El Evangelio de hoy (Jn 10,11-18) nos trae mensajes
tan dulces y consoladores como estos:
Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida
por las ovejas;
Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y
las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy
mi vida por las ovejas.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi
vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego
libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este
mandato he recibido de mi Padre (vv. 11. 14-15. 17-18).
A la luz de este mensaje pascual componemos este
Himno.
Oh Jesús, Buen Pastor de
tu Iglesia,
desde el cielo tú ves tu
rebaño,
y eres tú, con amor, quien
lo ofrece,
a tu Dios quien te dio su
cayado.
El Pastor de Israel era el
Padre,
que amoroso guiaba los
pasos
de su Pueblo elegido entre
todos
cual primicia del Reino
anunciado.
Y obediente nos diste tu
vida,
libremente por nuestros
pecados;
porque así nos amabas
queriendo
vernos tuyos al pecho en
tus brazos.
Uno a uno conoces tu grey
y en mí mismo te ves
retratado,
te conozco, Pastor, como
oveja
que en tu rostro contempla
a su amo.
En bonanza y tormentas
camino,
mas seguro yo avanzo a tu
lado;
mi consuelo, mi paz y
contento
eres tú, que eres Pascua
en lo alto.
Mi Señor, mi Jesús, mi
Pastor,
es mi vida tu triunfo
ensalzado,
¡gloria a ti, Redentor,
todo nuestro,
en espera del último
abrazo! Amén.
Cuautitlán
Izcalli, Domingo del Buen Pastor, 21 abril 2024.
11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor
da su vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni
dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo
las roba y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan
las ovejas.
14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a
las mías, y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo
conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
16Tengo, además, otras ovejas que no son
de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá
un solo rebaño y un solo Pastor. 17Por esto me ama el Padre, porque yo
entrego mi vida para poder recuperarla. 18Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente.
Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he
recibido de mi Padre».
Hermanos:
Todos los años,
el domingo IV de Pascua, después de haber escuchado las apariciones de Jesús en
los tres primeros, este IV, está dedicado al Buen Pastor. Jesús Resucitado,
desde el cielo, es el pastor que guía a la Iglesia.
El pueblo de
Israel siempre pensó que Dios era su Pastor. Todos los judíos saben
perfectamente aquel salmo 23: “El Señor
es mi pastor, nada me falta: 2en verdes praderas me hace recostar; | me conduce
hacia fuentes tranquilas 3y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo,
| por el honor de su nombre. 4Aunque camine por cañadas oscuras, | nada temo,
porque tú vas conmigo: | tu vara y tu cayado me sosiegan.
Desde hace 61
años este domingo es un domingo para orar por las vocaciones que decimos
“vocaciones consagradas”, tantos hombres y mujeres,que, apreciando lo que vale una vocación
humana en sí, que tiene una misión y un proyectos, han consagrado su vida
entera, privándose del matrimonio, a una acción de generosidad, que les ocupe
noche y día, a una entrega muy especial a Dios en la oración, culto divino,
predicación, servicio a los pobres y más necesitados: son los sacerdotes, religiosos
y religiosas. Rogamos por ello, y para que el Señor, según su voluntad, suscite
vocaciones para esto. Así lo hizo él en su vida terrestre: Ven y sígueme, y, al
punto, dejando las redes, las barcas, su oficio, su padre, el mostrador de
trabajo de impuesto como en el caso de Leí o Mateo, al instante le siguieron.
Todos los años el
Papa en esta ocasión envía un menaje al pueblo cristiano. Voy a citar, con
cierta extensión, lo que ha escrito para el día de hoy, para ver por dónde van
sus pensamientos.
“Cada año la
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones nos invita a considerar el
precioso don de la llamada que el Señor nos dirige a cada uno de nosotros, su
pueblo fiel en camino, para que podamos ser partícipes de su proyecto de amor y
encarnar la belleza del Evangelio en los diversos estados de vida. Escuchar la
llamada divina, lejos de ser un deber impuesto desde afuera, incluso en nombre
de un ideal religioso, es, en cambio, el modo más seguro que tenemos para
alimentar el deseo de felicidad que llevamos dentro. Nuestra vida se realiza y
llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras
cualidades, en qué ámbitos podemos hacerlas fructificar, qué camino podemos recorrer
para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de
paz, en los contextos donde cada uno vive.
