sábado, 8 de enero de 2022

1719. El bautismo de Jesús, revelación del Hijo amado

 El bautismo de Jesús, revelación del Hijo amado

 

Texto evangélico

15 Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego […]

21 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

 

Hermanos:

1. Hoy es el Domingo del Bautismo del Señor, el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía, y con este Domingo se cierra el ciclo de los misterios de Navidad. Una escena sagrada de la vida del Señor, que puede llenar nuestra alma de luces y de consuelos. ¿Qué es lo que pasó y qué es lo que estos significa?

Este pasaje del Evangelio, que hoy lo leemos de san Lucas, pero que se encuentra también en los demás Evangelios, está introducida por una palabra del Bautista: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Y con estas palabras se nos da la pista para que entendamos que este bautismo es, sí, bautismo real, en la gente y entre la gente, pero es un bautismo singular, como en nadie había ocurrido.

 

2. El evangelista se ha cuidado de darnos un dato muy importante que encuadra lo que allí ocurrió: Prestemos atención: cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado. La gente acudía al bautismo para purificarse de sus pecados, y encontrarse así preparados para la venida de Dios. El bautismo era un bautismo de purificación. El bautismo de Jesús ¿fue un bautismo de purificación? No es esta la palabra exacta para acercarnos a este misterio que nos infunde respeto. Vamos a escoger otra palabra: El bautismo de Jesús es, ante todo, revelación. Nos revela quién es Jesús, cuál va a ser la obra de Jesús, cuál es la Palabra del Padre sobre Jesús.

Al final del bautismo nos quedamos con una palabra que llena nuestro corazón: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco.

 

3. Veamos, pues, hermanos, las tres cosas que acabo de anunciar. No podemos decir de él, primeramente, lo que podemos decir de cada uno de nosotros: un pecador, que necesita ser purificado. San Pablo, pensando en estas cosas, la relación de Jesús con el pecado, no le llamó “pecador”, pero dijo una frase terrible: Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él (2 Cor 5,21). A quien no conocía pecado, porque era el todo santo, Dios lo hizo pecado, lo hizo víctima por el pecado en la cruz, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios, santidad de Dios, en él.

Esto lo vemos en la Cruz; pero, hermanos, esto estaba en lo profundo de Jesús, y podemos verlos en el bautismo. Él se hace solidario del pecado del mundo, y unido a los pecadores entra en el bautismo; él es nuestro hermano.

El bautismo de Jesús no fue una exhibición piadosa para dar un buen ejemplo y animar de este modo a la gente; el bautismodeJesús es real y verdadero, Jesús asume en su vida, en su ser, en su carne, nuestros pecados, mis pecados. Por esa unión que hay entre él y nosotros, yo estaba allí en las aguas del Jordán, cuando Jesús era bautizado. San Agustín, que es el Doctor del Cuerpo Místico de Cristo, nos dice que yo era tentado cuando Cristo era tentado, y yo estaba en la victoria de Cristo cuando Cristo vencía la tentación. Con el mismo argumento podemos decir: Yo estaba en el bautismo de Cristo cuando Cristo era bautizado.

El bautismo nos revela quién es Jesucristo: el que ha asumido en su carne el pecado del mundo.

 

4. Hemos dicho que el bautismo que Jesús asume nos revela su misión. El bautismo es ese acto y signo singular que inaugura la misión de Jesús. El bautismo de Juan era verdadero; no era ficticio. Jesús lo alabó. No era una simple ceremonia que uno se había inventado para contentar el alma con una especie de maquillaje de gestos y oraciones. El bautismo de Juan requería, ante todo, reconocer y confesar los propios pecados, y emprender u camino nuevo bajo el signo de la conversión. Dice san Lucas que los que se bautizaban preguntaban a Juan: ¿Qué tenemos que hacer? Y este profeta de Dios les ponían a cada uno sus propias obligaciones; es que, de lo contrario, aquel bautismo habría sido un rito ficticio. Y, a pesar de ello, es Juan el que proclama: Yo os bautizo con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. El fuego es la destrucción total. Una casa arrasada por el fuego, ya no se puede arreglar y embellecer. Habrá que destruirla del todo, las ruinas que quedan, y sobre el solar levantar una casa nueva. El bautismo de Jesús es la novedad que él nos trae. Y en el bautismo se nos comunica el don del Espíritu Santo; el bautizado queda deificado, divinizado para hacer una vida según el Espíritu de Dios, una vida que las fuerzas humanas de por sí no te la pueden dar.

Jesús trae esta misión a la tierra: crear la familia de Dios. Jesús no ha traído ninguna filosofía nueva, ni tampoco propiamente ninguna religión nueva, si damos a la palabra “religión” un mero sentido de observancias de culto, de ritos, de moral. Jesús nos ha traído la vida de la Trinidad para que al compartamos, en cuanto es posible, en nuestra peregrinación terrestres hasta que en definitiva nos encontremos allá con el Dios y Padre que nos ha creado. El bautismo de Jesús y la resurrección de Jesús son el principio y el final de esa vida que se nos regala, con que comprendemos cuál es el principio y el final de nuestro itinerario. El bautizado, que es igualmente el confirmado, recibe la vestidura nueva y pasa al banquete de la Eucaristía; se ha convertido en miembro de la familia de Dios.

 

5. Y finalmente, hermanos, lo más bello del bautismo de Jesús, el Señor, es la experiencia única que a él se le ha concedido. El cielo baja a la tierra, y Jesús es presentado al mundo con estas palabras: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco. El bautismo de Jesús es inseparable de su santa Resurrección. Es el Hijo amado del Padre.

