jueves, 11 de julio de 2013

425. San Benito. En la fiesta onomástica de Benedicto XVI



Felicitación a Benedicto XVI

La fiesta de San Benito (Benedictus) me trae muy vivo el recuerdo de Benedicto XVI, a quien profeso una devoción llena de ternura. Sirva esta sencilla nota como recuerdo, como una misiva invisible de amor y de oración. El Señor le conceda la paz, que, como bien saben los estudiosos de Sagrada Escritura, es el conjunto de todos los bienes. En el Nuevo Testamento la paz, tan deseada en las cartas paulinas, es Jesús, los bienes que nos ha traído su santa resurrección, que hoy revierten sobre nosotros.
Querido Padre Benedicto XVI, la paz de Jesús descienda sobre Su Santidad.
* * *
La situación en que ha quedado el Papa Benedicto después de entregar a la Iglesia su Pontificado (que esto es lo que con otras palabras no afortunadas, aunque usuales, se llama renuncia) desde el principio me ha hecho pensar mucho. Mi humilde opinión – y diré mi intuitiva opinión – es que hoy la teología no ha fraguado lo que es un Papa Emérito (y de nuevo me he de atener al lenguaje en uso), ni tampoco lo que es esta figura, extendida tras el Vaticano II, de Obispo Emérito, no obstante los cánones correspondientes y el documento que en su día se publicó, Directorio de los Obispos (2ª ed. 1991) donde se trata sobre la condición de los Obispos que se hallan en tales condiciones.
Cuando alguien es ordenado Obispo, se le entrega un anillo, símbolo nupcial, y se le dice: Recibe este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la Iglesia, Esposa santa de Dios”.
Esta fórmula supone la clásica teología de que el Obispo es Esposo de la Iglesia, y la Iglesia es su diócesis, a la que debe permanecer fiel hasta la muerte.
No obstante, llevamos muchos siglos, en que se ha introducido una praxis contraria: la promoción de los obispos de menos a más. Y entonces la eficacia administrativa se superpone a la pura y simple teología de la vinculación del Obispo con su esposa.
En su día escribí para la revista sacerdotal Surge (Vitoria-Gasteiz, 2012) un trabajo con este título: El Obispo, esposo de su Iglesia. Consideraciones al eco del tratado del Beato Juan de Palafox y Mendoza sobre el traslado de Obispos y pistas en una eclesiología de hoy.
¿Qué decía, pues, el beato Juan de Palafox (1600-1659)? En su tratado comenzaba con estos capítulos:
        I.            Del matrimonio espiritual de los Señores Obispos con sus Iglesias.
     II.            De la indisolubilidad de este espiritual matrimonio.
   III.            Fúndase con autoridades gravísimas la regla de que sin causa muy relevante no se puede dejar la primera esposa por la segunda.
  IV.            Confírmase esta misma regla con otras gravísimas autoridades.
    V.            Razones muy eficaces, que confirman las reglas de que sin gravísima causa no se transfieran los Señores Obispos de unas Iglesias a otras.
  VI.            Añádense otras razones muy fuertes en favor de la regla, de que no se hagan estas translaciones sin gravísimas causas. Etcétera
De manera que, según esta óptica místico-teológica, el traslado de los obispos en esa especie de escalafón administrativo que existe y que es del todo habitual debería ser excepcional, “excepción de la regla”, debido solo a gravísimas causas siempre en función del mayor bien de la Iglesia.
Cuando un obispo se “jubila” (palabra civil y jurídica que no es palabra teológica y que fuera mejor que no existiera en la a, puesto que nuestra consagración ministerial es de por vida, de acuerdo, en cuanto al ejercicio, a nuestras fuerzas físicas, pero no a la oblación del corazón), los “derechos” que tiene son los que le marca la documentación. Estamos, de nuevo, en el plano jurídico (que, por supuesto, está sustentado por una teología), pero no vamos derechos a la raíz misma del asunto. Yo era el esposo de esta Iglesia; por ella prometí entregar mi vida. Y ahora ¿qué? Porque el Espíritu santo crea unos vínculos que Él no los deshace.
No se resuelve el asunto diciendo: el obispo que fue rece por aquella Iglesia, ofrezca sus sacrificios. Estas fórmulas, que son verdaderas – y que pueden ser más o menos convencionales – no resuelven todavía el “quid” de la cuestión. Cuál es la solución la ignoro, pero soy renuente a aceptar que todo está previsto y todo está resuelto.
¿Se dirá acaso que el Obispo de Roma es un obispo más en cuanto obispo? Aun en este caso el Obispo de Roma, por la primacía reconocida desde los tiempos postapóstólicos (S. Ignacio de Antioquía) era el signo de la unidad en la caridad de todas las Iglesias del orbe. Al entregar su ministerio a la Iglesia, por fidelidad, por amor, por un “plus” de servicio que Dios le pide, ¿qué queda de todo ello? Jurídicamente, nada. ¿Es esta la respuesta correcta? Pero es que la primacía en la caridad no era un asunto jurídico, sino una gracia espiritual que se le confería…
¿Qué queda de todo ello, mientras el Papa viva, en la Iglesia que camina hacia el encuentro con el Señor?
Porque ya sabemos que detrás de la muerte comienza el “mundo que viene”, que ya ha comenzado. Y, como dijo Jesús, entonces los hijos de la resurrección no se casarán ni ellos ni ellas. Será algo que no podemos rastrear. En cl cielo ciertamente no hay “santos”, no hay papas, no hay vírgenes, no hay sacerdotes. Dios será todo en todos por su Hijo Jesucristo.
Pero en la tierra, en esta Iglesia, que es nuestra Madre y nos acoge, en esta Iglesia llena de perfiles, sí hay carismas, hay gracias y este tiene una y este tiene otras, y puede ocurrir que las gracias menos aparentes pueden ser las más necesarias, las más eficaces.
En este plano de la obra del Espíritu me pongo para felicitar al Papa Benedicto XVI, y no sé las palabras correctas porque no he visto la teología que es necesaria para poder decirlas:
Santidad, a usted se le confió el cayado del Buen Pastor, y ha sido un siervo fiel del único Señor. Ese cayado téngalo en la mano hasta el final, pues, aunque no pueda firmar ningún documento, aunque haya de callar cuando otros hablan, Jesús le confió un cayado. Y recuerde, querido Padre, lo que san Ignacio de Antioquía dijo de Jesucristo: Ahora que está oculto es cuando más se manifiesta.
Reciba un saludo y un beso en sus santas manos y deme su bendición.
Guadalajara, Jalisco, 11 julio 2013
Fr. Rufino María Grández, hermano menor capuchino

