Homilía
para el Domingo de Pascua 2015
Jn
20,1-9
Texto evangélico:
El primer día de la semana, María la Magdalena fue
al sepulcro al amanecer, cundo aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del
sepulcro. Echó a correr y fue adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a
quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no
sabemso dónde le han puesto”: Salieron Pedro y el otro discípulo camino del
sepulcro. Los dos corrían junto, pero el otro discípulo corría más que Pedro;
se adelantó y llegó primero al sepulcro, e, inclinándose, vio los lienzos
tendidos, pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el
sepulcro; vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la
cabeza. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero
al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido al Escritura:
que debía resucitar de entre los muertos. Los dos discípulos se volvieron a
casa.
Hermanos:
1. Mi
primera palabra, ungida de paz y un misterioso gozo, es esta: ¡Alegría! Jesús ha
resucitado: ¡Feliz Pascua!
Nuestros
hermanos de Oriente se saludan recibiendo y devolviendo un beso de paz, con las
palabras rituales, tomas del Evangelio:
- ¡Christó anesthi!
- ¡Alethós anesthi!
- ¡Cristo
ha resucitado!
- ¡Verdaderamente!
La Iglesia
celebra la Vigilia Pascual, hermosamente restaurada, y cada vez más amada y
vivida por muchos cristianos. Hoy son millares las comunidades cristianas que
celebran la Vigilia pascual con auténtica vigilia nocturna, velando en la noche,
tres, cuatro, cinco… horas, con las nueve lectura que tendría la Vigilia
completas, con los salmos cantados, con los ritos bautismales, cuando en la
noche se bautiza a niños o a adultos.
Noche
pascual, noche nupcial con Cristo esposo, que suscita los más puros deseos del
corazón. De ella podemos cantar aquellos versos de fray Juan de la Cruz:
¡Oh
noche que guiaste!,
¡oh
noche amable más que la alborada!,
¡oh
noche que juntaste
Amado
con amada,
amada
en el Amado transformada!
La
Vigilia Pascual es “la madre de todas las Vigilias”, y es la celebración
central de todo el año litúrgico de la Iglesia. Esta celebración del día, a la
que consagramos esta homilía, sería como prolongación de la fiesta esplendorosa
de la noche.
Y les
hago observar una característica. Todos los domingos hacemos tres lecturas: la
primera del Antiguo Testamento, la segunda de las cartas de los apóstoles, la
tercera siempre el Evangelio, que nunca jamás podrá ser sustituido por otro
texto o mensaje. He aquí que en los domingos de Pascua, empezando ya desde hoy,
nos vamos a olvidar del Antiguo Testamento, que es promesa de un futuro,
Habiendo tocado la realidad suprema en Cristo Jesús, en su santa Resurrección,
en el tiempo pascual omitimos siempre el Antiguo Testamento.
2. El
pasaje escuchado es una realidad y un símbolo, Una realidad, que nos remite al
sepulcro vacío; un símbolo porque, al escuchar este delicado relato uno percibe
que detrás de él hay una Iglesia viva que nos está dando este testimonio con
personas concretas, con actitudes que nos
dicen no simplemente lo que pasó, sino lo que está pasando hoy, hoy mismo que celebramos
sacramental la resurrección.
3. María
la Magdalena es el arranque de los testigos de la resurrección. ¿A qué va María
Magdalena antes del alba?
Esta
mujer enamorada nos está evocando los pasos y las corridas de la esposa del
Cantar de los cantares:
“En mi
lecho, por las noches
buscaba
al amor de mi alma,
lo
buscaba, y no lo encontraba.
Me
levantaré y rondaré por la ciudad,
por las
calles y las plazas,
buscaré
al amor de mi alma…” (Cantar de los cantares 3,1-2).
Efectivamente,
María Magdalena, se quedará allí, cuando regresen los dos discípulos, buscando
y llorando al amor de su alma. Y vendrá Jesús, sí, que ella confundirá, de
repente, con el jardinero del huerto.
María Magdalena
ha sido la primera. Los santos Padres la llamarán “la apóstol de los apóstoles”.
Y está diciendo a toda la Iglesia que lo que cuenta es la primacía del amor.
4.
Pedro y Juan corren al sepulcro, a decir verdad, Pedro y “el otro discípulo a
quien Jesús amaba”, que desde siempre la tradición ha identificado con Juan.
Este corría más y llegó el primero. ¿Y por qué corría más? ¿Por qué era más
joven…? ¿O acaso hay un lenguaje subliminar de que el amor es quien precede?
En todo
caso, él se asomó, pero no entró… Creo que todos entendemos: a pedro le toca
entrar, porque a Pedro Jesús ha constituido el primero en la Iglesia. No se
trata, en el gesto del discípulo amado, de una deferencia de cortesía; se trata
de testificar lo que hoy nosotros en la Iglesia llamamos “el primado”.
En la Iglesia
de Jesús nuestra referencia es Pedro, el sucesor de Pedro: hoy Francisco, ayer Benedicto
XVI, los dos con la misma autoridad, los dos con la misma misión. Y la misión de
Pedro es al de ser el testigo de Cristo Resucitado; Pedro es el que nos confirma
en la fe y el que nos lleva al Resucitado.
