viernes, 2 de febrero de 2018

1045. Jesús, curando, orando, expulsando demonios y anunciando el Reino



Jesús, curando, orando, expulsando demonios
y anunciando el Reino
Mc 1,29-39

Texto evangélico:
29 Y enseguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. 31 Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. 32 Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33 La población entera se agolpaba a la puerta. 34 Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
35 Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca y, 37 al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». 38 Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». 39 Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Hermanos:
1.  El Domingo pasado contemplábamos a Jesús en su grandeza humana y sobrehumana: Jesús, el Santo de Dios, el Santo de Israel. De ninguno otro ser de la historia humana podríamos hablar de esta manera. Es cierto, así hablamos los cristianos, los discípulos de Cristo. Uno ajeno a nuestra fe podrá decirnos: Te respeto, pero no comparto.
Efectivamente, vivimos en un mundo de creencias dispares – e incluso, de increencias – y para poder coexistir y prosperar el respeto es la base de la convivencia.
Esto quiere decir que de ninguna manera los cristianos podemos ser agresivos para imponer nuestras creencias a nadie. La religión se propaga por dos medios: testimonio y anuncio, los dos inseparables y complementarios.

2. El Evangelio de hoy prolonga en el texto de san Marcos el relato anterior proclamado el Domingo pasado, y de esta manera se describe una jornada de Jesús; una jornada inaugural que marca el estilo de toda la vida de Jesús. Este Evangelio lo podemos resumir en cuatro palabras sonoras:
Curación
Oración
Expulsión
Predicación.
Veámoslo con cierto detalle.

3. Curación de la suegra de Pedro. Simón, pues, estaba casado. El único dato del Nuevo Testamento por el cual quedamos informados de la condición social de Simón, pescador del lago de Galilea. Nada en absoluto en el resto de los escritos del Nuevo Testamento sabemos de la hipotética familia de san Pedro. Si tuvo hijos o no tuvo, nada sabemos. El Martirologio Romano habla de una Petronila. Nadie ha probado que fuera hija de Pedro, que habría sido engendrada después de que Jesús cambió el nombre de Simón por el de Kefá, traducido al latín, Piedra, Pedro.
Pedro estaba casado y siguió incondicionalmente a Jesús, y fue hecho por Jesús centro de unidad de aquel colegio primero de apóstoles. Pedro cumplió la palabra del Señor: lo dejó todo, absolutamente todo, por el seguimiento del Mesías.

4. Pero ahora no hablamos de este particular, sino del hecho de la curación. ¿Cómo interpretar exactamente esta curación? ¿Es un gesto de soberanía divina? ¿Es un gesto de entrañable humanismo…? San Jerónimo, principal intérprete de la Biblia en el Occidente cristiano en los primeros siglos, hace este comentario: “Le tomó la mano como un médico, le tomó el pulso, comprobó cuánta fiebre tenía, él en persona, que es el médico y medicina a la vez. Que entre en nuestra casa, que nos toque la mano para purificar nuestras obras; levantémonos, al fin, del lecho, no sigamos tumbados”.
Este comentario piadoso y útil seguramente que no corresponde a la letra del texto. Dice el texto que la agarró de la mano, la incorporó. Algo le debió de decir, no sabemos qué. La mujer se levantó, se vistió, y como si nada hubiera pasado,  comenzó a hacer su tarea de ama de casa: se puso a servirles.
No sé qué teología se puede hacer de este episodio, al parecer intranscendente. No se hunde el mundo porque una persona pase una gripe (o “gripa”, como aquí dicen) y esté ocho días en cama con fiebre. Eso le ocurre a cualquiera de nosotros.
¿Por qué Jesús cura a una persona en estas condiciones? La interpretación más elemental puede ser esta: es un rasgo del humanismo divino de Jesús. Para una madre la “tosecita” del niño es importantísima, por una razón, porque es su hijo. Un hecho irrelevante, como es una enfermedad pasajera, entra en el radio de la humanidad divina de Jesús, y él, que ha bajado hasta nosotros, ha bajado hasta ahí. Jesús es humano hasta lo más humano que se puede ser…
Todo esto tiene una importancia teológica total, si trato de aplicármelo a mí. En cierta ocasión dijo Jesús que hasta los cabellos de mi cabeza los tiene contados Dios. Este es el humanismo de Dios, este es el humanismo de Jesús. Un dolor de muelas es importante para Dios, porque es un dolor de muelas de un hijo suyo, nada menos que de un hijo suyo.

5. La curación de la suegra de Pedro es el preámbulo de esas curaciones "a barullo" que aquella tarde ocurrieron en Cafarnaúm. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.
Ya tenemos a Jesús de Nazaret como la fuente de la salud, como el remedio de todos los males. Esto es él. El Evangelio nos lo pinta así, para que sepamos cómo tratarle y a dónde acudir.
Podemos aceptar plenamente esta imagen de Jesús, sabiendo que es verdad, que no es ningún mito. Jesús es mi salud; Jesús es el germen de mi inmortalidad. Hay médicos y medicinas. Acudamos al médico, como dice la Biblia: “Honra al médico por los servicios que presta, | que también a él lo creó el Señor” (Eclo 38,1). Acudamos al médico, pero sepamos que Jesús de Nazaret es el médico de las almas y de los cuerpos.

6. Curación es la primera palabra de las que hemos dicho. La segunda es oración.
Texto importantísimo este pasaje de san Marcos para saber los hábitos de Jesús de Nazaret. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.
Jesús no necesitaba orar, porque estaba en todo momento en oración, en unión perfecta con su Padre. No es cierto; esto contradice el Evangelio. Jesús, que estaba en todo momento, en unión con el Padre, necesitaba orar. Jesús necesitaba el silencio, la soledad, el lugar adecuado para estar a gusto con su Padre Dios.
Estamos deletreando el Evangelio para que nosotros saquemos las consecuencias.
Hermanos, apliquémonos la lección: necesitamos tiempo, lugar y ambiente para estar con Dios.

7. La tercera palabra es Expulsión, expulsión de demonios, que la acabamos de ver en la curación de los enfermos aquella tarde. Y que reaparece en la cuarta palabra: Predicación. Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
Curar, predicar, expulsar demonios. Esto es el reino de Dios; esta es la ocupación de los seguidores de Jesús. Este es el mundo nuevo que Jesús quiere crear en medio de nosotros.
Es maravilloso pensar en estas cosas e ir sacando consecuencias, ir trazando los perfiles del proyecto de Jesús.
Es verdad que la historia ha sido lo que ha sido. Ahí está una historia que no podemos desechar. Pero esa historia es creación nuestra y ha de estar en trance de continua revisión para ver si corresponde o no, y en qué medida, al proyecto de Jesús.
Concluyamos, hermanos, mirando a Jesús con humildad y confianza:

Señor Jesús, divinamente humano en el Evangelio, enséñanos tu humanidad divina y contágianos de tu amor. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 2 febrero 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario