembrador. La semilla
que siembra, que es semilla del todo buena, cae en cuatro terrenos diferentes:
en el camino, que no penetra en tierra y se la comen los pájaros; en tierra que
tiene un fondo de piedras y no puede echar hondas raíz; en tierra buena, donde
también crecen zarzas y abrojos, que
acaban ahogándola; y definitivamente en tierra buena y preparada, donde
la semilla llega a sazón produciendo 100, 60 0 30. Son exageraciones que
inventa Jesús, porque ninguna semilla de trigo produce tanto, pero la semilla
que él siembra sí que lo produce, porque Jesús – decíamos – quiere insistir en
este cuarto terrena. Jesús sabe que la semilla que él está sembrando, pese a
todos los pesares, ha de producir espléndida cosecha: 30, 60, 100 por uno. Y
aquí estamos nosotros para decirle: Señor Jesús, es verdad; mi vida es cosecha
tuya.
2. Hoy seguimos con otra imagen de semillas. El
sembrador había sembrado semilla buena en su campo, pero a la hora de brotar,
sus trabajadores observan que también hay cizaña. “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la
cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.
Esta es la situación; esta es la realidad. Existe
el trigo que empieza a crecer, y existe la cizaña que empieza a puntear. ¿Qué
hacer? ¿Cuál es la solución?
Veamos cómo sigue la parábola: Los criados le preguntan: “¿Quieres que
vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña
podéis arrancar también el trigo.
Es una imaginación, es una parabola para decirnos
una verdad: que hoy, en el campo del Señor, que es la Iglesia hay trigo y hay
cizaña.
Y ahora empieza la complicación: ¿Sabes tú cuál es
exactamente el trigo y qué es la cizaña… para arrancar la cizaña y que no
estorbe?
¿Qué dice el amo? Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar
también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la
siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas
para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
3. Esta frase de je nos puede llevar a una falsa
interpretación. Falsa interpretación sería el decir: Ya sabemsoq ue existe el
mal y el bien, el trigo y la cizaña; hay que dejarlos crecer a los dos, porque
tienen el mismo derecho. Cada uno puede defender su propia postura, porque ninguna
postura es mejor que la otra. Esto es es cierto. Tenemos un triste ejemplo ante los ojos, que
todos hemos visto estos años, y que ha hecho sufrir mucho a tanaats personas:
el caso de los abusos a menores lor parte de parte de iembros de la Iglesia, y
que ha sido examinado rigurosamente tanto por parte del estado como de la
Iglesia. Si un sacerdote ha abusado de la inocencia de un niño, ¿qué debe hacer
el obispo? Una mala solución sería esta: Pide perdón a Dios, confiésate, yo te
cambio de Parroquia, tú no pierdes tu fama y aquí no ha pasado nada. Essta
solución aparente no es de ninguna manera solución. El derecho del niño y en
este caso también de su familia está por
encima de los pretendidos derechos al buen honor de ese sacerdote que se ha
comportado de una manera indigna de todo ser humano y en particular de su
oficio sagrado.
Esperamos que esa plaga ignominiosa se haya
terminado y no vuelva a repetirse. Ahí había que arrancar la cizaña y tirarla
fuera.
Lo que la Iglesia ha reclamado y lo que pide el
buen sentido es que la justicia sea igual para todos. Que ha habido abusos en
personas consagradas es cierto, pero las estadísticas dicen que esto ha sido un
tanto por ciento mínimo, si lo comparamos con otras entidades de la sociedad,
comenzando por los abusos que se dan en las familias, y siguiendo por abusos
que corren en instituciones civiles: colegios y centro deportivos, culturales y
re creativo. Si ha habido cizaña o si la hay y podemos decir con verdad que en
este y en este caso existe, a obligación de toda autoridad es quitar esa
cizaña.
4. Hermanos y hermanas que me escuchan, he sacado
como ejemplo de cizaña lo que nos ha pasado estos años con los abusos. Con
tristeza y mucho dolor podríamos citar otros ejemplos. Cuando se rebeló Lutero,
fraile agustino, una persona sumamente inteligente, y también fraile devoto,
¿no era aquello cizaña, para que, al fin el Papa en entonces, le lanzara la
excomunión?
¿O lo que ha pasado este mes con la consagración
de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sin mandato y
comunión de la Sede Apostólica, como debe ser, por muy fervorosos y devotísimos
que fueran ellos, hechos ante los cuales
el Papa ha tenido que intervenir declarando la excomunión en que habían
incurrido, no eran también plantas que había que aclarar en el campo de la
Iglesia?
Los que seguimos con amor lo que pasa en la
Iglesia universal vemos también lo que se está gestando en la Iglesia católica
de Alemania en contra de los avisos y directrices que llegan de Roma. Muchos
católicos sufren. Aquello ¿no es también la amenaza de un cisma que se está
gestando dentro de una porción de la Iglesia, que tiene tantos méritos en sus
historia? Que Dios conceda sabiduría y amor a los que deben decidir.
5. Pero es cierto que la parábola quiere acentuar
el último veredicto de Dios, que es espantoso. Cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña
y atadla en gavillas para quemarla, que da el dueño de la mies. Son terribles las
frases finales;
Lo mismo
que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos:
el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los
escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego;
allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán
como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Lo que Jesús nos está diciendo es que hay un Dios
en el cielo que tiene la última palabra sobre la historia de todos los hombres:
que existe un castigo eterno.
6. Ahora bien, hermanos, con todo esto por delante
no podemos quedarnos con una impresión de miedo y terror, porque no hemos
terminado. A renglón seguido de la parábola del trigo y la cizaña tenemos la
parábola del grano de mostaza: «El reino
de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su
campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que
las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del
cielo a anidar en sus ramas».
Esto es hermoso y bellísimo. El grano de mostaza
es muy pequeño, se pierde en las arrugas de la mano. Pero ese granito, puesto
en tierra, bendecido por Dios se hace un arbusto. En tiempo de Jesús la comunidad del reino es
muy pequeña, no sabemos de números; pero Dios estaba allí y Dios actuaba, para
que las aves del cielo (que hoy somos nosotros) pudieran anidar en lo que salió
de este granito.
Una cosa semejante, para la sensibilidad femenina
dice la parábola siguiente: un poco de levadura hace engordar a toda la masa.
Hermanos: Terminábamos la homilía anterior
diciéndole a Jesús: Señor, yo quiero ser tierra buena, donde tu semilla
produzca, el 30, el 60, o incluso el 100 por uno.
Hoy añadimos: Señor
Jesús, sembrado de la buena semilla, asístenos desde el cielo y haz que tu
Iglesia se extienda más y más en todo el mundo, que es el regalo más grande que
puede recibir. Amén.
Pamplona, sábado, 18 julio 2026.