lunes, 27 de julio de 2026

2108 (1051) Jesús nos habla del trigo y la cizaña

 

Jesús nos habla del trigo y la cizaña s

Mt 13,1-23

Texto

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». 34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». 36Luego dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar  de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Hermanos:

1. El domingo pasado iniciábamos el capítulo de las parábolas de Jesús, y la primera era la parábola del sembrador. La semilla que siembra, que es semilla del todo buena, cae en cuatro terrenos diferentes: en el camino, que no penetra en tierra y se la comen los pájaros; en tierra que tiene un fondo de piedras y no puede echar hondas raíz; en tierra buena, donde también crecen zarzas y abrojos, que  acaban ahogándola; y definitivamente en tierra buena y preparada, donde la semilla llega a sazón produciendo 100, 60 0 30. Son exageraciones que inventa Jesús, porque ninguna semilla de trigo produce tanto, pero la semilla que él siembra sí que lo produce, porque Jesús – decíamos – quiere insistir en este cuarto terrena. Jesús sabe que la semilla que él está sembrando, pese a todos los pesares, ha de producir espléndida cosecha: 30, 60, 100 por uno. Y aquí estamos nosotros para decirle: Señor Jesús, es verdad; mi vida es cosecha tuya.

 

2. Hoy seguimos con otra imagen de semillas. El sembrador había sembrado semilla buena en su campo, pero a la hora de brotar, sus trabajadores observan que también hay cizaña. “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.

Esta es la situación; esta es la realidad. Existe el trigo que empieza a crecer, y existe la cizaña que empieza a puntear. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la solución?

Veamos cómo sigue la parábola: Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.

Es una imaginación, es una parabola para decirnos una verdad: que hoy, en el campo del Señor, que es la Iglesia hay trigo y hay cizaña.

Y ahora empieza la complicación: ¿Sabes tú cuál es exactamente el trigo y qué es la cizaña… para arrancar la cizaña y que no estorbe?

¿Qué dice el amo? Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

 

3. Esta frase de je nos puede llevar a una falsa interpretación. Falsa interpretación sería el decir: Ya sabemsoq ue existe el mal y el bien, el trigo y la cizaña; hay que dejarlos crecer a los dos, porque tienen el mismo derecho. Cada uno puede defender su propia postura, porque ninguna postura es mejor que la otra. Esto es es cierto.  Tenemos un triste ejemplo ante los ojos, que todos hemos visto estos años, y que ha hecho sufrir mucho a tanaats personas: el caso de los abusos a menores lor parte de parte de iembros de la Iglesia, y que ha sido examinado rigurosamente tanto por parte del estado como de la Iglesia. Si un sacerdote ha abusado de la inocencia de un niño, ¿qué debe hacer el obispo? Una mala solución sería esta: Pide perdón a Dios, confiésate, yo te cambio de Parroquia, tú no pierdes tu fama y aquí no ha pasado nada. Essta solución aparente no es de ninguna manera solución. El derecho del niño y en este caso también  de su familia está por encima de los pretendidos derechos al buen honor de ese sacerdote que se ha comportado de una manera indigna de todo ser humano y en particular de su oficio sagrado.

Esperamos que esa plaga ignominiosa se haya terminado y no vuelva a repetirse. Ahí había que arrancar la cizaña y tirarla fuera.

Lo que la Iglesia ha reclamado y lo que pide el buen sentido es que la justicia sea igual para todos. Que ha habido abusos en personas consagradas es cierto, pero las estadísticas dicen que esto ha sido un tanto por ciento mínimo, si lo comparamos con otras entidades de la sociedad, comenzando por los abusos que se dan en las familias, y siguiendo por abusos que corren en instituciones civiles: colegios y centro deportivos, culturales y re creativo. Si ha habido cizaña o si la hay y podemos decir con verdad que en este y en este caso existe, a obligación de toda autoridad es quitar esa cizaña.

 

4. Hermanos y hermanas que me escuchan, he sacado como ejemplo de cizaña lo que nos ha pasado estos años con los abusos. Con tristeza y mucho dolor podríamos citar otros ejemplos. Cuando se rebeló Lutero, fraile agustino, una persona sumamente inteligente, y también fraile devoto, ¿no era aquello cizaña, para que, al fin el Papa en entonces, le lanzara la excomunión?

