lunes, 2 de agosto de 2021

1636. María de la Porciúncula 2021– Romancillo franciscano y evocación

María de la Porciúncula

María de la Porciúncula,

amada de san Francisco,

allí nació la familia

allí dio el postrer suspiro.

 

Eres la Madre y la Reina,

porque eres desde el principio,

y amor de toda la vida

vuelve y vuelve sin permiso.

 

Y hoy torna a mi corazón,

porque, al fin, también soy niño,

yo que a fuerza de pensar

ya me he vuelto pensativo.

 

¿Te digo mi confidencia,

Madrecita de ojos limpios,

en esta ermita humildísima,

donde ángeles cantan himnos?

 

Aquí brilló el Evangelio

y aquí nació un Pobrecillo,

aquí hacían los hermanos

sus decisivos capítulos.

 

Los misioneros seráficos

salían de este recinto,

Francisco los bendecía,

todos bajo tu cobijo.

 

Porciúncula, florecita,

la gracia de los inicios;

yo creo que hay que volver

a la ermita y corralito.

 

Hay que volver a la madre

que cosió el primer zurcido,

hay que volver, que nos diga

de la escuela el buen camino.

 

Hay que volver y sentarse

junto al fogón vespertino,

y que ella nos cuente y hable

lo que ella quiera decirnos.

 

Iglesia viva en salida,

humildes y decididos;

pero primero juntarse

y salir del mismo sitio.

 

Nuestro sitio es la Porciúncula,

cuna del franciscanismo,

Porciúncula, Nazaret,

donde aprendió Jesucristo.

 

Porciúncula de pequeños,

de menores reunidos:

oración y sencillez,

y lo demás por sí mismo.

 

Porciúncula, la indulgencia

de pecados cometidos,

el jubileo de rosas,

de la Madre de cariños.

 

Porciúncula, historia bella

de tantos hermanos idos,

y la historia de escribir

de todos los que vivimos.

 

Hoy renovamos los votos,

los que un día prometimos,

la Madre, la Virgen fiel

dé la gracia de cumplirlos. Amén.

 

Madrid, Santa María de los Ángeles de la Porciúncula 2021.

 

La Madre de los hermanos y de las hermanas

(En la “lectio” spiritual a las clarisas capuchinas
de la Casa de formación de Santa Verónica, en México
Curso 2003-2004)

 

I

San Damián y la Porciúncula,
el Crucifijo y la Virgen

en el origen de nuestra familia

La palabra PORCIÚNCULA no aparece en los escritos de San Francisco (tampoco San Damián), pero la palabra Porciúncula llena las biografías de san Francisco. La encontramos hasta 97 veces, y muchas de ellas con esta designación: Santa María de los Ángeles de la Porciúncula (El número de 97 con sus lugares textuales es el resultado de la consulta de un programa informático de este conjunto de escritos).
    La vida de Francisco está asociada a esta capilla, y, sobre todo, a la presencia de la Virgen que sugiere la capilla.

Punto de arranque: San Damián

La primera obra que emprendió el bienaventurado Francisco al sentirse libre de la mano de su padre carnal fue la construcción de una casa al Señor... Como hubiese retornado al lugar donde, según se ha dicho, fue construida antiguamente la iglesia de San Damián, la restauró con sumo interés en poco tiempo, ayudado de la gracia del Altísimo (1Cel 18).

No se dice que le hablase el Crucifijo. Eso se dirá en documentos posteriores: en los Tres Compañeros 13c (documento anterior a la 2 de Celano), en 2Cel 10, y en San Buenaventura 2,1.

 

La Porciúncula: acta de nacimiento

El acta de nacimiento del franciscanismo es el episodio ocurrido en Santa María de los Ángeles de la Porciúncula, un Acierto día (¿San Matías?, ¿San Lucas?), en el tercer año de la conversión, cuando escuchó el Evangelio de la misión de los Apóstoles o discípulos.

