sábado, 4 de marzo de 2023

1863. Cuaresma 2023 Dom II – Jesús transfigurado

 

Jesús transfigurado

Mt 17,1-9


Texto:

Mt17 1 Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 2 Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3 De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 4 Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5 Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

 6 Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. 7 Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». 8 Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. 9 Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

 

Hermanos:

1. Al recibir ahora la Palabra de Dios, vamos a recordar lo que decíamos el domingo pasado: que la Cuaresma es un camino espiritual que nos lleva a la Pascua, y que lo mismo en Cuaresma que en Pascua el centro es Jesús. Con él hacemos un camino que comporta seis etapas:

Domingo 1ºJesús tentado

Domingo 2ºJesús transfigurado

Domingo 3ºJesús da el agua viva: la Samaritana

Domingo 4ºJesús da la luz a un ciego de nacimiento

Domingo 5ºJesús resucita a Lázaro

Domingo 6ºJesús entra como Mesías en Jerusalén.

A Jesús tentado y vencedor lo vemos hoy como Jesús transfigurado, un suceso profundamente misterioso de su vida que anuncia el rechazo y la muerte en Cruz, y al mismo tiempo presagia la victoria final de la Resurrección, el Jesús que vive y reina con el Padre y que es la fuente de vida de la Iglesia, comunidad de sus discípulos.

 

2. El pasaje que hoy presenciamos toca el más puro centro del misterio de Jesús. Los discípulos privilegiados de esta experiencia recibieron la orden tajante de no hablar de esto hasta después de la resurrección. La última frase del Evangelio es tan extraña y tan significativa: Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

La intimidad de Jesús no es algo que se pueda contar, como si fuese un suceso periodístico. Jesús, el Señor, es todo él un misterio, y solo desde la fe, bañada en total humildad, podemos acercarnos a él; y solo desde la fe podemos hablar de él a quien pueda entendernos. Las cosas de Dios son así: sublimes para quienes estamos dentro, y pueden ser ridículas y absurdas para los que están fuera. A Jesús le pasó eso en vida.

Todo ser humano ciertamente es un misterio que en su ultimidad solo Dios conoce; en el caso de Jesús esto sube a la última potencia, porque él, siendo hombre, es el Hijo de Dios encarnado, y jamás tendremos puntos de comparación adecuados con nosotros para descifrar lo que en él acontece. Este sentido reverencial crece más y más a medida que uno va avanzando en el camino de su vida cristiana. Valoramos los esfuerzos que hacen los estudiosos por comprender a Jesús, pero nos percatamos de que Jesús para todos y en toda época de la historia será un misterio, que Dios revela al que se acerca en adoración y humildad. Al final de la vida nos ocurre así: lo que más he amado no acabo de conocerlo. Quisiera dominarlo de alguna manera, para disfrutarlo y anunciarlo, para escribir cosas bellas de él; pero no es posible llegar al secreto. Jesús es y será siempre secreto de Dios.

 

3. Jesús subió a un monte alto, es la frase del Evangelio. Ninguno de los evangelistas ha indicado cuál era este momento. Allí en Galilea el Monte Tabor se destaca entre las montañas, un monte que ya habían alabados los Salmos en el Antiguo Testamento, y la tradición lo ha escogido como el Monte de la Transfiguración.

San Lucas nos da un detalle muy pertinente. Subió al monte para orar. No fue una excursión de descanso, como un deporte vacacional: nadie lo ha pensado así. Ni tampoco subió al monte para transfigurarse ante sus discípulos, para hacer una representación sagrada y animarlos para lo que había de venir. Si Jesús era humano y acepta la vida como todo humano sin saber lo que va a pasar, bien podemos decir que Jesús no sabía que en el monte iba a venir su transfiguración. Fue al monte para orar, y escogió a unos confidentes.

 

4. Nosotros podemos pensar como hipótesis, como suposición, que la vida de Jesús va avanzando, y aquel entusiasmo inicial, que arrebataba multitudes ha ido menguando. San Juan dice expresamente que cuando en la sinagoga de Cafarnaúm Jesús predicó y anunció el Pan de vida, muchos se retiraron y ya no querían ir con él. Aquel lenguaje les parecía el lenguaje de un visionario, y como un visionario más Jesús iba a terminar en el fracaso.

Sea por el motivo que fuera, Jesús subió al monte para orar. Y en la oración, como lo vimos en el desierto, él se encontraba en su espacio propio, indicándonos a nosotros que la oración, la apertura hacia Dios, tiene que ser el momento más verdadero y feliz  en nuestra vida.

 

5. Jesús ha pasado totalmente a la intimidad divina y en este estado se producen tres acontecimientos enteramente divinos:

- el primero la metamorfosis de su ser, es decir de su alma y de su cuerpo, que quedan traspasados de luz, una luz radiante que pasa a los propios vestidos. Dice el Evangelio: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.

