Memoria de la Presentación de la Virgen
María
Una mirada evangélica
El
día 21 de noviembre la iglesia celebra la Memoria de la Presentación de la
Virgen María. No es exacto decir que se celebra una “tradición piadosa” de que
la Virgen María a los tres años fue llevada al Templo y allí quedó consagrada
al Señor. La liturgia no puede basarse en fantasías… ¿Y qué cristiano crítico y
serio puede creerse que la Niña María fuera al
Templo del Señor y allí se quedará como en un Internado toda su niñez y
adolescencia?
Cuando
el Papa S. Pablo VI, luego del Concilio, en la exhortación apostólica “Marialis
cultus” (2 febrero 1974) reestructuró el calendario de las fiestas marianas,
retuvo esta memoria, y dio la razón: “…y algunas más que, prescindiendo del
aspecto apócrifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar, continuando
venerables tradiciones, enraizadas sobre todo en Oriente (21 noviembre: la
Presentación de la Virgen María)”.
Las
fiestas de la Virgen Santa en la liturgia quedaban establecidas en tres
categorías:
1)
Las
cuatro grandes solemnidades de María, que jalonan el año
litúrgico, a saber: la Concepción Inmaculada de María, en Adviento (8 de
diciembre), la Maternidad divina de María en la octava de Navidad, el 1 de
enero; la Anunciaciación del Señor (25 de marzo) y la Asunción de María (15 de
agosto).
2)
Vienen
en un segundo plano las “fiesta evangélicas” de la Virgen,
es decir, las que tienen una relación explícita o implícita con la historia evangélica.
Así, por ejemplo, la Visitación de María (31 de mayo), los Dolores de la Virgen
María, que no recurran tanto la profecía de Simeón como la presencia de María
al pie de la Cruz (15 de septiembre).
3)
En
tercer lugar están las memorias de María, muchas y variadas memorias,
que por razón de lugar, de aspectos del misterio mariano, de devociones…
registra el Calendario: Guadalupe, Lourdes, El Pilar; Inmaculado Corazón de
María, Virgen del Rosario, etc. En este tercer aspecto, dividido a su vez en
varios apartados, estaría la memoria obligatoria que hoy celebramos.
El peso que esta fiesta ha tenido en
Oriente, siendo una de las Doce Fiestas de la Iconografía litúrgica, fue
seguramente la razón principal para conservarla en la Iglesia latina como
memoria obligatoria.
Como se sabe, históricamente esta fiesta
nace en Jerusalén, cuando fue consagrada la Basílica dedica a Santa María el
año 453, basílica junto al cardo maximus,
muy cerca del emplazamiento del Templo de Jerusalén.
Para comprender su íntimo sentido
tendríamos que acudir (a mi sencillo modo de ver) a una “traditio”, que no es
“traditio histórica”, sino “traditio fidei” que acontece en la Iglesia con la
veneración a la Madre de Jesús, “La madre de mi Señor”.
Mirada evangélica
El primer texto mariano del Nuevo Testamento
lo hallamos en Gal 4,4-5: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios
a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban
bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial”.
Este pasaje es anterior a la redacción
de los Evangelios.
El estudio de los Evangelio habría que
afrontarlo por fases de redacción, pues los Evangelios no nacieron de un
“pronto” en la Iglesia, sino que recogen las tradiciones vivas de la fe de la comunidad.
Y así podemos distinguir:
1)
El fondo común de los Evangelios
Sinópticos en la vida pública de Jesús (Mi madre y mis hermanos…)
2)
Los Evangelios de la Infancia de Jesús
de Mateo y Lucas, que bien podemos llamar “La Infancia de Jesús Resucitado”.
3)
El Evangelio contemplativo de Juan al
final de la era apostólica.
Parece
increíble a qué punto llegó la tradición de la Iglesia al final de la era
apostólica para llamar a María, “la Madre de mi Señor”, es decir, la Madre de
mi Señor Dios, como la llama Isabel; la Virgen (Lucas y Mateo) y verla como la
desembocadura de las profecías mesiánicas (Mateo y Lucas). María es la pobre
del Señor (canto del Magnficat).
En
el Evangelio de San Juan, la Madre de Jesús (nunca se le llama María) es “la
Mujer”, es decir la nueva Eva, la Hija de Sión; es la Madre de los discípulos
del Hijo, equivalente a la Madre de la Iglesia.