miércoles, 10 de julio de 2013

424. Domingo XV C El Buen Samaritano – Quién es mi prójimo



Homilía para el domingo XV del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 10, 25-37

Texto evangélico:
En esto se levantó un maestrod e la ley y el preguntó para poenrlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Él le dijo: “¿Qué está esctito en al ley? ¿Qué lees en ella?” Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójomo como a ti mismo”. El le dijo: “Has erspondido correctamente. Haz esto y tendrá la vida”.
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: “¿Y quiéne s mi prójimo?Respondió js Jesúsciendo:
Un hombre bajada de Jerusalén a Jericó, cayó me manos de unos bandidos, que lod esnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba pro aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo, dio un rodeo, y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, el vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándole en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero, y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.
¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?” Él dijo: “El que practivó al misericordia con él”. Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

Hermanos:
1. El que escucha a Jesús en el Evangelio siente que está escuchando lo más profndo de sí mismo, lo que acaso uno no pudiera escuchar si otro no se lo estuviera diciendo. He aquí la Parábola del Buen Samaritano. Ante la pregunta de un doctor de la Ley Jesús inventa, de repente, una historia ficticia, que  nos involucra y nos estremece.
La pregunta teórica es ésta: ¿Quién es mi prójimo?
La respuesta vital es simple: Tu prójimo es el necesitado.
La conclusión imperiosa y urgente: Vete, y haz tú lo mismo.

