"Si alguna, por inspiración divina,
viniera a nosotras..." (Santa Clara)
Escribo desde un convento de capuchinas,
uno de los setenta... que existen en México. Las capuchinas profesan la Regla
de santa Clara. Se llaman, pues, clarisas-capuchinas y, abreviando,
sencillamente capuchinas.
Un convento, pese a las pequeñas
miserias que arrastramos los humanos, es un oasis. Allí encuentras a personas
buenas de la cabeza a los pies, hoy quizás abuelitas en silla de ruedas
amorosamente atendidas día y noche por una hermana que recibe este servicio
como gracia. Allí entras en la iglesia y sientes el canto de los ángeles; la
paz revolotea sobre tu alma. Donde acaso revolotean otros pájaros..
En Ejercicios a clarisas hay que volver
a santa Clara. ¿Quién es Clara de Asís (1193-1253), unos diez años más joven que
Francisco en cuanto a su nacimiento, y bastante mayor que él a la
hora de morir? Clara para nosotros es poesía, es un jardín, es la mujer soñada
que ha habitado en los más puros sueños. La verdad es que para conocerla, hay
que estudiarla; ir despacio a sus pocos escritos y desmenuzarlos, con cuidado y
reverencia palpando sus palabras.
Clara es un proyecto de vida evangélica
a la vera de Francisco.
Como testigo predicador de Jesús en Ejercicios
habrá que volver a gustar el carisma, la identidad de Clara que tanto ha fascinado
en el curso de la historia. Muchas jóvenes han acudido a Clara de Asís. En el
panorama de la Iglesia la Orden de santa Clara sigue siendo la orden que más
vocaciones convoca. ¿Por qué? Muchos jóvenes acuden a Francisco de Asís. Y la
misma pregunta. Y una respuesta simple, no evasiva, es que en ellos han visto a
Jesús de Nazaret.
Y desde mi celda me hago la ilusión de
que por los caminos invisibles de la informática a lo mejor a alguna joven
anhelante le pueda llegar este mensaje como carta, que en este momento es como
un soliloquio sereno en la noche, y en otro coloquio para las hermanas. Seguiré…
* * *
Ni Francisco ni Clara hicieron propaganda
de su fraternidad; ni mandan a sus hermanos que organicen promoción vocacional,
ninguna forma de proselitismo. Sencillamente vivieron; y vivieron con una vida
atractiva, con un estilo que irradiaba y de por sí atraía. En ellos se cumplió
muy bien aquello que se dice de la vida cristiana como tal: “La
Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (Papa Francisco, en La alegría del Evangelio 14, recogiendo
una frase de Benedicto XVI en Aparecida, 13 mayo 2007). Francisco, e igual
Clara, piensan que vendrán por divina inspiración: “Si alguna, por divina inspiración,
viniera a nosotras queriendo abrazar esta vida…” Dios actúa sin reglas que nosotros podamos
imponerle.
Ni Francisco ni Clara definieron con una
formula sencilla, concisa, emblemática – escolar, si se quiere – su carisma.
Francisco dijo pura y simplemente: “La Regla y vida de los hermanos menores es
esta: Observar el santo Evangelio de
Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad”.
Obediencia, pobreza y castidad – o simplemente “Obediencia” (ser recibido en
obediencia, prometer obediencia) – era el marco oficial de los votos: vivir ahí
nuestra vida que no es otra que seguir el santo Evangelio como hermanos y como
menores. Como “hermanas pobres”, dijo santa Clara: es igual. Pobreza, Minoridad
es un “status” espiritual, social, eclesial que afecta a las raíces del ser, y
debe transformar el talante de la persona y la postura que ha de adoptar en la
vida,
La Regla de los hermanos menores es la
“regla y vida”, que quiere Francisco fundir en una vivencia: vivimos una vida
muy concreta; que esa misma vida esté penetrada del Evangelio, y que para nada
se aparte del Evangelio
Vivir el Evangelio: esto es muy
elástico…; y quizás muy subjetivo…; pero, a lo mejor, es lo más comprometedor.
