350 aniversario de la llegada de las Capuchinas a México
Plegaria y consagración
Mis hermanas capuchinas (que profesan la
Regla de Santa Clara y por eso se les llama Clarisas Capuchinas) llegaron a México,
venidas del convento de Toledo el 8 de septiembre de 1665. Las Capuchinas de
México, que se han extendido en no menos de 70 monasterio, y han fundado
incluso en diversos países de América, Filipinas y en África, quieren un Año
Jubilar (2014-2015) para conmemorar el 350 aniversario de este acontecimiento.
Es una historia apasionante que, por menudo, con abundante documentación, la ha
estudiado la doctora Emilia Alba González (Madrid), publicando su tesis
doctoral: Fundación del Convento San Felipe de Jesús de Clarisas capuchinas en
Nueva España (México 2008, 599 pp.).
Hoy se abre este Año Jubilar, que
concluirá en este día el año que viene. Para esta ocasión ha sido escrita esta
Plegaria – plegaria y consagración – al Señor Navegante. Este “Señor navegante”
lo trajeron “las Navegantas” (así les llamaron) al salir de España y se encuentra
en el convento de las Capuchinas de Coyoacán (México, D.F.).
En la celebración, una hermana, en
amplia monición de entrada, después de explicar qué es un Jubileo, recordaba estos
sucesos, para dar gracias al Señor:
“En estos momentos, al revivir de forma
significativa la historia de las Clarisas Capuchinas en México, hemos de
remontarnos a aquel Domingo 18 de mayo de 1665 cuando nuestras seis hermanas
salen del Convento de Toledo, España con destino al Nuevo México en una
travesía que duraría 144 días en las condiciones de aquellos tiempo, llegando
por Veracruz, en la Natividad de María: 8 de septiembre y finalmente a la
Cuidad de México donde entran al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe el 7
de octubre de 1665.
Queremos dar infinitas gracias a Dios
porque es bueno, porque su misericordia es y ha sido grande con nosotras,
porque hoy podemos tener la certeza de que celebramos 350 años llenos de vida y
dando vida, a través de las distintas presencias en los Continentes.
Nos sentimos honradas por el pasado
glorioso de nuestras hermanas que con su vida dieron testimonio de su identidad
religiosa, respondieron a su tiempo y se esforzaron por dejarnos su herencia
espiritual, esto ha servido de base para el desarrollo de nuestra vida
capuchina actual. En este momento de la historia que celebramos la apertura de los 350 años de
nuestra fundación, estamos ante el reto
de ir descubriendo nuevos caminos, nuevas formas, que expresen nuestra
presencia como Clarisas Capuchinas”.
1. Dulce Jesús navegante
por los caminos del mar,
a Veracruz arribamos
contigo sin naufragar.
2. Llegamos hasta la Villa
para estar junto a tu altar;
hoy de nuevo profesamos:
Nuestra misión es amar.
3. Míranos, Jesús, piadoso,
igual que miraste a Juan;
al cobijo de tu Madre
queremos perseverar.
4. Y envíanos donde quieras
sin nunca de ti marchar;
donde aliente tu ternura
allí nos puedes dejar.
5. Amado mío te digo,
mirando tu hermosa faz:
hoy capuchina me veo
por tu gracia y voluntad.
6. Esposo de mis deseos,
mi entrañable intimidad,
tu corazón es mi estancia,
mi respiro y claridad.
7. Yo quiero hacer de mi vida
puro obsequio de hermandad,
en oración amorosa
y en humilde castidad.
8. Recibe lo que me diste
y hazme fiel hasta el final:
que mi vida transparente,
Jesús, tu rostro y tu paz. Amén
por la Hna. Martha María Rodríguez,
clarisa capuchina.
Zapopan-Guadalajara,
8 octubre 2014
Reflexión espiritual para el
Inicio del Año Jubilar
Conmemorativo de los 350 años de la llegada de las
hermanas clarisas capuchinas a México
(Homilía)
Las
celebraciones cristianas tienen una triple dimensión: rememorativa, actualizadora,
prospectiva. Desde esta visión, que es la visión pascual de las celebraciones
de la fe, nos adentramos en esta gracia que el Señor nos concede.
