Cordero de Dios, Jesús
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Y el Cordero es, al fin, “el Hijo de Dios” (v. 32).
Tardará unos siglos para que la Comunidad cristiana se atreva a figura el Misterio Sacrosanto del Hijo en una imagen: el Crucifijo, es decir, el Crucificado (Crucifixus).
Vayamos, pues al Apocalipsis. Jesús es el Cordero (29 veces). Desde una experiencia superior de fe podemos entrar en el misterio personal de Jesús a través del Cordero. El Cordero, símbolo esencial de Pascua, nos transporta a la divinidad pascual del Hijo humanado. Las referencias son múltiples, uniendo la Sangre y la Gloria. El Espíritu nos conduzca.
«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». 13 Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo cuanto hay en ellos—, que decían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos» (Ap 4,12-13).
“Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya. Estos fueron rescatados como primicias de los hombres para Dios y el Cordero” (14,5).
“Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos” (15,5).
“Estos se han puesto de acuerdo para entregar su poder y su autoridad a la bestia. 14 Combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes, y con él los llamados, elegidos y fieles»” (17,13-14).
Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido, 8 y se le ha concedido vestirse de lino resplandeciente y puro —el lino son las buenas obras de los santos—». 9 Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”»(Ap 19,7-9).
«Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero». (Ap 21,9)
“y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero” (21,14).
“22 Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero. 23 Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero. […] 27 Y no entrará en ella nada profano, ni el que comete abominación y mentira, sino solo los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
22 1 Y me mostró un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. 3 Y no habrá maldición alguna. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le darán culto” (Ap 20,22-21,1-3).
Cordero de Dios, Jesús,
Cordero para el cuchillo,
por ser Cordero de Pascua,
que inmola el pueblo judío.
Cordero que el Padre ha puesto
víctima del sacrificio,
para borrar los pecados
que nos hacía enemigos.
Cordero que a Abel evoca,
de toda ofrenda principio,
que del rebaño ofrecía,
y era por Dios acogido.
Para ser ofrenda pura
el ser humano ha nacido,
que no hay gozo más sublime
que ser de donde he venido.
Fui de las manos de Dios
hasta este mundo traído;
hoy vuelvo a su pecho amado
todo de amor florecido.
El Cordero inmaculado,
el que Dios pensó y quiso,
vino de blanca Cordera
al pleroma de los siglos.
Es bello para saciar
amor de un Padre infinito,
bello para pensar
cuanto anhela el hombre mismo.
Es suave de lana blanda
que no hiere el cuerpo herido;
con la piel de este Cordero
quiero tejer mi vestido.
“Agnus Dei” lo han llamado,
cuando de él imagen se hizo;
para tenerlo en el pecho
y llevarlo como signo.
A este divino Cordero
lo han pintado sobre un Libro,
que es la divina Escritura
y él tiene la Cruz en vilo.
Los pastores de Belén
corderos le han ofrecido…
mas él era el verdadero
que se ofrecía a sí mismo.
Allá en el Monte Calvario,
su Sangre toda ha vertido,
sobre el cráneo de Adán
aquella Sangre ha caído.
Y todos nuestros pecados
se hundieron en el abismo;
Dios Vencedor era el triunfo
y la Gracia sus dominios.
Cristo del Apocalipsis,
arcano, presente y místico,
eres Cordero adorado,
el Redentor que ha vencido.
Ya es la Boda del Cordero,
su Esposa se ha embellecido
el Cordero Eucaristía
es el Esposo querido.
Aquel amor inicial,
que era amor esponsalicio
quiere ser amor supremo
esposo y esposa unidos.
Soy de Dios por su Cordero,
soy su Pascua en él fundido,
soy en él lo que yo soy
y llevo en mí su balido.
Mi Jesús, desaparezco:
no es un sueño repentino,
es un anhelo anhelante
de quien busca en ti su nido.
Cordero que te ofreciste,
y fuiste tú el consumido,
en tu santa voluntad
sea yo también sumido.
Cuautitlán Izcalli, Dom. II tiempo ordinario, ciclo A, 15 enero 2023