miércoles, 21 de noviembre de 2018

1136. Memoria de la Presentación de la Virgen María – Una mirada evangélica



Memoria de la Presentación de la Virgen María
Una mirada evangélica

El día 21 de noviembre la iglesia celebra la Memoria de la Presentación de la Virgen María. No es exacto decir que se celebra una “tradición piadosa” de que la Virgen María a los tres años fue llevada al Templo y allí quedó consagrada al Señor. La liturgia no puede basarse en fantasías… ¿Y qué cristiano crítico y serio puede creerse que la Niña María fuera al  Templo del Señor y allí se quedará como en un Internado toda su niñez y adolescencia?
Cuando el Papa S. Pablo VI, luego del Concilio, en la exhortación apostólica “Marialis cultus” (2 febrero 1974) reestructuró el calendario de las fiestas marianas, retuvo esta memoria, y dio la razón: “…y algunas más que, prescindiendo del aspecto apócrifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar, continuando venerables tradiciones, enraizadas sobre todo en Oriente (21 noviembre: la Presentación de la Virgen María)”.
Las fiestas de la Virgen Santa en la liturgia quedaban establecidas en tres categorías:
1)    Las cuatro grandes solemnidades de María, que jalonan el año litúrgico, a saber: la Concepción Inmaculada de María, en Adviento (8 de diciembre), la Maternidad divina de María en la octava de Navidad, el 1 de enero; la Anunciaciación del Señor (25 de marzo) y la Asunción de María (15 de agosto).
2)    Vienen en un segundo plano las “fiesta evangélicas” de la Virgen, es decir, las que tienen una relación explícita o implícita con la historia evangélica. Así, por ejemplo, la Visitación de María (31 de mayo), los Dolores de la Virgen María, que no recurran tanto la profecía de Simeón como la presencia de María al pie de la Cruz (15 de septiembre).
3)    En tercer lugar están las memorias de María, muchas y variadas memorias, que por razón de lugar, de aspectos del misterio mariano, de devociones… registra el Calendario: Guadalupe, Lourdes, El Pilar; Inmaculado Corazón de María, Virgen del Rosario, etc. En este tercer aspecto, dividido a su vez en varios apartados, estaría la memoria obligatoria que hoy celebramos.
El peso que esta fiesta ha tenido en Oriente, siendo una de las Doce Fiestas de la Iconografía litúrgica, fue seguramente la razón principal para conservarla en la Iglesia latina como memoria obligatoria.
Como se sabe, históricamente esta fiesta nace en Jerusalén, cuando fue consagrada la Basílica dedica a Santa María el año 453, basílica junto al cardo maximus, muy cerca del emplazamiento del Templo de Jerusalén.
Para comprender su íntimo sentido tendríamos que acudir (a mi sencillo modo de ver) a una “traditio”, que no es “traditio histórica”, sino “traditio fidei” que acontece en la Iglesia con la veneración a la Madre de Jesús, “La madre de mi Señor”.

Mirada evangélica
El primer texto mariano del Nuevo Testamento lo hallamos en Gal 4,4-5: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial”.
Este pasaje es anterior a la redacción de los Evangelios.
El estudio de los Evangelio habría que afrontarlo por fases de redacción, pues los Evangelios no nacieron de un “pronto” en la Iglesia, sino que recogen las tradiciones vivas de la fe de la comunidad. Y así podemos distinguir:
1)    El fondo común de los Evangelios Sinópticos en la vida pública de Jesús (Mi madre y mis hermanos…)
2)    Los Evangelios de la Infancia de Jesús de Mateo y Lucas, que bien podemos llamar “La Infancia de Jesús Resucitado”.
3)    El Evangelio contemplativo de Juan al final de la era apostólica.
Parece increíble a qué punto llegó la tradición de la Iglesia al final de la era apostólica para llamar a María, “la Madre de mi Señor”, es decir, la Madre de mi Señor Dios, como la llama Isabel; la Virgen (Lucas y Mateo) y verla como la desembocadura de las profecías mesiánicas (Mateo y Lucas). María es la pobre del Señor (canto del Magnficat).
En el Evangelio de San Juan, la Madre de Jesús (nunca se le llama María) es “la Mujer”, es decir la nueva Eva, la Hija de Sión; es la Madre de los discípulos del Hijo, equivalente a la Madre de la Iglesia.
Más alto no se puede llegar en la “mariología”. Estamos en la luz plena que la fe la ha de ir acrecentando con la meditación de toda la Iglesia, lo cual constituye la “tradición interna de la fe”, donde encontramos la Asunción de María, como participación de la gloria pascual del Hijo: no hay una tradición “historicista” para salvar esta verdad.

María contemplada en el siglo II: Evangelio apócrifo de Santiago
Y de aquí habría que pasar a los apócrifos, que de una manera ingenua, a vece sectaria, traducen el misterio de la que el Concilio de Éfeso (431) y antes la primera oración a la Virgen (Bajo tu amparo) llaman la “Theotokos”, la “Engendradora de Dios”, la santa “Dei Genetrix”.
El Evangelio apócrifo de Santiago, llamado el Protoevangelio de Santiago, de mediados del siglo II, nos da una imagen increíble del Nacimiento de María y de su Infancia consagrada a Dios en el Templo de Jerusalén. Las “fantasías” del relato están tejidas con reminiscencias bíblicas, y por ahí habría que avanzar para saber qué nso está comunicando este escrito.
He aquí trozos de esta representación (cuyo estudio particular ignoramos), de donde hemos de extraer la fe de aquellos que lo escribieron. ¿Qué pensaban del misterio de María, recogida la tradición evangélica?

VII 1. Y los meses se sucedían para la niña. Y, cuando llegó a la edad de dos años, Joaquín dijo: Llevémosla al templo del Señor, para cumplir la promesa que le hemos hecho, no sea que nos la reclame, y rechace nuestra ofrenda. Y Ana respondió: Esperemos al tercer año, a fin de que la niña no nos eche de menos. Y Joaquín repuso: Esperemos.
2. Y, cuando la niña llegó a la edad de tres años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla, y que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás, y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del templo del Señor. Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el Gran Sacerdote recibió a la niña, y, abrazándola, la bendijo, y exclamó: El Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por Él concedida a los hijos de Israel.
3. E hizo sentarse a la niña en la tercera grada del altar, y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de Israel la amó.
VIII 1. Y sus padres salieron del templo llenos de admiración, y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma, y recibía su alimento de manos de un ángel.
2. Y, cuando llegó a la edad de doce años, los sacerdotes se congregaron, y dijeron: He aquí que María ha llegado a la edad de doce años en el templo del Señor. ¿Qué medida tomaremos con ella, para que no mancille el santuario? Y dijeron al Gran Sacerdote: Tú, que estás encargado del altar, entra y ruega por María, y hagamos lo que te revele el Señor.
3. Y el Gran Sacerdote, poniéndose su traje de doce campanillas, entró en el Santo de los Santos, y rogó por María. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: Zacarías, Zacarías, sal y reúne a todos los viudos del pueblo, y que éstos vengan cada cual con una vara, y aquel a quien el Señor envíe un prodigio, de aquel será María la esposa. Y los heraldos salieron, y recorrieron todo el país de Judea, y la trompeta del Señor resonó, y todos los viudos acudieron a su llamada.

Algunos elementos teológicos de este relato
1)    María es la Hija de Israel. Este dato previo es básico. Todo lo que acontece en María es fruto de la bendición de Dios a Israel. En un clima de piedad y de liturgia, alabando y bendiciendo al Señor Dios de los Padres, se nos quiere transmitir todo lo que se refiere a la Virgen
2)    Dios y la Alianza con Abraham y Sara, ancianos, sin posibilidad de engendrar. El caso de Joaquín y Ana es encuadrado como una secuencia de la bendición de Abraham y Sara.
3)    Consagración como Samuel. Enlace con el caso de Samuel: Ana, esposa de Joaquín, hace una promesa como la madre de Samuel de consagrar el fruto de sus entrañas (sea varón o mujer) en el Templo del Señor todos los días de su vida.
4)    La toda santa. Cuando la Niña comienza andar se le construye en su dormitorio un santuario, para que no pise tierra profana, hasta que sea introducida en el Templo, porque esta Niña, sin duda, es la toda santa. “Panaguía” la llamará la tradición patrística. Un día la Iglesia llegará a verla como la “Inmaculada”
5)    Consagración litúrgica ante el Sumo Sacerdote; consagración no temporal, sino para siempre, preparación para la maternidad divina.
6)    La virginidad de María. María vive en la inocencia del paraíso. La paloma puede evocar a la esposa del Cantar de los cantares. El ángel le  da los alimentos porque es una criatura celestial. El servicio angélico a María nos puede recordar el servicio angélico a Jesús en el desierto: “y los ángeles lo servían” (Mc 1,13).
7)    “Y toda la casa de Israel la amó”. Es una constatación bellísima, signo muy puro de la piedad mariana de la Iglesia, eco de aquel “dichosa me llamará todas las generaciones”.
8)    La pubertad virginal de María. Después del relato aquí recogido prosigue el texto de escoger esposo para María, que ha de ser entre los viudos de Israel, persona anciana, con lo cual se salva tanto al virginidad de la doncella virgen como el texto de “los hermanos de Jesús”, que eran, según este Evangelio, los hijos previos de José.
Estos son algunos puntos de lectura de este relato, salvo mejores enfoques de especialistas en literatura patrística.
En suma, lo que celebramos en la Presentación de María no es el hecho fantástico de su vida en el Templo, sino la consagración de la toda pura para el Señor, elegida para la maternidad divina, que, según el Concilio Vaticano II, ella acepta con libre voluntad.