¿O lo que ha pasado este mes con la consagración de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sin mandato y comunión de la Sede Apostólica, como debe ser, por muy fervorosos y devotísimos que fueran ellos,  hechos ante los cuales el Papa ha tenido que intervenir declarando la excomunión en que habían incurrido, no eran también plantas que había que aclarar en el campo de la Iglesia?

Los que seguimos con amor lo que pasa en la Iglesia universal vemos también lo que se está gestando en la Iglesia católica de Alemania en contra de los avisos y directrices que llegan de Roma. Muchos católicos sufren. Aquello ¿no es también la amenaza de un cisma que se está gestando dentro de una porción de la Iglesia, que tiene tantos méritos en sus historia? Que Dios conceda sabiduría y amor a los que deben decidir.

 

5. Pero es cierto que la parábola quiere acentuar el último veredicto de Dios, que es espantoso. Cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla,  que da el dueño de la mies. Son terribles las frases finales;

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Lo que Jesús nos está diciendo es que hay un Dios en el cielo que tiene la última palabra sobre la historia de todos los hombres: que existe un castigo eterno.

                                        

6. Ahora bien, hermanos, con todo esto por delante no podemos quedarnos con una impresión de miedo y terror, porque no hemos terminado. A renglón seguido de la parábola del trigo y la cizaña tenemos la parábola del grano de mostaza: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

Esto es hermoso y bellísimo. El grano de mostaza es muy pequeño, se pierde en las arrugas de la mano. Pero ese granito, puesto en tierra, bendecido por Dios se hace un arbusto.  En tiempo de Jesús la comunidad del reino es muy pequeña, no sabemos de números; pero Dios estaba allí y Dios actuaba, para que las aves del cielo (que hoy somos nosotros) pudieran anidar en lo que salió de este granito.

Una cosa semejante, para la sensibilidad femenina dice la parábola siguiente: un poco de levadura hace engordar a toda la masa.

 

Hermanos: Terminábamos la homilía anterior diciéndole a Jesús: Señor, yo quiero ser tierra buena, donde tu semilla produzca, el 30, el 60, o incluso el 100 por uno.

Hoy añadimos: Señor Jesús, sembrado de la buena semilla, asístenos desde el cielo y haz que tu Iglesia se extienda más y más en todo el mundo, que es el regalo más grande que puede recibir. Amén.

Pamplona, sábado, 18 julio 2026.

2107 (1051) Jesús nos habla del trigo y la cizaña

 

Jesús nos habla del trigo y la cizaña 

Mt 13,1-23

Texto

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». 34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». 36Luego dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar  de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Hermanos:

1. El domingo pasado iniciábamos el capítulo de las parábolas de Jesús, y la primera era la parábola del sembrador. La semilla que siembra, que es semilla del todo buena, cae en cuatro terrenos diferentes: en el camino, que no penetra en tierra y se la comen los pájaros; en tierra que tiene un fondo de piedras y no puede echar hondas raíz; en tierra buena, donde también crecen zarzas y abrojos, que  acaban ahogándola; y definitivamente en tierra buena y preparada, donde la semilla llega a sazón produciendo 100, 60 0 30. Son exageraciones que inventa Jesús, porque ninguna semilla de trigo produce tanto, pero la semilla que él siembra sí que lo produce, porque Jesús – decíamos – quiere insistir en este cuarto terrena. Jesús sabe que la semilla que él está sembrando, pese a todos los pesares, ha de producir espléndida cosecha: 30, 60, 100 por uno. Y aquí estamos nosotros para decirle: Señor Jesús, es verdad; mi vida es cosecha tuya.

 

2. Hoy seguimos con otra imagen de semillas. El sembrador había sembrado semilla buena en su campo, pero a la hora de brotar, sus trabajadores observan que también hay cizaña. “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.

Esta es la situación; esta es la realidad. Existe el trigo que empieza a crecer, y existe la cizaña que empieza a puntear. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la solución?

Veamos cómo sigue la parábola: Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.

Es una imaginación, es una parabola para decirnos una verdad: que hoy, en el campo del Señor, que es la Iglesia hay trigo y hay cizaña.

Y ahora empieza la complicación: ¿Sabes tú cuál es exactamente el trigo y qué es la cizaña… para arrancar la cizaña y que no estorbe?