En la primera lectura de hoy hemos escuchado el primer Cántico del Siervo de Dios: Mirad a mi Siervo, | a quien sostengo; | mi elegido, | en quien me complazco. | He puesto mi espíritu sobre él, | manifestará la justicia a las naciones.

Ese es Jesús, y el bautismo nos lo ha revelado.

 

Concluyamos, hermanos, dirigiéndole a él nuestra mirada:

Señor Jesús, Hijo amado del Padre, que al gracia de tu bautismo, que hoy nos revelas, traspase todos los actos de nuestra vida. Amén.

 

Jerusalén, Domingo del Bautismo del Señor, 9 enero 2022

1718. Regalo de Navidad, el cielo de msi deseos - Navidad 2021-22 (11)

 

Regalo de Navidad, el cielo de mis deseos


La Navidad se cierra con el domingo que sigue a la Epifanía, que es el Domingo del Bautismo del Señor.

El papa Francisco, en la homilía de la Epifanía, habló sobre el deseo que guió a los Magos de Oriente. Hasta 25 veces sonó la palabra deseo (y deseos)

“Desear significa mantener vivo el fuego que arde dentro de nosotros y que nos impulsa a buscar más allá de lo inmediato, más allá de lo visible. Desear es acoger la vida como un misterio que nos supera, como una hendidura siempre abierta que invita a mirar más allá, porque la vida no está “toda aquí”, está también “más allá”. Es como una tela blanca que necesita recibir color. Precisamente un gran pintor, Van Gogh, escribía que la necesidad de Dios lo impulsaba a salir de noche para pintar las estrellas (cf. Carta a Theo, 9 mayo 1889). Sí, porque Dios nos ha hecho así: amasados de DESEO; orientados, como los magos, hacia las estrellas. Podemos decir, sin exagerar, que nosotros somos lo que deseamos. Porque son los DESEOS los que ensanchan nuestra mirada e impulsan la vida a ir más allá: más allá de las barreras de la rutina, más allá de una vida embotada en el consumo, más allá de una fe repetitiva y cansada, más allá del miedo de arriesgarnos, de comprometernos por los demás y por el bien. «Ésta es nuestra vida —decía san Agustín—: ejercitarnos mediante el DESEO» (Tratados sobre la primera carta de san Juan, IV, 6).

En la encíclica Fratelli tutti puso en circulación una palabra equivalente: sueño. Un sueño no es un deseo imposible, sino un deseo precioso, que late en el corazón humano. Y en la última frase, antes de la oración, dejó escrito: “Que Dios inspire ese sueño [de fraternidad universal] en cada uno de nosotros. Amén”.

Recordamos frases de un hombre que ha merecido consideración universal, Martin Luther King, pastor protestante en los Estados Unidos

"Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas".

Al concluir la Navidad vuelvo a mi corazón: ¿Cuáles son los sueño de mi vida? ¿O el deseo y sueño, la estrella…, que pone en orientación toda mi vida? Si es sueño infundido por Dios, se realizará.

 

Regalo de Navidad,

el cielo de mis deseos,

que no son los sueños míos,

que alguien los puso adentro.

 

Son chispas del corazón

la lluvia de los deseos,

pero un deseo entre todos

puede ser dardo certero.

 

Deseos, deseos míos,

mis compañeros de juego…;

deseos ¿son fantasías

o mi retrato secreto?

 

Desear siempre lo mismo

es decir que sí lo quiero,

acaso con ojos tibios

mirando desde el alero.

 

Deseos: ¿son frustraciones

de aquello que yo no puedo?

¿o son llamada inocente

de lo más puro que anhelo?

 

Reyes de la Epifanía,

el bazar de los deseos…,

una carta nunca escrita

dentro del alma la llevo.

 

La carta de la verdad

que a Jesús solo la leo,

con la tinta de mi vida

yo se la voy escribiendo.

 

Un corazón todo humilde,

libre, puro y verdadero

algo así le escribiría

con mi ángel de cartero.

 

Que la llevara a la cuna

y la dejara, muy quedo,

debajo de la almohada

del Niño Dios de los cielos.

 

Se escapa la Navidad

y volvemos al colegio;

ya tengo aquí la mochila

y la loncha del recreo.

 

Mi niño se quedó atrás

y sale el del Evangelio,

y el niño grande se postra

con un deseo sincero.

 

No quiero un mundo distinto

para mi propio provecho,

yo quiero ser lo que llega,

ser yo mismo mundo nuevo.

 

Yo no quiero dar lecciones

como ejemplar y maestro,

mas quiero que todos vean

a Jesús que llevo dentro.

 

Él lo dijo a sus discípulos

y con gozo yo lo creo;

él es el Verbo encarnado,

yo soy miembro de su cuerpo.

 

Él es toda la humildad:

yo no quiero ser soberbio;

Él es cariño y ternura,

y a ese sí que yo me apego.

 

Él es don y todo don,

y como don quiere vernos,

regalo de cada uno

en la mirada y el gesto.

 

Él es olvido y perdón,

Él es caricia y consuelo;

queden lejos mis maldades

y envidiosos pensamientos.

 

¿Seguiré la letanía,

Jesús de mi vivo Credo?

Solo una cosa y concluyo,

que ahí está cuanto yo anhelo.

 

Jesús de la Eucaristía,

dijiste que nos amemos,

y que esta será la señal

de los tuyos verdaderos.

 

Y en aquella Cena Santa

“Haced esto en mi recuerdo”,

Y cada celebración

es tu presencia y tu sello.

 

Que sea la Eucaristía,

día a día hasta el encuentro,

con mis hermanos vivida

tu divino Sacramento. Amén. Aleluya.


Jerusalén, sábado después de la Epifanía, 8 enero 2022.