UN HIMNO PARA ESTA FIESTA
Jerusalén la amó desde el principio

El 20 de noviembre del año 453, bajo el emperador Justiniano, fue dedicada en Jerusalén la iglesia llamada Santa María la Nueva, la Nea (excavaciones arqueológicas en 1969-1971), espléndida iglesia descrita por el contemporáneo Procopius. Asociada a esta dedicación se celebra la fiesta de la Presentación de María. La iglesia está cercana al área del Templo.
La Theotókos antigua era la iglesia constantiniana, emplazada donde hoy está la de Santa Ana (entre la Via Dolorosa y la Puerta de San Esteban). Pero el culto a María estaba asociado en Jerusalén desde tiempos anteriores a la tumba, hoy llamada Tumba de la Virgen, en la zona del Monte de los Olivos, en un terreno que era zona sepulcral en el siglo I.

María está profundamente enraizada en la Iglesia judeo-cristiana, y en concreto en la Iglesia Madre de Jerusalén. El Protoevangelio de Santiago (siglo II), que habla de María en el Templo, es fantasía. No obstante, hay que saber leer ese lenguaje; por ejemplo, la defensa invicta que hace de la virginidad de María. Si María en el Templo es alimentada por los ángeles, es porque el pío escritor piensa en la inocencia paradisíaca de antes de la caída.
La Virgen toda santa, consagrada al Señor, es la Virgen pensada por la Iglesia de Jerusalén. Con este trasfondo de Iglesia Madre jerosolimitana cantamos a la Virgen un himno compuesto precisamente en Jerusalén y en la fiesta de la Presentación de María.

Jerusalén la amó desde el principio
y santa la pensó, Eva sin mancha,
María siempre Virgen, bendecida,
por gracia de Jesús santificada.

Jerusalén guardó entre sus olivos
la huella de una tumba iluminada;
no cae en el torrente de la muerte
quien va a María, senda de esperanza.

Jerusalén la amaba y bendecía,
porque era suya y en ella se gozaba;
¡oh santa Iglesia, madre de las gentes,
que miras a María y ves tu alma!

Jerusalén por ella, toda hermosa,
un templo y otro templo dedicaba;
¡oh templo santo tú, Virgen humilde,
en ti por fe y amor tu Dios descansa!

Jerusalén recuerda eternamente
y sabe de ella que es la consagrada;
¡oh Madre del Señor, santa María,
por ti, por tu oración, venga su gracia!

¡Oh Cristo del Calvario y del Jardín,
al Padre consagrado en las entrañas,
la gloria tuya brille con los tuyos
y sea él la gloria de su casa! Amén.

Jerusalén, Presentación de la Virgen María, 1984.

Rufino María Grández, Himnario de la Virgen María. Ciclo anual de celebraciones de la Virgen en la Liturgia de las Horas. Burlada, Curia provincial de Capuchinos 1989. Música: Fidel Aizpurúa, pp. 144-147.

