Jn 10,8-18
Texto
11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor
da su vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni
dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo
las roba y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan
las ovejas.
14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a
las mías, y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo
conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 17Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. 18Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
Hermanos:
Todos los años,
el domingo IV de Pascua, después de haber escuchado las apariciones de Jesús en
los tres primeros, este IV, está dedicado al Buen Pastor. Jesús Resucitado,
desde el cielo, es el pastor que guía a la Iglesia.
El pueblo de
Israel siempre pensó que Dios era su Pastor. Todos los judíos saben
perfectamente aquel salmo 23: “El Señor
es mi pastor, nada me falta: 2en verdes praderas me hace recostar; | me conduce
hacia fuentes tranquilas 3y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo,
| por el honor de su nombre. 4Aunque camine por cañadas oscuras, | nada temo,
porque tú vas conmigo: | tu vara y tu cayado me sosiegan.
Desde hace 61
años este domingo es un domingo para orar por las vocaciones que decimos
“vocaciones consagradas”, tantos hombres y mujeres, que, apreciando lo que vale una vocación
humana en sí, que tiene una misión y un proyectos, han consagrado su vida
entera, privándose del matrimonio, a una acción de generosidad, que les ocupe
noche y día, a una entrega muy especial a Dios en la oración, culto divino,
predicación, servicio a los pobres y más necesitados: son los sacerdotes, religiosos
y religiosas. Rogamos por ello, y para que el Señor, según su voluntad, suscite
vocaciones para esto. Así lo hizo él en su vida terrestre: Ven y sígueme, y, al
punto, dejando las redes, las barcas, su oficio, su padre, el mostrador de
trabajo de impuesto como en el caso de Leí o Mateo, al instante le siguieron.
Todos los años el Papa en esta ocasión envía un menaje al pueblo cristiano. Voy a citar, con cierta extensión, lo que ha escrito para el día de hoy, para ver por dónde van sus pensamientos.
“Cada año la
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones nos invita a considerar el
precioso don de la llamada que el Señor nos dirige a cada uno de nosotros, su
pueblo fiel en camino, para que podamos ser partícipes de su proyecto de amor y
encarnar la belleza del Evangelio en los diversos estados de vida. Escuchar la
llamada divina, lejos de ser un deber impuesto desde afuera, incluso en nombre
de un ideal religioso, es, en cambio, el modo más seguro que tenemos para
alimentar el deseo de felicidad que llevamos dentro. Nuestra vida se realiza y
llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras
cualidades, en qué ámbitos podemos hacerlas fructificar, qué camino podemos recorrer
para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de
paz, en los contextos donde cada uno vive.
Por eso, esta
Jornada es siempre una hermosa ocasión para recordar con gratitud ante el Señor
el compromiso fiel, cotidiano y a menudo escondido de aquellos que han abrazado
una llamada que implica toda su vida. Pienso en las madres y en los padres que
no anteponen sus propios intereses y no se dejan llevar por la corriente de un
estilo superficial, sino que orientan su existencia, con amor y gratuidad,
hacia el cuidado de las relaciones, abriéndose al don de la vida y poniéndose
al servicio de los hijos y de su crecimiento.
(Tiene una
palabra especial para los jóvenes)
A los jóvenes,
especialmente a cuantos se sienten alejados o que desconfían de la Iglesia,
quisiera decirles: déjense fascinar por Jesús, plantéenle sus inquietudes
fundamentales. A través de las páginas del Evangelio, déjense inquietar por su
presencia que siempre nos pone beneficiosamente en crisis. Él respeta nuestra
libertad, más que nadie; no se impone, sino que se propone. Denle cabida y
encontrarán la felicidad en su seguimiento y, si se los pide, en la entrega
total a Él”.
Ya veis, hermanos, cuántas reflexiones variadas y diferentes puede sacar uno de los mensajes que se van proponiendo, domingo tras domingo, a través de nuestras celebraciones.
Quisiera pasar
brevemente a las palabras directas del Evangelio, porque siempre las palabras
propias del Evangelio tienen una fuerza y fascinación especial.
Dice el Señor que
él sí es el Buen Pastor – y se apropia de esta manera un título divino, y que
todos los que han venido delante de él, no eran pastores; eran ladrones.
Jesús en estas
declaraciones que acabamos de escuchar nos dice tres cosas:
-
Que da la vida por sus ovejas.
-
Que conoce a sus ovejas y ellas le conocen a
él
-
Que tiene otras ovejas que todavía no han
entrado en este redil, y que él las quiere ver a todas juntas.
Evidentemente Jesús nos está hablando de la
Iglesia, de lo que él quiere que sea su Iglesia, nosotros y él en su iglesia
Jesús nos dice que él da la vida por las
ovejas. Un pastor no hace eso. Si el rebaño va por una cañada que surca
hondonadas y campos y en esto se atraviesa una carretera y no hay puente y
tiene que cruzar la carretera, se apaña como puede para pedir stop a los
camiones, pero él no se expone al peligro; y si hay un destrozo de varias
ovejas, todo el mundo piensa: Menos mal que no se ha matado el pastor, porque
el pastor vale más que todo el rebaño. Pero aquí el Evangelio nos dice que
Jesús, el Buen Pastor, da la vida por su rebaño.
2. nos dice además que él conoce a sus ovejas
y que sus ovejas le conocen a él.
Él conoce a cada una de las ovejas y cada una
le conoce a él. Los que andan entre rebaños dicen que es verdad: que cada oveja
tiene cara distinta.
En la Iglesia, hermanos, cada uno somos “uno”
– no somos un montón de borregos -
Y a cada una nos
conoce por nuestro nombre. Es muy bello y
consolador leer estas frases que nos revelan el corazón del Buen Pastor: 14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías
me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo
doy mi vida por las ovejas.
Si yo tomo en serio estas palabras del
Evangelio, mi vida cambia de arriba abajo. Todo es diferente si yo siento junto
a mí la compañía segura de mi Pastor. Cuando venga el lobo, que seguramente ha
de venir, él se encargará de arrearlo fuera y de que el lobo no me haga daño.
El pastor y las ovejas se conocen mutuamente
y saben cuáles son los buenos pastos y dónde está el veneno.
Jesús nos dice también que tiene otras
ovejas, que a él le pertenecen, pero que no están todavía en este redil. Por ellas y
también por nosotros él va a dar la vida.
Estamos en Pascua, hermanos, y veamos qué es
lo que él nos dice:
18Nadie me la quita, sino que yo la
entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla:
este mandato he recibido de mi Padre».
Jesús libremente y por amor ha muerto por
todos. Y él quiere que todos los hombres, que hemos sido redimidos pro su
sangre, seamos una comunidad con él. Estos días hemos estado aterrorizados por
todo lo que está pasando en Medio Oriente. Dios no quiere la Guerra, y y si
definitivamente estalla esta Guerra regional las consecuencias negativas las vamos
a sufrir todos. Dios no quiere la Guerra sino la hermandad.
Señor
Jesús, Hijo de Dios, que eres el Pastor, el Buen pastor de las ovejas, tú has
dado la vida por vosotros. Haz que nosotros seamos ovejas agradecidas de tu
rebaño, y nos dejemos llevar por tu cayado a las praderas celestiales, unidos
en hermandad como debe ser un rebaño. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 20 abril 2024
(Fiesta de la Madre del Buen Pastor).
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