domingo, 15 de enero de 2023

1851. Cordero de Dios, Jesús Rima y endecha de amor


Cordero de Dios, Jesús

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Y el Cordero es, al fin, “el Hijo de Dios” (v. 32).

Tardará unos siglos para que la Comunidad cristiana se atreva a figura el Misterio Sacrosanto del Hijo en una imagen: el Crucifijo, es decir, el Crucificado (Crucifixus).

Vayamos, pues al Apocalipsis. Jesús es el Cordero (29 veces). Desde una experiencia superior de fe podemos entrar en el misterio personal de Jesús a través del Cordero. El Cordero, símbolo esencial de Pascua, nos transporta a la divinidad pascual del Hijo humanado. Las referencias son múltiples, uniendo la Sangre y la Gloria. El Espíritu nos conduzca.

«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». 13 Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo cuanto hay en ellos—, que decían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos» (Ap 4,12-13).

“Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya. Estos fueron rescatados como primicias de los hombres para Dios y el Cordero” (14,5).

“Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos” (15,5).

“Estos se han puesto de acuerdo para entregar su poder y su autoridad a la bestia. 14 Combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes, y con él los llamados, elegidos y fieles»” (17,13-14).

Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido, 8 y se le ha concedido vestirse de lino resplandeciente y puro —el lino son las buenas obras de los santos—». 9 Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”»(Ap 19,7-9).

«Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero». (Ap 21,9)

“y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero” (21,14).

22 Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero. 23 Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero. […] 27 Y no entrará en ella nada profano, ni el que comete abominación y mentira, sino solo los inscritos en el libro de la vida del Cordero. 

22 1 Y me mostró un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. 3 Y no habrá maldición alguna. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le darán culto” (Ap 20,22-21,1-3).

 


Cordero de Dios, Jesús,

Cordero para el cuchillo,

por ser Cordero de Pascua,

que inmola el pueblo judío.

 

Cordero que el Padre ha puesto

víctima del sacrificio,

para borrar los pecados

que nos hacía enemigos.

 

Cordero que a Abel evoca,

de toda ofrenda principio,

que del rebaño ofrecía,

y era por Dios acogido.

 

Para ser ofrenda pura

el ser humano ha nacido,

que no hay gozo más sublime

que ser de donde he venido.

 

Fui de las manos de Dios

hasta este mundo traído;

hoy vuelvo a su pecho amado

todo de amor florecido.

 

El Cordero inmaculado,

el que Dios pensó y quiso,

vino de blanca Cordera

al pleroma de los siglos.

 

Es bello para saciar

amor de un Padre infinito,

bello para pensar

cuanto anhela el hombre mismo.

 

Es suave de lana blanda

que no hiere el cuerpo herido;

con la piel de este Cordero

quiero tejer mi vestido.

 

“Agnus Dei” lo han llamado,

cuando de él imagen se hizo;

para tenerlo en el pecho

y llevarlo como signo.

 

A este divino Cordero

lo han pintado sobre un Libro,

que es la divina Escritura

y él tiene la Cruz en vilo.

 

 Los pastores de Belén

corderos le han ofrecido…

mas él era el verdadero

que se ofrecía a sí mismo.

 

Allá en el Monte Calvario,

su Sangre toda ha vertido,

sobre el cráneo de Adán

aquella Sangre ha caído.

 

Y todos nuestros pecados

se hundieron en el abismo;

Dios Vencedor era el triunfo

y la Gracia sus dominios.

 

Cristo del Apocalipsis,

arcano, presente y místico,

eres Cordero adorado,

el Redentor que ha vencido.

 

Ya es la Boda del Cordero,

su Esposa se ha embellecido

el Cordero Eucaristía

es el Esposo querido.

 

Aquel amor inicial,

que era amor esponsalicio

quiere ser amor supremo

esposo y esposa unidos.

 

Soy de Dios por su Cordero,

soy su Pascua en él fundido,

soy en él lo que yo soy

y llevo en mí su balido.

 

Mi Jesús, desaparezco:

no es un sueño repentino,

es un anhelo anhelante

de quien busca en ti su nido.

 

Cordero que te ofreciste,

y fuiste tú el consumido,

en tu santa voluntad

sea yo también sumido.


 

Cuautitlán Izcalli, Dom. II tiempo ordinario, ciclo A, 15 enero 2023

sábado, 14 de enero de 2023

1850 Dom II A – Jesús, El Cordero de Dios, el Hijo de Dios


Jesús, El Cordero de Dios, el Hijo de Dios

Jn 1,29-34

 

Texto:

29 Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 31 Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

 

Hermanos:

1. Estamos ya dentro del tiempo ordinario del año litúrgico, un tiempo que no es de segunda categoría. El misterio de Cristo Jesús, que lo celebramos como comunidad suya cada vez que nos juntamos en torno a la Eucaristía, es uno y total, ye s la misma plenitud al que resplandece en Belén, en la Cruz y en la Resurrección. Pero es un misterio inagotable; y esto es lo que justifica el que ahora podamos contemplar ahora un aspecto, ahora otro, siendo la persona, única y total, y siempre la misma. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y siempre, proclamó en su día la Carta a los Hebreos, que nos quiso presentar toda ella la figura de Jesús de un modo original y diferente de cómo lo habían hecho los demás, pues la Carta a los Hebreos es el único escrito del Nuevo Testamento que nos presenta a Jesús como Sumo y único Sacerdote, cuando Jesús, en su vida, no ejercicio el sacerdocio, reservado a la tribu de Leví, mientras que Jesús, en la ascendencia judía, pertenecía a la tribu de Judá.

Con este aviso por delante, he aquí que, ya entrados en la vida pública, escuchamos como Juan Bautista nos presenta a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Esto no es una comparación poética, como cuando un poeta amoroso compara a su amada a una flor, a un pájaro o a otras sensaciones dulce que nos ofrece la naturaleza. El Cantar de los cantares  dice cosas muy bonitas. “¡Qué bella eres, amada mía, | qué bella eres! | ¡Palomas son tus ojos!” (Ct 1,15).

2. ¿Qué puede significar, hermanos, esta expresión, este título que el Bautista da a Jesús, al que ve pasar?  Lo llama “el Cordero de Dios”, pero no porque es bonito, dulce y suave, sino porque quita el pecado del mundo. Como teólogo san Pablo escribe a los Corintios: “Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo” (1Cor 5,7). El Cordero pascual que inmolaban los judíos, y comían junto en familia en la noche pascual, ese es Jesús. Con aquel sacrificio se renovaba la Alianza de Dios con su pueblo; se hacían las paces, se restauraba la amistad primera; se olvidaban ingratitud y pecados; y se anticipaba ya el abrazo final del Mesías con su pueblo. El Cordero pascual era un símbolo sagrado de todo el amor de Dios por su pueblo, de la fidelidad de Dios, del amor de Dios que no nos puede fallar.

Pues ese precisamente, ese es Jesús. Jesús no es simplemente un profeta, un santo que puede interceder por nosotros ante Dios, como cuando nosotros recordamos a hombres y mujeres eminentes que la iglesia ha puesto en los altares, sin despreciar a nadie, como personas destacadas, que son modelos en nuestro camino e intercesores.

Jesús no es eso, Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

3. Nosotros, creyentes en Dios, y cristianos con la fe de la Iglesia, Jesús es el que quita el pecado del mundo. Pero ¿es que necesitamos a alguien que quite el pecado del mundo? ¿No estaremos empleando un lenguaje imaginativo, ilusorio, enajenante…, que nada dice apara los problemas que llevamos entre manos? Ciertamente, hermanos, que este lenguaje está en contra de toda la cultura de hoy, la cultura dominante a la que se nos quiere someter.

Justamente estos días los obispos españoles acaban de publicar un documento importante y largo (100 páginas) abordando los problemas que hoy se discuten de modo político, y que terminan creando las leyes correspondientes para que la sociedad siga adelante. Quiere ser un lenguaje que se dirige a la Iglesia, es decir, a los fieles creyentes, y a la sociedad que quiere funcionar con otro tipo de lenguaje.

Aborto, eutanasia, embriones humanos congelados (los científicos dicen que en España se cultivan 600.000) son palabras que es mejor olvidar, porque, si salen a flote, estalla la polémica y cada uno se queda con su opinión. Pero, hermanos, no seamos necios: hablemos o no hablemos, no todo es igual, y si “si es solo sí”, el “no es no”. No hablar o ignorar no resuelve el problema.

