El Dios de la Unidad es nuestro Dios
Seguramente que el documento más profundo y bello
que hasta ahora se ha publicado sobre la Unidad de los Cristianos es el texto
preparado por Luteranos y Católicos para conmemorar juntos, en este año de
2017, los 500 años de aquellos episodios (31 de octubre de 1517) que dieron
origen a lo que luego se llamó la Reforma.
Este documento, muy amplio (cinco capítulos, 145
números, más de 100 páginas en la edición de Sal Terrae, que se puede leer íntegro en Internet) se titula “Del conflicto a la comunión”. Documento
de alta y matizada teología de parte católica y luterana, documento ejemplar de
serenidad, de respeto y aprecio mutuo. Documento que nos estimula para tener la
certeza de que la Unidad querida por Jesús ha de venir por la acción que está
operando el Espíritu del Señor.
Este documento termina con cinco imperativos, que
transcribimos, y en el espíritu del mismo proponemos un himno para la liturgia.
* * *
El primer imperativo: católicos y luteranos deben
comenzar siempre desde la perspectiva de la unidad y no desde el punto de vista
de la división, para de este modo fortalecer lo que mantienen en común, aunque
las diferencias sean más fáciles de ver y experimentar.
El segundo imperativo: luteranos y católicos deben
dejarse transformar a sí mismos continuamente mediante el encuentro de los unos
con los otros y por el mutuo testimonio de fe.
El tercer imperativo: católicos y luteranos deben
comprometerse otra vez en la búsqueda de la unidad visible, para elaborar
juntos lo que esto significa en pasos concretos y esforzarse continuamente
hacia esa meta.
El cuarto imperativo: luteranos y católicos deben
juntamente redescubrir el poder del evangelio de Jesucristo para nuestro tiempo.
El quinto imperativo: católicos y luteranos deben dar
testimonio común de la misericordia de Dios en la proclamación y el servicio al
mundo.
El
Dios de la Unidad es nuestro Dios,
el
Padre de Jesús, el Hijo amado,
y
el lazo del amor, el santo Espíritu
está
esperando ya el fraterno abrazo.
Perdón
sincero juntos nos pedimos,
que
en celo, sin piedad, nos injuriamos,
mas
hoy sinceramente nos decimos
que
la unidad no viene del pecado.
Con
gozo veneramos la Escritura,
perenne
manantial fecundo y claro,
sus
páginas nos juzguen y enderecen
si
del sentir de Dios nos desviamos.
La
Cruz y el Evangelio nos conduzcan,
pues
fuimos en su cruz justificados,
que
sea el Evangelio nuestro gozo
y
en nuestra faz lo vean retratado.
Unidos
con la gracia del bautismo,
enséñanos
a ser tus enviados,
en
tu humildad, Jesús, y en tu servicio
a
los pies de los pobres, tus hermanos.
¡La
gloria a solo Dios, la gloria toda,
y
a su misericordia, nuestro amparo,
por
Cristo en el Espíritu presente,
con
fe en el destino deseado! Amén.
Guadalajara, Jalisco, 18 enero 2017
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