Jesús
y el leproso: Quiero, queda limpio
Mc
1,29-39
Texto:
40 Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». 41 Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». 42 La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. 43 Él lo despidió, encargándole severamente: 44 «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 45 Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes
Hermanos:
1.Vamos leyendo, párrafo a párrafo el
evangelio de san Marcos. El Evangelio de hoy es el punto y seguido del
Evangelio del domingo pasado, como el del domingo pasado era el punto y seguido
del anterior. El domingo que viene la cosa será distinta, porque esta semana va
a empezar la santa Cuaresma con el Miércoles de Ceniza.
San Marcos, como ya dijimos, es el
Evangelio más sencillo, al parecer el más antiguo. Pero, no nos confundamos, No
podemos preferir a un Evangelio sobre el otro; cada uno tiene su propia
característica, pero cada uno quiere entregarnos la imagen del Cristo total. No
podemos decir que uno superior a otro. Los recibimos a los cuatro eon el mismo
aprecio, porque cada uno de ellos y los cuatro en conjunto tienen la misma
dignidad.
Estas pequeñas escenas del Evangelio de
Marcos nos dan cada una de ella un retrato de Jesús, pero ese retrato, tomado
de una escena, es un retrato total. Y esto nos ocurre hoy en esta escena: Jesús
y el leproso.
Si quieres, puedes
limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero: queda
limpio.
Este es Jesús; esto es el retrato de su
obra y su misión.
¿Quién es Jesús? Nos lo ha dicho san Marcos
al principio: el Hijo de Dios.
¿Quién es el leproso? Aquel leproso,
sí; pero, al leer el Evangelio hoy, el leproso soy yo, el leproso es la
humanidad.
¿Y por qué obra Jesús así? Porque tiene
amor: Compadecido, extendió la mano y lo tocó.
¿Qué debo hacer yo? O ¿Qué debe hacer
la humanidad? Ponerme de rodillas y pedir: Si quieres, puedes limpiarme.
Y ¿qué es lo que va a suceder después?
Lo que ya está escrito en el Evangelio: Quiero: queda limpio.
Pues este es el título de nuestra
homilía. Hermanos, he dicho todo lo que
tenía que decir, y con ello, podría cerrar esta predicación.
Todo es sencillo, humilde y maravilloso.
Pero, mirando a Jesús, que él es el que
preside neustar celebración vamos a ahondar nuestros pensamientos.
Los hombres nos entendemos por palabras, por signos, por símbolos, por la música, por la poesía, por al pintura, por todas las artes.
Si a un pintor cristiano, que vive la
fe que predicamos, le dijéramos: Píntame en una imagen que me sugiera todo lo
que es Jesús, podría respondernos: Te voy a pintar a Jesús como en Buen
Samaritano. Un hombre tirado en el camino, herido y maltrecho, y este samaritano,
un buen hombre, que va de camino, que baja de su cabalgadura, que mira, lo
atiende, lo acaricia y comienza a curarlo y lo monta consigo para llevarlo al
mesón. Es la imagen de lo que Jesús hizo y lo que sigue haciendo hoy en el
mundo. Efectivamente Jesús es el Buen Samaritano. Esa imagen me consuela, me
ilumina y me da paz.
Una sola imagen basta para todo un mensaje.
Jesús lanzando demonios es igualmente imagen de su ser y de su misión: Jesús es el vencedor de todo mal y el que nos da una vida nueva en libertad. Con esto estamos dando una imagen muy fecha del mundo, suponiendo que está poseído por el Maligno. Pero es una imagen recurrente en el los Evangelios, porque la realidad es esa, aparte de todas las bondades que también podríamos hablar del mundo.
Las curaciones de enfermos se
multiplican en los Evangelio, y cualquiera de ellas, valdría para dar una semblanza
de Jesús.
Jesús ha curado a los ciegos, a un
ciego de nacimiento, a quien le mandó lavarse en la piscina de Siloé – que
significa “Enviado” (dice san Juan); ¿y no es verdad que andamos a tientas y
ciegos en la vida?
