viernes, 10 de marzo de 2023

1865. El rico epulón. Letrillas de un Juglar del Evangelio.

 

1865. El rico epulón. Letrillas de un Juglar del Evangelio.

Era rico, todo rico

La parábola del “rico epulón” (del rico “banqueteador”) es la parábola más curiosa de todas, por la inventiva que tiene, porque es cmo una película de sorpresas. Jesús inventa una catequesis de niños, para decir verdades gordas, El rico desgraciado que tenía de todo y le faltaba lo principal: no tenía corazón.

Y había un pobre muy pobre, pero tenía todo, porque tenía a Dios. Jesús le puso un nombre, Lázaro, que en su raíz hebrea significa: “Dios ayuda”.

Y Jesús se inventa lo que pasó después: Que murió Lázaro y los ángeles le llevaron al seno de Abraham, y murió el rico… le hicieron el funeral, y lo enterraron. Y ¿luego? Escuchemos lo que dice Jesús:

“Y (el rico) gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 25 Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 26 Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 27 Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 29 Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”»

 


Era rico, todo rico

y tenía una mansión,

y un banquete cada día,

porque era el rico epulón.

 

Y vestía como viste

un famoso fanfarrón,

era rico, muy moderno

a plena satisfacción.

 

Y era pobre, más que pobre:

no tenía corazón;

un palacio reluciente

con música y diversión.

 

Y un mendigo que era Lázaro,

que “Dios tiene compasión”,

a la puerta del Palacio

mendigaba una ración.

 

Y ni migajas le daba

aquel rico comilón,

porque iban a la basura

lo que sobraba al glotón.

 

Y hasta los perros venían,

que no tenía Doctor,

y le lamían las llagas

al pobre de la región.

 

Pero este pobre era humilde,

y tenía mucho amor,

y sufría su pobreza

con paz y consolación.

 

Llegó un día venturoso

y aquel pobre se murió,

los ángeles de la Gloria

vinieron en procesión.

 

Entre canciones y palmas

con el Arcángel Mayor,

lo llevaron en festejos

hasta el cielo superior.

 

Y en el seno de Abraham

tuvo su puesto de honor

como pago de excelencia

a su gran tribulación.

 

Y como esto un día acaba,

para siempre solo Dios,

también el rico se fue

y acabó en el Panteón.

 

Le hicieron gran funeral

y hasta la prensa acudió

el Presidente del pueblo,

la gente y Gobernador.

 

Y estando allí donde estaba

de Lázaro se acordó,

que las llamas le abrasaban

con un infernal calor.

 

Mándame, Padre Abraham,

a Lázaro, de favor,

con una gotita de agua

del dedo, por compasión.

 

Y ya sabéis, mis amigos,

lo que Abraham contestó,

y no alargo más el cuento,

pidiendo vuestra atención.

 

La moraleja es muy clara

de este divino sermón:

Si no creen en la Biblia,

les sobre una aparición.

 

Mis hermanos, compaisanos,

creed que llevo razón:

Tenemos los Evangelios,  

cada día una lección.

 

Al Evangelio del día

besadle con devoción,

que cada día contiene

un secreto para Vos.

 

El Evangelio chiquito,

cada día su sección,

es la llave que me abre

para mí el Reino de Dios.

 

Día a día esta palabra

me da luz y dirección,

me da paz, sabiduría

y fuerzas en mi aflicción.

 

El Evangelio es presencia

del Dios de la Comunión,

el tesoro más precioso

que en mi casa guardo yo.

 

¡Bendito el santo Evangelio

en mi mesa de labor,

en mi bolsa de viajero

y en mi mano en la oración!

 

¡Bendito sea Jesús

que su presencia dejó,

en un pequeño librito

que un día me enamoró!


 


 

Cuautitlán Izcalli, jueves II semana de Cuaresma, 9 marzo 2023.

 

1865. El rico epulón. Letrillas de un Juglar del Evangelio.


Era rico, todo rico


La parábola del “rico epulón” (del rico “banqueteador”) es la parábola más curiosa de todas, por la inventiva que tiene, porque es cmo una película de sorpresas. Jesús inventa una catequesis de niños, para decir verdades gordas, El rico desgraciado que tenía de todo y le faltaba lo principal: no tenía corazón.

Y había un pobre muy pobre, pero tenía todo, porque tenía a Dios. Jesús le puso un nombre, Lázaro, que en su raíz hebrea significa: “Dios ayuda”.