¿Qué dice el amo? Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

 

3. Esta frase de je nos puede llevar a una falsa interpretación. Falsa interpretación sería el decir: Ya sabemsoq ue existe el mal y el bien, el trigo y la cizaña; hay que dejarlos crecer a los dos, porque tienen el mismo derecho. Cada uno puede defender su propia postura, porque ninguna postura es mejor que la otra. Esto es es cierto.  Tenemos un triste ejemplo ante los ojos, que todos hemos visto estos años, y que ha hecho sufrir mucho a tanaats personas: el caso de los abusos a menores lor parte de parte de iembros de la Iglesia, y que ha sido examinado rigurosamente tanto por parte del estado como de la Iglesia. Si un sacerdote ha abusado de la inocencia de un niño, ¿qué debe hacer el obispo? Una mala solución sería esta: Pide perdón a Dios, confiésate, yo te cambio de Parroquia, tú no pierdes tu fama y aquí no ha pasado nada. Essta solución aparente no es de ninguna manera solución. El derecho del niño y en este caso también  de su familia está por encima de los pretendidos derechos al buen honor de ese sacerdote que se ha comportado de una manera indigna de todo ser humano y en particular de su oficio sagrado.

Esperamos que esa plaga ignominiosa se haya terminado y no vuelva a repetirse. Ahí había que arrancar la cizaña y tirarla fuera.

Lo que la Iglesia ha reclamado y lo que pide el buen sentido es que la justicia sea igual para todos. Que ha habido abusos en personas consagradas es cierto, pero las estadísticas dicen que esto ha sido un tanto por ciento mínimo, si lo comparamos con otras entidades de la sociedad, comenzando por los abusos que se dan en las familias, y siguiendo por abusos que corren en instituciones civiles: colegios y centro deportivos, culturales y re creativo. Si ha habido cizaña o si la hay y podemos decir con verdad que en este y en este caso existe, a obligación de toda autoridad es quitar esa cizaña.

 

4. Hermanos y hermanas que me escuchan, he sacado como ejemplo de cizaña lo que nos ha pasado estos años con los abusos. Con tristeza y mucho dolor podríamos citar otros ejemplos. Cuando se rebeló Lutero, fraile agustino, una persona sumamente inteligente, y también fraile devoto, ¿no era aquello cizaña, para que, al fin el Papa en entonces, le lanzara la excomunión?

¿O lo que ha pasado este mes con la consagración de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sin mandato y comunión de la Sede Apostólica, como debe ser, por muy fervorosos y devotísimos que fueran ellos,  hechos ante los cuales el Papa ha tenido que intervenir declarando la excomunión en que habían incurrido, no eran también plantas que había que aclarar en el campo de la Iglesia?

Los que seguimos con amor lo que pasa en la Iglesia universal vemos también lo que se está gestando en la Iglesia católica de Alemania en contra de los avisos y directrices que llegan de Roma. Muchos católicos sufren. Aquello ¿no es también la amenaza de un cisma que se está gestando dentro de una porción de la Iglesia, que tiene tantos méritos en sus historia? Que Dios conceda sabiduría y amor a los que deben decidir.

 

5. Pero es cierto que la parábola quiere acentuar el último veredicto de Dios, que es espantoso. Cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla,  que da el dueño de la mies. Son terribles las frases finales;

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Lo que Jesús nos está diciendo es que hay un Dios en el cielo que tiene la última palabra sobre la historia de todos los hombres: que existe un castigo eterno.

                                        

6. Ahora bien, hermanos, con todo esto por delante no podemos quedarnos con una impresión de miedo y terror, porque no hemos terminado. A renglón seguido de la parábola del trigo y la cizaña tenemos la parábola del grano de mostaza: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

Esto es hermoso y bellísimo. El grano de mostaza es muy pequeño, se pierde en las arrugas de la mano. Pero ese granito, puesto en tierra, bendecido por Dios se hace un arbusto.  En tiempo de Jesús la comunidad del reino es muy pequeña, no sabemos de números; pero Dios estaba allí y Dios actuaba, para que las aves del cielo (que hoy somos nosotros) pudieran anidar en lo que salió de este granito.

Una cosa semejante, para la sensibilidad femenina dice la parábola siguiente: un poco de levadura hace engordar a toda la masa.

