En el primer sacrificio
(Al eco de los Santos Padres)
“Él es quien sufría tantas penalidades en la
persona de muchos otros: él es quien fue muerto en la persona de Abel y atado
en la persona de Isaac, él anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue
vendido en la persona de José, él fue expósito en la persona de Moisés, degollado
en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la
persona de los profetas.
Él se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado
en el madero, sepultado bajo tierra y, resucitando de entre los muertos, subió
a lo más alto de los cielos.
Éste es el cordero que permanecía mudo y que fue inmolado;
éste es el que nació de María, la blanca oveja; éste es el que fue tomado de
entre la grey y arrastrado al matadero, inmolado al atardecer y sepultado por
la noche; éste es aquel cuyos huesos no fueron quebrados sobre el madero y que
en la tumba no experimentó la corrupción; éste es el que resucitó de entre los muertos
y resucitó al hombre desde las profundidades del sepulcro”.
(De la Homilía o Pregón pascual
de San Melitón de Sardes, obispo de la ciudad de Sardes, capital de Lidia, en
Asia Menor, donde murió en torno al año 180, lumbrera de la Iglesia de Oriente;
texto que se lee en el Oficio de lectura de Jueves Santo).
1. En el primer sacrificio
que Abel a Dios elevaba
como cordero y aroma,
mi Jesús y Dios estaba;
y en la sangre fratricida
Jesús se sacrificaba.
2. En la aquedá de Isaac,
obediente sobre el ara,
Jesús latía de amor
Y al Padre se consagraba;
perseguido era en Jacob
y estrella que se anunciaba.
3. Era signo y sacramento
en Moisés y la Alianza,
y en el Cordero pascual
era víctima inmolada;
era historia silenciosa,
David lo prefiguraba.
4. En el seno de una Virgen
era el Verbo que llegaba,
Cordero para la Cruz
de la oveja inmaculada:
¡Salve, Cristo, carne nuestra,
Dios de Dios y Pascua santa!
5. Tú llenas las Escrituras,
como el orbe tú llenabas;
del Misterio Universal
tú eres la llave sagrada,
muerto en cruz y sepultado,
Hijo de Dios, nuestra Pascua.
6. ¡Salve, Vida de la vida,
Verdad y Camino y Gracia,
Jesús, fruto del Espíritu,
acoge nuestra plegaria!
Gloria y amor para siempre,
bella Paz que nos aguarda! Amén.
Jocotitlán
(estado de México), monasterio de hermanas clarisas capuchinas sacramentarias,
Viernes
Santo, 3 de abril de 2015.
Nuevamente ¡Gracias, gracias!...Tengo impresos casi todos los escritos suyos, y me los profundizo en la oración. ¡BENDITO SEA DIOS!
ResponderEliminarExcelentes versos, fray Rufino.
ResponderEliminarCiertamente tiene usted grandes dotes de poeta. Es un don particular, como nos dice san Pablo:
"Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno es dada por medio del Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanar, en el mismo Espíritu. A otro, el efectuar milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas".
A usted le dio el don de la poesía.
Juan José