Reparada la iglesia de San Damián, Amarchó a otro lugar próximo a la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedifica­ción de otra iglesia (1Cel 21: era probablemente la iglesia de San Pedro, que no existe.

De allí pasó a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen Madre de Dios, construida en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplar­la el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque le hervía el corazón en devoción hacia la Madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo. Cuando acabó de reparar dicha iglesia, se encontraba ya en el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito como de ermitaño, sujeto con una correa; llevaba un bastón en la mano, y los pies calzados (1Cel 21).

Continúa el texto: "Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar......, "al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica" (1Cel 21).

Nace la vida franciscana:

1) Junto al altar, en la Eucaristía,
2) inspirada por la Palabra de Dios,

3) declarada por un humilde sacerdote (jerarquía),

4) después de un proceso largo de conversión (en el tercer año del cambio),

5) con un inmensa ímpetu carismático,

6) y en una ermita dedicada a la Virgen.

Quisiéramos responder a estas preguntas, que incitan nuestra piadosa curiosidad: ¿cuánto oró Francisco a la Virgen para encontrar su camino espiritual...?, ¿qué colo­quios tuvo en aquella iglesia de santa María?, la nueva familia que nació ¿es sencillamente fruto de la Virgen de aquella ermita campesina...? Nacimos, es verdad, en una ermita campestre, junto al regazo de María.

No podemos responder a preguntas que lanza el amor; pero un dato precioso: que Francisco era devotísimo ya entonces de Santa María, dice Celano, y decidió quedarse allí, junto a la Madre de toda bondad (totius bonitatis Mater). Lo mismo dice san Buenaventura, llamando en este texto a la Virgen, Señora del mundo (Domina mundi).

San Buenaventura ha interpretado, sí, que en el naci­miento de la Orden ha intervenido la intervención de María, como respuesta a la oración de Francisco: Mientras moraba en la iglesia de la Virgen, Madre de Dios, su siervo Francis­co insistía, con continuos gemidos ante aquella que engendró al Verbo lleno de gracia y de verdad, en que se dignara ser su abogada, al fin logró ‑ por los méritos de la madre de misericordia ‑ concebir y dar a luz el espíritu de la verdad evangélica (LM 3,1).

 

Santa María de los Ángeles, lugar santo, morada de Francisco, centro de envío y de retorno, lugar de la muerte

Santa María de los Ángeles es la Cuna del franciscanis­mo, y para Francisco su casa (si se nos permite emplear este lenguaje para alguien que jamás tuvo propiedad); su lugar preferido, el punto geográfico de su vida; luego será "caput et mater (cabeza y madre) de la Orden.

Hubo una breve estancia en Rivotorto, donde estaba la leprosería de Santa María Magdalena, por la capilla existen­te; por ciertas circunstancias hubo de salir de allí (1 Cel 44), y, con el uso que le cedieron los Benedictinos de Monte Subasio de la capilla de la Porciúncula, definitivamente puso allí su morada. ¿Qué le atraía de este lugar?

- Ser lugar santo, porque allí se manifestaba Dios.

- Ser lugar de los Ángeles, a los que tenía especial devoción.

- Ser lugar de María.

- Ser el lugar donde Dios le manifestó su vocación.

Al darse cuenta de que precisamente, de acuerdo con el nombre de la iglesia, que se llamaba Santa María de los Ángeles, eran frecuentes allí las visitas angélicas, fijó su morada en este lugar tanto por su devoción a los ángeles como, sobre todo, por su especial amor a la madre de Cristo (S. Buen., LM 2,10).

Por eso fue para Francisco el lugar más amado de la tierra. San Buenaventura expresó esta preferencia con las siguientes palabras:

"Amó el varón santo dicho lugar con preferencia a todos los demás del mundo, pues aquí comenzó humildemente, aquí progresó en la virtud, aquí terminó felizmente el curso de su vida; en fin, este lugar lo encomendó encarecidamente a sus hermanos a la hora de su muerte, como una mansión muy querida de la Virgen (LM 2,10).