Por eso, esta
Jornada es siempre una hermosa ocasión para recordar con gratitud ante el Señor
el compromiso fiel, cotidiano y a menudo escondido de aquellos que han abrazado
una llamada que implica toda su vida. Pienso en las madres y en los padres que
no anteponen sus propios intereses y no se dejan llevar por la corriente de un
estilo superficial, sino que orientan su existencia, con amor y gratuidad,
hacia el cuidado de las relaciones, abriéndose al don de la vida y poniéndose
al servicio de los hijos y de su crecimiento.
(Tiene una
palabra especial para los jóvenes)
A los jóvenes,
especialmente a cuantos se sienten alejados o que desconfían de la Iglesia,
quisiera decirles: déjense fascinar por Jesús, plantéenle sus inquietudes
fundamentales. A través de las páginas del Evangelio, déjense inquietar por su
presencia que siempre nos pone beneficiosamente en crisis. Él respeta nuestra
libertad, más que nadie; no se impone, sino que se propone. Denle cabida y
encontrarán la felicidad en su seguimiento y, si se los pide, en la entrega
total a Él”.
Ya veis,
hermanos, cuántas reflexiones variadas y diferentes puede sacar uno de los mensajes
que se van proponiendo, domingo tras domingo, a través de nuestras
celebraciones.
Quisiera pasar
brevemente a las palabras directas del Evangelio, porque siempre las palabras
propias del Evangelio tienen una fuerza y fascinación especial.
Dice el Señor que
él sí es el Buen Pastor – y se apropia de esta manera un título divino, y que
todos los que han venido delante de él, no eran pastores; eran ladrones.
Jesús en estas
declaraciones que acabamos de escuchar nos dice tres cosas:
-Que da la vida por sus ovejas.
-Que conoce a sus ovejas y ellas le conocen a
él
-Que tiene otras ovejas que todavía no han
entrado en este redil, y que él las quiere ver a todas juntas.
Evidentemente Jesús nos está hablando de la
Iglesia, de lo que él quiere que sea su Iglesia, nosotros y él en su iglesia
Jesús nos dice que él da la vida por las
ovejas. Un pastor no hace eso. Si el rebaño va por una cañada que surca
hondonadas y campos y en esto se atraviesa una carretera y no hay puente y
tiene que cruzar la carretera, se apaña como puede para pedir stop a los
camiones, pero él no se expone al peligro; y si hay un destrozo de varias
ovejas, todo el mundo piensa: Menos mal que no se ha matado el pastor, porque
el pastor vale más que todo el rebaño. Pero aquí el Evangelio nos dice que
Jesús, el Buen Pastor, da la vida por su rebaño.
2. nos dice además que él conoce a sus ovejas
y que sus ovejas le conocen a él.
Él conoce a cada una de las ovejas y cada una
le conoce a él. Los que andan entre rebaños dicen que es verdad: que cada oveja
tiene cara distinta.
En la Iglesia, hermanos, cada uno somos “uno”
– no somos un montón de borregos -
Y a cada una nos
conoce por nuestro nombre. Es muy bello y
consolador leer estas frases que nos revelan el corazón del Buen Pastor: 14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías
me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo
doy mi vida por las ovejas.
Si yo tomo en serio estas palabras del
Evangelio, mi vida cambia de arriba abajo. Todo es diferente si yo siento junto
a mí la compañía segura de mi Pastor. Cuando venga el lobo, que seguramente ha
de venir, él se encargará de arrearlo fuera y de que el lobo no me haga daño.
El pastor y las ovejas se conocen mutuamente
y saben cuáles son los buenos pastos y dónde está el veneno.
Jesús nos dice también que tiene otras
ovejas, que a él le pertenecen, pero que no están todavía en este redil. Por ellas y
también por nosotros él va a dar la vida.
Estamos en Pascua, hermanos, y veamos qué es
lo que él nos dice:
18Nadie me la quita, sino que yo la
entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla:
este mandato he recibido de mi Padre».
Jesús libremente y por amor ha muerto por
todos. Y él quiere que todos los hombres, que hemos sido redimidos pro su
sangre, seamos una comunidad con él. Estos días hemos estado aterrorizados por
todo lo que está pasando en Medio Oriente. Dios no quiere la Guerra, y y si
definitivamente estalla esta Guerra regional las consecuencias negativas las vamos
a sufrir todos. Dios no quiere la Guerra sino la hermandad.
Señor
Jesús, Hijo de Dios, que eres el Pastor, el Buen pastor de las ovejas, tú has
dado la vida por vosotros. Haz que nosotros seamos ovejas agradecidas de tu
rebaño, y nos dejemos llevar por tu cayado a las praderas celestiales, unidos
en hermandad como debe ser un rebaño. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 20 abril 2024
(Fiesta de la Madre del Buen Pastor).