Rememorativa.
Las
primeras seis hermanas que vinieron de Toledo
1.
Vinieron
con una ofrenda de amor a Jesús crucificado, dejándolo todo, entregándolo todo
y para siempre. Jesús Crucificado, el Señor Navegante, que ellas trajeron era
el significado y símbolo de su venida. “Todas hemos venido por Dios y para Dios
y ninguna se ha arrepentido, ni un solo instante entre tanto trabajos” (Sor
Lorenza Bernarda, a las monjas de Toledo, 22 marzo 1666 – Ver Emilia Alba,
229). Vinieron con un ansia total de pobreza y oblación.
2.
Su
simple presencia intercesora iba a ser su misión. No vinieron a catequizar;
vinieron a estar.
3.
Vinieron
a estar junto a Jesús Sacramentado, adorándole.
4.
Vinieron
y más tarde, cuando de la fundación inicial llamada de San Felipe de Jesús,
nació la Fundación de la Villa Guadalupe (1787), les cupo en suerte estar en el
templo de la Virgen María. Desde la reja del coro alto podían verla y adorar al
Señor. Eran, por así decir, las guardianas
de la Virgen. Ellas se cuidaban de los manteles de la celebración eucarística.
5.
Vinieron
– nos atrevemos a decir - como hermanas y madres de los capuchinos, que llegarían
siglos después. Se diría que espiritualmente los capuchinos hemos nacido en
México de las capuchinas. Los capuchinos se establecieron en México en 1907; la
tarea propiamente vocacional comenzó a partir de la edificación del convento de
Las Águilas (1947), donde hubo un semianrio menor de 30 alumnos.
Actualizadora
1.
Jesús
Crucificado es el sentido de nuestra vida. El sentido de nuestra vida se cifra
en este amor. El esposo clavado en Cruz.
2.
Cuando
vinieron las capuchinas a México, acababa de nacer santa Verónica (27 diciembre
1660). A los seis, siete años quiere imitar a Santa Rosa de Lima, la primera
flor de América (1586-1617). Dos años después en 1667 ingresaría en al vida
religiosa Sor Juana de la Cruz (1651-1695). La Orden de la Inmaculada
Concepción de Santa Beatriz de Silva se
había establecido en México en 1540. Era la primera fundación contemplativa en
México.
3.
Las
capuchinas de hoy tiene un tesoro del que no pudieron disfrutar en tal grado
sus hermanas: Tienen a santa Clara como nunca anteriormente había sido
conocida.
4.
La
misión de las capuchinas hoy tiene una misión eclesial específica: abrirse
totalmente a la Iglesia y a la misión que siente la Iglesia. Su presencia
orante es simultáneamente presencia misionera.
5.
Y
en esta misión específica, acaso tengan una misión específica: siendo hermanas,
ser también las madres espirituales de los capuchinos. Nuestra fraternidad
incluye esta nota especial. Desde los años 70 los capuchinos hemos hecho mucho
por las capuchinas en cuanto a su formación cristiana y franciscana. Quizás no
percibamos que son ellas las que tienen que hacer más por nosotros como
hermanas y madres espirituales.
Prospectiva
(de cara al futuro)
1.
La
primera misión de las hermanas capuchinas hoy en México es percibir cómo camina
la Iglesia en América Latina y en México: ser conscientes de las inmensas
riquezas acumuladas, especialmente por la Sangre de los mártires, y ser
conscientes de la trasformación acelerada que se va operando. De la
persecuciones e ha pasado al secularismo galopante que quiere invadir toda la
sociedad.
2.
¿Qué
pueden dar hoy las hermanas clarisas capuchinas a la Iglesia de Dios en México? La hermosura de su vocación,
manifestada ante la faz de la Iglesia, y la plenitud de su entrega.
Sencillamente: dar santas capuchinas. Los santos de hoy son el futuro de la
Iglesia del mañana.
3.
¡Feliz
aquella que se encuentra a sí misma plenamente mujer y se entrega como virgen esposa
a Jescristo y a su santa Iglesia! Hermanas, dennos en su vida la novedad y la
hermosura inmarchitable de Jesús.
Zapopan-Guadalajara,
8 octubre 2014
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.

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