viernes, 2 de febrero de 2018

1946. Pensares y pensamientos en el Día de la vida consagrada



Pensares y pensamientos
en el Día de la vida consagrada
(Después de leer la bella  homilía del Papa)


Al menos con la cabeza,
sí lo pensé, mi Señor;
pensé como niño ingenuo:
que lo venido es mejor.

Pensé que la Biblia es
Espíritu creador,
que nadie puede decir:
"aquí se acabó el amor".

Pensé que yo soy amado
y que su amor es mi yo,
pensé que vale ser nadie
si es Jesús el triunfador.

Pensé mucho en su belleza,
que su belleza me hirió,
y es un gemido en silencio
y me da consolación.

Pensé y lloré cuando ví
por qué tanta religión,
por qué el hijo no conoce
al Padre que lo engendró.

Dios mío, ¡qué soledad
no saber quién te creó!
Quítame por piedad
de  mi pensar este error.

Yo pienso y de he pensar:
Dios es solo corazón
y es su propio privilegio
ser infinito perdón.

Soy consagrado; pensé:
"No lo escogí, me eligió".
¡Para qué tanta ternura,
que es toda mi vocación!

Ni lo sé ni me hace falta:
Silencio y adoración.
Acaso para ti sea
una sonrisa, una flor.

Mi Dios y Padre, piedad,
ahora que soy mayor,
¡una caricia…, y me acojo
a tu eterna bendición!

2 febrero 2018, en la Presentación del Señor
en manos de María

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El pasaje evangélico de esta pasado domingo nos vuelve hacer hincapié de algo en lo que usualmente no se suele ahondar. Es la predisposición de Jesucristo para ir a un lugar solitario para orar. Jesucristo busca la soledad, no importa dónde se halle. Quiere estar solo a fin de entablar una íntima conversación con su Padre. En efecto. Orar es conversar. Orar no es recitar. Orar es hablar con Dios Padre y esperar su respuesta. Eso es lo que hace Jesucristo con su Padre. La divinidad conversa con la divinidad en la intimidad de la divinidad.

“En el silencio te habla Dios”, decía san Benito de Nursia. Desde entonces miles de cristianos buscan permanentemente esa locuaz soledad dia y noche en apartados monasterios. Y no están tristes, como miles de personas inmersos en los ruidos del ancho mundo, sino alegres.

Jesucristo públicamente sana a enfermos de cuerpo y alma. Y Jesucristo predica incansable día tras día en lugares abiertos y en sinagogas. Jesucristo conversa con sus discípulos, pero necesita comunicarse con su Padre, y eso lo realiza a solas.
Paz y Bien.
Saludos. Juan José.

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