domingo, 6 de agosto de 2017

979. Transfiguración del Señor.



TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

Tu rostro ilumina el mundo

Para introducir la Transfiguración de Jesús, el Señor (Mt 17,1-9), la Iglesia nos invita a leer Dan 7,9-10.13-14:
9 Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. | Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; | su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas;
         10 un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. | Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. | Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

         13 Seguí mirando. Y en mi visión nocturna | vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. | Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
         14 A él se le dio poder, honor y reino. | Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. | Su poder es un poder eterno, no cesará. | Su reino no acabará.

Los vestidos de Jesús son blancos como la nieve, igual que el vestido del Anciano.

Tu rostro ilumina el mundo,
Jesús de días eternos;
tu rostro es luz de mi ser,
mi Creador verdadero.

Y brilla como la nieve
tu vestido, blanco fuego;
y vistes como el Anciano
que da luz al universo.

Transfiguración de Dios,
de Dios en su mismo seno,
beata luz derramada
en mi alma y en mi cuerpo.

Eres mi luz y mi paz,
viviéndote muy adentro;
del monte vienes a mí
que me entiendo en tu secreto.

Dios de Dios aparecido
y encarnado en mí, concreto,
en tu luz he de encontrarme,
si en tu  misterio me pierdo.

Me ha quitado la palabra
mi hermano el apóstol Pedro:
¡Qué hermoso estar junto a ti,
y de lo bueno lo bueno!

¡Qué hermoso leer la vida
una en los dos Testamentos,
a Elías y a Moisés,
los dos de ti tu reflejo!

Guárdame, mi Dios Jesús,
que lejos de ti perezco,
tenme fuerte junto a ti
en tu divino silencio.

Y cuando luego despierte
y vea lo que estoy viendo,
te vea transfigurado
vivo en todos  mis deseos.

Pamplona, Transfiguración del Señor 2017.

1 comentario:

  1. La Iglesia acaba de festejar uno de los acontecimientos más importantes que sucedieron durante la vida terrenal de Jesucristo: la transfiguración de Jesucristo.

    Es evidente que Jesucristo se transfigura ante tres de sus discípulos con el fin de demostrarles quién es realmente, su verdadera personalidad, pues hasta el presente sólo han visto en su maestro a un hombre, digamos, “corriente”.

    Además Jesucristo, con esta acción, da ánimos a los corazones de sus acongojados apóstoles, pues han tenido que escuchar que su maestro debe sufrir una muerte violenta, y luego volver a la vida. Ellos no entienden nada. Todo es una nebulosa.

    Por eso toma a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva aparte un monte alto. La montaña alta ha sido siempre el lugar privilegiado de la revelación de Dios. Es un “monte alto”. Los evangelistas no nos dan su nombre, aunque lo conocen sobradamente. Jesucristo ha rechazado el monte Sion, que había sido elegido por Yahvé como lugar preferente para su presencia en medio del pueblo, y opta por otro lugar, tal vez el monte Hermón, para no chocar con las creencias de su pueblo, pues ese monte había sido lugar de un culto idolátrico.

    Jesucristo se transfigura. Cambia de forma. Después de la resurrección se aparece a María de Magdalena, la cual no le reconoce en aquel personaje que toma por un jardinero pues Jesucristo había cambiado de forma. Tampoco le reconocen los discípulos de Emaus, ni tampoco los discípulos que se hallan a orillas del lago, o escondidos en aquella sala.

    Jesucristo está transfigurado. Pero no es él quien se transfigura, sino el poder de Dios. Su rostro está brillante como el sol, y sus ropas blancas como la luz.

    Los apocalipsis de la época de judíos hablaban de la transfiguración de los justos que, en tiempos mesiánicos, estarían luminosos. Pedro, Santiago y Juan no eran ignorantes de este detalle.

    “Vieron su gloria”, nos afirma san Lucas. “Se revelará la gloria de Yahvé, y toda criatura la verá”, nos dice Isaías. El término da a entender una dimensión superior a lo estrictamente humano para encarar la divinidad, y los prodigiosos signos externos que ello conlleva. Jesucristo se muestra en su personalidad, y el Padre le ratifica ante los apóstoles. “Escuchadle”. Es su mandato a aquellos… y a nosotros.

    Saludos. Juan José

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