. 35Y ellos contaron
lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan.36Estaban hablando de
estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a
vosotros». 37Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un
espíritu. 38Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en
vuestro corazón? 39Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos
cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo
tengo». 40Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Pero como no acababan
de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de
comer?». 42Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43Él lo tomó y comió
delante de ellos.
44Y les dijo:
«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se
cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca
de mí». 45Entonces les abrió el entendimiento
para comprender las Escrituras. 46Y les dijo: «Así
está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer
día 47y en su nombre se proclamará la
conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por
Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de esto.
Hermanos:
1. Cn la gracia del Señor seguimos disfrutando de
los días pascuales, de la cincuentena pascual. Los santos Padres, y en concreto
San Atanasio de Alejandría, padre y doctor dela Iglesia del siglo IV (c. 295 -
id., 373) nos han dicho que los cincuenta días de Pascua, todos ellos, son como
un gran Domingo, es decir, como un gran fiesta espiritual llena de alegría, en
la cual se nos derraman generosamente, grandes gracias del Señor.
Hoy es tercer domingo de Pascua.En estos tres primeros domingos se nos
presenta en el Evangelio una de las apariciones de Jesús, para que se nos
graben más y más y recibamos de ellas el fruto espiritual que transforma
nuestra vida; el cuarto Domingo, que será el próximo día 21, todos los años se
nos presenta la figura del Buen Pastor; Los siguientes domingos son las últimas
confidencia de Jesús en la Ultima Cena, para concluir el día 50 con al solemnidad
de Pentecostés, el envío del Espíritu Santo a la Iglesia.
Por otra parte, sabiendo que en Pascua no se lee
el Antiguo Testamento para que tengamos conciencia clara de que las promesas ya
se cumplieron, en la primera lectura acudimos a los Hechos de los Apóstoles
para ver cuál fue la historia de la Iglesia, que nos anima mucho al
confrontarnos con las vicisitudes de hoy.
2. El Evangelio de hoy describe la escena del encuentro
de Jesús con los Once apóstoles, la tarde de la Resurrección, tras el encuentro
que habían tenido con los dos discípulos de Emaús, uno llamado Cleofás y del
otro ignoramos el nombre.
Volvieron corriendo, desandando el camino de
Jerusalén a Emaús, que ahora era de Jerusalén a Emaús, para decirles: Hemos visto
al Señor, y contarles aquella escena divina.
Imaginamos el revuelo que se hizo, y en esto se
presenta el Señor a todos. ¿Era él o era un fantasma, creado por la ilusión y
el amor de todos ellos? No era posible tanta alegría. El evangelista nos hace
notar con una observación psicológica: No acababan de creérselo por la alegría
que todos tenías. ¿Era una alucinación colectiva, como a veces puede ocurrir? ¿Estarían
todos locos?
Jesús les invita, les insta a que hagan una prueba
real para verificar esta verdad. Les invita a ver y tocar. Les mostró las manos
y los pies. Es la única vez en que se nos habla de los pies del que había
muerto en la cruz. También los clavos habían atravesado sus pies, y no fue
simplemente atado al madero. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como
veis que yo tengo». 40Dicho esto, les
mostró las manos y los pies.
Y como no acababan de creer a causa de la alegría
les pide que le den algo de comer. 42Ellos le
ofrecieron un trozo de pez asado. 43Él lo tomó y
comió delante de ellos. San
Pedro en uno de sus discursos dirá: Nosotros
que hemos comido y bebido con él.
Jesús
ha resucitado y esta verdad central de nuestra fe, de donde arrancan todas las
demás, Jesús la quiere mostrar, a la medida de nuestra capacidad, e una manera
concreta y real, tangible, comiendo ante ellos
Un
filósofo dirá: Pero un cuerpo resucitada entrar en un mundo nuevo que
desconocemos, que no está sujeto a las variables del tiempo y del espacio que
limitan y configuran nuestras acciones. Los cuerpos del los resucitados ni
comen, ni bene ni visten. Esto es cierto y desconocemos cómo será aquellos, pero
para tener una experiencia espiritual del misterio, necesitamos la concretez de
las cosas de acá. Esta escena so quiere transmitir que lo que viene es tan real
y más que todo lo que llamamos en nuestra experiencia realidad.
No
es una fantasía decir que Jesús ha resucitado. Este hecho de su santa
Resurrección, es tanto y más como que yo estoy aquí, como que yo veo y palpo,
como que yo como y bebo. Jesús ah resucitado, y de aquí arranca todo. Estos es
la primera parte de la escena.
3.
