San Ignacio de Santhià
(1686-1770)
Obediencia y humildad
La
carta del Ministro General de los Capuchinos, Fr. Roberto Genuin, fechada en el
día de hoy 22 de septiembre de 2020, con motivo del 250 aniversario de la
muerte de S. Ignacio de Santhià (de dominio público en ofmcap.org), nos ha
estimulado a ofrecer este himno, anteponiendo frases de la citada carta.
Arrodillándose
[nuestro hermano que entonces era sacerdote diocesano de 30 años, D. Lorenzo
Mauricio Belvisotti], respondió al Ministro provincial: "Hasta ahora he
hecho mi voluntad, pero para servir verdaderamente al Señor debo hacer su
voluntad y para ello es necesario que entre en la obediencia".
A
partir de entonces, la obediencia será su emblema, iniciando del 24 de mayo de
1716 cuando, en el convento de Chiari, comienza su año de noviciado y recibe su
nuevo nombre: Ignacio de Santhià. Un nombre que hace referencia al fuego - del
latín ignis - y que sólo puede ser, como canta un Francesco, "bello
y alegre y robusto y fuerte", y al mismo tiempo capaz de iluminar la
noche. La obediencia y la humildad se convertirá en el humus de la que se
irradiarán con vigor el fuego y la luz del ahora hermano capuchino Ignacio, que
lo harán resplandecer a través del gran amor por el Señor y la total adhesión a
su voluntad.
"…
la obediencia es la conquista paulatina de la verdadera libertad" (Const.
158,1); y añadiendo que la obediencia es la forma más fecunda de expresar
"la perfección de vivir sin nada propio y, al mismo tiempo, es el
fundamento de la comunión con Dios, con la Iglesia, con los hermanos, con los
hombres y con todas las criaturas" (Const. 148,4).
Hay
otro desafío más que nos lanza la vida de San Ignacio de Santhià que me
gustaría enfatizar: es el sentido de la finitud, el hombre finito o definido
por un tiempo cumplido, que debe reconocerse como un don del poderoso amor del
Señor.
Aprendamos
algo más de San Ignacio: ¿por qué se ha distinguido como un hermano que hace de
todo, es decir, disponible a cualquier servicio que le pidiera su Ministro o su
guardián? Porque es consciente de haber recibido de Dios grandes y valiosos
dones, como buen administrador se puso generosamente al servicio del hermano,
del hombre, del mundo y de toda la creación. Realiza así un acto de restitución
"al Señor Dios Altísimo y Supremo de todos los bienes, reconociendo que
todos los bienes son suyos y que todos dando gracias, ya que proceden de
Él" (San Francisco de Asís, Regla no Bulada, XVI).
Obediencia y
humildad
fueron el fuego
profundo,
que hicieron de
nuestro hermano
Ignacio fuerte y
robusto
Obedecer es entrar
dentro de Dios
Trino y uno,
y entregar la
voluntad
al Hijo venido
mundo,
Misterio de
comunión
en la fe y en
trance oscuro,
con amor
abandonado
en el Amor más
seguro.
Obediente fue
Jesús,
muriendo en la
cruz desnudo,
abrazando a todo
hermano,
sin excluir a
ninguno.
Misterio de
Eucaristía,
retorno de nuevos
frutos:
mi Padre me ha
dado todo,
con creces lo
restituyo.
¡Gloria a ti,
Jesús amado,
con los votos que
pronuncio;
tu gracia sea mi
gloria,
tu gloria mi gozo
sumo! Amén.
Madrid,
22 sept. 2020, en el 250 aniversario del tránsito de nuestro hermano Ignacio de
Santhià.
Nota. El himno
“Ansioso de vivir en obediencia”, con su introducción, puede verse en:
mercaba.org / El pan de unos versos (fr. Rufino María Grández) / Himnario
franciscano, n. 52.
JESUCRISTO VINO PARA LOS SUYOS, QUE YA ERAN EL PUEBLO ELEGIDO POR DIOS, O VINO POR NOSOTROS LOS PECADORES QUE TODAVIA NO ERAMOS HIJOS DE DIOS.
ResponderEliminarEdificante total la entrega de san Ignacio de Santhiá y preciosos los versos de fray Rufino a quien leo y admiro.
ResponderEliminarQue Dios les bendiga junto a sus hermanos capuchinos,