EL BOCADO DE PAN DE JUDAS
Martes Santo, Evangelio de Jn 13,21-33. 36-38
El caso de Judas es un “mysterium
Scripturae”.
En la Cena pascual Jesús delata la
traición; así lo dicen unánimes los cuatro Evangelio. Fácilmente salta al
recuerdo aquel salmo de la traición: “Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan, es el primero en traicionarme” (Sal 41,10), cita a la que
alude Jn 13,8: “tiene que cumplirse la Escritura: El que compartía mi pan me ha
traicionado”.
Otro salmo dice: “…pero eras tú, mi
compañero, / mi amigo y confidente, / a quien me unía una dulce intimidad” (Sal
55,14-15).
El traidor es uno de los doce. Y ¡más le
valdría no haber nacido! (Marcos, Mateo y Juan); incluso es delatado
públicamente en el grupo, según Mateo; Judas llega a un táctica de cinismo, que
no le resulta: “Entonces le preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¿Soy yo
acaso, Señor? Él respondió: Tú lo has dicho” (26,25).
En Juan, por el contrario, Jesús cubre
al traidor, cuya traición, por vía de amistad es comunicada al discípulo amado
y Pedro, sin que se enteren los demás.
Acaso la verdad “psicológica” y el
“trance” exacto de aquella escena que se produjo nunca llegue a saberse en su
detalle. Es, más bien, la verdad
teologal, execrable, la que representan los evangelistas. El corazón humano
es capaz del mayor crimen: lo estamos viendo. En México así ha pasado, y, a lo
mejor, en nuestro propio entorno, muy cerca de nosotros. En mi corazón hay un
criminal y un santo…
Juan tiene, solo él, el detalle del
bocado de pan ofrecido por Jesús al que todavía el mismo Jesús lo trata como
amigo-comensal. Pero el veredicto es fatal: “Judas, después de tomar el pan,
salió inmediatamente. Era de noche” (Jn 13,30).
1. Un bocado, luego un
beso…,
pues … ¿qué más le pudo
dar?
Mi garganta se me
amarga,
y no lo puedo evitar,
y el trozo de pan
untado
se me vuelve a atravesar.
2. Ya los salmos me
decían
de aquel que a la mesa
está,
traidor en el mismo
plato,
que era plato de
amistad,
que el mismo pan
compartíamos,
juntos el pan y la sal.
3. Y otra vez el salmo
vuelve
con un quejido mortal:
¡Si es que fuera mi
enemigo
con un puñal a matar…;
pero era apóstol
llamado
a una dulce intimidad…!
4. Tras el bocado en la
boca
en él entró Satanás;
y salió al punto el
traidor
en luna primaveral,
pero era noche, muy
noche,
como una noche
infernal.
5. El amor así quebrado
partido por la mitad,
nos traía el corazón
del Padre que sabe
amar,
y Jesús lo recibía
porque ese amor quiere
dar.
6. Gracias, Jesús traicionado:
yo no quiero
traicionar;
tú serás mi fortaleza
si me pasas tu
humildad,
¡A tus brazos me
confío:
tenme allí por tu
piedad! Amén
Jocotitlán, monasterio
de clarisas capuchinas sacramentarias,
Martes Santo, 31 marzo
2015.