Y Jesús se inventa lo que pasó después: Que murió Lázaro y los ángeles le llevaron al seno de Abraham, y murió el rico… le hicieron el funeral, y lo enterraron. Y ¿luego? Escuchemos lo que dice Jesús:

“Y (el rico) gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 25 Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 26 Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 27 Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 29 Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”»

 


Era rico, todo rico

y tenía una mansión,

y un banquete cada día,

porque era el rico epulón.

 

Y vestía como viste

un famoso fanfarrón,

era rico, muy moderno

a plena satisfacción.

 

Y era pobre, más que pobre:

no tenía corazón;

un palacio reluciente

con música y diversión.

 

Y un mendigo que era Lázaro,

que “Dios tiene compasión”,

a la puerta del Palacio

mendigaba una ración.

 

Y ni migajas le daba

aquel rico comilón,

porque iban a la basura

lo que sobraba al glotón.

 

Y hasta los perros venían,

que no tenía Doctor,

y le lamían las llagas

al pobre de la región.

 

Pero este pobre era humilde,

y tenía mucho amor,

y sufría su pobreza

con paz y consolación.

 

Llegó un día venturoso

y aquel pobre se murió,

los ángeles de la Gloria

vinieron en procesión.

 

Entre canciones y palmas

con el Arcángel Mayor,

lo llevaron en festejos

hasta el cielo superior.

 

Y en el seno de Abraham

tuvo su puesto de honor

como pago de excelencia

a su gran tribulación.

 

Y como esto un día acaba,

para siempre solo Dios,

también el rico se fue

y acabó en el Panteón.

 

Le hicieron gran funeral

y hasta la prensa acudió

el Presidente del pueblo,

la gente y Gobernador.

 

Y estando allí donde estaba

de Lázaro se acordó,

que las llamas le abrasaban

con un infernal calor.

 

Mándame, Padre Abraham,

a Lázaro, de favor,

con una gotita de agua

del dedo, por compasión.

 

Y ya sabéis, mis amigos,

lo que Abraham contestó,

y no alargo más el cuento,

pidiendo vuestra atención.

 

La moraleja es muy clara

de este divino sermón:

Si no creen en la Biblia,

les sobre una aparición.

 

Mis hermanos, compaisanos,

creed que llevo razón:

Tenemos los Evangelios,  

cada día una lección.

 

Al Evangelio del día

besadle con devoción,

que cada día contiene

un secreto para Vos.

 

El Evangelio chiquito,

cada día su sección,

es la llave que me abre

para mí el Reino de Dios.

 

Día a día esta palabra

me da luz y dirección,

me da paz, sabiduría

y fuerzas en mi aflicción.

 

El Evangelio es presencia

del Dios de la Comunión,

el tesoro más precioso

que en mi casa guardo yo.

 

¡Bendito el santo Evangelio

en mi mesa de labor,

en mi bolsa de viajero

y en mi mano en la oración!

 

¡Bendito sea Jesús

que su presencia dejó,

en un pequeño librito

que un día me enamoró!


Cuautitlán Izcalli, jueves II semana de Cuaresma, 9 marzo 2023.

martes, 7 de marzo de 2023

1864. Dulce palabra de hermano – Rima espiritual sobre el Evangelio de hoy, martes II semana de Cuaresma (Mt 23,1-12).

                                 Dulce palabra de hermano

Jesús se muestra durísimo contra los escribas y fariseos, generalizando su mal comportamiento a toda la casta, y descalificando en absoluto su conducta: “…5 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; 6 les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; 7 que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. 8 Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. 10 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 11 El primero entre vosotros será vuestro servidor. 12 El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido»”.

Ya Isaías profetas, en su primera predicación (lectura de hoy), había llamado impetuosamente a los dirigentes de Jerusalén “príncipes de Sodoma”, y al pueblo mismo de la ciudad santa “pueblo de Gomorra”, es decir, para unos y otros lo peor de lo peor.

El intérprete crítico se pregunta: Pero ¿tan malos eran? ¿No habrá otras claves de interpretación de acuerdo a la literatura profética? Por otra parte, Mateo escribe cuando se ha obrado ya, al parecer, la ruptura con al Sinagoga…

El abuso de autoridad se manifiesta en el abuso de títulos, que de hecho se usan con vanidad, soberbia y poderío. Jesús pone en evidencia la deformación de tres palabras: Rabbí.
El dicho de “todos vosotros sois hermanos” va asociado, no a la referencia Padre, sino al uso del título Rabbi.