(Nota arqueológica. Para componer himnos marianos en relación con la tradición de los lugares que veneran a la Virgen María es necesario acudir a lo que ha escrito el P. Bellarmino Bagatti, OFM [1905-1990] en el curso de sus excavaciones. Muy importante todo lo que se refiere a Nazaret y a la Tumba de la Virgen).

viernes, 16 de noviembre de 2018

1135 Dom. XXXIII B – Jesús nos habla de su venida al final de los tiempos


Jesús nos habla de su venida al final de los tiempos
Mc 13,24-32

Texto evangélico:
24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

Hermanos:
1. En el curso de los domingos de la liturgia estamos en el domingo penúltimo del ciclo litúrgico. El próximo domingo, el 34, domingo final será la solemnidad de Jesucristo Rey del universo.
El cristiano, que ha aceptado a Jesús como Hijo de Dios, que cree, por tanto, en su divinidad, se encuentra en el santo Evangelio con unos pasajes que no acaba de resolver; pero todo está resuelto, si de verdad creemos que Jesús, enviado del Padre, es el Hijo de Dios. Y esto nos ocurre con esta página que hemos escuchado, el anuncio del final de los tiempos, que Jesús hace en los días finales de su vida.
Hay un cataclismo universal, convulsionados en una danza apocalíptica el sol, la luna, las estrellas y los astros del cielo, y entonces entra en acción soberanamente el misterioso Hijo del hombre, vieja designación bíblica del libro de Ezequiel y del libro de Daniel, que Jesús se la ha aplicado a sí mismo. Él es el protagonista de esta hora, enviando a sus ángeles a los cuatro vientos, a los cuatro puntos cardinales a recoger a los elegidos.
Y allí se dice: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Pasó aquella generación y no hemos visto la vuelta del Señor. Entonces, ¿es que Jesús se ha equivocado? Nosotros, con toda el alma, nos resistimos a creer esto, que haya que plantearlo en estos términos.
O nos preguntamos también: ¿Es que Jesús ha entrado en una visión mística de la realidad para enfrente al hombre cara a Dios ante un destino eterno que nos estamos jugando mientras corren los días en la rutina de la vida?

2. Además ocurre que acto seguido Jesús, adentrándonos más y más en el misterio, nos dice: En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.
Nos quedamos sin palabras, sabiendo que estamos pisando terreno sagrado.
El lenguaje apocalíptico ha sido un lenguaje muy querido por el pueblo de Dios para dar cuerpo a nuestras esperanzas. Hay una salvación final que en el libro de Daniel se había descrito en una visión grandiosa, que hoy recordamos en la primera lectura:
«Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad» (Dan 12,1-3).

3. Las palabras de la Escritura, en un lenguaje muy variado según los escritos, no son para crear dudas, sino certezas. Hay que partir de lo que vemos claro para desde ahí asomarnos al fondo del misterio, y adorar, alabar, dar gracias y ofrendar nuestro ser.
En este discurso apocalíptico recogido por san Marcos hay inmensas verdades que aparecen claras en este pasaje, y que nos invitan a la adoración, a la alabanza, a la acción de gracias, a la petición.
La primera es que la historia tiene un sentido, un remate y un final, el cual está presidido por la persona del Hijo de Dios, que viene en gloria.
Nuestra vida no es una marcha hacia el abismo y el absurdo; nuestra vida que arranca de Dios vuelve a Dios. Dios es el sentido de nuestra existencia como principio y como fin: por lo tanto, Dios debe ser el sentido de nuestra vida en esta trayectoria de tránsito. Dios es la motivación y el impulso de nuestras acciones, hasta el punto de poder gozar y decir: ¡Qué alegría invade mi ser para poder decir que Dios me envuelve por todas partes, que no hay un átomo de mi ser que no tenga relación con Dios, mi creador!

4. Una segunda verdad que podemos compartir de esta visión que Jesús tiene de la historia es esta: Aparentemente su acción en el mundo ha sido un fracaso. Con muchísima dureza habla Jesús de esta generación, “esta generación malvada y perversa”, que no ha entendido su mensaje. Y en estas ocasiones Jesús emplea un lenguaje que parece arrancado de las antiguas profecías.
En cuanto podemos observar, este ha sido el dolor íntimo de su vida. Ahora bien, el balance de su vida de ninguna manera es el fracaso, sino el triunfo de Dios. Dios triunfa, palabra final de la historia. La novedad es que Dios triunfa en su Hijo, como en nadie jamás había triunfado.
La vida de Jesús es el triunfo de Dios, la victoria de Dios sobre el mal y el pecado.
Esa clave no puede dar respuesta a cuestiones que hoy nos planteamos. No estamos de acuerdo ni con la sociedad ni con la Iglesia que nos ha tocado vivir, y de las que formamos parte. Este pronunciamiento resulta corto si termina ahí. Jesús tampoco estuvo de acuerdo, pero su balance fue más allá. Y el punto final que Jesús alcanza es un inmenso himno de gloria. A este balance nos asociamos.