Más
alto no se puede llegar en la “mariología”. Estamos en la luz plena que la fe
la ha de ir acrecentando con la meditación de toda la Iglesia, lo cual constituye
la “tradición interna de la fe”, donde encontramos la Asunción de María, como
participación de la gloria pascual del Hijo: no hay una tradición “historicista”
para salvar esta verdad.
María
contemplada en el siglo II: Evangelio apócrifo de Santiago
Y
de aquí habría que pasar a los apócrifos, que de una manera ingenua, a vece
sectaria, traducen el misterio de la que el Concilio de Éfeso (431) y antes la
primera oración a la Virgen (Bajo tu amparo) llaman la “Theotokos”, la “Engendradora de Dios”, la santa “Dei Genetrix”.
El Evangelio apócrifo de Santiago,
llamado el Protoevangelio de Santiago, de mediados del siglo II, nos da una
imagen increíble del Nacimiento de María y de su Infancia consagrada a Dios en
el Templo de Jerusalén. Las “fantasías” del relato están tejidas con
reminiscencias bíblicas, y por ahí habría que avanzar para saber qué nso está
comunicando este escrito.
He
aquí trozos de esta representación (cuyo estudio particular ignoramos), de
donde hemos de extraer la fe de aquellos que lo escribieron. ¿Qué pensaban del
misterio de María, recogida la tradición evangélica?
VII 1. Y los meses se sucedían para la niña.
Y, cuando llegó a la edad de dos años, Joaquín dijo: Llevémosla al templo del
Señor, para cumplir la promesa que le hemos hecho, no sea que nos la reclame, y
rechace nuestra ofrenda. Y Ana respondió: Esperemos al tercer año, a fin de que
la niña no nos eche de menos. Y Joaquín repuso: Esperemos.
2. Y, cuando la niña llegó a la edad de tres
años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla, y
que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la
niña no vuelva atrás, y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera
del templo del Señor. Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento
en que subieron al templo del Señor. Y el Gran Sacerdote recibió a la niña, y,
abrazándola, la bendijo, y exclamó: El
Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el
último día, el Señor hará ver la redención por Él concedida a los hijos de
Israel.
3. E hizo sentarse a la niña en la tercera
grada del altar, y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus
pies y toda la casa de Israel la amó.
VIII 1. Y sus padres salieron del templo
llenos de admiración, y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había
vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una
paloma, y recibía su alimento de manos de un ángel.
2. Y, cuando llegó a la edad de doce años,
los sacerdotes se congregaron, y dijeron: He aquí que María ha llegado a la
edad de doce años en el templo del Señor. ¿Qué medida tomaremos con ella, para
que no mancille el santuario? Y dijeron al Gran Sacerdote: Tú, que estás
encargado del altar, entra y ruega por María, y hagamos lo que te revele el
Señor.
3. Y el Gran Sacerdote, poniéndose su traje
de doce campanillas, entró en el Santo de los Santos, y rogó por María. Y he
aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: Zacarías, Zacarías, sal
y reúne a todos los viudos del pueblo, y que éstos vengan cada cual con una
vara, y aquel a quien el Señor envíe un prodigio, de aquel será María la
esposa. Y los heraldos salieron, y recorrieron todo el país de Judea, y la
trompeta del Señor resonó, y todos los viudos acudieron a su llamada.
Algunos elementos teológicos de este relato
1)
María es la Hija de Israel. Este dato previo es básico. Todo lo que
acontece en María es fruto de la bendición de Dios a Israel. En un clima de
piedad y de liturgia, alabando y bendiciendo al Señor Dios de los Padres, se
nos quiere transmitir todo lo que se refiere a la Virgen
2)
Dios y la Alianza con Abraham y Sara,
ancianos, sin posibilidad de engendrar. El caso de Joaquín y Ana es encuadrado como una secuencia de la
bendición de Abraham y Sara.
3)
Consagración como Samuel. Enlace con el caso de Samuel: Ana, esposa
de Joaquín, hace una promesa como la madre de Samuel de consagrar el fruto de
sus entrañas (sea varón o mujer) en el Templo del Señor todos los días de su
vida.
4)
La toda santa. Cuando la Niña comienza andar se le
construye en su dormitorio un santuario, para que no pise tierra profana, hasta
que sea introducida en el Templo, porque esta Niña, sin duda, es la toda santa.
“Panaguía” la llamará la tradición
patrística. Un día la Iglesia llegará a verla como la “Inmaculada”
5)
Consagración litúrgica ante el Sumo Sacerdote; consagración no temporal, sino para siempre,
preparación para la maternidad divina.
