Lectura
de la Biblia
(Al cobijo de la memoria de san Gregorio Magno)
He aquí, de modo
espontáneo (con el valor propio que tiene la espontaneidad de lo cotidiano) algunos indicadores que nos pueden servir para
la lectura de la Biblia. Establecida una singular Alianza con Dios en los votos
religiosos, dimanantes de la consagración bautismal, la Biblia pasa a ser, para
mí, palabra directa del Dios de mi amor, palabra de todos los días. No hacemos
votos de leer la Biblia todos los días…, pero acaso sería una forma de expresar
qué es la vida religiosa, como actualización del Bautismo.
1.
Lectura
informada, con una introducción esencial: composición y
líneas teológicas de este libro. Partimos de este viejo principio: Los grandes
conocedores de la Biblia no son los que han leído mucho “acerca de la Biblia”,
sino los que han leído, con sabiduría, “mucho” la Biblia.
2.
Lectura
de la Biblia en sí misma, como expresión de la Fe de un Pueblo.
Lectura, por tanto, desde donde se ha escrito, no desde el punto de vista de
adónde queremos llevarla, apelando a una “lectura para la vida”. No una lectura
condicionada: Biblia del joven, Biblia de la familia, Biblia para los pueblos
de América Latina… Buscamos una lectura no hipotecada por ninguna teología.
3.
Lectura
con gusto literario. Primer libro de la literatura
universal: saber apreciarlo sencillamente como libro. Es una lectura en
comunión con la cultura humana.
4.
Lectura
con una relación afectivo-personal al libro sagrado
o
Es una lectura para mí, no para un
examen de clase.
o
Una lectura gozosa, sosegada,
inteligente, mía.
o
Una lectura sabrosa, que acaba siendo
una lectura apasionada.
o
Lectura de un libro que me pertenece y
pertenece a toda la comunidad humana.
5.
Lectura
cual corresponde a un libro sagrado. Aquí comienza una lectura
directamente religiosa. Es la lectura de “hondura” en diálogo con los problemas
eternos del hombre, desde el inicio de la Biblia.
6. Lectura directamente “espiritual”.
La Palabra queda habitada por el Espíritu de Jesús, por Jesús. Ya se ha
convertido en “lectio divina” con múltiples modalidades, sin confinar la
“lectio divina” a un método.
7. Lectura como dirección espiritual
de la Fe de la Iglesia y de la fe que palpita en mí.
8. Lectura programada,
teniendo en cuenta la pauta litúrgica que nos da la Iglesia, en la variedad de
ciclos.
9. En fin, lectura cotidiana,
sencillamente como lectura de mi libro.
3 septiembre
2014, memoria de san Gregorio Magno.
Es muy bella y
consoladora la última frase de la homilía de san Gregorio escogida para su
fiesta. Dice así:
¿Qué soy yo, por tanto,
o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de
la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el
Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí,
indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí
mismo me perdono.
Mi
Biblia
A
los seminaristas de mi querido Seminario Guadalupano de Cuautitlán, para que la
Palabra y la Eucaristía sean su amor y su vida.
ACuando
suba al trono real, deberá escribir esta Ley para su uso, copiándola del libro
de los sacerdotes levitas. La llevará consigo; la leerá todos los días de su
vida para aprender a temer a Yahveh su Dios, guardando todas las palabras
de esta Ley y estos preceptos, para ponerlos en práctica@
(Deut 17,18-19).
Mi
Biblia llevo conmigo,
yo
la venero y la beso,
con
ella mi fe confieso
con
ella a mi Dios bendigo;
es
mi defensa y mi abrigo.
Mi
Biblia y mi Crucifijo,
mi
corazón en Dios fijo:
y
la santa Eucaristía
con
ternura cada día:
(soy
discípulo, soy hijo!
Cuautitlán
Izcalli, 27 de febrero de 2009
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