- El segundo es la aparición visible de dos seres celestiales: Moisés y Elías. ¿De donde han venido?, se pregunta uno. Y se responde: Del cielo, porque Moisés y Elías vivieron siglos atrás y ya no están en la tierra. Pero mejor respuesta sería: Han venido del alma de Jesús: Jesús vivía con ellos. Han aparecido ante él, porque él los llevaba dentro. De hecho, el texto sagrado nos dice que aparecieron “conversando con él”; pertenecían a su mundo espiritual. La historia de Dios con el hombre, que eso es toda la historia de salvación del Antiguo Testamento, Jesús la vivía como historia suya. Moisés y Elías, la Ley y de los Profetas, eran sus confidentes. Si hoy yo fuera transfigurado y apareciera por fuerza lo que llevo dentro, ¿qué es lo que aparecería? Es una pregunta que podemos preguntarnos.

Pero hay algo más.

- Lo sublime de la transfiguración no es la aparición de Moisés y Elías, sino la aparición de Dios, que llamamos la Teofanía que ocurre. Observemos la frase del Evangelio: “una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo»”. Esto es lo más bello de la Transfiguración. Jesús pertenece a Dios; es Dios de Dios, y su ser humano es divino. Nadie lo podrá nunca comprender, y en este misterio han sido introducidos los tres discípulos privilegiados y en él nos quiere introducir Jesús.

 

6. Hermanos, con esta visión de Jesús queda claro, muy claro, nuestro camino. Nuestro camino va hacia el monte de la Transfiguración: el desierto es la intimidad con Dios y el Monte alto es la misma intimidad con Dios. En esa intimidad Dios comunica su proyecto. Es un proyecto personal de amor, pero el amor tiene momentos diferentes, vivencias distintas. Un amor sin entrega, negación y dolor no es amor; y un amor sin el disfrute y dulzura de la intimidad tampoco es amor. El amor es cruz y resurrección, y eso es lo que nos está diciendo el camino que hemos emprendido. La vida personal, profesional, familiar, social tiene este múltiple componente: sacrificio y goce. Seamos sabios. No queramos anular el dolor – se llame enfermedad, falta de comprensión o lo que sea – del ámbito de nuestras experiencias.

 

Hermanos, hasta aquí nuestros pensamientos sobre al Transfiguración del Señor. No podemos entrar en otros aspectos de las lecturas de la Cauresma. En estos domingos se va haciendo un recorrido de los grandes momentos de la historia de la Salvación. En el primer domingo, los orígenes, el Paraíso; en el segundo, la llamada a Abraham; en el tercero Moisés, y así sucesivamente. Es la histria de Dios con el hombre, es nuestra historia, que ilumina mi historia personal.

Terminemos mirandos a Jesús transfigurados.

 

Señor, tú eres el resplandor de Dios, tú eres la verdadera imagen de Dios. Y el Padre nos ha dicho: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».  Es lo que queremos hacer en Cuaresma, ahora y siempre: Escucharte, para más amarte y seguirte. A ti la gloria por siempre, Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, 3 marzo 2023.

1862. Elegido y elegido - Rima de amor en Cuaresma al eco de la Liturgia

 Elegido y elegido 

 

El Deuteronomio es el libro más amoroso y enternecido del Antiguo Testamento, por hablar “more humano” de las cosas divinas, en las que Dios, solo Dios, tiene la primera y última Palabra, y en las que Él es el Infinito adorado. Este año (Pascua 2023) vamos leyendo en el Oficio de lectura el sagrado libro del Deuteronomio.

La clave del Deuteronomio es que somos “el pueblo elegido”. Pero ¿cómo se puede hablar así? ¿Dios a nosotros -  a mí – y nosotros a Dios? ¿No es este un lenguaje elitista, sutilmente soberbio, y en el fondo, estúpido y dañino? ¿No es un inconfesable pecado atribuir al Dios de Todos ese “favoritismo” que expresa el lenguaje de la Alianza? ¿Ser Yo, Nosotros, el Pueblo de su Propiedad entre todos los Pueblos de la Tierra? No lo es, aunque no sepamos explicarlo. No lo es, porque hay un Hijo de Dios encarnado que, por gracia, a nosotros ha sido revelado. Esa es la clave, y ese es el Don por nadie merecido. Somos, pues, sus hijos en el Hijo, somos los hijos de su corazón, somos el Pueblo Elegido. El corazón, humildemente, transido de gratitud, se dilata a lo infinito. Porque ser el Pueblo elegido, siendo Don, es Misión y Vocación, hasta el abrazo definitivo tras la Muerte. Todo ello, en hebreo y en latín “in laudem et nomen et gloriam suam”.