2. Al escuchar hoy esta parábola dramática se me cortan todas las reflexiones, recordando un suceso acaecido esta misma semana. El lunes, 8 de julio, el Papa Francisco visitó la pequeña isla de Lampedusa, de 20 kilómetros cuadrados, que está a 200 km. del sur de Sicilia y a poco más de 100 del norte de Túnez. Es una isla trampolín de los emigrantes que de África quieren entrar en Europa o en regiones de Asia. Muchos emigrantes han dejado tristemente su vida en el mar, al intentar esa aventura de la  subsistencia de su familia.

3. El Papa comenzó su homilía con estas palabras:
Los inmigrantes que murieron en el mar, los barcos que en vez de ser una forma de esperanza han sido un camino de muerte. Así fue el titular de los periódicos. Cuando hace unas semanas leí esta noticia, que, por desgracia, muchas veces se repite, el pensamiento siempre se devuelven como una espina en el corazón que trae sufrimiento. Y entonces sentí que tenía que venir hoy aquí a orar, a hacer un gesto de cercanía y también para despertar nuestras conciencias para que lo que pasó no vuelva a suceder, no va a suceder de nuevo, por favor”.
El báculo que llevaba el Papa, el cáliz, el altar, el ambón se hicieron con la madera de los barcos y cayucos que han llevado a los inmigrantes en la isla y a veces han naufragado; y las vestiduras eran de morado, como en Cuaresma, porque se trataba de pedir perdón.
¿Dónde está tu hermano?, repetía el Papa como Dios dijo a Caín, cuando mató a su hermanos Abel.
“Hoy en día nadie se siente responsable de esto – decía – y hemos perdido el sentido de responsabilidad fraterna, caímos en una actitud hipócrita del criado del sacerdote y el altar, de la que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano, el hermano parece medio muerto al borde del camino tal vez pensamos "pobre", y continuamos en nuestro camino, no es nuestro trabajo, y con ello nos sentimos muy bien”.

4. El Papa hablaba de la indiferencia, y de la “globalización de la indiferencia” y de la anestesia del corazón.
“La cultura que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los demás, …, la indiferencia hacia los demás, e incluso lleva a la globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los demás, no nos concierne, no nos importa, ¡no es nuestro negocio!”
Volviendo a los acontecimientos de la muerte en el barco:
 "¿Quién de nosotros ha estado llorando por esa razón y por sucesos de este tipo? ¿Por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién lloró por estas personas que estaban en el barco? ¿Por las madres jóvenes que trajeron a sus hijos? ¿Por estos hombres que querían algo para mantener a sus familias?
Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del grito de "sufrir con": ¡la globalización de la indiferencia!”

5. Vengamos, pues, a lo que Jesús, el Señor, nos está diciendo en la parábola.
Pasó un sacerdote, y, al verlo algo, para no complicarse la vida dio un rodeo.
Pasó un levita, otro que estaba también al cuidado del templo, y dio un rodeo.
Y pasó un samaritano – los samaritanos nos e hablan con los judíos – y veamos lo que hizo.
Este buen hombre vio que allí había algo. Desvió su cabalgadura, seguramente que un asno, se bajó, se acercó y contempló el panorama: un asaltado, allí tirado, sufriendo y malherido. Pensó que lo primero que había que hacer era curarlo. Sacó de su alforja algo que tenía a mano, vino y aceite; lo curó como pudo, le puso un trapo como una venda, y lo cargó en el pollino, para llevarlo a la venta, a la posada, al “khan”, que llaman los árabes, donde pueden ir hombres y animales y hallar un refugio. Pagó de su bolsillo, gratis, un par de denarios – que viene a ser dos sueldos diarios – y le dijo al posadero: Cuídalo, y lo que gastes de más te lo pago a mi vuelta.
Todo ello gratis y de buen corazón, sin importarle quién era el herido, que es de suponer fuera un judío, un enemigo.