5. Siguiendo con nuestra reflexión, podemos pasar a un tercer punto, desprendido del Evangelio. ¿Qué será de mi vida en este escenario grandioso de la vuelta del Hijo de Dios? Y la respuesta es inequívoca. Por la pura gracia y misericordia de Dios, por la muerte de Jesús, mi Salvador, nuestro Salvador, yo me veo entre los elegidos. ¡Bendita sea la aparición del Hijo del hombre, Señor de la Historia porque viene para mí con la palma del triunfo.
Yo abandono mi vida en Dios, mi Creador y mi Padre, a impulso del Espíritu Santo. Mi salvación es cierta; nada puedo temer. Una luz radiante emana de mi rostro; es la misma luz del Tabor, la luz de Cristo Resucitado.

Terminamos, pues, nuestra homilía dirigiéndonos a Jesús, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios.
Señor Jesús, vendrás gloriosamente algún día y enances cantaremos tu triunfo eterno, gloria de la humanidad, y tu triunfo será mi triunfo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 16 noviembre 2018.

sábado, 10 de noviembre de 2018

1134 Dom. XXXIIB – Jesús, los escribas y la viuda de las dos monedita


            Jesús, los escribas  y la viuda de las dos moneditas
Mc 12,35-38-44
Video: 

Texto evangélico:
         38 Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, 39 buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
     41 Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; 42 se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 43 Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44 Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Hermanos:
1. Hoy es el Evangelio de Jesús y la viuda de las dos moneditas. Pero lo hemos titulado: Jesús, los escribas  y la viuda de las dos moneditas.
En la sección tomada del Evangelio de san Marcos para este Domingo hay dos cuadros que se confrontan: la religión de los escribas, especialistas en interpretar la Ley de Moisés, que Dios entregó a su pueblo como alianza de amor, y la religión de una pobre del Señor, de una viuda, de la que dice el texto sagrado que entregó al Templo todo lo que tenía para vivir. Y Jesús pronuncia una sentencia para el primer cuadro, y una sentencia para la viuda pobre y piadosa.
Recuerden: estamos dentro de la Semana Santa, la última semana de la vida de Jesús, lo mismo que el pasado domingo, cuando un doctor de la Ley hizo una consulta al Señor sobre el principal mandamiento y Jesús, en aquel maravilloso encuentro, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Estás en el verdadero filo que marca la Ley santa de Moisés.
2. No es esta la estampa de lo que hoy nos dice el Evangelio sobre los escribas: ¡Cuidado con los escribas!, dice hoy Jesús. Y los recrimina por su ostentación, por su vanidad, por sus largas oraciones aparentosas, por su autoritarismo en la interpretación de los preceptos del Señor, hasta llegar a  decir Jesús: devoran los bienes de las viudas.
La religión, que sin duda lleva consigo un poder espiritual, se presta a caer en unas derivaciones que no debieran ser. El Papa no se ha cansado de hablar de la “mundanidad espiritual”, un sutil peligro que puede tener formas muy íntimas, apenas perceptibles, pero que puede tener expresiones descaradas en los jerarcas de la Iglesia. En tiempos medievales las ha tenido, en el Renacimiento las ha tenido, en el Barroco también…, y en tiempos posteriores también. ¡Es tan fácil caer en esta falsificación, y convertir el poder espiritual – que tiene que ser siempre servicio, humildad, ultimidad… - es tan fácil deslizarse del poder espiritual al poder mundano, que es la fama, la vanidad, la prepotencia…! Dios nos libres a los sacerdotes utilizar nuestro sacerdocio ante la gente sencilla, como un honor mundano, como un poder para recabar con ello prestigio, e incluso hasta dinero… Sería la profanación de nuestro sacerdocio, que debe ser siempre minoridad, amor, desaparición…
Ya le oímos a Jesús en domingos pasados: El que quiera ser el primero que sea el último de todos, el servidor de todos. El ejemplo lo tenemos en él, que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida por nosotros.

