Texto evangélico
7 Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. 8 Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; 9 que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. 10 Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 11 Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
12 Ellos salieron a predicar la conversión, 13 echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Hermanos:
1. El Evangelio de este domingo continúa, a renglón seguido, lo que fue el Evangelio anterior. Jesús ha escogido a Doce y les ha dado poderes divinos. Con ello, obviamente, manifiesta su propio poder divino, su autoridad y la misión que ha traído a este mundo.
El Evangelio de hoy es el Evangelio de la misión. Son unas orientaciones concretas y muy precisas, sorprendentes por los principios en los que están inspiradas y normativas para lo que debe ser su modo de actuar. Jesús está hablando a los Doce Apóstoles, pero no es ninguna distorsión del sentido, no es ningún abuso del texto, el decir que lo que Jesús dice, en este momento germinal al grupo que él ha asociado a su persona, lo está diciendo a la Iglesia sucesiva de todos los siglos.
Veamos, en concreto, estas cuatro consignas que Jesús ha dado y que hoy debemos seguir.
2. La primera es que vayan de dos en dos, es decir, la compañía en el trabajo que Dios nos ha encargado. No queremos héroes personales. Queremos unidad y compañía, lo que hoy se llama sinodalidad, muy conscientes de que estamos trabajando todos al servicio de una causa y de un propietario. La causa es la causa de Dios; el responsable es Dios mismo, o su Hijo Jesucristo, en quien han sido depositados todos los títulos divinos.
3. La segunda es que expulsemos demonios. Dice el texto sagrado: dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. ¡Qué frase más misteriosa! Pero es una frase que está avalada por el testimonio de Jesús: Jesús expulsó demonios, desde el propio momento de las tentaciones en su cuarentena del desierto.
4. La tercera es que no llevemos nada para el camino: ni dinero, ni ropa, ni alimento. Una frase absurda, que no se comprende, si uno por la fe no da un salto al infinito y acepta que en el cielo hay un Padre que sabe que yo necesito comer y vestir, tener una casa donde vivir y descansar, y que alguien me lo tiene que proveer.
Jesús nos asegura que Dios, el Padre, lo va a hacer. Dios se va a encargar que yo tenga pan para comer, ropa para vestir, dinero para comprar, casa para dormir. Jesús es tan concreto que llega a decir: Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 11 Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
4. Y la cuarta es el mensaje que debemos llevar. Nos ha dicho el Evangelio al principio lo que predicaba Jesús: Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15 decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». Eso es lo mismo que nosotros debemos predicar: la conversión al Evangelio.
El resultado era maravilloso: 12 Ellos salieron a predicar la conversión, 13 echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Hermanos, escuchando estas cosas, y reflexionando después de la experiencia de dos milenios, nos atrevemos a decir y decimos:
- el programa es el mismo. No ha cambiado.
- Los resultados son los mismos.
En cierta ocasión, hace 800 años, – se calcula que fue el año 1208 – oyó este Evangelio en joven Francisco de Asís – no sabemos si en la versión de Mateo, de Marcos o Lucas – en una ermita en las afueras de Asís, y el resultado fue increíble. Un biógrafo del tiempo lo cuenta así: “Terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».” (1Cel 22).
Hermanos, este episodio es el acta de nacimiento del franciscanismo en la Iglesia.
5. Esto que estamos diciendo está en perfecta consonancia con ese pasaje maravilloso de san Pablo, con el cual comenzamos hoy la lectura de la Carta a los Efesios (1,3-14).
Por encima de nuestra vida está Dios, y ese Dios y Padre tiene un plan concreto, para nosotros y para mí.
4 Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo | para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
5 Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, | según el beneplácito de su voluntad, | a ser sus hijos,
6 para alabanza de la gloria de su gracia, | que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
7 En él, por su sangre, tenemos la redención, | el perdón de los pecados, | conforme a la riqueza de la gracia
8 que en su sabiduría y prudencia | ha derrochado sobre nosotros, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad…
6. Con esta visión de la vida por delante, ¿qué sentido tiene para nosotros, hermanos, lo que leíamos en la prensa de ayer, acerca del proyecto que se presenta de la ampliación de la Ley del aborto?
Leo literalmente de lo que se dijo y ha quedado escrito:
“El derecho de los médicos a la objeción de conciencia no puede estar por encima del derecho a decidir de las mujeres”, ha señalado [la Ministra de Igualdad]. “España está preparada para despenalizar definitivamente el aborto”, [considera M…], que quiere trabajar en eliminar “las barreras que están impidiendo el acceso efectivo” de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).
Derecho de la madre sobre ese embrión vivo, que no es un tumor dañino que hubiera que extirpar… No es un asunto de política, de ministerios del gobierno – de sanidad o de igualdad –; es un asunto humano y para nosotros también divino. He aquí tres preguntas:
- Ese niño, que está viniendo (que no es ningún tumor) ¿tiene algún derecho para existir?
- El médico que lo quiere defender ¿tiene algún derecho a defenderlo?
- Dios, que lo ha amado, que lo ha creado, que le ha preparado un mundo para que lo disfrute y lo haga más hermoso, ¿tiene algún derecho sobre esa criatura que va viniendo?
En suma, ¿será verdad o no lo que dice el Concilio que dice que el aborto es un “crimen abominable”?
¿A qué punto de aberración estamos llegando que queremos hacer una vida sin Dios?
Concluyo: Señor Jesús, tú enviaste a tus apóstoles a anunciar el Reino de Dios, que es salud, liberación y paz. Que nunca nos avergoncemos de defender tus palabras, incluso a costa de nuestra propia vida. Amén.
Madrid, 9 de julio de 2021.