Himno-Plegaria al Beato Pablo
VI
Evocación
No fue precisamente euforia lo que se
percibía aquel 21 de junio de 1963 en el grupo español de estudiantes
capuchinos que estábamos en Roma, cuando era elegido como Papa el arzobispo de
Milán cardenal Juan Bautista Montini; era, más bien, cierta reserva crítica…a
la espera. Dos meses atrás (20 abril) había sido fusilado en las afueras de
Madrid el anarquista Julián Grimau, por crímenes y atrocidades de la guerra
civil, tras juicio militar de guerra sumarísimo (18 abril). La petición que
elevaba el cardenal de conmutar la pena de muerte no fue atendida por Franco.
Había una clara fricción entre Montini y el muy católico Franco. “No hemos sido
escuchados”, dijo después. Pero Montini, desde el Evangelio tenía razón…, por
muy criminal que hubiera sido Grimau; y la solicitud del eminente cardenal no
había sido ninguna injerencia.
Elegido Papa, cuanto antes pudo, salió
al Colegio Español para visitar al cardenal Enrique Pla y Daniel que se hallaba
enfermo. En su inmenso corazón el Papa
no tenía absolutamente nada contra España. Para quien supiera entender,
aquel gesto sencillo de una obra cristiana de misericordia valía más que mil documentos
de cancillería.
Recuerdos de aquellos primeros días en
los que iniciaba su pontificado. Aquel gesto era la profecía de todo su
pontificado.
Lo recuerdo, con inmensa emoción, en el
discurso de apertura de la segunda sesión del Concilio, allí en la basílica de
San Pedro (29 septiembre 1963):
“…Nos nos vemos representados en el
humildísimo adorador, nuestro Predecesor Honorio III, que aparece en el espléndido
mosaico del ábside de la basílica de San Pablo, extramuros, pequeño y casi
aniquilado, besando en tierra el pie de Cristo, de enorme dimensiones, el cual,
en actitud de maestro soberano domina y bendice a la asamblea reunida en la
misma basílica, es decir, a la Iglesia. Nos parece que la escena se repite
aquí, pero no ya en una imagen diseñada o pintada, sino más bien en una
realidad histórica y humana, que reconoce en Cristo la fuente de la humanidad
redimida, de su Iglesia, y en la Iglesia como su efluvio y continuación
terrena, y al mismo tiempo misteriosa. De tal manera, que parece representarse
a nuestro espíritu la visión apocalíptica del Apóstol: “Y me mostró el río de
agua viva, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del
Cordero” (Apoc. 22,1).
Es conveniente, a nuestro juicio, que
este Concilio arranque de esta visión, más aún, de esta mística celebración,
que confiesa que Él, nuestro Señor Jesucristo, es el Verbo Encarnado, el Hijo
de Dios y el Hijo del Hombre, el Mesías del mundo, esto es, la esperanza de la
humanidad y su único supremo Maestro. Él el Pastor, Él el Pan de la vida, El
nuestro Pontífice y nuestra Víctima. Él el único mediador entre Dios y los hombres,
Él el Salvador de la tierra, Él el que ha de venir Rey del siglo eterno; visión
que declara que nosotros somos sus llamados, sus discípulos, sus apóstoles, sus
testigos, sus ministros, sus representantes, y junto con los demás fieles, sus
miembros vivos, entrelazados en el inmenso y único Cuerpo místico, que Él,
mediante la fe y los sacramentos, se va formando en el sucederse de las
generaciones humanas, su Iglesia, espiritual y visible, fraterna y jerárquica,
temporal hoy y mañana eterna”.
Así era el humildísimo, el sapientísimo
Pablo VI.
Su pontificado lo llevo muy transido en
toda mi juventud sacerdotal Bendito sea.
Este Himno, o más bien Plegaria, es el
recuerdo de toda su figura en unos breves rasgos.
Le pido me mire con benevolencia, pues
tanto le he amado.
1. Humilde siervo de Cristo,
luminoso Papa Pablo,
al contemplar tu aureola
a Cristo glorificamos.
2. La Iglesia fue tu pasión
y al mundo diste tu abrazo;
la ternura de tus ojos
sello del Pontificado.
3. Fue tu senda de Evangelio
brazos abiertos y diálogo,
dejada a un lado la tiara,
para los pobres regalo.
4. Gozabas con los apóstoles,
sucesor en el primado,
y fuiste a la Tierra Santa
a escucharle junto al lago.
5. Al atrio de las naciones
llevaste la hoz y arado,
de experto en humanidad
dijiste ser tu cayado.
6. Bajo tu veste sagrada
eras sencillo cristiano,
y hasta tu pecho llegó
un cuchillo ensangrentado.
7. En comunión con Jesús,
visión y fe comulgamos,
con la Madre de la Iglesia
bajo Él nos cobijamos.
8. Entre gozos y esperanzas,
entre angustias y quebrantos,
desde la patria intercede
Guadalajara,
Jalisco, 18 octubre 2014, en la víspera de la Beatificación del Papa Pablo VI.

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