3. Pero fijémonos en la viuda, que afectivamente es hoy la protagonista del Evangelio. La circunstancia es esta: que Jesús y los apóstoles estaban en el atrio interior del Templo, mientras la gente transitaba por allí para hacer sus ofrendas y oraciones. Y dice el Evangelio que muchos ricos echaban mucho. En esto le llamó la atención a Jesús una viuda. Esta viuda era pobre y discretamente dejó allí su limosna. Entonces Jesús hizo un comentario, a propósito de la viuda, que fue como una canonización en vida.
Jesús podía haber dicho:
-         Vaya, esta mujer, si era pobre no tenía obligación de dar su limosna. Habría sido un buen comentario.
Incluso Jesús podría haberse acercado a ella, y con respeto haberle sugerido:
-         No, señora, usted no tiene obligación. Esas monedas quédeselas, que usted las necesita.
Nada de esto hizo Jesús, nada de esto dijo. Al contrario, Jesús se quedó admirado de aquella viuda; sí, dejó que su corazón se admirase y contemplara las maravillas ocultas que Dios hace en los sencillo.
Y luego pronunció estas palabras de revelación, porque el Evangelio, como continaumente insistimos en ello, siempre es revelación.

4. ¿Qué dijo Jesús? Jesús convocó a sus discípulos, es decir, a aquella comunidad mesiánica que nacía y de la que nosotros somos los continuadores. ¿Qué nos dijo Jesús?
Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Esta es la lección que ha quedado en la Iglesia. Esta mujer era pobre, pasaba necesidad, pero no ha dudado en dar a Dios todo lo que tenía para vivir. Jesús pondera el amor, la limpieza, la totalidad de esta mujer, verdadera hija de Israel.

5. Dejemos correr ahora un poco la imaginación. Aquellos días de la semana andaba por Jerusalén la mujer que el día viernes había de estar junto al a cruz de su hijo. Es una suposición razonable.
¿Quién era esa pobre viuda que ha dado todo lo que tenía para vivir y a quién representa? Una viuda sin nombre ni historia que encarna a infinidad de mujeres sencillas de ayer, de hoy, de todos los tiempos.
Y con afecto del corazón podemos decir: María, la Madre de Jesús, está perfectamente representada en la viuda pobre del Evangelio. Desde el día que dijo “sí” María entregó a Dios todo lo que tenía para vivir, y ahora lo va a entregar de nuevo. María es la pobre del Señor.

6. La mujer viuda y pobre es una imagen para todos nosotros. Hemos de dar al Señor todo lo que tenemos para vivir, cada quien a su modo y manera. En el momento en que escribo estos pensamientos vengo de dar unos Ejercicios a una comunidad de religiosas contemplativas, 16 mujeres que en el silencio y en el amor, van desgranando su vida para el Señor, y orando día a día por las necesidades de sus hermanos. Allí a la entrada de su capilla tienen un tablero de papelitos con todas las intenciones que les encomiendan, y en sus oraciones continuamente rezan por todos los pobres y necesitados.
La viuda del Evangelio se llama Patrocinio, Andrea, María Auxilio, tres mujeres catalanas – capuchinas de la Divina Pastora – que pertenecen al grupo de 16 mártires beatificados hoy en Barcelona. ¿Qué delito han cometido esas mujeres de 59, 65, 66 años que han cuidado a unas niñas…, para que les den un tiro porque estorban? ¿Qué saben estas mujeres de mítines y de política?
Esa es la viuda pobre del Evangelio.
Hay tantas viudas pobres que merecen la alabanza de Jesús…
Una aplicación oportuna de este Evangelio acaso sea la consideración de tantas personas que viven solas – más mujeres que hombres – padeciendo una soledad dolorosa, que de alguna manera quisieran colmar. A mujeres de fe sí se les puede decir: Dios es tu riqueza y compañía. Él nunca ha de fallar.

Pero la enseñanza de Jesús no es solo para las viudas; es para todos.

Señor Jesús, que te quedaste admirado ante aquella viuda pobre y con su ejemplo nos diste una lección a todos, danos a nosotros, y a mí en particular un corazón sencillo, humilde y puro, para servir a Dios y a los hermanos. Amén.