No es nada simpático citar lo que voy a citar, pero dramáticamente está ahí. Leemos en este documento: “El número de abortos se mantiene en unas cifras dramáticas, en torno a cien mil al año, ahora con muchas menos mujeres embarazadas. Desde la aprobación del aborto en 1985, los conocimientos sobre el ADN, las ecografías 3D, 4D y 5D permiten afirmar aún con más contundencia que negar que existe una nueva vida en el seno de una mujer embarazada desde la concepción es irracional, y afirmar que un supuesto «derecho a decidir sobre el propio cuerpo», una falacia” (n. 45).

En otra página leemos análisis como éste: “Cada vez hay más bautizados que han asumido formas de vida en el ámbito de las relaciones humanas, afectivas y sexuales diversas a las cristianas. En nuestro contexto actual, aumentan las situaciones en las que los jóvenes no contraen matrimonio, ni civil ni canónico, creciendo el número de lo que denominamos habitualmente como «parejas de hecho». Crecen las relaciones afectivas temporales o las convivencias esporádicas, las personas unidas solo civilmente o divorciados casados de nuevo: son fenómenos frecuentes en los grupos humanos, también en gran medida entre los bautizados. También somos conscientes de que muchas parejas que se acercan a contraer matrimonio a las parroquias ya conviven desde hace tiempo” (n. 55).

Con estas enseñanzas ante los ojos, que no venga teólogos pretendiendo que unas relaciones prematrimoniales no tienen importancias, que pueden ser un acto de amor de persona a persona. Un acto pasional, sí, y acaso lleno de amor, pero ilícito, fuera del tiempo sagrado del matrimonio, un pecado.

 

En este contexto, cada vez más extendido en la sociedad, nosotros proclamamos: Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Hoy hemos leído un texto espléndido del libro de Isaías, del segundo Cántico del Siervo de Yahvé: “ Es poco que seas mi siervo | para restablecer las tribus de Jacob | y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. | Te hago luz de las naciones, | para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra»” (Is 49.2-3).

Este es Jesús.  El pasaje del Evangelio que hemos escuchado termina diciendo que este Cordero de Dios que quita el pecado del mundo es el Hijo de Dios. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Jesús no es una religión más entre tantas religiones, a las que se adhieren los hombres. Es la alternativa que Dios nos ha revelado.

 

Concluyamos:

Yo creo lo que proclama el sacerdote antes de la Comunión: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Que el Evangelio proclamado y recibido, que la Comunión contigo sea el perdón de mis pecados. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 14 enero 2023.

lunes, 9 de enero de 2023

1849 El Bautismo de Jesús

 

El Bautismo de Jesús

Mt 3,13-17


Texto

13 Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. 14 Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». 15 Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia»*. Entonces Juan se lo permitió. 16 Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».  

 

Hermanos:

1. Ya dijimos en su momento que a la gran solemnidad de la Epifanía o Manifestación del Señor en el domingo siguiente se celebra la fiesta del bautismo del Señor, y con ella se cierra el ciclo de Navidad. Y detallamos algo peculiar: que en España y en Europa la Epifanía, fiesta de los Reyes Magos, se conserva en su día propio, el 6 de enero, que este año fue viernes; el domingo siguiente, este año día 8, se celebra, según el calendario litúrgico, el Bautismo del Señor.

Aquí en México no ocurre esto. La Epifanía se celebra en domingo, es decir, ayer; y la Fiesta del Bautismo el lunes siguiente, hoy, día 9. Cerramos las Navidades y esta homilía, que yo les entrego, viene al final del día; es decir, fuera de tiempo. Escúchenla, si tienen la benevolencia de hacerlo, como un mensaje del Evangelio. Hablar de Jesús siempre es deleitoso, para quien se le ha confiado, y deleitoso igualmente oír hablar de Jesús para todos aquellos que de verdad le aman.

 

2. Para entrar en el Bautismo de Jesús, quiero comenzar con una frase muy bella y conmovedora, muy consoladora apara todos, que la escribió el anciano apóstol san Juan, no en su Evangelio, sino en la primera de sus cartas. Dice: “Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado” (1 Jn 3,5).

Es una afirmación sublime de la que queremos partir. En él no hay pecado. Observémoslo bien, porque esta frase va a ser el firmamento sólido para empezar a hablar correctamente del bautismo de Jesús. En ningún sitio del Evangelio ni de las cartas de los apóstoles aparece Jesús como alguien que pidiera al Padre perdón de sus pecados, en ninguna. El gran apóstol san Pablo se confiesa como pecador. “Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación* que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero” (1 Tim 1,15).

