Homilía en el
domingo XXIV del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 18,21-35 - (14 septiembre 2014)
Lapsus y aclaración
Este domingo XXIV, ciclo A, del
tiempo ordinario corresponde este año 2014 al día 14 de septiembre. Por una
distracción mental, al decir verbalmente que este año estamos leyendo a San
Mateo (como es verdad), se añade que hoy precisamente es día 21 de septiembre,
día de S. Mateo, lo cual obviamente es un lapsus.
Estamos en el día 14 de septiembre,
Fiesta de la Santa Cruz. En México, por concesión de la Santa Sede, dado el
arraigo que tiene la antigua celebración del 3 de mayo, la Fiesta de la Santa
Cruz se celebra el 3 de mayo.
Texto evangélico:
Acercándose Pedro, le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas
veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: “No te digo
siete veces sino hasta setenta veces siete.
Por eso, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar
cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no
tenía con qué pagar, el señor mandó que le vendieran a él con su mujer y sus
hijos y todas sus posesiones, y pagara así. El criado, arrojándose a sus pies
le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció
el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía
cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulada diciendo: “Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia
conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta
que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle
a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo. “¡Siervo
malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú
también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el
señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona
de corazón a su hermano”.
Hermanos:
1. Durante los últimos
domingos estamos hablando de la Iglesia, de esa kigl que Jesús llama “mi Iglesia”,
explicando, en cuanto podemos, la palabra del Evangelio, y hoy tenemos que hablar
del perdón, que es ni más ni menos que el perdón de Jesús, el perdón de Dios
mismo.
2. Todo parte de una pregunta
de Pedro, que en este caso, es el vocero de los apóstoles. Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta siete veces?
Esta pregunta y esta cuestión
que plantea Pedro va en consonancia con el párrafo anterior – recordad – que
decía: Si tu hermano pecado contra ti.
Y Jesús establecía los pasos que hay que dar, aquellos tres pasos: corregirle a
solas, corregirlo con el apoyo de dos o tres testigos, que la comunidad cristiana,
la Iglesia, lo corrija. Y si ni las tres correcciones no han surtido efecto, si
él no quiere seguir el camino de los cristianos, a nadie se fuerza: ya no es
miembro de la comunidad, es un pagano; queda excluido.
3. Ahora bien, cuántas veces
puede ocurrir estoy, y, por lo tanto, cuántas veces hemos de recorrer este
camino. ¿Una y no más, como dice el
proverbio? Si uno es reincidente, si uno peca de nuevo y se arrepiente, ¿tiene
posibilidad de un nuevo perdón? Y si peca tres veces… Y si peca cuatro y cinco
y seis y siete veces. Habrá que poner un término razonable…
La respuesta de Jesús es
taxativa y rotunda: No te digo siete
veces sino hasta setenta veces siete.
El perdón es constitutivo de
la Iglesia; no tiene límites, no puede tener límites, como es el perdón de Dios
a nosotros; Dios perdona siempre que se le pide perdón. Como dice el Papa
Francisco: Dios no se cansa de perdonar; nosotros sí nos cansamos de pedir perdón
a Dios.
Aunque, si bien es verdad, hermanos,
tenemos que añadir que Dios nos ha perdonado antes de que le pidamos perdón.
4. Jesús inventa una parábola,
un ejemplo de algo que nunca ocurrió, pero cuya íntima realidad ocurre trágicamente
todos los días. Y con esta parábola nos quiere enseñar dos cosas:
- que el perdón de Dios no
tiene fondo,
. y que nuestro proceder es,
en tantos caso, el contrario al perdón de Dios.
Un deudor debe 10.000
talentos, una fortuna de un sátrapa difícil de imaginar. Este deudor insolvente
tiene a su vez un compañero deudor que le deben cien denarios, lo que traducido
en otros términos significa cien sueldos diarios. Recuerden aquella parábola en
la que el dueño de la viña contrata a los viñadores por un denario al día, que
era un precio justo. Dicen los arqueólogos que la proporción entre 10.000
talentos y 100 denarios es de un millón a uno. Por trasladar la comparación a
la moneda nacional, aunque no sea exacto, quedándonos por lo bajo: si uno debe
a su compañero 10.000 pesos, este debía a su gran señor 10.000 millones de pesos.
Y la parábola es esta: a mí me
han perdonado 10.000 millones de pesos, y yo no soy capaz de perdonar 10.000
pesos.
El panorama es trágico: El que
no perdona, no tiene perdón de Dios. Concluye Jesús con una amenaza: Lo mismo hará con vosotros mi Padre
celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
5. Hermanos, esta fantasía de Jesús
no ha ocurrido nunca… Pues sí ha ocurrido: la primera parte, por de pronto, ha
ocurrido en mí. Yo soy el deudor insolvente. Yo he sido perdonado por Dios,
totalmente y para siempre; perdonado y amado. Y de sus pecados no me acordaré más, ya nos decía el Señor por
medio del profeta Jeremías (por poner un ejemplo), cuando el profeta anunciaba
la Nueva y definitiva Alianza de Dios con el hombre (Jer 31,34).
El compromiso es el que nos plantea
Jesús en la última conclusión: cada cual ha
de perdonar de corazón a su hermano. ¿Qué quiere decir esto?
- Que el perdón ha de ser
verdadero, es decir, del corazón
- Que ha de ser total: el que
perdona, de verdad perdona.
- Y que, por lo tanto, hay que
olvidar. El perdón cierra una etapa y abre otra.
6. Sobre estas bases que Jesús
nos pone es cuando podemos iniciar un lenguaje social y político para la
convivencia humana. En España tenemos
muy viva la memoria de las víctimas del terrorismo, lo cual es noble y digno. Por
otra parte existe la memoria histórica de tiempos anteriores, que es razonable.
¿Qué es perdonar, hermanos, cuando de los casos personales de la convivencia
humana, de lo que ocurre en mi propia casa y en el círculo de mis amistades,
pasamos a la convivencia social? ¿Perdonar será dejar que la Historia por la
fuerza de los siglos vaya dejando detras de sí en el olvido a los inocentes?
No; perdonar, perdonarse es llegar a un encuentro, a un acuerdo. Ese abrazo de
dos que pueden dialogar es el mutuo perdón.
Para un cristiano, la fuente
de todo ello es el perdón de Jesús en la cruz, que es la reconciliación de
todos los seres.
7. Jesús crucificado, que nos has perdonado a todos en tu cruz, te pido
una gracia: que a la hora de mi muerte no haya ningún resentimiento en mi corazón,
que no tenga que perdonar a nadie, porque a todos los he perdonada, como yo
mismo he pedido perdón. Amén.
Guadalajara, viernes 12
septiembre 2014.
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