Hermanos: Terminábamos la homilía anterior diciéndole a Jesús: Señor, yo quiero ser tierra buena, donde tu semilla produzca, el 30, el 60, o incluso el 100 por uno.

Hoy añadimos: Señor Jesús, sembrado de la buena semilla, asístenos desde el cielo y haz que tu Iglesia se extienda más y más en todo el mundo, que es el regalo más grande que puede recibir. Amén.

Pamplona, sábado, 18 julio 2026.

2106 (1050) Jesús les hablaba en parábolas


Jesús les hablaba en parábolas

Mt 13,1-23

Texto

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. 2Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. 3Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. 4Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. 5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; 6pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. 7Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. 8Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. 9El que tenga oídos, que oiga». 

10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. 12Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 13Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 14Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; 15porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. 

16Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. 17En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: 19si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. 20Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. 22Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. 23Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Hermanos:

1. En esta lectura continua del Evangelio de san Mateo, que vamos haciendo los domingos de este año, hoy pasamos al capítulo 13, el capítulo de las parábolas. Los que han estudiado al detalle los santos Evangelios y los deben explicar a sus alumnos, nos dicen que este es un capítulo maravilloso y sorprendente. ¿Por qué? Porque los rabinos no hablaban así, acaso les habría parecido una profanación. Hablaban de Dios citando palabras del Antiguo Testamento.

Jesús introduce un lenguaje nuevo, porque él mismo se cree con una autoridad que nadie tiene. Él hace lo que nadie pudo hacer. Él nos ha entregado una imagen de Dios que nadie antes de él se había atrevido a hacerlo: Cuando oréis, llamad a Dios conmigo “Padre”.

Hoy recibimos las palabras de Jesús sabiendo que en ellas se cumple perfectamente lo que había anunciado Isaías y que lo  recordamos en la primera lectura:

«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que cumplirá mi deseo

y llevará a cabo mi encargo».

 

2. Jesús tiene palabras que nos dan el secreto de Dios y el secreto de nuestra vida. Después de escucharle a él con sencillez y humildad, uno sale distinto: iluminado con un panorama espiritual que antes no había visto, purificado, consolado, pacificado. Y este va a ser el fruto espiritual de la escucha de sus palabras en este domingo.

Con la gracia de Dios, con mucha confianza, vamos a explicar lo que Jesús nos está diciendo. Hay algo que de repente nos produce extrañeza: la pregunta que los discípulos le hacen a Jesús después de su primera parábola:

10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?

En otro lugar de los Evangelios se nos da una explicación nítida y clara. Dice san Marcos: Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado (Mc 4,33-34).

Jesús había inventado esta manera de hablar de Dios porque él podía hacerlo, y presentarnos un Dios de la vida, Padre amante, cercano, amoroso.

Y, sin embargo, una parte importante del judaísmo no le aceptó, no le entendió. Y a propósito de este rechazo que fue real viene lo que hemos oído en el Evangelio de hoy

11Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.   13Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 

Se está cumpliendo una triste profecía. No sea así entre nosotros, hermanos. Al contrario, las palabras de Jesús produzcan mucho fruto; y van a producirlo.

 

3. En esta parábola, la primera de todas, Jesús propone cuatro terrenos en los que puede caer la semilla del sembrador. Al final viene la explicación de lo que uno se imaginaba, para que cada quien haga su propio examen:

18Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: 19si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. 20Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. 22Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. 23Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Esta explicación, que el evangelista la pone en labios de Jesús, es sencilla y clara. Lo que hay que hacer es que yo me pregunte: ¿Qué tipo de terreno soy yo?  La semilla es la misma, buenísima, que no puede ser mejor.

Ocurre, a veces, en una familia, que los hijos van por el buen camino, por el buen ejemplo que les han dado sus padres, por la educación que les han procurado en buenos colegios. A todos les han dado lo mismo, con el mismo interés y el mismo cariño. Pero ha habido uno, la oveja negra, distinto de todos los demás. ¿De dónde ha salido este, si parece que es de otra estirpe diferente? La respuesta es clara: la responsabilidad personal. ¿De dónde salió un Judas Iscariote en el Colegio apostólico?

Cuando san Francisco escribió la Regla para sus hermanos – la primera, porque luego con el paso del tiempo y los capítulos generales hubo reacomodaciones y escribió una segunda Regla, más breve, la definitiva – entonces, al final de aquella primera Regla, puso por extenso esta parábola de la semilla y sus distintos terrenos, como diciéndonos: Mirad, hermanos, los principios, los compromisos que hemos hecho son perfectos; lo que se trata es de cumplirlo, con la responsabilidad persona, con esa fidelidad que hemso prometido al Señor, y que él, en su misericordia, nos ha de otorgar.