Un texto singularísimo es el que leemos hoy, sábado de la primera semana de Cuaresma, que dice y proclama en el capítulo 26:

17 Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. 18 Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. 19 Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».

Dicho con palabras de Evangelio: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), de la liturgia de hoy.

Bajo el aliento de esta declaración divina vienen estos versos, esta rima espiritual.

Elegido… ¡y elegido!,
que nunca podré entenderlo,
elegido para ser
por gracia su santo pueblo.

Elegido y exaltado
en gloria hasta el mismo cielo,
en nombre como su Nombre
y en esplendor sempiterno.

Elegido por encima
de toda nación y reino,
porque serás pueblo mío,
entre todos el primero.

Elegido en Alianza,
que entre los dos hemos hecho,
y esto es más que matrimonio
porque Dios es parte en ello.

Mi corazón se desborda
de divinos sentimientos:
soy parte de sus sentires,
diálogo de sus afectos.

Soy amigo y más que amigo,
testigo de sus secretos,
soy amado en preferencia
de quien ama al mundo entero.

Soy de Dios el confidente,
cuidado por sus desvelos,
soy de su Casa celeste
y Él me tiene como miembro.

Predestinado, elegido,
sobre mi frente lo llevo:
no son méritos de guerra,
es mi divino abolengo.

Es vocación de humildad,
de disfrutar en silencio,
de fe y entrega amorosa,
porque es todo mi Evangelio.

Soy feliz y esperanzado,
y envidia a nadie le tengo:
el Hijo que mora en mí
es más que merecimiento.

Ya solo la gratitud
va marcando mi sendero,
mi vida es Eucaristía
y alabanza al Padre Bueno.

Mi vocación es familia
en mi camino terreno,
porque sabese Elegido
es sentirse al mundo abierto.

La elección en la Alianza
no es cerrado privilegio;
Israel es antesala
que se abre al Universo.

Y muy bellas perspectivas
van surgiendo en el Salterio,
si versículo a versículo
con Jesús los Salmos rezo.

Dios de amor es comunión
de humanos, historia y tiempo,
y va en busca de unidad
que el Universo es su Templo.

Soy elegido, medito,
y quiero llorar contento,
porque su mano es caricia
que aplaca mi yo revuelto.

Soy elegido, a su mesa,
unto a su seno, en su pecho,
nacido del pulso vivo
de su corazón eterno.

Y a la sacra Teología
la escudriño con recelo,
que no me da lo que busco,
que es más grande mi deseo.

Cuaresma de reflexión
en mi casita desierto;
solo Jesús, solo Tú
conoces mis desaciertos.

Pero un amor poderoso,
que es más grande que un imperio,
va buscando tus perfumes,
que aspiro, sutil, al viento.

Yo no renuncio a la Biblia,
yo con la Biblia me quedo,
aunque sea pobrecito,
más pobre que Il Poverello.

Soy elegido, elegido,
y humilde yo me lo creo,
pero es por ti, mi Señor,
y por tu honor lo confieso.

¡Gloria al Único a quien amo,
y lo demás quede muerto,
tú entiendes mis sentidos,
mi Dios a quien pido un beso! Amén.

Cuautitlán Izcalli, sábado de la I semana de Cuaresma, 3 marzo 2023

 

viernes, 3 de marzo de 2023

1860 Dom VII A – Como vuestro Padre celestial es perfecto

 


 

Como vuestro Padre celestial es perfecto

Mt 5,38-48


Texto:

38 Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. 39 Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; 40 al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; 41 a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; 42 a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

43 Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. 46 Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? 47 Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordin45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. ario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? 48 Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

 

Hermanos:

1. Acabamos de oír unas palabras absolutamente divinas. Solo Jesús pudo hablar de esta amanera, solo él. Solo él, porque solo él es el Hijo de Dios que vino a traernos a la tierra la vida divina, para que la compartamos como él la vive.

Ya decíamos cómo Jesús, en el sermón de la Montaña, nos presenta en estas seis antítesis un modo de vivir que ilumina toda nuestra existencia. Ráfagas, ejemplos de vida que nos está diciendo: así en todo.

Jesús nos pone delante un ideal que ningún ser humano puede alcanzar, porque el hombre está muy revuelto por dentro, pero al anunciar lo que él anuncia, nos está diciendo: Es posible, es posible…, porque yo lo he cumplido, y con mi ayuda vosotros lo podéis cumplir.