Guadalajara, sábado 10 de noviembre de 2018.

viernes, 2 de noviembre de 2018

1133 Dom. XXXI B – Jesús proclama el primero de todos los mandamientos


Jesús proclama el primero de todos los mandamientos
Mc 12,28-34

Texto evangélico:
28  Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». 29 Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: 30 amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. 31 El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». 32 El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; 33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». 34 Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Hermanos:
1. El centro de la fe de Israel es este pasaje soberano, escrito en el libro del Deuteronomio, capitulo 6:
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón,

Es el Schemá, Yischrael, que como voz del cielo caen en el corazón de los hijos de Israel. Y no digo de los judíos, porque el verdadero Israel, dice san Pablo, somos nosotros, los hijos de Abraham que por la fe damos culto a Dios en espíritu y verdad.
Las Comunidades Catecumenales han tomado estas palabras del “Schemá” y las cantan en sus celebraciones, al unísono y a todo grito haciendo que resuenen en los corazones y en las paredes.
El texto sagrado del Deuteronomio sigue:
se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.

2. Si el pueblo judío ha persistido en la historia y no ha sido borrado del mapa como tantos imperios que han caído, ha sido sencillamente por estas palabras. Su fe inquebrantable en Dios ha sustentado su historia.
Con este antecedente, hermanos, nos resulta grandioso y glorioso el Evangelio de Dios. Jesús ha proclamado el Schemá, que, como judío, todos los días, en su oración personal – así es de suponer – lo ha proclamado.
Se acerca, pues, el doctor de la Ley, y con palabra humilde y sincera, le pregunta: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Y Jesús le responde con la verdad de Dios.
Pudo decirle: el primer mandamiento que Dios dio al hombre cuando lo creó y lo bendijo es este: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra» (Gen 1,28).
Pero no tomó estas palabras del primer capítulo del Génesis. Fue al centro más puro de la revelación y le dijo; «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

3. Al doctor de la Ley se le iluminó el rostro, porque también pensaba así. Israel y Jesús se encontraban en lo más bello y fascinante de la Ley, el amor de Dios.
Este amor de Dios no tiene más característica que la totalidad, la plenitud. Este amor de Dios, que es nuestra absoluta liberación, que es nuestro presente y nuestro futuro, que es el único mandamiento que vamos a cumplir en el cielo, cuando haya pasado este mundo, nos iguala a todos los hijos de Dios. Nos obliga, con dulce obligación, en todo tiempo y segundo del tiempo, por la mañana, al mediodía, a la tarde, a la noche. Y es exactamente el mismo para el niño que para el adulto, para el casado que para el célibe.
Este primerísimo y único mandamiento se podrá decir con otras palabras. Celebrábamos el 1 de noviembre la Solemnidad de todos los santos.
Podíamos recordar las palabras de Jesús:

“Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). O lo que quedó escrito en las palabras de la primera carta de san Pedro: “Lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo”. (1Pe 1,15-16).
Podíamos ir a lo que primero está dicho en el libro del Levítico, en la Ley de la santidad. “El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. Respete cada uno a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo soy el Señor, vuestro Dios” (Levítico 19,1-3).

4. Es sublime, hermanos, que Dios sea la medida de nuestra vida, Dios y solo Dios. Parece increíble que podamos organizar la vida desde Dios, y confesar que Él, nuestro Creador, nuestro Padre, se interesa por nosotros – por nuestra familia, padres e hijos; por nuestro trabajo y economía; por nuestra salud… - y que de todo ello podando hacer una obra de amor total a Dios.
Para completar la lección al doctor bienintencionado, Jesús añade. “El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos»”. Queda definitivamente del todo claro que el amor total a Dios reclama desde dentro el amor total prójimo, y que el amor total al prójimo está pidiendo a gritos el amor total a Dios.

5. Es muy bello el final de este Evangelio, acaso el encuentro más hermoso de Jesús con la fe de su pueblo, que es el mayor anhelo de su corazón. Jesús nació judío y vivió y murió como judío, no es de una raza universal de todos y de nadie. El mayor dolor de Jesús fue el no verse comprendido por su puedo y verse rechazado, que es el problema que llevó san Pablo toda su vida.
Pero en esta escena, no. Aquí se encuentran Israel y Jesús. Jesús felicita al docto escriba: Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».
Y esto es como una profecía de lo que la Iglesia está aguardando.
Si yo me encontrara con un judío de este talante, podría decirle con la Biblia en la mano: Hermano, yo te amo con todo mi corazón como me enseñó Moisés, y sé que tú me amas con los mismos sentimientos, porque has leído la Torá y la cumples. Que llegue pronto el día de nuestro encuentro ante el único Dios, el Dios de Abraham el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de Jesús.
Señor Jesús, termino mi homilía como todos los domingos con una súplica: Que esto que estoy predicando se cumpla ante ti, que por nosotros has muerto en la cruz. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 2 de noviembre de 2018

martes, 30 de octubre de 2018

1132. Celebración del V aniversario del P. Ignacio Larrañaga (1928-2013)


Memoria de la Pascua del
Padre Ignacio Larrañaga
V aniversario
(28 oct. 2013 – 28 oct. 2018)