6)
La virginidad de María. María vive en la inocencia del paraíso. La
paloma puede evocar a la esposa del Cantar de los cantares. El ángel le da los alimentos porque es una criatura
celestial. El servicio angélico a María nos puede recordar el servicio angélico
a Jesús en el desierto: “y los ángeles lo servían” (Mc 1,13).
7)
“Y toda la casa de Israel la amó”. Es una constatación bellísima, signo muy
puro de la piedad mariana de la Iglesia, eco de aquel “dichosa me llamará todas
las generaciones”.
8)
La pubertad virginal de María. Después del relato aquí recogido prosigue el
texto de escoger esposo para María, que ha de ser entre los viudos de Israel,
persona anciana, con lo cual se salva tanto al virginidad de la doncella virgen
como el texto de “los hermanos de Jesús”, que eran, según este Evangelio, los
hijos previos de José.
Estos son algunos puntos de lectura de este relato, salvo mejores
enfoques de especialistas en literatura patrística.
En suma, lo que celebramos en la Presentación de María no es el hecho
fantástico de su vida en el Templo, sino la consagración de la toda pura para
el Señor, elegida para la maternidad divina, que, según el Concilio Vaticano
II, ella acepta con libre voluntad.
UN
HIMNO PARA ESTA FIESTA
Jerusalén la amó desde el principio
El 20 de noviembre del año 453, bajo el
emperador Justiniano, fue dedicada en Jerusalén la iglesia llamada Santa María
la Nueva, la Nea (excavaciones arqueológicas en 1969-1971), espléndida iglesia
descrita por el contemporáneo Procopius. Asociada a esta dedicación se celebra
la fiesta de la Presentación de María. La iglesia está cercana al área del Templo.
La Theotókos antigua era la iglesia
constantiniana, emplazada donde hoy está la de Santa Ana (entre la Via Dolorosa
y la Puerta de San Esteban). Pero el culto a María estaba asociado en Jerusalén
desde tiempos anteriores a la tumba, hoy llamada Tumba de la Virgen, en la zona
del Monte de los Olivos, en un terreno que era zona sepulcral en el siglo I.
María está profundamente enraizada en la
Iglesia judeo-cristiana, y en concreto en la Iglesia Madre de Jerusalén. El
Protoevangelio de Santiago (siglo II), que habla de María en el Templo, es
fantasía. No obstante, hay que saber leer ese lenguaje; por ejemplo, la defensa
invicta que hace de la virginidad de María. Si María en el Templo es alimentada
por los ángeles, es porque el pío escritor piensa en la inocencia paradisíaca
de antes de la caída.
La Virgen toda santa, consagrada al
Señor, es la Virgen pensada por la Iglesia de Jerusalén. Con este trasfondo de
Iglesia Madre jerosolimitana cantamos a la Virgen un himno compuesto
precisamente en Jerusalén y en la fiesta de la Presentación de María.
Jerusalén
la amó desde el principio
y
santa la pensó, Eva sin mancha,
María
siempre Virgen, bendecida,
por
gracia de Jesús santificada.
Jerusalén
guardó entre sus olivos
la
huella de una tumba iluminada;
no
cae en el torrente de la muerte
quien
va a María, senda de esperanza.
Jerusalén
la amaba y bendecía,
porque
era suya y en ella se gozaba;
¡oh
santa Iglesia, madre de las gentes,
que
miras a María y ves tu alma!
Jerusalén
por ella, toda hermosa,
un
templo y otro templo dedicaba;
¡oh
templo santo tú, Virgen humilde,
en
ti por fe y amor tu Dios descansa!
Jerusalén
recuerda eternamente
y
sabe de ella que es la consagrada;
¡oh
Madre del Señor, santa María,
por
ti, por tu oración, venga su gracia!
¡Oh
Cristo del Calvario y del Jardín,
al
Padre consagrado en las entrañas,
la
gloria tuya brille con los tuyos
y
sea él la gloria de su casa! Amén.
Jerusalén, Presentación de la
Virgen María, 1984.
Rufino
María Grández, Himnario de la Virgen María. Ciclo anual de
celebraciones de la Virgen en la Liturgia de las Horas. Burlada, Curia
provincial de Capuchinos 1989. Música: Fidel Aizpurúa, pp. 144-147.
(Nota
arqueológica. Para componer himnos marianos en relación con la
tradición de los lugares que veneran a la Virgen María es necesario acudir a lo
que ha escrito el P. Bellarmino Bagatti, OFM [1905-1990] en el curso de sus
excavaciones. Muy importante todo lo que se refiere a Nazaret y a la Tumba de
la Virgen).