Y aquí comienza la revelación íntima y dulce: la categoría de ser “hermano” debe colmar todas mis aspiraciones, orque no hay categoría superior a ella. Ser hermano en la comunidad de Jesús es no menso que ocupar los primeros puestos, es un título no igualable por el excelente título de Rabbí, título que ciertamente pertenece a Cristo.

Al aire de esta dulce intimidad, va pensada esta rima: Dulce palabra de hermano.

Las órdenes religiosas han querido reinventar palabras para guardar el Evangelio. Tachemos la palabara “superior” y hablemos de Ministro, Guardián, Custodio, Prepósito, Prior, Inspector, Director, Presidente, Responsable… , palabras que, según la correcta Gramática habrá que escribir con Mayúscula, porque designan título concreto y Dignidad. Un empeño imposible; necesitamos palabras funcionales que, por el uso mismo del lenguaje, designan categoría y dignidad. A un médico le llamamos cortésmente y profesionalmente: “Doctor”. Y al escribir una carta a una autoridad que desconocemos, acaso comenzamos: Muy Señor Mío. Y al Rey le llamamos Majestad, y al Papa Santo Padre. ¿Dónde está, pues, el “quid” de la revelación…?

Las palabras no son inocentes, y Jesús nos invita a unas actitudes interiores, provenientes de la revelación, y a unas palabras adecuadas,  que dependen del talante del lenguaje. A un compañero le hablaré de “Tú”, y a una autoridad o a un anciano le hablaré de “Usted”, que es la condensación del primitivo “Vuestra Merced”.



Dulce palabra de hermano
que Jesús ha distinguido;
no le miréis al Rabbi,
título ya envilecido.

Hermano, sencillo hermano,
hermano, familia y mío,
Y hasta Jesús es hermano,
él que es Hijo del Altísimo.

 Cuidado con el lenguaje,
que puede ser muy dañiño,
las palabras se engrandecen,
y pierden el buen sentido.

Rabunní, la Magdalena
a Jesús aparecido;
y aquel ímpetu y abrazo
era amor, amor purísimo.

A nadie llaméis Rabbí,
si eso es título honorífico,
que sois hermanos y es más
que todos los grandes títulos.

 A nadie le deis la pompa
de un aparato ficticio,
sois hermanos en mi Cruz,
hermanos sin artificio.

Ser hermano es un secreto
solo por él transmitido,
hermano en dulce ternura
de igualdad y de servicio.

Es gloriosa confesión
de que solo él es Cristo,
solo él el Servidor
que a todos nos hace íntimos.

Solo él ha sido el último,
a nuestros pies felicísimo,
Jesús en amor tallado
de la cuna hasta el suplicio.

Ser su Iglesia es ser su hermano,
que nos da su propio estilo,
de entrega para gozar
y nada de poderío.

Y era él tan importante,
que nada importante quiso,
que títulos resonantes
son caída al precipicio.

Uno solo es vuestro Padre,
ya no hay Reyes ni Ministros,
vuestro Padre está en los cielos,
y sois simplemente míos.

No inventéis franjas y estrellas
para adornar los vestidos;
sois hermanos, lo más grande
que en el mundo haya ocurrido.

Ser hermano es celestial
hasta la tierra traído;
es don de la Encarnación
con el Hijo compartido.

Ser hermano es comulgar
en sus vivencias de Hijo,
es el sello del Espíritu
que consagra sus dominios.

Ser Iglesia es hermandad
de Dios Padre, Uno y Trino,
hermandad que a tierra humana
trae luz de Paraíso.

Hermanos, tan solo hermanos,
hermanos en Jesucristo,
hermanos que significa
transidos de su cariño.

Ser hermano no es poder,
escalafón y prestigio,
y el más hermano es el último,
el puesto que éls e ha escogido.

Quiero ir por esta senda:
ser hermano y hermanito,
pequeño como florcita,
que mulle el prado florido.

Enséñame tus palabras,
porque me han enternecido,
Jesús de toda Verdad,
que enseñas lo que has vivido.

Seré feliz como hermano,
si en ello soy su testigo
de esa humildad que Jesús
a nuestra Casa ha traído.

Ten piedad de mí, Jesús,
mi Rey, mi Hermano, mi Amigo…,
las palabras se diluyen,
y mis versos no termino. Amén.

Cuautitlán Izcalli,   martes II semana de Cauresma, 7 marzo 2023.