En la madrugada del 28 de octubre de 2013, en la fiesta de los santos Simón y Judas, aquí en Guadalajara moría santamente el capuchino P. Ignacio Larragaña (1928-1985). Los seguidores de los Talleres de Oración y Vida, nacidos en 1984, en varias decenas de Países, hablan de este día como de “la Pascua del P. Ignacio”.
Cada año hemos desgranado a su memoria un poema:
1)    Padre de amor infinito (2014),
2)    Padre Ignacio Larrañaga / tu memoria no se apaga (2015),
3)    La Pascua de los cristianos (2016);
4)    Vivir en Dios es real (2017).
5)    Y ahora (2018) el que viene a continuación.

1. Ser amado como hijo
por Dios que me quiere amar,
más allá de mis pecados,
por su entrañable bondad:
ese es el puro Evangelio
que Jesús vino a enseñar.

2. Y sentirse así acogido
por mi Padre celestial,
en confianza y abandono,
en total seguridad:
esa es mi dicha en la tierra
que nadie me ha de quitar.

3. A tus brazos, Padre amado,
con sencillez y humildad,
mi presente y  mi futuro
yo lo quiero confiar:
suceda lo que suceda
yo veré tu voluntad.

4. Ignacio, padre y hermano,
que me has enseñado a orar,
por ti a Jesús damos gracias
orando en la intimidad.
¡Somos hijos muy amados,
amémonos de verdad!

Mini-crónica
Desde este lugar donde me encuentro (Fraternidad de capuchinos / Privada Bugambilias 350 / Colonia Santa Rita / detrás de la Plaza México, de Avda. México, por más señas, a 39 km de la Casa de Oración de las Siervas de Jesús Sacramentado, en Ixtlahuacán de los Membrillos) acudimos a la Misa conmemorativa de este V aniversario del P. Ignacio, celebración preparada por la Coordinación Nacional México, Pacífico I, dirigida por el matrimonio de María Teresa de Jesús Gutiérrez Ramírez y Fermín Gustavo González Estrada. Presidía la celebración el sacerdote diocesano de esta arquidiócesis de Guadalajara Javier Sandoval Jiménez, que es en la actualidad el Asistente espiritual de Talleres de Oración y Vida. A su lado concelebraba quien esto escribe. Uno de los asistentes, haciendo un cálculo por los bancos de la capilla, me dijo que estaríamos, entre guías y familiares, unas 160 personas…
A la hora del Evangelio el P. Javier me invitó a proclamar la Palabra del Señor y predicar… Domingo del Evangelio del ciego de nacimiento (Mc 10,46-52), Domingo en que se clausura el Sínodo de Obispos (XV sesión ordinaria) sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, un documento de 60 páginas, bellísimo para nuestros disfrute,  que se entregaba al Papa el día anterior y que el Santo Padre autorizaba su publicación para conocimiento de todos.
Fue una celebración entrañable la de este mediodía. En una tarjeta de recuerdo, preparada por los Coordinadores, con foto y sonrisa del P. Ignacio, él nos hablaba: “¡Estoy en la Casa del Padre! De rodillas ante mi Padre estaré pidiendo por cada uno de los Guías. Siempre presente”.
Los Coordinadores Tere y Fermín acababan de llegar, d e madrugada la Asamblea Internacional celebrada en Brasil. De ellos pudimos saber que a la asamblea internacional asistieron 12 coordinaciones zonales con sus coordinadores nacionales de las siguientes zonas: América Central, Zona Andina, Asia, Brasil Caribe, Cono Sur 1, Cono Sur 2 Estados Unidos Europa, Luso Africana México Norte, México Sur. Y equipo internacional aproximadamente: 150 Guías.

Guadalajara, 30 de octubre de 2018.