Viernes
de la V semana de Cuaresma
Viernes
de Dolores
El Viernes que precede
al Domingo de Ramos ha sido en la piedad popular el Viernes de Dolores. La Madre Dolorosa, con el corazón traspasado
por siete espadas, con su manto negro, recamado de amor – que eso significan
todos los adornos y joyas que otras “madres dolorosas”, adoloridas, le han
regalo a la Virgen, esas imágenes bellísimas que hoy se pasean por las calles
de España – nos introduce en la Pasión de su Hijo amado. María es la puerta del
corazón de su Hijo.
Desde aquí, de México,
el nuevo Misal Romano (2002), utilizado en la liturgia en su versión castellana
como “edición típica para México” (traducción adoptada también por Costa Rica,
el Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Venezuela) desde hace
unos meses, y que será obligatoria a partir de la Pascua de 2014 (20 de abril),
tiene una rúbrica en el Viernes de la V semana de Cuaresma, a saber:
“Por decreto de la Congregación para el Culto Divino y
al Disciplina de los sacramentos del 18 de marzo de 1995, en las parroquias e iglesias
en las que hoy, antiguo Viernes de Dolores, siga habiendo gran afluencia de
fieles para honrar a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores,
se puede celebrar una misa votiva de esta advocación (cfr. 15 de septiembre)”.
Además de esto, la misa
del día ofrece una oración colecta alternativa, con la mención de la Virgen María,
que es esta:
Señor Dios,
que en tu bondad concedes en este tiempo a tu Iglesia
imitar devotamente a María santísima
en la contemplación de la Pasión de Cristo,
concédenos, por intercesión de la Virgen,
estar cada día más unidos a tu Unigénito
y alcanzar así la plenitud de su gracia.
Por lo demás, la
liturgia sigue su ritmo interno. Nos va guiando el Evangelio de San Juan. El
conflicto ha estallado irremediablemente y este conflicto acabará en muerte.
Los días pasados hemos
leído el capítulo 8, del principio al final, hoy, viernes, leemos Jn 10,31-42.
De cara a la entrada en
Semana Santa, hay dos puntos clave que podemos meditar para situarnos, en
cuanto Dios nos dé su gracia, en la interioridad de Jesús:
1) El primero es que a
Jesús le quisieron dar muerte apedreándolo. Un hecho histórico que debemos valorar
para pasar de la muerte judía a la muerte romana de la cruz.
2) El segundo es que el
conflicto de Jesús con su pueblo fue cada vez mayor.
1) Lo quisieron apedrear. “Entonces cogieron piedras para tirárselas,
pero Jesús se escondió y salió del templo” (8,59), así termina el Evangelio de
ayer.
“Los judíos agarraron de
nuevo piedras para apedrearlo” (10,31), así comienza el Evangelio de
hoy.
Jesús, de acuerdo este
testimonio de san Juan, de cuya veracidad por el contexto no puede haber duda, podía
haber muerto violentamente por apedreamiento sin haber pasado por el tribunal romano,
como después sería apedreado su discípulo Esteban.
Esto nos dice cómo la
muerte de Jesús se iba fraguando, y cómo no fue un mero acto de traición, compactado
entre Judas y un sector judío que planificó las cosas para la captura de la noche
del jueves. (Nota: la hipótesis de la captura la noche del martes al miércoles,
en virtud de otro Calendario popular judío de la Pascua no ha prosperado).
Está claro que a Jesús había
que eliminarlo.
Y está claro que a Jesús
había que eliminarlo por su autopretensión, que convulsionaba no el orden establecido
del Sanedrín, sino el sentido mismo del Judaísmo, de la Profecía, de la Biblia.
Jesús acepta
cordialmente a Abraham (Evangelio de ayer); acepta también a Moisés, pero sus
parámetros de comprensión son diferentes que los del Judaísmo. El drama es
total.
Esto nos aboca a nosotros
al misterio más íntimo de Jesús: ¿quién es él?, y ¿qué es lo que anuncia y se
cree de sí mismo? San Juan nos lo ha anunciado con unas palabras inequívocas:
- Jesús es el Hijo del
Padre.
- Ha sido enviado por el
Padre.
- La mística de Jesús es
la de la comunión con el Padre, y no hacer ni decir nada que no fluya de Él,
hasta el punto de que “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30, versículo anterior
al Evangelio de hoy).
- Por eso la vida de Jesús
se hunde en la intimidad del Padre antes que Abraham existiese.
- Por eso, la muerte de
Jesús no es otra cosa que la proyección de la voluntad del Padre. Jesús hacía
la obra del Padre cuando moría en la Cruz. Podrá haber diversas explicaciones tácticas,
circunstanciales de la muerte de Jesús. Para San Juan es claro que la muerte de
Jesús no es otra que: el Padre.
2) Pero aquí queda en
pie la otra pregunta: ¿Cuál ha sido la ruptura de Jesús con su pueblo? Pregunta
que ha sido una espada para el corazón de Pablo.
El drama íntimo de Jesús
no lo podremos saber. Pertenece a la más alta mística, para la cual siempre será
misterio. Su pueblo es ni más ni menos que “el Pueblo de Dios”.
Las palabras de Jesús,
aun en su expresión tajante de condenación, tienen un sentido condicional, que,
en definitiva, se remiten a Dios. Lo grave y gravísimo es que el hombre
fracase, pero ¿qué decir si este fracaso lo asignamos a Dios, porque al fin el
pueblo santo es el pueblo “de Dios”? Podemos plantear problemas, pero no resolverlos.
Y desde ahí actúa el Espíritu
Santo para que nuestros corazones se vuelvan y se conviertan, que en eso está la
gloria de Dios.
Para ello es la Semana
Santa.
Guadalajara, Jalisco,
Viernes de Dolores, 11 abril 2014.
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