Jesús ha curado a paralíticos, y al curar a aquel paralítico, le dijo: Hijo, tus pecados quedan perdonados. ¿Y nos es verdad, hermanos, que nuestros pecados son la parálisis de nuestra vida y que quien vive en el pecado es un paralítico?
Pus con esas consideraciones volvamos
al Evangelio de hoy. ¿Quién es un leproso? En los tiempos de Jesús, un leproso
era el enfermo más enfermos. Era la miseria mayor. Un leproso da asco; un
leproso contamina…, al menos así se creía. La primera lectura de hoy, del libro
del Levítico, nos lo ha recordado. Podemos ir al capítulo 13 del libro del
Levítico para nuestra información. Baste solo una frase: “El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera
desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Recuerdo
que siendo joven sacerdote, una religiosa misionera que había trabajado en una
leprosería, me dijo: Nosotras no leemos estos textos a los enfermos; nos los
entenderían.
Un leproso, pues, es un desecho de la humanidad.
Gracias a Dios, la medicina ha
avanzado, y, si todavía lepra no ha sido, vencida – esperamos que un día lo sea
– ya no tiene aquel carácter fatídico. En este punto me place anotar que
nosotros, capuchinos, vamos a tener seguramente a un santo capuchino leproso.
El P. Daniel de Samarate, italiano, era un joven capuchino que en Brasil
contrajo la lepra sirviendo a los leprosos, probablemente atendiendo a una
anciana. Cuando todavái el virus no se había manifestado en la piel el virus
que ay tenía, los superiores le llamaron a Italia, para que se tratara el caso
con plena competencia. Fue a Lourdes a pedirle a la Virgen al gracia de la
curación para seguir siendo misionero. Em la procesión con el Santísimo
Sacarmento hizo con toda fe la oración del leproso de hoy: Señor, si quieres,
puedes curarme. ¿Y qué pasó? Que oyó una voz clara en su corazón: No quiero; se
leproso. Volvió a la misión, pero ya no fue el misionero heroico que sirve a
los leprosos, sino un leproso más en la leprosería. Las fotos que se ven en
Internet nos muestran cómo la lepra le comió los dedos de las manos. Diez años
con lepra hasta su santa muerte. En 2017 el Papa Francisco declaró las virtudes
heroicas de quien es hoy Venerable Padre Daniel de Samarate.
Hermanos, Si quieres, puedes curarme,
es la oración de este día.
Para eso tenemos que ponernos de
rodillas, es decir, pedir con humildad de corazón: Si quieres, puedes curarme.
Y a lo mejor, como el Padre Daniel,
oímos una voz muy suave, muy pura: No, hijo mío, hija mía, quiero que sigas con
ese cáncer, o con esa dificultad que nadie sabe, porque el sufrimiento es el
camino de la redención. ¿No conocemos todos, hermanos, hermanas, a enfermos, a
enfermas que, postrados en el lecho del dolor con como un milagro a la vista de
todos, que nos da envidia por la paz que reflejan?
Por el silencio Dios obra maravillas en
el mundo.
Son solo unas reflexiones, porque, cada
quien, guiado por el Espíritu Santo puede sacar otras.
Volvamos al centro: el centro es Jesús.
Él es el que debe regir nuestra vida en toda circunstancia. Es lo que queremos
y pedimos, que él esa nuestro Salvador, el Salvador de nuestra familia y de
nuestra sociedad.
Estoy hablando desde América, peor la sangre no es agua. Y de continuo mis ojos vuelven a mi patria. Y estos días veo carreteras colapsadas por tractores de labradores, yo qye soy de un pueblo de labradores. Que haya diálogo, verdad y concordia. Nada humano puede ser ajeno a neutro corazón de cristianos.
Señor
Jesús, si quieres, puedes curarme; si quieres, puedes curarnos.
A ti dirigimos nuestro corazón; que la fe y el amor dirija nuestra vida, sabedores de que tú te interesas por todas nuestras necesidades, del alma y del cuerpo, porque tú eres nuestro Creador y Salvador. En ti confiamos. Amén.
Cuautitlán Izcalli, viernes, 9 febrero
2024.