Corazón del Padre Dios
El eje de toda la vida, lo más importe, sublime y divino, no es que yo ame a Dios, sino que Dios me ame a mí, y que lo crea, lo sienta, lo viva con todas mis fuerzas, y así lo proclame ante el mundo. La Parábola del hijo pródigo no es la parábola del hijo pródigo, sino la Parábola del Padre bueno; el héroe y el centro de la parábola no es el hijo, sino la aventura divina del Padre, que perdona, sin pedir nada a cambio, y, al contrario, celebra una fiesta. Por eso se le juntaban a Jesús “todos” los publicanos y pecadores, y Jesús comía cn los pecadores.
San Pablo escribió: “Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero” (1Tim 1,15). Él que también había escrito: “en cuanto a la justicia de la ley, irreprochable” (Flp 3,6).
El punto álgido de la parábola es la segunda parte: el hijo “bueno” no quiere tomar parte ene este banquete de su Padre. Si yo estuviera representado en el hijo “bueno”, esa sería mi suprema desgracia: no haber comprendido que “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo” (Lc 15,31).
Corazón del Padre Dios,
que perdona y todo olvida,
y de lo hondo del perdón
construye una nueva vida.
Un bello traje nupcial
para el festín de acogida,
y un anillo como un príncipe
y sandalias las más finas.
Hoy es fiesta de gozar,
de danzar con alegría,
porque es la fiesta del cielo
y Dios a todos convida.
El hijo muerto revive,
torna la oveja perdida,
y en nuestras manos reluce
la dracma, casa barrida.
Con la alegría de Dios
brindemos copas surtidas,
los ángeles acompañan
la kermés que se organiza.
Fiesta de Dios en la tierra
y vibran todas mis fibras,
fiesta de la Trinidad
que la ocasión lo amerita.
Queden afuera recuerdos
de pecados y caídas,
lo que aquí hoy festejamos
es la divina leticia.
El gozo, paz y confianza
gratis nos vienen de arriba,
son de la mesa de Dios
los manteles y vajilla.
Que no son merecimientos
de conducta sin mancilla,
son regalo, así cantadlo
poetas de maravillas.
Quien por amor nos creó
por amor nos necesita,
yo soy un bien para él
y mi bien es su delicia.
Y cuando Dios me perdona,
perdonar es su delicia,
y en los cielos se hace fiesta
con la corte reunida.
No quiero ser el huraño
que no ve ni participa,
y que no entiende por qué
Jesús a tales se arrima.
Jesús, mi Dios con nosotros,
todo Dios en mi barquilla,
tú fuiste y eres regalo
en mi fe pura y tranquila.
Y me gozo en lo que gozas
y en todo lo que predicas,
tu Dios ha de ser el mío,
sin otra teología.
15. Poder amarte es amor,
si tú vienes y me inspiras,
y llenas todo mi ser
con tu presencia infinita.
Me dejo llevar contigo,
que ya se acerca la cima,
todo fue gracia al principio
y al final más todavía.
Sea tu misericordia
mi gozo y eterna dicha,
para la fiesta del Padre,
a la que el Hijo nos cita. Amén. Aleluya.
Cuautitlán Izcalli, lunes de la sem. XXIV al eco del evg del Domingo, 11 sept 2022.
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