viernes, 18 de septiembre de 2020

1430. Domingo XXV, A – Quién es el Dios que anuncia Jesús


Quién es el Dios que anuncia Jesús
Mt 20,1-16


Texto evangélico
Mt20 1 Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7 Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12 “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
13 Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Hermanos:
1. Una vez más acudimos a las parábolas de Jesús. En el Evangelio Jesús habla como Maestro o Rabí, Jesús habla como Profeta del Reino de Dios, Jesús habla como Hijo de Dios, revelador de Dios, su Padre.
Jesús habla inventando parábolas, que llaman la atención… Los rabinos no hablaban de esa manera. Y en estas parábolas, que de pronto parecen amenas e instructivas historietas, de repente te encuentras con una frase que te deja el corazón helado, pensativo, o, quizás, deshecho. Es lo que ocurre con la última frase de hoy, si somos buenos entendedores.
Dice Jesús: Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.
¿Quiénes son los primeros? Los judíos, sus hermanos de raza, su pueblo, al que él ama de todo corazón. ¿Quién son los últimos? Los venidos de fuera, los paganos o gentiles, en definitiva, nosotros…, que no hemos nacido de la raza física de Abraham.
¿Cómo es posible que Jesús pudiera hablar así de su pueblo? Así habló con el corazón desgarrado, ante los hechos consumados. Dice san Juan al principio de su Evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.

2. Tenemos que acudir a los profetas, que algo de esto habían dicho. Hoy hemos leído un pasaje del libro de Isaías:
“Tú llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
porque el Señor tu Dios, el Santo de Israel te glorifica” (Is 55,5).
Y continúa el texto sagrado:
“Buscad al Señor mientras se deja encontrar,
invocadlo mientras está cerca” (v.6).
Buscad al Señor, es la exhortación apremiante que hoy llega a nuestro corazón, y que queremos atender con toda humildad y ardiente deseo.

3. Pero vamos a investigar más y más el fondo de esta parábola, porque, si es verdad que, según la conclusión, aquí se nos habla de judíos y no judíos en cuanto a la salvación, a la entrada en el Reino que Jesús anuncia, el personaje central de la parábola no es ni el judío ni el gentil, sino que es Dios mismo. Jesús lo describe con una comparación: el dueño de la viña, el dueño que se interesa por la recolección de los frutos, el dueño que a la hora de la tarde (pensemos en la tarde de nuestra vida) va a dar el justo salario.
¿Quién es el dueño de la parábola, y quién es, detrás de él, el Dios del cielo, a quien representa?
El dueño de la parábola es un rico propietario, poseedor de una viña, que, por lo visto le está ofreciendo rica cosecha, y que es urgente vendimiar… Y sale a la plaza a contratar trabajadores en cinco momentos distintos del día; se le claramente que le urge y los necesita. Seguramente que Jesús narrador está poniendo una exageración en el relato, porque si en la vida ocurre algo parecido, pero no es del todo igual. Sin embargo, en la vida de Dios, sí que va a pasar lo que Jesús cuenta: que unos son llamados al amanecer, otros al mediodía, y otros, incluso, al atardecer, cuando la vida se acaba. Este padre del cielo comienza a ser sorprendente.
La pregunta que nos vamos a hacer es esta: ¿Quién es Dios? ¿Cómo obra de Dios? Y ya estamos comenzando a ver que Dios es sorprendente. A lo mejor Dios será también sorprendente para mí…, sorprendente a la vuelta de la esquina, a la vuelta del día.
Veamos más detalles de la parábola, antes de llegar a las conclusiones finales.

4. Llega la hora final de la cuenta, y el amo de la viña ordena al capataz que a todos y cada uno les dé un sueldo completo, el sueldo del día, como aquel que piensa: cada uno de estos hombres tiene su familia, cada uno depende del suelo del día. Les voy a favorecer: que todos tengan su sueldo, un sueldo por familia. Este amo es muy especial. ¿Con quién ha hecho injusticia? Absolutamente con ninguno. Y ¿con quienes ha sido generoso y misericordioso…? Con los últimos. No merecían, pero les ha regalado.
Dios no es injusto, Dios es misericordioso.

5. Hermanos, esta parábola, nos está invitando a una llamada personal, y a que  so preguntemos: ¿Quién es Dios para mí? No el Dios de los libros, el Dios de las predicaciones, el Dios del que se habla, sino de modo concreto y personal: ¿Quién es el Dios de mi vida?
Cuando uno escucha historias de conversión – y actualmente hay muchas en los sitios religiosos de Internet – se queda sorprendido de las cosas que dicen personas que se han encontrado con Dios. Antes Dios no existía en mi vida, y era feliz: feliz en mi matrimonio y feliz en mis negocios. Hacía lo que me daba la gana, todo iba bien… Pero ahora, que he encontrado a Dios, he comprendido que aquella aparente felicidad era una mentira, comenzando por mí mismo. Ahora todo es distinto, y la felicidad, en medio de todas las dificultades y contradicciones, ha tocado fondo. Ahora he llegado a comprender que Dios está presente en todo, que Dios no me ha hecho ningún mal, que todo lo que me ha hecho es bien. Y que no tengo más remedio sino darle gracias, amarle y servirle con todo mi corazón.
¿Quién es Dios para mí? Dios es el sentido y la paz de mi existencia. Dios es el que guía mi vida, no yo.
Y puedo añadir algo más: Mi Dios es Jesús. Jesús y el Evangelio son el camino de mi vida.

Señor Jesús, tú has salido a mi encuentro, y tú eres el Dios de mi vida. Tú eres el ciento por uno de todo lo que he dejado. Haz que nunca te abandone. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, viernes 18 septiembre 2020.


Plegaria al eco del Evangelio
(Mt 20,15).

“Bienaventurado aquel siervo que no se exalta más del bien que el Señor dice y obra por medio de él, que del que dice y obra por medio de otro” (S. Francisco, Adm. XVII).
Dice el Apóstol: Nadie puede decir: Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo (1 Cor 12,3); y: No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno (Rom 3,12). Por consiguiente, todo el que envidia a su hermano por el bien que el Señor dice y hace en él, incurre en el pecado de blasfemia, porque envidia al mismo Altísimo, que dice y hace todo bien” (Adm. VIII).

¿O será tu ojo malo
porque ves que yo soy bueno?

No, mi Señor, y mi Dios,
tal inmundicia no quiero;
sé lo que eres, Señor,
sé lo que tú puedes serlo.

Sé bueno hasta lo infinito,
que gozaré yo al saberlo,
aunque el mundo venga abajo
y nazca otro mundo nuevo.

Haz lo que quieras, Jesús,
derramando tus deseos,
y cambia mi corazón
para poder comprenderlo.

El demonio de la envidia
mátamelo muy adentro,
que goce con lo que es tuyo
sin querer yo poseerlo.

Y entonces comprenderé
que hasta mí llegó tu Reino,
que en la santa Trinidad
se comparte el gozo eterno.

Que, al ver tu triunfo, Jesús,
yo jamás me sienta a menos,
porque pusiste tus ojos
al lado, en mi compañero.

Sé bueno, Dios de bondad,
y hazme bueno y muy sincero,
de tu belleza y verdad
hazme todo verdadero.

Madrid, 20 sept. 2020, Dom. XXV, ciclo A.

1 comentario:

  1. Jesús, Verbo Encarnado, junto con el Padre y el Espíritu Santo, es: "MI SEÑOR, MI DIOS, MI SALVADOR", ¡Alabado sea por siempre...!
    Gracias Padre Rufino: Bellísima reflexión.

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