¡Nada menos que vivir todo el Evangelio en todos los detalles de la vida! Una
regla del todo carismática. Sí, por cierto, con la confianza de que el Espíritu
nos va a conducir. No fue fácil el momento en que se le dijo a Fran cisco: Pon
tu vida en palabras, en regla, en normas… ¿Es que una vida puede quedar
constreñida y codificada en una normativa…? . Los hermanos se reunían todos los
años por Pentecostés e iban repasando su vida, y ajustando, por el Espíritu, lo
que hubiera que ajustar. Así nació la Regla como “experiencia de vida”. Francisco,
conforme los años iban pasando, escribió una “regla narrativa”; igual Clara.
Quizás Clara lo tuvo más fácil: copio la regla de Francisco y le damos una versión
vital femenina.
Desde el día en que al joven Clara, a sus
18 años, la noche del Domingo de Ramos acudio, fugada, a la Porciúncula donde
moraban Francisco y sus hermanos, y allí, cortados los cabellos, Francisco la
consagró al Señor, tuvo claro su proyecto: Seré esposa de Jesús, al estilo de
la vida de Francisco.
Clara al principio de su Regla marca un
detalle esencial: se remite a Francisco, ya santo, “el bienaventurado
Francisco”. Comienza así la Regla de santa Clara: “La forma de vida de la Orden de
las Hermanas Pobres, instituida por el Bienaventurado Francisco, es esta: Observar
el santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin
nada propio y en castidad”.
Francisco – lo mismo Clara – escribe una
regla y vida, es decir, una regla vivencia y narrativa. Tomemos un texto de
santa Clara y veremos, plasmado en breve párrafo, el carisma de Clara y de su
fragante familia.
I
Un texto de san Francisco
y santa Clara
Esta expresión del genuino carisma de
santa Clara lo encontramos, a modo de ejemplo, en la Regla de santa Clara, en
un párrafo del texto, aparentemente ocasional. San Pablo, de modo ocasional,
nos ha dado tratados de teología como cuando hablando a los Corintios de la
colecta que va haciendo por las iglesias, dice de paso: “Pues conocéis la
gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por
vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor 8,9). Eso es como el Himno de Filipenses (Flp
2,6-11).
Santa Clara, hablando de cómo la abadesa
debe visitar a sus hermanas - ¡visitarlas estando en la propia casa! – cómo
deben ser “la esclava – la sirvienta – de todas las hermanas”, y cómo las
hermanas han de guardar la “unidad del amor mutuo”…, continúa:
“…Y las que no saben letras, no se
cuiden de aprenderlas; sino que atiendan a que sobre todas las cosas deben
desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar continuamente a
él con puro corazón y tener humildad, paciencia en la tribulación y en la enfermedad,
y amar a esos que nos persiguen, nos reprenden y nos acusan, porque dice el Señor:
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es
el reino de los cielos (Mt 5,10). Mas el que persevere hasta el fin, éste será
salvo (Mt 10,22)”.
Todo el párrafo (vv. 8-13), y una parte
notable del capítulo, santa Clara lo ha tomado literalmente de la Regla de san
Francisco (Regla bulada 10,7-12).
Santa Clara entiende que en esto no se distinguen los hermanos menores de las
hermanas pobres. El carisma evangélico evidentemente es el mismo. Es sorpresa
que esto sea así; en lo hondo somos de la misma raza, engendrados por el mismo Espíritu.
¿Cómo se comprende este pasaje? Tratemos
de ello.
La primacía: El
Espíritu del Señor y su santa operación
La primacía en la vida la tiene que
realizar el Espíritu del Señor y su santa operación. Esto es el eje y centro de nuestra vida y de aquí se va a derivar
espontáneamente todo lo demás. Por esencia somos – deberíamos ser – caristámicos
igual que los profetas. Francisco quiso poner en la Regla: el Espíritu será el
Ministro General de la Fraternidad. A esto los canonistas le echaron el alto;
había que definir competencias. Pero si pensamos en la verdad de este punto de
arranque caeremos en la cuenta de que el proyecto de vida franciscano, en
masculino o en femenino, tiene unas posibilidades germinativas increíbles. Tantas
cosas se podrían hacer con el humilde sello de “franciscano” que nos encontramos
temerosos de pensarlas… Porque se trata de dar las riendas al Espíritu y a su
santa inspiración, y desde allí irá saliendo.