5. Tratando de ahondar más y más ahora trataremos de explicar de un secreto que lleva consigo esta parábola de los cuatro terrenos para la misma semilla. Los que han investigado con mucha responsabilidad el sentido último de las palabras de Jesús, nos han abierto la puerta de una posibilidad, de una hipótesis de sentido, que es muy iluminadora y consoladora. Nos han dicho que tal como ha quedado la parábola Jesús nos está dando la lección de los cuatro modos distintos de no acoger o acoger la Palabra de Dios, el llamamiento que él nos hace para entrar en el Reino que ha traído. Ahora bien, nos dicen que lo que Jesús quiso recalcar al presentar estos cuadros diferentes, es la parte final: la cuarta tierra, la tierra buena, la que produce fruto, sea 30, sea 60, sea 100.

Y probablemente tienen razón en explicar las intenciones últimas de Jesús, porque Jesús ha inventado para decirnos una verdad. Ningun labrador nos dirá que de un saco de trigo va a sacar de cosecha 30, ni menos 60, y pensar en 100 es una locura.

Pero Jesús nos dice: Pues es verdad. Yo sé que hay tierra buena, que pese a todos los pesares, a todas las dificultades y persecuciones, yo sé que la siembra que estoy haciendo va a caer en tierra buena. Tierra buena es 30, tierra buena es 60, y tierra óptima es 100. Y las tres son tierra buena.

Pues esto es la Iglesia, hermanos. En la iglesia encontramos tierra buena y mejor y buenísima. ¿No los vemos con nuestros propios ojos?  ¿Y no lo vemos a nuestro propio lado? ¿No vamos conociendo en la vida personas extraordinarias, ante las cuales decimos: Esto sí, esto me convence? Esto merece la pena…

Es una parábola que nos abre al optimismo. La buena semilla ha sido sembrada por Jesús, y esa semilla ha cambiado el mundo. San Pablo nos ha dicho en la lectura de hoy: Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.

 

6. Hermanos, al escuchar lo que hemos escuchado, brota en el corazón un deseo: Yo quiero ser tierra buena para que la semilla que Jesús ha depositado produzca fruto para Dios y para el mundo. Sí, hermanos, es posible y se hará, si yo permanezco en sencillez y en humildad. Por eso terminamos nuestra explicación con una súplica:

Señor Jesús, tu eres el sembrador; tú nos has traído la semilla de Dios, el reino de Dios. Yo quiero ser tierra buena con tu gracia, y espero serlo, Yo quiero producir fruto en mi vida, dejar una buena cosecha. Y yo quiero que todo eso sea para tu gloria y el provecho de mis hermanos. Que así sea.

Pamplona, jueves 9 de julio de 2026.

viernes, 3 de julio de 2026

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2105 (1049) Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra

 

2105 (1049) Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra 

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra

Mt 11,25-30

Texto

 25En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. 26Sí, Padre, así te ha parecido bien. 27Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 

28Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 29Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. 30Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Hermanos:

1. El domingo pasado iniciábamos nuestra homilía citándole al Papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica “Verbum Domini” (2010) sobre la Palabra de Dios en la Iglesia y en el mundo: El centro de toda homilía es Cristo, nos decía. Hoy es más que evidente.

Hay un momento maravilloso en la vida pública de Jesús, que nos lo reportan san Mateo y san Lucas. Jesús tuvo una especie de schok, una conmoción (sería la versión de lo que nos describe san Lucas), y dijo algo que le salía de dentro y lo tenía que decir. Lo dijo en forma de bendición al Padre y de enseñanza para nosotros, alargada por todos los siglos:

Yo te bendigo, Padre…, o: Yo te doy gracias, Padre… ¿por qué bendecía, por qué daba gracias? Por las maravillas que él estaba viendo, que otros no las veían, y que hoy mismo no las ven, no las pueden ver o no las quieren ver.