Los hechos clave relacionados con la ermita de la Porciúncula son los siguientes:

1) El descubrimiento de su forma vitae, al oír el Evangelio.
2) La consagración de Clara en la misma
forma vitae de Francisco.
3) El establecimiento de la morada de Francisco en esta tierra.

4) Las reuniones de los hermanos o Capítulos generales, de donde eran enviados a las distintas partes de la tierra.

5) De aquí partió Francisco para Francia, para España, para Palestina.

6) Distintos episodios de la vida de Francisco se locali­zan aquí.

7) La Porciúncula es el lugar del Perdón de Asís.

8) Francisco recomendó a sus hermanos guardar este sitio como una especial herencia espiritual (1 Cel 106).

9) Aquí Francisco quiso morir; es el lugar de su Tránsito.

 

Himno para Santa María de los Ángeles (2 de agosto)

Recogiendo este significado de la Porciúncula, he aquí un himno compuesto en 1979 para la fiesta franciscana de Santa María de los Ángeles, publicado, con una sentida música popular de romería a la ermita (de Fidel Aizpurúa), en 1983 (Himnos para el Señor. Barcelona, Ed. Regina).

 

Humilde Virgen de las vegas,

María, Reina de los ángeles,

son tus caminos en la tierra

huellas de amor, pasos de madre.

 

Estás allí donde tus hijos,

donde una mano suplicante

prende el aceite de la lámpara,

¡oh siempre fiel!, para mirarte.

 

A tu capilla de los campos

llega el labriego jadeante;

pide perdón el Pobrecillo

y alcanza rosas celestiales.

 

Aquí se arriman los hermanos

con preces, penas y cantares,

a ti, porción de los menores,

que en los pequeños te complaces.

 

Hijos de paz junto a tus plantas,

de Asís al ancho mundo salen,

y con cristiana cortesía

cantan la paz como juglares.

 

Por ti, María, toda pura,

aroma y gracia en nuestra carne,

vuelva a Jesús nuestra alabanza

con la liturgia de los ángeles. Amén.

 

San Damián para las hermanas (1212) donde permane­cen hasta1260

 

Tomás de Celano, pudo escribir con veneración sobre San Damián, una frases que nos sorprenden altamente, porque están en la primera Vida de San Francisco (año 1228):

 

Este es el lugar bendito y santo en el que felizmente inició la gloriosa religión y la eminentísima Orden de señoras pobres y santas vírgenes por obra del bienaventurado Francisco, unos seis años después de su conversión. Fue aquí donde la señora Clara, originaria de Asís, como piedra preciosísima y fortísima, se constituyó en fundamento de las restantes piedras superpuestas (1Cel 18).

Francisco inicia su andadura en San Damián para establecerse en la Porciúncula;

Clara comienza en la Porciúncula (noche de Ramos) para queda establecida, por fin, en San Damián, donde vive y muere. Las hermanas se trasladarán al interior de la ciudad a los años de las muerte de la santa madre, en 1260.

¡Qué bella sinfonía espiritual se puede escribir sobre Clara toda la vida con el Crucifijo original de Francisco; Francisco junto al altar de la ermita que recibió los cabellos de la virgen Clara!

 

II

Francisco desea que María sea

la Abogada de la Orden

 

El testimonio espiritual de Celano y de san Buenaventu­ra

 

Tomás de Celano tiene un testimonio delicado que nos enternece, con este título: Su devoción a nuestra Señora, a quien encomendó especialmente la Orden.

 

Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad (Sal 28,3). Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana. Pero lo que más alegra es que la constituyó abogada de la Orden y puso bajo sus alas, para que los nutriese y protegiese hasta el fin, los hijos que estaba a punto de abandonar. ¡Ea, Abogada de los pobres!, cumple con nosotros tu misión de tutora hasta el día señalado por el Padre (Ga 4,2) (2 Cel 198).