6. Con esta escena dura, que se ha inventado Jesús, vengan ahora los teólogos: ¿Quién es mi prójimo? Tendrá que ser de mi raza, de mi religión, de mis costumbres…
¿Quién es mi prójimo? El que necesita de ti, el que Dios pone en mi camino.
Hermanos, con esto Jesús nos está preparando para el juicio universal. Esto es cumplir los mandamientos, según nos lo dirá en otra parábola.

Gracias, Señor Jesús, por darnos el Evangelio, claro y puro. Tú nos has mostrado el camino; danos valor para cumplir el mandamiento del amor, que es tu mandamiento. Amén.

Guadalajara, Jalisco, miércoles 10 julio 2013.

Sobre este Evangelio puede vebrse el poema para orar: Jesús, Buen Samaritano.

viernes, 5 de julio de 2013

423. Domingo XIV. C Enviados con la antorcha de la Fe



Homilía para el domingo XIV del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 10,1-12. 17-20


Texto evangélico:
En aquel tiempo designó el Señor a otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
- “La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en casa, decid primero: "Paz a este casa" Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que hay, y decidles: "El Reino de Dios ha llegado a vosotros". Pero si entréis en una ciudad y no es reciben, saliendo a sus plazas, decid: "Hasta el polvo de vuestras ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el Reino de Dios ha llegado". Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad”.
Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo:
- “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.
Él les contestó:
- “Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

Hermanos:

1. He aquí un singular pasaje de la vida de Jesús que nos ha transmitido, en exclusiva, san Lucas. Los tres primeros Evangelios atestiguan el envío que hizo Jesús, en los días de su ministerio público, de los Doce: una campaña audaz que inauguraba la Misión en la tierra, que luego se había de completar tras la resurrección con el envío definitivo de los apóstoles – Once, porque Judas, el traidor, había fracasado – al mundo entero. Es la misión en la que hoy estamos: la comunidad de Cristo destinada a toda la familia humana.
Pero el Evangelio de hoy nos habla de esa misión ampliada de Jesús por tierra de Israel poniendo en pie a 72 discípulos generosos. Los envió de dos en dos y los envió a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Es una misión paralela a la primera misión de los Doce con consignas semejantes. Es una misión que brota de un gran entusiasmo. Resueltamente Jesús está inaugurando el Reino de Dios en esta tierra. Tal es el significado que se desprende del texto.

2. Los doce apóstoles conforman un número sacro que representa a las doce tribus de Israel, primicias del nuevo pueblo mesiánico. La movida de los 72 (permítasenos esta palabra del lenguaje juvenil) tiene un significado profético. Setenta eran los pueblos de la tierra, según los arcaicos relatos del Génesis; parece como si Jesús estuviese diciendo que él quiere, ya desde ahora, que sus discípulos lleven el mensaje a todos los pueblos de la tierra.
La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Jesús ve el mundo como un inmenso campo ya granado para la cosecha. El mundo es la cosecha de Dios.
Jesús envía no a sembrar, sino a cosechar la cosecha de Dios.

3. Esta visión de la vida es grandiosa y ensancha nuestro corazón con un gran aliento de entusiasmo. Ya en tiempo de Jesús los obreros eran poco. Los obreros son pocos porque, gracias a Dios, la mies es mucha. Cuando el Papa Pablo VI escribió una encíclica sobre el celibato sacerdotal (1967), analizaba la escasez de sacerdotes, y escribía: “La mies del reino de los cielos es mucha y los obreros, hoy lo mismo que al principio, son pocos; ni han llegado jamás a un número tal que el juicio humano lo haya podido considerar suficiente” (47).