Pero, fundamentado esto, ahora viene lo más importante. Ahora que creen en al
Resurrección, que han entrado en este misterio Jesús les va a regalar dos dones
esenciales para la vida de la Iglesia y de so cristianos:
El
primero entender las escrituras.
El
segundo, el ser sus testigos.
45Entonces les
abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Para entender las Escrituras no basta el estudio.
Muchos escribas eran doctores, pero no entendían el último sentido. Y san
Pablo, que tampoco las entendía al principio, dijo en su momento que hay un
velo que cubre los ojos de sus hermanos judíos y no entienden el sentido último
de las profecías. Y así ocurre hasta hoy; aunque el mismo Pablo dice que
llegará un día en que se levante el velo y entonces sí aceptarán a Jesús de
Nazaret como el verdadero Mesías.
Entender
las Escrituras es dejarse iluminar por el Espíritu de Dios, que Dios da a los
sencillos y humildes. Estos días se ha debatido en el parlamento europeo sobre
el aborto; se hizo votación y por mayoría cualificada resultó que el
pensamiento de la cámara es que los 27 estados miembros de la Unión Europea
tienen que poner en sus Constituciones como derecho personal intangible el
derecho al aborto. Tendrá que coincidir los 27 estados, que no coincidirán,
peor la tendencia mayoritaria ya se ve por dónde va. Se quiere que lo que ha
sucedido en Francia pase ya a toda Europa. Cortar una vida que viene a merced
de la madre es un derecho intangible que al Ley lo protege.
Entender
las escrituras es entender el sentir de Dios. Y esto no es asunto de ciencia
especializada. Para entender el sentir de Dios, lo primero hay que ser humilde
hasta el fondo, hay que ser orante, y entonces puede venir el Espíritu de Dios
para iluminarte.
Y
otro don paralelo que nos da el Señor Resucitado: poder ser sus testigos. 48Vosotros sois
testigos de esto.
Somos los testigos de este mundo nuevo que nace con la Resurrección de Jesús,
testigos especialmente con nuestra vida, aunque también con las palabras.
Jesús,
el Hijo de Dios, ha venido al mundo, se ha encarnado en el vientre de una
mujer, ha aceptado ser nuestro hermano, sin dejar en ningún instante de ser
hijo; ha recorrido el camino que nosotros debemos recorrer; se ha sometido al sufrimiento
humano, incluso a la muerte, una muerte cruel e injusta por el perdón de los
pecados, ha resucitado, y con toda su vida nos ha salvado. Nosotros somos
testigos. Sí gozosamente somos testigos del Viviente, de Jesús, el Señor.
Miramos
a Jesús y enlazamos con este último pensamiento:
Señor Jesús, por la fe yo he
llegado a este último conocimiento de tu vida. Tú nos has redimido con tu
sangre preciosa. Yo soy testigo y nunca me avergonzaré de ello. A ti la gloria
y las gracias por siempre jamás. Amén, aleluya.
San León Magno, papa del siglo V, hablaba así a
sus fieles de Roma. ¿Le entenderían esta superteología, de un sabio que además,
y por ello, era místico? He aquí cosas que decía, y que la Iglesia recoge hoy a
más de 1.600 años de distancia como lectura patrística en el miércoles de la
segunda semana de Pascua. Y es verdad todo lo que dice.
"No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios, habiendo tomado la
naturaleza humana, se unió a ella tan íntimamente, que no sólo en aquel hombre
que es el primogénito de toda creatura, sino también en todos sus santos, no
hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que no puede separarse la
cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden separarse de la
cabeza.
…
El mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo, es quien
fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la
regeneración bautismal, una multitud innumerable de hijos sea engendrada para
Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre, ni
del deseo carnal, ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Es en
él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abrahán por la adopción del
mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones,
cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe. Él mismo es
quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el
cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día lo que
antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es
necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un
solo pastor”
El
mismo día en que se leen estos pasajes que dan una visión única del ser humano,
esto ocurre en Europa: “La Eurocámara ha aprobado este jueves una resolución en
la que se pide consagrar el derecho al aborto en la Carta de Derechos
Fundamentales de la UE. La iniciativa, que insta además a los Estados miembros
a despenalizar completamente la interrupción voluntaria del embarazo y a
eliminar y combatir los obstáculos a la misma, ha sido aprobada por 336 votos a
favor, 163 en contra y 39 abstenciones” (El País). No es todavía una Ley, que
requiere el sí de los 27 estados miembros, pero es un dato que revela la
tendencia dominante. Bien es cierto que políticos católicos advierten que esta
libertad así consagrada es un camino hacia la nada.