¿Qué más podría decir san Buenaventura, que tiene delante el testimonio que acabamos de transcribir? El Seráfico Doctor se expresa así:

Amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad y por haber nosotros alcanzado misericordia (1Pe 2,10) mediante ella. Después de Cristo, depositaba principalmente en la misma su confianza; por eso la constituyó abogada suya y de todos sus hermanos, y ayunaba en su honor con suma devoción desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción (LM 9,3).

 

Anotemos estas observaciones:

1) Según el texto de Celano, parece que esta recomenda­ción especial a la Virgen es una voluntad testamentaria, poco antes de morir.

2) La Virgen es Abogada de la Orden (no propiamente Patrona) no por un rescripto pontificio que solicitara Fran­cisco (como el Privilegium paupertatis), sino por el simple deseo carismático de haber sido él padre y fundador.

3) Ni en Celano ni en san Buenaventura se nos dice que san Francisco apelara a un título de María para constituirla Abogada de la Orden. No está unido, por ejemplo, a la posible imagen de María que estuviera en la capilla de la Porciúncula.

4) El centro teológico en que coinciden Celano y Buena­ventura es este: el de la fraternidad de Jesús. Por María el Señor de la Majestad se ha hecho hermano nuestro. Esto es el núcleo de la más pura teología y ternura. Esto es lo que constituye a María Madre, y como Madre podemos honrarla nosotros.

5) La fiesta principal de María en la liturgia latina era entonces la Asunción de María (la fiesta de la Inmaculada no existía). Por ello, el ayuno en honor de la Virgen va a ser para prepararse para la solemnidad de la Asunción. Pero tampoco podemos decir que la Asunción fuera la patrona de la orden.

6) María es nuestra Abogada (Advocata). La palabra Abogada, que aparece en la Salve (Eia, ergo, Advocata nostra), incluye los oficios de la intercesión y mediación de María.

7) Esta función maternal de María la entiende Francisco como una función que ha de durar hasta el fin, mientras la Orden exista.

Con el correr del tiempo prevalecerá un título para evocar la función de patronazgo de María sobre la Orden, la Inmaculada, por haber sido la escuela franciscana, y en especial el Beato Juan Duns Scoto (1265-1308) el defensor teológico de este Privilegio.

 

Las Constituciones Capuchinas y la Inmaculada

 

Ni las Constituciones de los Capuchinos ni las de las Capuchinas llaman a la Inmaculada Patrona de la Orden o Regina Ordinis Minorum, si bien ambas Constituciones recomiendan el ayuno la víspera de la Inmaculada (Capuchi­nos 103,3; Capuchinas 90).

 

Y las Constituciones de las Clarisas Capuchinas tienen este bello y profundo párrafo: Y profesaremos amor filial a la Virgen Inmaculada, asociada a Cristo en la pobreza y en la pasión, modelo y sostén de toda vida consagrada (Canon 663,4; 1186" (Const. 80).

 

Cuál es nuestra Virgen

 

Las órdenes religiosas han difundido sus advocaciones de María, que muchas veces han tenido gran resonancia popular. La Virgen del Carmen (Carmelitas), la Virgen del Rosario (Dominicos), el Inmaculado Corazón de María (los Misioneros del Corazón de María o Claretianos), la Virgen del Perpetuo Socorro (los Redentoristas), la Virgen del Buen Consejo (los Agustinos), la Milagrosa o Medalla Milagrosa (Paules e Hijas de la Caridad), María Auxiliadora (Salesia­nos), la Virgen de la Merced (Mercedarios), etc.

Bien pensado, la Familia Franciscana no tiene una Virgen propia, y no tiene una fiesta de su Virgen. En el calendario litúrgico no se dice que Santa María de los Ángeles de la Porciúncula sea la Patrona de la Orden, ni tampoco se dice le da esta asignación a la Inmaculada.

 

La Virgen que Francisco venera

 

La Virgen que Francisco venera aparece muy nítida en sus dos oraciones que de él se han conservado.

Antífona:

Santa Virgen María,

no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti,

hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial,

madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo,

esposa del Espíritu Santo:

 

ruega por nosotros, junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos, ante tu santísi­mo Hijo amado, Señor y maestro. ‑Gloria al Padre. Como era.

