sábado, 10 de septiembre de 2022

1805. Dom. XXIV, C – El hijo pecador y el Padre bueno

El hijo pecador y el Padre bueno

Lc 15,1-32 

 

Texto evangélico:

Lc15 1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

3 Jesús les dijo esta parábola: 4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? 5 Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; 6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. 7 Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

8 O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? 9 Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. 10 Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

 

          11 También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; 12 el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. 13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 15 Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. 16 Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. 17 Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. 18 Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 20 Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 21 Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.  22 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. 25 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 28 Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 31 Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

 

Queridos hermanos:

 

1. El evangelista san Lucas ha juntado tres parábolas de Jesús que llevan todas ellas la misma dirección, el mismo significado. Es algo importante y esencial que Jesús lo ha remarcado machaconamente repitiéndolo aquí tres veces: Parábola de la oveja perdida, parábola de la moneda perdida, parábola del hijo perdido. El significado es este:

“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido, dice el pastor a sus amigos.

“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido, dice la mujer  a las vecinas.

era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado, dice el padre al hijo que no quiere entrar en casa y compartir la alegría de todos, celebrada en un banquete. NO quiere alegrarse porque ese hijo ha sido un sinvergüenza, y ahora que entra en razón y hace lo que debe hacer no merece ninguna fiesta.

 

2. Hermanos, quizás debemos comenzar por el final de todo, para entender esa novedad escandalosa que trae Jesús cuando dice: que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

 

El hijo bueno, que ha sido el hijo trabajador, el que siempre ha estado con su padre, aparentemente tiene razón: MI padre ha perdido el juicio, mi padre se está volviendo loco. ¿Cómo se le ocurre hacer una fiesta por ese sinvergüenza, que ha destruido la familia?

Si ha vuelto, que comience a trabajar y sepa lo que es la vida. Pero eso de recibirle y darle el traje nuevo, como si fuese el novio que se va a casar, ese que se ha gastado el dinero con mujeres de mala vida, y hacerle un banquete con el mejor ternero…, todo eso es una locura, que yo no lo puedo aceptar.

Aparentemente este hijo tiene razón. La vida no es una broma, y hay que saber vivirla.

 

3. Pero el padre tiene otra manera de pensar:

- Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y el estar conmigo es una fiesta: todo lo mío es tuyo, puedes disfrutarlo cuando quieras y como quieras.

- Pero este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.

¡Qué distintos son los pensamientos de Dios de los pensamientos de los hombres! Cuando Dios piensa en el perdón caen por tierra todos los pensamientos de la justicia humana.

Y como Jesús piensa como Dios, por eso se junta con los publicanos y pecadores: Ese acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús obra así porque está imitando a Dios, porque él mismo es Dios.

Jesús decía estas cosas, y tenemos que tener el valor de saber que hoy mismo está obrando así, y que yo mismo me puedo ver representado en el hijo pecador que vuelve a casa, y lejos de recibir el reproche del padre, lo que recibe es un abrazo de amor y el regalo de lo mejor que tiene en casa para él.

 

-Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo

 Y el padre dice: Basta, hijo mío, basta; ya lo has dicho todo.

Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete.

Hermanos, cada vez que uno va arre pendido al confesionario ocurre esto.

 

4. Volvamos, pues, a la historia que Jesús pinta, para apreciar y saborear los detalles y fijar la atención, bien atentos, en la revelación que Jesús nos regala.

Jesús pinta el caso de un muchacho joven, que quiere aventura en la vida. Le aburre la vida con su padre, y quiere buscar en la vida experiencias. Y ¿adónde va a parar? Mientras tienen dinero las puertas de la diversión se le abren; de placer en placer va a parar a los brazos de prostitutas. Eso no es el amor, sino la locura del placer. Y el resultado final, la miseria. Pero la miseria más baja; a cuidar cerdos. Más bajos no podía caer. Para los judíos, los puercos son animales impuros, y no se puede comer carne de puercos.

A apacentar cerdos con un jornal ridículo. Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Vaya imagen de la juventud que nos presenta Jesús. Pero es que el pecado es así.

Y hoy diríamos que eso es la droga. La droga degrada la persona, y un drogadicto es capaz de robar a su propia madre, por satisfacer el vicio.

El recuerdo de los jornaleros de su padre comienza a despertarle de sus errores. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Se decide a volver casa, ya no como hijo, sino como siervo… Y se pone en camino.

 

Hermanos, basta ponerse en camino, y Dios, como Padre, hace todo lo demás.

Y sigue el cuento que pinta Jesús, para que nos apliquemos la realidad divina que aquí se esconde. Cuando el padre, que lo esperaba, lo vio de lejos, fue corriendo hacia él – no importa que el padre fuera ya un anciano venerable – se le echó al cuello, y lo cubrió de besos. Y ya sabemos lo que sigue.

 

5. Hermanos, cuando Dios perdona, perdona de verdad: destruye el pecado, destruye el pasado, destruye el recuerdo. Este padre nunca le dirá: Te perdono, pero no olvido.

Este padre, le está diciendo con los hechos: No ha pasado nada, hijo mío, yo soy tu padre, y tú eres mi hijo.

