16
de septiembre
Santos
Cornelio, Papa, y Cipriano, Obispo, mártires
Cipriano
(Obispo de Cartago) a su hermano Cornelio (Obispo de Roma),
Mediados
del siglo III:
Hemos tenido
noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra
fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra
confesión, que nos consideramos partícipes y socios de vuestros méritos y
alabanzas. En efecto, si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una
sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas
tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué
hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?
No hay
manera de expresar cuán grande ha sido aquí la alegría y el regocijo, al
enterarnos de vuestra victoria y vuestra fortaleza: de cómo tú has ido a la
cabeza de tus hermanos en la confesión del nombre de Cristo, y de cómo esta
confesión tuya, como cabeza de tu Iglesia, se ha visto a su vez robustecida por
la confesión de los hermanos; de este modo, precediéndolos en el camino hacia
la gloria, has hecho que fueran muchos los que te siguieran, y ha sido un
estímulo para que el pueblo confesara su fe el hecho de que te mostraras tú, el
primero, dispuesto a confesarla en nombre de todos; y, así, no sabemos qué es
lo más digno de alabanza en vosotros, si tu fe generosa y firme o la
inseparable caridad de los hermanos. Ha quedado públicamente comprobada la
fortaleza del obispo que está al frente de su pueblo y ha quedado de manifiesto
la unión entre los hermanos que han seguido sus huellas. Por el hecho de tener
todos vosotros un solo espíritu y una sola voz, toda la Iglesia de Roma ha
tenido parte en vuestra confesión.
Ha brillado
en todo su fulgor, hermano muy amado, aquella fe vuestra, de la que habló el
Apóstol. Él preveía, ya en espíritu, esta vuestra fortaleza y valentía, tan
digna de alabanza, y pregonaba lo que más tarde había de suceder, atestiguando
vuestros merecimientos, ya que, alabando a vuestros antecesores, os incitaba a
vosotros a imitarlos. Con vuestra unanimidad y fortaleza, habéis dado a los
demás hermanos un magnífico ejemplo de estas virtudes.
Y, teniendo
en cuenta que la providencia del Señor nos advierte y pone en guardia y que los
saludables avisos de la misericordia divina nos previenen que se acerca ya el día
de nuestra lucha y combate, os exhortamos de corazón, en cuanto podemos,
hermano muy amado, por la mutua caridad que nos une, a que no dejemos de
insistir, junto con todo el pueblo, en los ayunos, vigilias y oraciones. Porque
éstas son nuestras armas celestiales, que nos harán mantener firmes y
perseverar con fortaleza; éstas son las defensas espirituales y los dardos
divinos que nos protegen.
Acordémonos
siempre unos de otros, con grande concordia y unidad de espíritu, encomendémonos
siempre mutuamente en la oración y prestémonos ayuda con mutua caridad cuando
llegue el momento de la tribulación y de la angustia.
Carta
pública del Cardenal Cañizares, publicada por la prensa,
Ante
el proyecto de la legislación sobre la eutanasia, o suicidio asistido, aceptado
por el Gobierno
Señor
Presidente del Gobierno, miembros del Gobierno, ministros, parlamentarios que
aprobaron semejante injusticia, por lo demás, monstruosa, ¿están ustedes locos,
han perdido la cabeza o su moral es no tenerla? Dense cuenta que ustedes como
Gobierno o como Parlamentarios están para defender, proteger, tutelar el bien
común, basado en derechos y deberes fundamentales de la sociedad a la que
representan, -el primero es el de la vida-, y resulta que se han convertido en
enemigos, que se oponen a la sociedad, dispuestos a derrotar esa sociedad a la
que representan y deben proteger, al propugnar semejante propuesta de Ley, que
difunde y agranda una cultura de muerte, además, en medio de la Pandemia del
Covid-19. ¿qué credibilidad pueden mantener ante dicha Pandemia? ¿Con qué
autoridad moral pueden dirigirse a ese pueblo y pedirnos lo que se nos pide?
¿No se ven como un signo de contradicción?
Todavía
están a tiempo de rectificar, como tantas veces se rectifica en la gestión de
Gobierno o en tareas y responsabilidades parlamentarias. No es inmiscuirme en
política, pero mi responsabilidad como Obispo y como ciudadano no me permite
callar. Y así debo denunciar ante la opinión pública este comportamiento, como
también a medios de comunicación que tanta importancia le han dado al
"asunto de los alcaldes", y tan poco relieve, sin embargo, le han
dado al de la eutanasia que constituye no una derrota histórica de un Gobierno,
sino una derrota de todo un Estado, y que es un problema infinitamente mayor y
grave, aunque ustedes no lo vean así, y les respeto. Con legislaciones como esa
no se edifica una verdadera fraternidad de auténticos hermanos de una nueva
civilización de amor que construye la paz y es capaz de hacer frente a la
pandemia.
Antonio Cañizares
Llovera
(Arzobispo
de Valencia, Cardenal)
Testigos de la vida hasta el
martirio,
defendiendo a inocentes criaturas;
la vida en nacimiento y en ocaso
son dones de Dios vivo que nos
cuida.
Que sea, Dios excelso, tu verdad,
la Ley y la Razón primera y última,
que solo vida engendra vida y paz,
y en muerte no hay felicidad
ninguna.
Creado fui en amor, que en Dios bullía,
y en Él caricia soy de su ternura,
que nadie entre en combate contra el
cielo
ni nadie rompa de otro la hermosura.
Pastores de la Iglesia y fieles
todos,
cual hermanos sed firmes en la lucha,
amor es el presente y el futuro,
y humanidad feliz de mutua ayuda.
¡Jesús crucificado y vencedor,
Jesús hijo de Dios, senda segura,
acoge nuestro ruego, sé tú mismo,
la luz que pacifica toda duda! Amén.
Madrid, 16
septiembre 2020
Excelente Carta del Arzobispo de Valencia, Cardenal Antonio Cañizares Llovera. Gracias Padre Rufino por darla a conocer. "La vida en nacimiento y en ocaso, son dones de Dios vivo que nos cuida".
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