Jesús veía un mundo nuevo que había aparecido, que no lo había visto ni los patriarcas ni los profetas, pero que ahora era visible, porque existía. Pero este mundo precioso que él había traído estaba oculto a los sabios, a los entendidos, a los que saben de todas las cosas y pueden hablar de todo, y era un mundo maravilloso que se abría los que él llama “los pequeños”, los ignorantes, los pobres, en una palabra, los sencillos. 

2. Era el mundo de las Bienaventuranzas; era el mundo de los milagros que él hacía con los enfermos y los necesitados que en él tenían fe; era el mundo del perdón de los pecados, que él iba anunciando; en una palabra, era el mundo del amor de Dios, que él nos había traído.

Los sabios fariseos no lo entendían ni lo aceptaban; los doctores, la gente importante no se rendían. ¡Qué cosa más sorprendente! Los mejor preparados, por sus estudios, por su conocimiento minucioso de las santas Escrituras, tendrían que haberle aceptado los primeros. No fue así; salvo excepciones, no lo aceptaron. En cambio, la gente humilde y sencilla sí le aceptó y vio en él al enviado de Dios.

3. Esto que le sucedió a Jesús en su tiempo es exactamente lo que puede ocurrir hoy en otra cultura y en medio de una civilización infinitamente superior.

Si uno toma el periódico por la mañana y tiene delante de sí 40…, 60… páginas, que son planas de noticias, de opiniones, de discusiones, con foto y firma de personas que tienen su carrera profesional, uno queda literalmente abrumado, y sensatamente se pregunta: ¿Qué entiendo yo de todo esto, que es política, que es mundo e negocios y finanzas páginas enteras para saber cómo va la bolsa), que es deporte, que es cultura,  costumbrismo de provincias, parte nacional, pare internacional, y esquelas y más esquelas de gente que va muriendo? Uno se puede encontrar perdido y anonadado.

Una impresión que se acentúa si en un momento del día uno quiere escuchar una diálogo o comentario en torno a lo que va ocurriendo en la política. Nadie podrá negar que el periodismo es una profesión noble y necesaria, pero, a lo mejor con sensatez, habremos de pensar que hay ciertos modos de vida que nos arriman al gremio de los sabios y entendidos, frente a los cuales Jesús ha tenido tantas reservas.

Porque, sigamos el Evangelio, que ahí sí que vamos a encontrar sorpresas que no vamos a hallar en ningún periódico ni noticiero.

4. Hay un secreto, que Jesús se atreve a decirlo y nos lo dice. Tengamos el valor de oírlo. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Son palabras absolutamente divinas que ningún ser simplemente humano jamás las pudo decir, ni nadie las dijo.

Jesús parte de este principio: Él es el Hijo de Dios, y Dios le ha entregado todo. Los secretos de Dios en el mundo los sabe él y solo él. Y nadie conoce al Hijo, que es Dios, sino el Padre. Jamás, jamás nuestra ciencia será tan alta y tan clara que conozca el Hijo Dios; a Dios solo lo puede conocer Dios mismo.

Pero sucede lo mismo, si en vez de centrarnos en el Hijo, miramos a Dios. ¿Qué sabio conoce a Dios y puede hablar a Dios? He aquí la respuesta que nos da Jesús, que tenemos que grabarla muy fija en el corazón: y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Para conocer a Dios hay que ir a Jesús, escuchar a Jesús y aprender de sus labios lo que él nos quiera revelar. Esto es la esencia de nuestra fe.

Pensemos bien lo que estamos diciendo, porque si no lo entendemos, porque si no lo entendemos, se dirá de nosotros que somos los más fanáticos y despreciables. En el mundo hay muchas religiones, y existen desde tiempos milenarios. Decimos que todas las religiones, a su modo y manera, llevan a Dios; que todos los que tienen buena voluntad y quiere servir a Dios, sean musulmanes, budistas, protestantes…, si son buenas personas alcanzan a Dios, y se alvan. Y esto es verdad y lo defendemos.

Es verdad porque el único Dios que existe, llámese con el nombre que sea, ha puesto en el fondo de cada corazón humano un deseode él,q ue nadie lo puede borrar; y el que sigue ese deseo del corazón alcanza la amistad de Dios y la salvación. Demos gracias a Dios pro ello.

Pero por razones que nunca podremos demostrar, nosotros, cristianos, discípulos de Cristo, decimos que Jesús es el revelación plenaria de Dios, y que en él está la verdad total, la salvación total. Y por eso nosotros queremos llevar su conocimiento al mundo entero.

Jesús es el primer interesa do en ser conocido. Él es el que se revela a sí mismo, y el que revela a Dios.  Verdades sublimes que aceptamos con humildad. 

5. Por todo ello viene ahora una invitación: Venid a mí. Se nos puede antojar que es la frase más dulce del Evangelio. Es una invitación sin engaño, sin intenciones torcidas u ocultas. Es la invitación de quien nos ama, nos conoce y nos acepta.

Y es una frase que tiene un poder de atracción irresistible, porque el simple decir “Venid a mí”, ya nos levanta y sentimos que estamos en movimiento hacia él.

Venid a mí, nos dice Jesús, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 

Jesús habla al mundo judío. El yugo de la Ley de Moisés. Que tendría que haber sido liberación y amor, para tantos y tantos ha resultado pesado y agobiante. Saulo de Tarso, luego san Pablo, fariseo estricto, fiel observante, así lo había sentido. Y Pedro también.

Venid a mí, dice Jesús. Aprended de mí, es decir, poneos bajo mi escuela. Yo soy manso y humilde de corazón, y habéis de experimentar que como soy yo así es mi doctrina: Mi ygo es suave; mi carga libera.

Venid a mí, sigue diciendo Jesús; venid a mí. No os arrepentiréis.

Hermanos, los que han hecho la experiencia de verdad, nunca se han arrepentido, porque Jesús es el amor de Dios dado al mundo.

Concluimos, pies, aceptando de todo corazón la invitación personal que nos hace Jesús a cada uno: venid a mí, ven a mí.

Señor Jesús, yo quiero de verdad, que tu Evangelio sea la verdadera ley de mi vida, porque en tu Evangelio está el verdadero amor que me salva. Amén.


Pamplona, viernes 3 de julio de 2026.


domingo, 28 de junio de 2026

2104 (1048) Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo

 

2104 (1048) Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo 

Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo

Mt 10.37-42

Texto

37El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí38y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. 39El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; 41el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. 42El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

 

Hermanos:

1. En la fiesta de San Jerónimo, 30 de septiembre, del año 2010, el Papa Benedicto XVI publicó una bellísima exhortación apostólica como fruto del Sínodo que se acababa de celebrar sobre la Palabra de Dios en la Iglesia y el mundo (5 al 26 de octubre de 2008. El documento se titula “Verbum Domini”. La leí con especial interés, pues por aquellos años mi ministerio desarrollaba como profesor de Biblia en el Seminario donde estaba, allí en América, y la frase que más me conmovió fue esta, en la que explicaba qué es una homilía, en el número 59: “Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía”.

Fíjense, hermanos, lo que aquí se dice: Cristo tiene que ser siempre el centro de toda homilía. Aunque un obispo dijera: Este Domingo la homilía debe ser en torno a las elecciones que se van a celebrar, sobre la responsabilidad que debemos tener todos para contribuir al bien común de todos los ciudadanos. Yo puedo derivar en este tema o en otro, sea el que sea, pero lo que debe quedar claro es que yo estoy hablando desde Jesús, y  que la vida que predicamos es una vida, que nace de él, de su Evangelio, una vida que Dios nos revela.

2. En aquella misma exhortación apostólica, el Papa, biblista de profesión, aclaraba una cosa que se ha revueltos estos días. Decía en ese número 59: “Hay también diferentes oficios y funciones «que corresponden a cada uno, en lo que atañe a la Palabra de Dios; según esto, los fieles escuchan y meditan la palabra, y la explican únicamente aquellos a quienes se encomienda este ministerio», es decir, obispos, presbíteros y diáconos”. Los obispos alemanes han pedido a la Santa Sede que los laicos puedan predicar en la Misa, y la santa Sede ha dicho que no. Un laico, hombre o mujer, puede conocer las santas Escrituras mejor que yo, sencillo sacerdote, puede explicar en la universidad la Biblia, los Evangelios, mucho mejor que yo; puede, incluso, dar ejercicios espirituales a sacerdote y obispos, pero en el acto sagrado, sacramental, de la Misa el que distribuye el Pan de la Palabra de Dios es el humilde sacerdote que preside, o, eventualmente, el diácono que la acompaña.