El perdón, hermanos, es el mayor de los milagros; y este es el perdón que Dios, como Padre, tiene para nosotros. En Jesucristo han sido perdonados nuestros pecados. Y el mejor modo de agradar a Dios es aceptar la confianza total que nos ofrece, y vivir desde ahora en plan de amor y de amistad.

Este es el Dios que ha revelado Jesús. Solo él nos podía revelar tales misterios.

Por lo tanto, nuestra respuesta es la gratitud, la alabanza, la confianza plena, la vida de amistad con Dios.

 

Señor Jesucristo, que nos has hablado de forma tan sorprendente y admirable de Dios, Padre bueno, que perdona y quiere la felicidad de sus hijos, haz que comprendamos esta divina enseñanza y que tengamos al dicha de aplicarla plenamente a nuestra vida. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 9 septiembre 2022.

1804 - Natividad de María - Rima del Juglar a la Virgen del pueblo.

Virgen y Madre María

Hoy, 8 de septiembre, es la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María.

En el Calendario litúrgico, reformado tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), aprobado por S. Pablo VI mediante las Letras Apostólicas “Mysterii paschalis celebrationem” (14 febrero 1969), quedaron confirmadas la fiesta de la Natividad de María (8 de septiembre) y la fiesta de la Presentación de María (21 de noviembre). Ambas celebraciones tienen su relación con el Protoevangelio de Santiago, testimonio cristiano de mediados del siglo II. En este escrito mariano se nos cuenta al detalle quiénes eran Joaquín y Ana, y cómo ocurrió todo milagrosamente: el nacimiento de la Niña maría, su Presentación en el Templo de Dios, a los tres años y los sucesos posteriores. Un lector sabio percibe que no es una fantasía vacua de entretenimiento piadoso, sino que este escrito es un testimonio muy temprano de la fe de una Iglesia que cree firmemente en dos verdades centrales del Evangelio de la Infancia: la virginidad y la maternidad de la referencia última María, dos verdades intrínsecamente asociadas, Con el paso del tiempo de la Natividad de María se pasará a su Concepción Inmaculada. María, la “toda santa” (panaguía) según los Padres más antiguas aparece como “divinizada” desde el primer momento. En ella se ha volcado el Dios de la Encarnación; al fin, todo lo que es María, Hija de Israel, lo es por el Hijo que trae al mundo.

Así pues, el Comentario que publica la entonces llamada “Congregación de Ritos” al Calendario de Pablo VI, informa a propósito de esta fiesta: “La Fiesta del día 8 de septiembre en honor de la B. V. M. tuvo su origen en Jerusalén, al igual que la del 15 de agosto, y con la misma solemnidad. Se trata de la Basílica de Santa María en donde nació (finales del siglo VI), hoy Basílica de Santa Ana…” (Calendarium Romanum, Editio Typica, Romae 1969, en la p. 102). Y de la Presentación se dirá: “La Fiesta de la Presentación de la B.V.M. trae su origen de la dedicación de Santa María la Nueva, que fue edificada en Jerusalén, cerca del Templo (año 543)” (p. 108).

El Vaticano II nos dará nuevos perfiles de la Virgen, pero en los concilios y en la devoción popular la referencia última es la misma: el Evangelio, contemplado con sabiduría y amor.

 

 


Virgen y Madre María,

por Dios Padre preservada,

tu santa Natividad

es fuente de toda Gracia.

 

Aurora que trae el Día

de la Promesa anunciada,

en su santo Nacimiento

la Tienda santa se alzaba.

 

En ti vino la Alegría

que en el cielo se guardaba,

llega el Esposo a la tierra,

prepárese la Agraciada.

 

Ante tu cuna sonríen

felices Joaquín y Ana,

y las santas Escrituras

abren gozosas sus páginas.

 

Eres Hija de Israel,

flor de una estirpe preclara:

Débora, Sara, Judit…

iban en la caravana.

 

Pero la humilde entre todas,

a todas aventajaba,

la Pobre para el Mesías,

la que dijo: Soy la esclava.

 

La Creyente a toda prueba

con el alma atravesada,

con un espada de amor

que al Hijo crucificaba.

 

Hoy nace la Toda Pura,

concebida inmaculada,

hoy la Virgen del Espíritu

viene por Dios ataviada.

 

Hoy es día de regalos

y la Virgen tiene un arca;

la fiesta se lo merece

y el niño espera que caiga.

 

Un regalo de la Madre,

una caricia en el alma,

para amar más a Jesús

que es lo que a ella le agrada.

 

Y además es la Patrona

por millares celebrada,

Virgen del Burgo en mi pueblo,

y aurora en la madrugada.

 

Bendice, Madre amorosa,

a todos: tantos y tantas,

somos, sí, muy pecadores,

mas tú eres la Toda Santa.

 

Y tu santidad nos cubre

como una cobija blanda;

la pandemia va pasando,

pero otros males avanzan.

 

Guárdanos el corazón

sin rencores ni venganza,

y que todos nos amemos

como hermanos de tu raza.

 

Y que seamos familia

bien avenida y trabada,

con la ayuda más sincera

si a alguien viene la desgracia.

 

A Jesús, Hijo de Dios,

toda gloria y alabanza,

y todo cariño de hijos

a la Madre más amada. Amén.


 

Cuautitlán Izcalli, 8 de septiembre de 2022