La rúbrica dice: ATéngase en cuenta que esta antífona se recita en todas las horas y se dice como antífona, capitula, himno, versículo y oración, tanto en maitines como en las demás horas. Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos.

Véase también la Salutatio a María.

Ésta es la Madre de la Orden, que no es otra que la Madre de la Iglesia, la santa Virgen María, que venera la piedad cristiana, que en la Edad Media se la contempla como la Virgen sedente con el Niño, la Madre de Dios que lo ha concebido y lo entrega al mundo, que más tarde se la muestra con un gesto de ternura del Hijo hacia la Madre, de la Madre hacia el Hijo.

 

* * *

En la tradición capuchina española e hispanoamericana hemos venerado a la Divina Pastora, desde el 8 de septiem­bre de 1703, declara por el Capítulo general de 1932 Patrona universal de todas las Misiones de la Orden. Véase la carta del ministro general John Corriveau María, Madre del Buen pastor (Divina Pastora) a la Provincia Bética y a todos los hermanos de las Provincias Ibéricas, escrita el 7 de octubre de 2003.

Puede verse publicada en la Analecta OFMCap 119 (2003) 647-654.

en el Boletín Oficial de la provincia capuchina de Navarra-Cantabria-Aragón 58 (2003) 222-235.

Domingo, 16 de mayo de 2004

fr. Rufino María Grández

domingo, 1 de agosto de 2021

1635 Una alegría muy suave. Soliloquio de comunión – 3

 Una alegría muy suave


¿Cuál es la verdad más consoladora de nuestra fe consoladora?

Que Jesús sea Dios.
¿Por qué es la verdad más consoladora?

Porque Jesús es mi hermano.

 

Una alegría muy suave,

que venía desde adentro,

llenaba todo mi ser

al ver lo que estaba viendo.

 

Que Jesús era Jesús,

hombre todo verdadero,

vecino del vecindario

hombre todo, todo entero.

 

Hombre humilde sometido

al humano entendimiento,

con una historia menuda

como un hijo de su pueblo.

 

Hombre de raza judía,

sujeto a aquel Testamento,

el que en los libros sagrados

con fe se fue transmitiendo.

 

Y ahora viene el prodigio,

que es imposible entenderlo,

que ese hijo, que esa historia

era historia de Dios Verbo.

 

Si yo quiero imaginarlo,

yo siento que lo estropeo,

retírate, fantasía,

que Jesús no es nada de eso.

 

Y si busco explicación,

retírate, entendimiento,

que mi Jesús no es esclavo

de tus dominios escuetos.

 

Retírate, raciocinio,

y no quieras poseerlo:

la santa Divinidad

no cabe bajo argumento.

 

En penumbra y oración,

cuando el ambiente es silencio,

yo sentía, yo sabía

que era hombre y Dios muy cierto.

 

Y si más quiero saber,

por mi razón y contento,

todas las dudas del mundo

levantan su monumento.

 

Es mi Dios en comunión,

cuando lo vivo latiendo,

y sé fijo que era él,

el mismo del Evangelio.

 

Adorando y adorando,

el amor como sendero,

puedo llegar y gozarme

tocando a Dios en su cuerpo.

 

Nadie venga con lecciones

que me parecen un cuento,

en la almohada de mi fe

descansa mi pensamiento.

 

La mente humana se estrella

al pensar en el infierno;

tu santa Divinidad

sea fortín y consuelo.

 

Infierno, infierno maldito,

infierno castigo eterno,

si un hermano de mi raza

es mi Dios y paradero.

 

Oh Jesús, hermano mío,

líbrame, que nada entiendo…

No lo pienses, me decía

mi Dios, Jesús Nazareno.

 

Mi Jesús, Dios de besar,

más sutil que mis deseos,

tú eres mi Dios, yo te adoro,

y aquí por siempre me quedo. Amén


.

Madrid, Jesús de Medinaceli, domingo 1 de agosto de 2021