viernes, 13 de enero de 2017

882. Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo



Homilía en el domingo II del tiempo ordinario
Jn 1,29-34 

Texto evangélico:
29 Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 31 Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Hermanos:
1. Pasada la Epifanía del Señor comienza el tiempo ordinario del ciclo litúrgico que continúa hasta la Cuaresma. Este año la Cuaresma inicia el 1 de marzo, Miércoles de Ceniza. Entre la fiesta de Reyes y la Cuaresma este año hay ocho domingos. San Mateo será este año el Evangelio que nos acompañe en este camino espiritual.
Primera escena de la vida pública de Jesús es el Bautismo. Todos los Evangelios han dado una importancia a este primer momento de la vida del Señor. Todos los cuatro Evangelio han tratado de definir la identidad de Jesús desde el Bautismo.

2. ¿Quién es Jesús? Esta es una pregunta total, que me exige una respuesta total, y al mismo tiempo personal. Pues no se trata de dar una definición abstracta, que dice todo y a nada compromete. Si he de dar una respuesta personal, tiene que ser una respuesta que a mí me convenza y a mí me comprometa.
Yo puedo responder sencillamente: Jesús es aquel a quien yo he dado mi fe y mi destino. Es un ser vivo, presente. Es Dios, Hijo de Dios. Es hombre, todo hombre, comprometido con los hombres, conmigo y con toda la comunidad, de tal manera que allí donde yo vaya lo puedo presentar como esperanza de la humanidad. Es el camino moral de la conducta humana. Es la solución de nuestros conflictos.
En suma, Jesús es el encuentro del hombre con Dios, el encuentro mío con Dios. Aquí, hermanos, vienen nuestras sensibilidades y culturas distintas cuando predicamos en nuestra forma de presentar a Jesús. Esto escribiendo y pronunciando estas cosas el día en que la Iglesia recuerda a un gran intelectual de tiempos antiguos. Hilario de Poitier. Un hombre que siendo casado fue llamado imprevistamente al episcopado. Él escribió que “obra principal de su vida” era “que todas mis palabras y pensamientos hablen de ti”. Y seguía: “Y el mayor premio que puede reportarme esta facultad de hablar, que tú me has concedido, es el de servirte predicándote a ti y demostrando al mundo, que lo ignora, o a los herejes, que lo niegan, lo que tú eres en realidad: Padre”. San Hilario es un pensador especulativo en el siglo IV, en las Galias (hoy Francia), y tendría que haber reconvertido su lenguaje, si tuviera que hablar a los jóvenes, como lo ha hecho hoy el Papa Francisco en la carta que escribe hoy a los jóvenes para presentar el Sínodo de la Iglesia del año que viene, que va a tratar sobre los jóvenes.

3. ¿Qué dice el Evangelio, para que podamos dar una respuesta sobre la identidad de Jesús? El Evangelio refiere episodios de la vida de Jesús, los cuatro evangelistas que han escrito sobre él. Pero todo ellos nos han dado una respuesta sobre ¿Quién es Jesús? al referirse al Bautismo con el que se abre la vida pública. En el Bautismo aparece Jesús como Hijo y en relación con el Padre y con el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.
Del Bautismo de Jesús de Nazaret se puede hablar de dos maneras:
- de forma narrativa, como lo hacen san Mateo, san Marcos y san Lucas, narrando lo que pasó,
- o de forma testimonial, expositiva, confesional – diríamos – como lo hace el cuarto el Evangelio, transmitiendo el testimonio que da el Bautista en el Evangelio de hoy:
Yo no lo conocía; ahora sí lo conozco, y toda mi misión es darlo a conocer.

4. ¿Qué dice, pues, el bautista acerca de Jesús? Juan dice algo que escuchamos nosotros todos los días, al participar en la santa Misa: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Todos los judíos sabían qué era el Cordero de Dios. El Cordero de Dios era el cordero que se sacrificaba y se comía en la noche de Pascua. Cuando Israel salió de Egipto, huyendo de la persecución del Faraón, celebraron la noche pascual sacrificando el Cordero y señalando con su sangre las puertas de sus casas. Y cada año, cuando nuestros hermanos judíos celebraban su sagrada Pascua, recuerdan y reviven aquella noche de liberación.
Juan el Bautista dice ahora que Jesús es el Cordero de Dios. Es la primera vez que se oía semejante afirmación de un ser humano. El Cordero de Dios, el cordero pascual, ya no es el cordero del rebaño que hay que seleccionar para sacrificarlo. El Cordero de Dios no es un animal para el sacrificio; es un hombre. Este es el Cordero de Dios.

5. Pero el Bautista añade algo que este Cordero es el que quita el pecado del mundo; es decir, no solo de la Comunidad santa de Israel, sino del mundo entero.
Para comprender esta afirmación, a lo mejor tenemos que ir ahora del Cordero pascual u otro cordero del que nos han hablado los profetas, y, en concreto, el libro de Isaías cuando nos presenta la figura de un misterioso Siervo de Dios, que, en sus sufrimientos carga con nuestros pecados para expiarlos.
Maltratado, voluntariamente se humillaba | y no abría la boca: | como cordero llevado al matadero, | como oveja ante el esquilador, | enmudecía y no abría la boca” (Is 53,7).
Y en el mismo pasaje:
Mi siervo justificará a muchos, | porque cargó con los crímenes de ellos” (Is 53,11).
Con estas referencias ya tenemos la clave para saber quién es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
He aquí, pues, la definición de Jesús: es el Cordero de Pascua, que ha liberado al pueblo de la esclavitud; es el Siervo de Dios, que quita el pecado del mundo.
Ese es el Jesús de la historia. Ese es el Jesús del Evangelio de Juan, ese es el Jesús de mi vida.

6. Pero todo esto es así, porque Jesús tiene el Espíritu de Dios y está todo traspasado de Dios, porque él mismo es Dios, Dios humano, Hombre Dios. Juan Bautista insiste y repite: Yo no lo conocía, yo no lo conocía. No se trata de un conocimiento de familia, de parentesco. No se conoce a Jesús verdaderamente por esta proximidad de sangre. A Jesús se le conoce por una revelación, por un encuentro personal con e´l, que marca la vida para siempre.
Juan Bautista conoce ahoarq ue Jesús tiene el Espíritu de Dios y que este Jesús va a bautizar cone este mismo Espíritu de Dios,q ue ah descendido sobre él.
Con el Espíritu de Dios, derramado por el amor del Padre, ahora sí Jesús puede entrar en medio del mundo, ene l corazón de los hombres y nosotros con él.
Este es el misterio en que creemos, misterio recibido en el Bautismo, misterio celebrado en la Eucaristía.

Señor Jesús, en cuya presencia en medio del mundo yo creo, inúndame en el Espíritu que tú has recibido del Padre, para que yo sea transformado en ti y pueda ser testigo entre mis hermanos del amor divino que nos envuelve. Amén.

Guadalajara, viernes, 13 enero 2017

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