Homilía en el domingo II
del tiempo ordinario
Jn 1,29-34
Texto
evangélico:
29 Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía
hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este
es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de
mí, porque existía antes que yo”. 31 Yo no lo conocía, pero he
salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado
al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. 33 Yo
no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre
quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con
Espíritu Santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de
que este es el Hijo de Dios».
Hermanos:
1. Pasada la Epifanía del Señor comienza el tiempo ordinario del ciclo
litúrgico que continúa hasta la Cuaresma. Este año la Cuaresma inicia el 1 de
marzo, Miércoles de Ceniza. Entre la fiesta de Reyes y la Cuaresma este año hay
ocho domingos. San Mateo será este año el Evangelio que nos acompañe en este
camino espiritual.
Primera escena de la vida pública de Jesús es el Bautismo. Todos los
Evangelios han dado una importancia a este primer momento de la vida del Señor.
Todos los cuatro Evangelio han tratado de definir la identidad de Jesús desde
el Bautismo.
2. ¿Quién es Jesús? Esta es una pregunta total, que me exige una respuesta
total, y al mismo tiempo personal. Pues no se trata de dar una definición
abstracta, que dice todo y a nada compromete. Si he de dar una respuesta
personal, tiene que ser una respuesta que a mí me convenza y a mí me
comprometa.
Yo puedo responder sencillamente: Jesús es aquel a quien yo he dado mi fe y
mi destino. Es un ser vivo, presente. Es Dios, Hijo de Dios. Es hombre, todo
hombre, comprometido con los hombres, conmigo y con toda la comunidad, de tal
manera que allí donde yo vaya lo puedo presentar como esperanza de la
humanidad. Es el camino moral de la conducta humana. Es la solución de nuestros
conflictos.
En suma, Jesús es el encuentro del hombre con Dios, el encuentro mío con
Dios. Aquí, hermanos, vienen nuestras sensibilidades y culturas distintas
cuando predicamos en nuestra forma de presentar a Jesús. Esto escribiendo y pronunciando
estas cosas el día en que la Iglesia recuerda a un gran intelectual de tiempos
antiguos. Hilario de Poitier. Un hombre que siendo casado fue llamado
imprevistamente al episcopado. Él escribió que “obra principal
de su vida” era “que todas mis palabras y pensamientos hablen de ti”. Y seguía:
“Y el mayor premio que puede reportarme esta facultad de hablar, que tú me has
concedido, es el de servirte predicándote a ti y demostrando al mundo, que lo
ignora, o a los herejes, que lo niegan, lo que tú eres en realidad: Padre”. San
Hilario es un pensador especulativo en el siglo IV, en las Galias (hoy Francia),
y tendría que haber reconvertido su lenguaje, si tuviera que hablar a los jóvenes,
como lo ha hecho hoy el Papa Francisco en la carta que escribe hoy a los jóvenes
para presentar el Sínodo de la Iglesia del año que viene, que va a tratar sobre
los jóvenes.
3. ¿Qué dice el Evangelio, para que podamos dar una respuesta sobre la identidad
de Jesús? El Evangelio refiere episodios de la vida de Jesús, los cuatro
evangelistas que han escrito sobre él. Pero todo ellos nos han dado una
respuesta sobre ¿Quién es Jesús? al referirse al Bautismo con el que se abre la
vida pública. En el Bautismo aparece Jesús como Hijo y en relación con el Padre
y con el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.
Del Bautismo de Jesús de Nazaret se puede hablar de dos maneras:
- de forma narrativa, como lo hacen san Mateo, san Marcos y san Lucas,
narrando lo que pasó,
- o de forma testimonial, expositiva, confesional – diríamos – como lo hace
el cuarto el Evangelio, transmitiendo el testimonio que da el Bautista en el
Evangelio de hoy:
Yo no lo conocía; ahora sí lo conozco, y toda mi misión es darlo a conocer.
4. ¿Qué dice, pues, el bautista acerca de Jesús? Juan dice algo que
escuchamos nosotros todos los días, al participar en la santa Misa: Este es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo.
Todos los judíos sabían qué era el Cordero de Dios. El Cordero de Dios era
el cordero que se sacrificaba y se comía en la noche de Pascua. Cuando Israel
salió de Egipto, huyendo de la persecución del Faraón, celebraron la noche
pascual sacrificando el Cordero y señalando con su sangre las puertas de sus
casas. Y cada año, cuando nuestros hermanos judíos celebraban su sagrada
Pascua, recuerdan y reviven aquella noche de liberación.
Juan el Bautista dice ahora que Jesús es el Cordero de Dios. Es la primera
vez que se oía semejante afirmación de un ser humano. El Cordero de Dios, el
cordero pascual, ya no es el cordero del rebaño que hay que seleccionar para
sacrificarlo. El Cordero de Dios no es un animal para el sacrificio; es un
hombre. Este es el Cordero de Dios.
5. Pero el Bautista añade algo que este Cordero es el que quita el pecado del
mundo; es decir, no solo de la Comunidad santa de Israel, sino del mundo
entero.
Para comprender esta afirmación, a lo mejor tenemos que ir ahora del
Cordero pascual u otro cordero del que nos han hablado los profetas, y, en
concreto, el libro de Isaías cuando nos presenta la figura de un misterioso
Siervo de Dios, que, en sus sufrimientos carga con nuestros pecados para
expiarlos.
“Maltratado, voluntariamente se
humillaba | y no abría la boca: | como cordero llevado al matadero, | como
oveja ante el esquilador, | enmudecía y no abría la boca” (Is 53,7).
Y en el mismo pasaje:
“Mi siervo justificará a muchos, |
porque cargó con los crímenes de ellos” (Is 53,11).
Con estas referencias ya tenemos la clave para saber quién es el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo.
He aquí, pues, la definición de Jesús: es el Cordero de Pascua, que ha
liberado al pueblo de la esclavitud; es el Siervo de Dios, que quita el pecado
del mundo.
Ese es el Jesús de la historia. Ese es el Jesús del Evangelio de Juan, ese
es el Jesús de mi vida.
6. Pero todo esto es así, porque Jesús tiene el Espíritu de Dios y está
todo traspasado de Dios, porque él mismo es Dios, Dios humano, Hombre Dios.
Juan Bautista insiste y repite: Yo no lo
conocía, yo no lo conocía. No se trata de un conocimiento de familia, de
parentesco. No se conoce a Jesús verdaderamente por esta proximidad de sangre.
A Jesús se le conoce por una revelación, por un encuentro personal con e´l, que
marca la vida para siempre.
Juan Bautista conoce ahoarq ue Jesús tiene el Espíritu de Dios y que este
Jesús va a bautizar cone este mismo Espíritu de Dios,q ue ah descendido sobre
él.
Con el Espíritu de Dios, derramado por el amor del Padre, ahora sí Jesús
puede entrar en medio del mundo, ene l corazón de los hombres y nosotros con
él.
Este es el misterio en que creemos, misterio recibido en el Bautismo,
misterio celebrado en la Eucaristía.
Señor Jesús, en cuya presencia en medio del mundo yo creo, inúndame en el
Espíritu que tú has recibido del Padre, para que yo sea transformado en ti y
pueda ser testigo entre mis hermanos del amor divino que nos envuelve. Amén.
Guadalajara, viernes, 13 enero 2017