A tal punto que para san Francisco una hermana
pobre es una “esposa del Espíritu Santo” Santa Clara recuerda en la Regla lo
que les escribió a ella y a sus hermanas Francisco como “forma de vida”: “Ya
que, por divina inspiración, os habéis hecho hijas y esclavas del Altísimo Rey,
Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo…” (cap.
VI). Una hermana pobre es “esposa del Espíritu Santo”, el mismo título que san
Francisco da a la Virgen María.
Si la hermana, como esposa, es
confidente del Espíritu Santo, ¿qué otra regla puede querer…?
Derivaciones: un
estilo de vida evangélico
La intimidad con el Espíritu, el ponerse
bajo su santa operación, va a marcar todo un estilo concreto de vida. He aquí
cuatro derivaciones que como estilo de vida fluyen de este vivir bajo el
Espíritu de Dios y su santa operación. No es el caso de añadir otras más en el
contexto en que Clara está hablando, pero estas cuatro sirvan como para otras
que vayan saliendo.
1. La oración permanente con un corazón puro
Ante todo un estado permanente de
oración, que no es tanto un estado psicológico, cuanto una disposición teologal
del alma constante. Orar aquí no es “rezar”, sino permanecer ante Dios de continuo,
estar abierto a él, enlazar con Dios con ese fondo de escucha y diálogo. Vivir
en esa oración continua parece que viene a identificarse con el putnod e
arranque: vivir bajo la inspiración del Espíritu, dulcemente sometidos a su
santa operación.
Francisco (y luego Clara) indican que
esta oración permanente se eleva a Dios con un corazón puro. Corazón puro no es tanto el corazón que guarda
castidad, sino el corazón sencillo y transparente ante Dios, que procede siempre
con intención recta, con “intención pura”.
Esa relación con el Espíritu, ese corazón
puro – humilde, sencillo, puro – es lo constitutivo de nuestro carisma…
2. La humildad y paciencia en la
tribulación y en la enfermedad
De la primacía del Espíritu del Señor y
su santa operación se deriva igualmente estado vital continuo de humildad y de
paciencia: y tener humildad, paciencia en
la tribulación y en la enfermedad.
La humildad es el “estado de minoridad”,
de la pequeñez, de la “sin importancia” ante Dios, estado de acogida y de
infancia espiritual. La humildad y la paciencia van parejas. Y la paciencia es
ese permanente estar en las actitudes que ha infundido el Espíritu.
Hay dos situaciones vitales en las que
deben resplandecer: la tribulación y la enfermedad. Tribulaciones las tenemos
muchas todos los humanos. El Señor nos las envía. Y la enfermedad nunca ha de faltar en fraternidad, la mía o
la de mis hermanos o hermanas. Santa Clara estuvo muchísimos años enferma.
3. El amor a los enemigos que nos
persiguen
En tercer lugar, dentro de esta
descripción, se prevé una disposición permanente
de aceptación serena de la hostilidad, se llame persecución, reprensión, o
acusación calumniosa. Todo ello es una condición del discípulo prevista por el
Evangelio.
Esta actitud que Jesús nos recomienda es
ápice de amor, porque amar a los enemigos nadie lo puede hacer. Lo estamos
viendo estos días en las hostilidades de Israel – Gaza. (del 8 de julio hasta
hoy hasta de 1000 murtos en el campo de Gaza, incluídos, trágicamente, mujeres
y niños).
Amar a los enemigos no es simple obra de
humanidad (¡bienvenida la tregua de tres días que acaba de establecerse por
ambas aprtes): es obra milagrosa de Dios mismo entre nosotros.
4. Perseverar hasta el fin
El discípulo permanece y persevera hasta
el fin. Igualmente esto viene de Jesús. Que podamos perseverar hasta el fin,
cuando tantas veces los sentimientos te van tirando a otro lado… Para los hombres
es imposible, no para Dios: Dios lo puede todo, Dios obra en el corazón.
Perseverar hasta el fin es algo que san
Francisco lo tuvo muy fijo en su pensamiento; tomar el arado y no volver la
cabeza atrás.
Hay muchos hermanos, hermanas, que nos
han abandonado, “no han perseverado hasta el fin”. Lejos de nosotros cualquier
juicio de reprobación, que sería obra del maligno en nuestro corazón.