 

2. Repitamos una vez más, para aclararnos del todo: Jesús no pretende subir un poco más alto el listón que Moisés había puesto, como diciendo: Esforzaos un poco más. No es esto, porque, si así fuera, no saldríamos de la moral antigua. Jesús quiere llevarnos a una perfección nueva, que es la perfección total, que es la perfección de los hijos de Dios. A partir de las palabras de Jesús, nuestro modelo va a ser uno solo: el mismo padre del cielo. Él nos ha comunicado su naturaleza divina; hemos de obrar como corresponde a esa naturaleza celestial.

Parece que estamos hablando de fantasías, hermanos, pero es la verdad pura del Evangelio. Jesús ha venido entre nosotros para divinizar absolutamente nuestra vida.

 

3. Si, por la gracia y la misericordia de Dios comprendemos estas cosas, se nos quitan las ganas de hablar de las cosas malas que vemos en torno a nosotros… Es verdad que existe el mal; es cierto que la vida está muy maleada por las pasiones humanas. Es que uno lo ve dentro de su propio corazón… Pero, al ver la otra cara, la posibilidad que Jesús nos ofrece, el camino por el que queremos avanzar, ya solo nos apetece hablar de esta hermosura que tenemos delante y entregarnos, allí donde estemos, a realizar este programa con todo nuestro corazón. Hablar de cosas feas para contradecirlas puede ser que no nos haga bien, mientras que el hablar de estas cosas divinas, elevan el corazón para practicarlas con nuestra vida.

 

4. Entremos en algunos detalles para mejor apreciar la novedad de Jesús. Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. 39 Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.

El “ojo por ojo y diente por diente” ya es un avance en la ley de la venganza y de la justicia. Si alguien me ha dañado, yo puedo devolver el mismo daño, y de propina otro más, porque se ha metido donde no debía. Es justicia.  De manera que ajustar” ojo por ojo y diente por diente” es ya frenar las manos al que ah sido perjudicado, que, de por sí y siguiendo su propio impulso, no se puede contentar con el tanto cuanto, sino que tiene que echar algo más encima. Es justicia humana, y frenar este instinto es algo generoso que nos humaniza, de manera que solo ojo por ojo y diente por diente, sin añadir más castigo.

Pero Jesús nos sorprende cuando nos dice: Noe s ese el camino; con esa justicia no salimos de la maldad humana, y Jesús nos propone algo que solo como Dios puede proponer: Si te ofendan, no respondas; dejan que te agravien. Hay un Dios en el cielo que tiene su veredicto; acaso el agresor no lo entiende, tú tienes la gracia de entenderlo.

Ahora bien, las circunstancias de la vida nos han de dar, en su momento, la reacción exacta. A Jesús le dieron una bofetada en el juicio, Y Jesús entonces salió en defensa de Dios: Si he hablado mal, si he ofendido al Sumo Pontífice, dímelo en qué le he ofendido; por decir la verdad yo no he ofendido a nadie. Y si he dicho la verdad, en nombre de Dios, ¿por qué me hieres? Jesús habló entonces en defensa de Dios, en defensa de la verdad; y del mismo modo podemos defendernos nosotros, si nuestra defensa no termina en nosotros, sino en defensa de la verdad.

Pero en su pasión, injusta y criminal, Jesús podía haberse escapado, y derribar con un golpe milagroso a sus enemigos. No lo hizo; se dejó matar. Fue absolutamente libre ante Dios, su Padre.

 

5. En el último de los ejemplos que pone Jesús habla de los enemigos: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Hasta parece que las oraciones de los salmos van por ese camino. La verdad es que no hay ningún mandamiento en la Ley divina que diga: “Aborrecerás a tu enemigo”. Pero la práctica es así; o acaso, el no amarlo es ya aborrecerlo.

La revelación de Jesús es otra: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

 

Jesús nos invita a mirar al Dios del cielo y a conformar nuestra conducta con la conducta del Padre del cielo, para darnos la norma final que lo resuelve todo: sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

 Esa es la norma del cristiano, y no otra. Yo he de mirar al mundo entero con la misma mirada de Dios, y desde ahí crear los sentimientos de mi vida.

Estamos a unos días de cumplir el año de guerra, de odio, de venganza, en este terremoto de los corazones, no menso perjudicial que el terremoto de Turquí y Siria, que a todos nos ha afectado.

Amad a vuestros enemigos, dice Jesús. Si yo le amo, ya mi enemigo no es mi enemigo. Todo cambia de arriba abajo; todo queda divinizado. Yo no lo puedo hacer; tiene que venir Dios hasta mí, y entonces dejar que mi corazón actúe bajo el impulso divino.

Esto solo Jesús nos lo pudo decir.

 

Señor Jesús, ya antes de comenzar el próximo miércoles la Cuaresma, te pido: Haz mi corazón semejante al tuyo, que solo sienta desde el amor y solo obre desde el amor. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes 17 febrero 2023.