4. Jesús concibe la misión no como una estrategia humana de ganar prosélitos para la causa, sino como una obra que Dios mismo dirige desde el cielo. La clave de la misión es el anuncio decidido y directo, como mensajeros de Dios, y esto en pobreza total, pues Dios mismo, como Padre que es, se hace responsable de la manutención de los mensajeros, de su ropa, de su hospedaje. Dios irá haciendo su obra, él, soberanamente él. Y, como obra de Dios, la misión estará llena de los prodigios de Dios.
Al regreso los misioneros dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Jesús les respondió: Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. … Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

5. He aquí, pues, la imagen de la Iglesia que quiere esparcir el Evangelio de Jesús por todo el  mundo.
Esa ha sido la consigna en América, en la reunión de los obispos de Latinoamérica y Caribe en Aparecida (Brasil, 2007): Discípulo y Misionero. Todo bautizado queda consagrado como discípulo de Jesús, y todo discípulo es misionero. Así de sencillo, claro y contundente.
Esta es la Nueva Evangelización en la que se ha embarcado la Iglesia. Y en la que quiere que todos los cristianos estemos comprometidos.
Estos son los tiempos espirituales que estamos viviendo: Año de la Fe, Nueva Evangelización.

6. Estamos pronunciando estas cosas justamente en el momento en que la Iglesia acaba de recibir un gran regalo, la encíclica del Año de la Fe, Lumen fidei fechada el día de San Pedro y san Pablo (29 de junio), pero presentada y publicada el viernes pasado, 5 de julio (hoy). Quiero decir alguna palabra de este bellísimo documento que tanto nos puede alegrar y fortalecer con el gozo de nuestra fe.
En la introducción dice el Papa Francisco que esta encíclica la pensó y la preparó Benedicto XVI. Dice así: “Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones” (n. 7).
¡Qué palabras más hermosas y cuánto honran a los dos Papas! Dos hombres muy distintos en su temperamento, en su formación, en su estilo; y, sin embargo, de cara a la fe, que es lo que nos une a los cristianos, exactamente igual. Están los dos en la misma tónica, en la misma fraternidad de Cristo.

7. La encíclica tiene cuatro capítulos, cada uno de ellos aludiendo a una frase bíblica:
Primero: Hemos creído en el amor. Y aquí se explica cómo fue la fe de Abraham, la fe de Israel, la fe de los cristianos.
Segundo: Si no creéis, comprenderéis. La fe, el amor, la razón van absolutamente en órbita, según el designio de Dios.
Tercero: Transmito lo que he recibido. La fe sin comunidad no existe.
Y cuarto: Dios prepara una ciudad para ellos. La fe, la familia, la sociedad.

8. Voy a dar solo una cita de la encíclica, que cordialmente invito a leerla y meditarla.
Citando al filósofo Nietzsche, dice el Papa que Nietzsche joven un día le escribió a su hermana Elisabeth que en la vida hay que arriesgarse a « emprender nuevos caminos… con la inseguridad de quien procede autónomamente ». Y añadía: « Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga » (n. 2).
Comenta el Papa que esto es falso: que la fe no es para los ignorantes, para los que no son capaces de pensar. Todo lo contrario, la fe nos invita a pensar, no anula la razón, la fe nos adentra en el misterio infinito de Dios.

9. Hermanos, este es el panorama cristiano. Esta es la antorcha de la fe que queremos llevar al mundo. Es la mayor gracia que Dios, nuestro Padre, nos ha concedido, y nosotros queremos compartirla con nuestros hermanos los hombres.
Señor Jesús, aquí estamos como uno de aquellos 72 discípulos misioneros, dispuestos a ser enviados.
Guadalajara, Jalisco, viernes 5 julio 2013.

Como himno en torno a este Evangelio, véase: Que vengan más segadores