Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo
Jn 6,51-58
Texto:
51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52 Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53 Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57 Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58 Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».1
Hermanos:
1. Hoy la Iglesia, nuestra Madre, celebra un domingo que podríamos llamar “domingo extra”, un domingo no necesario, un domingo para decirnos: Detengámonos, contemplemos, gocemos, disfrutemos. Tenemos el don divino de la Eucaristía. Con ella Dios nos dio todo, y más no podía darnos; así literalmente. Si pudiéramos, paseemos la Eucaristía por las calles, para proclamar: la Eucaristía es nuestra vida, la Eucaristía es el cielo en la tierra hasta la vuelta del Señor.
Hace siglos, cuando la sociedad europea se configuraba como sociedad cristiana, surgió esta fiesta de homenaje al Santísimo Sacramento. Es obvio que el panorama ha cambiado, y que siendo como somos todos hijos de un mismo Dios del cielo, hemos de respetarnos unos a otros; a nadie podemos imponer nuestra fe; y acaso la procesión eucarística de antaño haya de reducirse a un homenaje sencillo, fervoroso, en nuestros templos.
Sean cuales sean las circunstancias de nuestro propio entorno, nada quita a la grandeza infinita, a la belleza beatífica que nos trae la Eucaristía.
Vayamos, pues, directamente a las palabras de Jesús.
2. Hermanos muy amados, escuchando a Jesús, que se nos presenta como Vida, vida para ahora y para la eternidad, tengamos muy presente estas verdades en torno a la Eucaristía:
- La Eucaristía es la Pascua del Señor, y contiene el misterio completo del Señor, es decir, su santa Encarnación, vida, muerte y resurrección. Todo Jesús, todo su misterio. La Eucaristía no es (por decir con palabra irreverente) la presencia congelada de Jesús, sino todo el dinamismo de su vida. La Eucaristía lleva dentro toda la historia de salvación que nos refiere la Biblia.
- La Eucaristía, como la Pascua, es revelación. No hay ser humano que pudo inventarla. Los humanos podemos inventar actos de devoción para agradar a Dios; y así, desde hace milenios y milenios, se inventaron los sacrificios de lo más bello que existe en la creación – frutos, animales, incluso hasta sacrificios humanos – para obsequiara a Dios. Eran actos de devoción para obsequiar a Dios, Creador, todopoderoso. La Eucaristía no es un acto de devoción que el hombre, los primeros cristianos, hayan inventado. La Eucaristía la inventó Jesús en la Última Cena, la reveló Jesús, la entregó Jesús. Solo él es el autor; solo él es el dueño.
- En suma, la Eucaristía es la misma persona de Jesús Resucitado, que nosotros con el amor que infunde el Espíritu Santo la vivimos celebrándola, usando para ello las palabras y signos que pone en nuestras manos la Iglesia.
Bien podemos apreciar que cada una de las palabras que nos dice Jesús no tiene fondo
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
Moisés recordaba al pueblo elegido:
“te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, […] que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres” (Dt 8).
Todo aquello era sublime y divino, pero todo aquello quedó superado por Jesús.
3. Hemos escuchado las palabras de san Pablo a la comunidad de Corinto: “El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?” (1Cor 10,16)
Por medio de la Eucaristía la vida de Jesús pasa a ser vida nuestra. Al recibir a Jesús yo me hago uno con él, y el destino de Jesús es seguro mi destino: la paz y la felicidad eterna.
Jesús nos dice que, al darnos su cuerpo y su sangre, nos da su propia resurrección. En la Eucaristía que recibimos está nuestra propia resurrección, por eso, cuando llegue la hora de la muerte – que llegará – no debemos temer a lo que viene después.
4. La Eucaristía se proyecta como un misterio total sobre todos los perfiles de nuestra vida. Y ya desde le primer momento de la vida cristiana nuestros hermanos percibieron cómo el comer todos del mismo pan, el berber del mismo cáliz nos invita a ser familia. Volvamos otra vez a san Pablo: El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.
Ser cristiano es ser solidario, compartiendo penas y alegrías.
Fiesta hermosa de Corpus Christi. ¿Colecta para los pobres como fruto de Eucaristía? Sin duda. Colecta generosa, y todavía, mejor, un servicio personal a quien podamos ayudar a nuestro lado. Y no de Corpus Christi, sino de Domingo y todos los días. Quien se ha encontrado con Jesús, se encuentra con sus hermanos, y al punto piensa: Cómo puede ser vida útil y servicial para los demás.
Pero la clave está en lo primero: encontrarse con Jesús, encontrarse con Dios, experimentar cuán suave es el Señor.
Señor Jesús, gracias infinitas por el infinito don de la Eucaristía. Haz que la Eucaristía transforme completamente mi vida entera en el amor a ti y en el amor a mis hermanos. Amén.
Pamplona, viernes, 9 junio 2023.
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