Termino la cita: “En efecto, ésta  - la homilía - “es parte de la acción litúrgica” […] La homilía constituye una actualización del mensaje bíblico, de modo que se lleve a los fieles a descubrir la presencia y la eficacia de la Palabra de Dios en el hoy de la propia vida. Debe apuntar a la comprensión del misterio que se celebra, invitar a la misión, disponiendo la asamblea a la profesión de fe, a la oración universal y a la liturgia eucarística”.

3. Volviendo, pues, a lo que decíamos al principio: Cristo es el centro de toda homilía. El texto de hoy es extraordinariamente claro y del todo comprometedor: Cristo es el centro de la vida y lo es por ser el Hijo de Dios, no por otra cosa.

Un buen sociólogo, del partido que sea, nos dirá que la familia es, tiene que ser, el centro de la sociedad, y debe estar por encima del estado. El estado ha sido constituido para que las personas, y en concreto, las personas en familia, puedan llegar a su desarrollo completo en todos los órdenes. La economía familiar será parte importantísima, pero no la principal. La vivienda digna, el acceso a la educación superior según las cualidades de uno, la cultura, la solidaridad mutua, y en definitiva la paz, son los valores que han de fomentar las instituciones dl estado.

4. Y ahora viene Jesús y dice: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”. Evidentemente que la mentalidad de hoy rechaza de plano estas afirmaciones. Porque la mentalidad dominante nos dice: Cada uno es libre para tener las ideas religiosas que quiera tener; incluso para negarlas todas, y nadie le puede discriminar por estas razones.

Es decir, Jesús se atribuye una categoría que solo le corresponde a Dios.  Efectivamente así es. Jesús se autodefine como Hijo de Dios con todos los atributos que a Dios le corresponden.

Decir que Jesús es un profeta, como dice el Islam, es poco decir; decir que Jesús es el mayo bienhechor de la historia y merece todos nuestros respetos, es mucho decir, pero, en úktima instancia, es poco decir; porque decir todo es decir: Jesús es el Hijo de Dios encarnado, y merece la misma atención y culto que Dios merece.

Quien afirma estas cosas no es un fanático; es sencillamente un creyente.

5. Y de ahí se derivan todas las consecuencias.

Jesús nos habla de dos.

La primera: que por él me debo jugar todo. Nos dice: El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

Por él pierdo mi vida, pero en él encuentro mi verdadera vida.

Segunda consecuencia: los enviados de él. Notemos que estamos dentro del capítulo 10 de san Mateo, que empezamos hace dos domingo y todavía no hemos salido de él. Es el capítulo de la misión: El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.

Un enviado de Jesús es un enviado de Dios. Y así se debe sentir humildemente todo sacerdote.

6. Y luego Jesús nos pone el ejemplo de los profetas. Nosotros, los discípulos de Jesús, somos los profetas de Jesús. Y a Jesús le gusta poner los ejemplos más sencillos y concretos, y fijémonos lo que nos dice: El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. En tiempos de Jesús no había los refrigeradores que ha creado la industria eléctrica; pero en casa había un rincón fresco para guardar la tinaja con agua fresca. Y ¿quién no puede ofrecer un caso de agua fresca a quien koe necesita?  No es precisamente un acto heroico. Pues Jesús nos llega a decir esta frase solemne: El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Hoy la primera lectura nos trae el ejemplo de aquella sencilla mujer, ya mayor, que no tenía hijos y que daba hospedaje al profeta Eliseo y su acompañante cuando pasaban por el pueblo. Es un relato que nos llena de emoción y de ternura:

Te has tomado todas estas molestias por nosotros…, ¿qué podemos hacer por ti?; ¿hemos de hablar en tu favor al rey, o al jefe del ejército?». Respondió ella: «Yo vivo tranquila entre las gentes de mi pueblo». Tras irse se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer entonces por ella?». Respondió Guejazí: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano». Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada. Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo». Ella respondió: «No, mi señor, no engañes a tu servidora». Mas la mujer concibió, dando a luz un niño en el tiempo que le había anticipado Eliseo. (2Re 4,13-17).

Ahora Jesús nos dice que el que atienda a un enviado suyo, aunque no sea más que con un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa. 

Señor Jesús, gracias por estas divinas enseñanzas desde tu divinidad, creemos firmemente en ti, y en ti ponemos toda nuestra confianza. Amén.


Pamplona, sábado 27 junio 2026.