Pero a esos hermanos que un día
emprendieron otro camino (¡El Señor les bendiga y les aguarde…!) humildemente
podemos rogarles: Si se han marchado, no quieran darlos lecciones…, que a lo
mejor, otros que pasaron por las mismas tribulaciones y se quedaron, tengan una
palabrita de aliento que comunicarnos.
II
Una vida
contemplativa franciscana: ¿dónde están los núcleos?
1. Partimos del hecho de que el carisma
franciscano-clariano es el mismo y único, con sus opciones radicales, que son
estas:
- Sentirse en todo momento hijo de Dios
en libertad, gozo y alabanza.
- Ser pobre ante Dios como los pobres de
Yahveh, con una querencia instintiva hacia los pobres de la tierra, como lugar
de morada y encuentro.
- Y paralelamente sentirse hermano entre
los hombres hermanos.
- Con todo ello, identificado con Jesús
en cruz, experimentar la llamada para proclamar el Evangelio de Jesús como
Evangelio de paz, de la misericordia y la ternura de Dios.
2. Este carisma único como encuentro con
el Evangelio, se diversifica en dos proyecciones, de las cuales una no es
superior a la otra, sino que
- una es la proyección femenina en ese
momento circunscrito de la historia,
- y otra es la proyección masculina de
hermanos en misión, peregrinos y forasteros.
3. El carisma franciscano adquiere en
Clara una forma específica en estas derivaciones:
- ser esposa y madre en la Iglesia,
- en la vigilia constante ante el
esposo,
- que está pidiendo la minoridad del
silencio y de la penitencia,
- favorecida por el retiro y la
clausura,
- en una entrega constante en el amor
sencillo y cotidiano a las hermanas,
- Con un corazón materno y fecundo ante
la Iglesia, recogiendo en las propias entrañas el clamor del mundo,
- y abiertas, desde el centro de la fe
en Cristo, a la acción de Dios en Cristo Jesús para manifestación de su gloria,
- colaborando con palabras esenciales,
por la intercesión, por la oblación del ser, a toda la obra de Jesús en el
mundo,
- en alabanza de la gloria del Padre.
Se deduce de aquí que la clausura ha de
ser un elemento del todo flexible, y que la oración contemplativa con todo lo
que la rodea y la dinamiza ha de ser el elemento central para configurar un
estilo visible.
Por lo mismo preguntas esenciales en una
pausa de retiro pueden ser estas:
- Cómo favorecer para que cada hermana
siga adelante, sin desfallecer, en todo el plan de oración que Dios tiene para
ella.
- Cómo favorecer para que la
configuración interna y externa de la comunidad gire de cara a esa primacía del
Espíritu del Señor y de su santa operación.
III
Efigie de la
hermana pobre
(se llame clarisa, se llame clarisa-capuchina,
o con otra denominación)
En suma, efigie de la “hermana pobre”
orante, la imagen que desde aquí presento a la joven “si por dina inspiración
entre nosotras…”, tomando el lenguaje de la Regla, es esta. Esa hermana soñada
con la que yo, hermano menor, quisiera compartir el único carisma que nos une
1. Enamorada, irradiando sabiduría y
serenidad, ternura, fuerza y alegría.
2. Femenina, cultivando con esmero los
dones con que el Señor le ha favorecido, el estudio entre ellos, el canto; que
fomente la estética y el buen gusto en todo, y los dones de comunicación.
3. Definitivamente esposa de Jesús.
4. Ávida de la oración silenciosa.
5. Gozosamente partícipe en la liturgia.
6. Hermana muy hermana con las hermanas.
7. Ganando honestamente, con sus
hermanas, el pan cotidiano
8. Sensible a cuanto acontece en la
Iglesia y el mundo (aquí, a unos metros, un inmenso Centro de Migración, modelo
en México, cuyo director o encargado, P. Rubén, es el Capellán de las
hermanas).
En alabanza de Cristo y de su sirevo
Francisco y de la humilde plantita (pianticella) Clara. Amén.
San Luis Potosí (México), ejercicios
espirituales a las clarisas capuchinas, 1 de agosto de 2014, ante la fiesta de
Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula.

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