San Francisco de Asís, santo pro los cuatro costados, en cierta ocasión escribía a sus hermanos los frailes reunidos en el capítulo general, dándoles algunos consejos: “38Además, yo confieso todos mis pecados al Señor Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, a la bienaventurada María, perpetua virgen, y a todos los santos del cielo y de la tierra, a fray H., ministro de nuestra religión, como a venerable señor mío, y a los sacerdotes de nuestra Orden y a todos los otros hermanos míos benditos. 39En muchas cosas he pecado por mi grave culpa, especialmente porque no he guardado la Regla que prometí al Señor, ni he rezado el oficio como manda la Regla, o por negligencia, o con ocasión de mi enfermedad, o porque soy ignorante e iletrado”.

Nunca salió de los labios de Jesús una súplica de este género: “Padre mío, perdóname por haber sido perezoso, por no haber tenido misericordia…”, o cosas del género. En él no hay pecado: una frase brillante, luminosa, consoladora, porque lo contrario veo en mí: sentimientos que no quisiera que existiesen y que ahí están, sentimientos de envidia, de orgullos… y de tantas cosas que no son buena. Pero en él, no: ¡En él no hay pecado!

 

3. Entonces, hermanos, viene la pregunta: ¿Por qué va al bautismo, si no tiene pecado? Unas líneas antes ha dicho el Evangelio que “Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos” (Mt 3,1-2). Juan no podía decir a Jesús: Conviértete de tus pecados.

Todo lo contrario, como lo hemos oído: Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?

Efectivamente, Juan tenía razón: El que debía recibir el Bautismo era Juan, no Jesús, el Santo de Dios. ¿Eso quiere decir que el Bautismo de Jesús fue un bautismo de apariencia, de mentira…, como para darnos a nosotros un buen ejemplo y nos animáramos?

De ninguna manera, el bautismo de Jesús no fue un bautismo ficticio, para dar un buen ejemplo. El bautismo de Jesús fue el más verdadero de todos, y aquí comienza el misterio que no entendemos. ¿Qué es lo que entonces pensaba Jesús? Eso pertenece al secreto último de su vida y no lo podemos saber. Nos acercamos con respecto y obediencia y comenzamos a pensar: Si Jesús pide el bautismo, es que se siente el último de los hombres, el hermano de todos, el que quiere recogernos a todos en su total humildad y presentarnos a todos a su Padre. Cuando Jesús se bautizaba nos bautizábamos con él todos sus discípulos. Esto ya es correcto. Jesús santificaba aquellas aguas, al contacto de su cuerpo purísimo, al contacto de su alma limpia de todo pecado.

El bautismo de Jesús y su muerte en la Cruz son lo mismo: es la inauguración del bautismo cristiano.

De manera que bien podemos decir que el bautismo de Jesús lleva dentro dos dimensiones: una personal y otra colectiva: se bautizaba él, entregándose al amor del Padre, y con él éramos bautizados, santificados todos nosotros, para cuando llegase la hora de nuestro bautismo.

Jesús desciende al agua y allí quedan ahogados y sepultados todos nuestrolç+s pecados; pero el bautismo de Jesús no termina ahí, Oigamos de nuevo lo que dice el texto sagrado: Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». 

 

4. Esa es la belleza del bautismo cristiano: comienza a aparecer la revelación del misterio de la Santísima Trinidad. Jesús es el Hijo amado, en el cual Dios tiene todas sus complacencias, y nosotros somos igualmente amados en el Hijo. En la oración de hoy hemos pedido no perder nunca esta complacencia que Dios tiene con nosotros. La perderíamos si cometiéramos pecado, alejándonos de Dios. En la oración del día hemos pedido a ese Dios y Padre que proclamó a Jesús Hijo amado, en quien tenía sus complacencias: “…concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu complacencia”. ¡Qué expresión llena de sentido! Somos dignos de la complacencia de Dios, si nos mantenemos libres de pecado.

 

Volvamos a aquella frase del principio y oigamos lo que nos sigue diciendo san Juan:

en él no hay pecado. 6 Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido. 7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. 8 Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo. 

 

Este el camino verdadero de la vida, de la libertad, de la felicidad. No nos dejemos engañar.

Señor Jesús, gracias pro el bautismo que un día recibimos. Consérvanos siempre en esa gracia bautismal, sobre todo acudiendo constantemente a al santa Eucaristía. Amén.

 

Cuautilán Izcalli, fiesta del Bautismo del Señor 2023.