5. En
aquel instante ocurrió algo que para nosotros es esencial: “vio y creyó” dice
el discípulo amado. Y continúan hablando en plural, de Pedro y de él: Pues hasta entonces no habían entendido al Escritura:
que debía resucitar de entre los muertos.
Creyeron
los dos. Creyeron, porque la fe les hizo ver a Jesús Viviente. Y no solo vieron
al Viviente, sino que vieron la verdad de la Escrituras, el plan uniforme y armónico
de Dios.
Hermanos,
tengamos muy claro este criterio: A la resurrección no llegamos por una vía
histórica. Las cosas de la fe no se pueden demostrar. La fe es un adhesión del
corazón a Dios, por el encuentro que se ha operado. La fe, antes que una
aceptación racional, es encuentro, y el encuentro se opera por aquello que dijo
Pascal que “el corazón tiene sus razones que la razón no conoce” (Le cœur a ses raisons que la raison ne
connaît point, Penséés),
6.
Punto final de cuanto venimos diciendo, lo que proclama san Pablo en la segunda
lectura de hoy: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá
arriba donde Cristo está sentado a la derecha de Dios… Habéis muerto, y vuestra
vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 1,1-3).
Señor Jesús, fe que me ha sido dada y sentido de mi
vida, concédeme el gozar espiritualmente de tu presencia constante en estos
cincuenta días de Pascua que acabamos de comenzar. Amén.
Jocotitlán
(estado de México), monasterio de hermanas clarisas capuchinas sacramentarias,
en el Sábado Santo, 4 abril 2015
Nota
Puedes ver los poemas Pascuales escritos para este
año en los números anteriores a esta entrada:
669. Yo soy la nueva vida en el Espíritu
670. Del olor de aquel perfume
673. En el primer sacrificio
674. Estabas en la Escritura
SALIERON PUES PEDRO Y EL OTRO DISCÍPULO, Y FUERON AL SEPULCRO.
ResponderEliminarCORRÍAN LOS DOS JUNTOS Y EL OTRO DISCÍPULO SE ADELANTÓ MÁS VELOZMENTE A PEDRO Y LLEGÓ PRIMERO AL MONUMENTO, Y AGACHÁNDOSE VE LOS LIENZOS ALLANADOS, PERO NO ENTRÓ.
LLEGA PUES SIMÓN PEDRO SIGUIÉNDOLE Y ENTRÓ EN EL SEPULCRO Y CONTEMPLA LOS LIENZOS ALLANADOS, Y EL SUDARIO QUE ESTUVO SOBRE EL CABEZA DE ÉL, NO COMO LOS LIENZOS, ALLANADO, SINO, CONTRARIAMENTE, ENROLLADO EN SU PROPIO LUGAR.
ENTONCES ENTRÓ TAMBIÉN EL OTRO DISCÍPULO, QUIEN LLEGARA PRIMERO, Y VIO Y CREYÓ.
En el texto evangélico que usted cita se omite (supongo que por un lapsus) cómo vio Simón Pedro el sudario. Así pues, este es el texto completo.
Lienzos tendidos, allanados, vacíos, como un globo sin aire en su interior: ya no contenían el cadáver de Jesús. El sudario o pañuelo, con el que habían atado la cabeza del cadáver de Jesús para cerrar su boca, permanecía enrollado EN EL MISMO LUGAR DONDE SE HALLABA SU CABEZA, pero ya no envolvía nada.
Como se ve, san Pedro y san Juan nos indican, no que había unos lienzos en la sepultura, sino lo más importante, es decir, CÓMO SE HALLABAN ESOS LIENZOS. San Pedro sólo vio. San Juan vio, comprendió, y creyó que Jesús, efectivamente, había resucitado.
Paz y Bien, padre Rufino.
ResponderEliminarCon sencillas palabras quiero agradecer tanto bien que hace a la Iglesia, a la Orden y a todo hombre y mujer de buena voluntad.
Le agradezco a la Dios por la vida que le ha dado. Gracias a usted porque se la ha entregado toda al Señor.
Gracias por su gran testimonio desde la sencillez y, sobre todo, desde el amor.
Gracias por existir. Gracias por decirme con su vida que la Vida Consagrada tiene sentido...gracias por llevarnos hacia Jesús, el Señor.
¡Feliz Pascua! Porque,
¡Resucitó de veras, mi amor y mi esperanza!
Con cariño fraterno y filial:
Hna. Martha María
**Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo:
ResponderEliminarBienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que te criaron.
Y él dijo:
Mejor bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan**.
- Bienaventurados los que hemos nacido en una familia de buenos cristianos y hemos recibido la fe de nuestros padres.
- Bienaventurados lo que seguimos teniendo viva esa fe recibida.
- Bendito sea Dios Padre celestial que nos dio esa fe.
- Bendito sea el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.
- Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.
**Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo:
ResponderEliminarBienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que te criaron.
Y él dijo:
Mejor bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan**.
- Bienaventurados los que hemos nacido en una familia de buenos cristianos y hemos recibido la fe de nuestros padres.
- Bienaventurados lo que seguimos teniendo viva esa fe recibida.
- Bendito sea Dios Padre celestial que nos dio esa fe.
- Bendito sea el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.
- Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.