Yo soy la vid, nos decía – Poema espiritual
Nuestra homilía ha girado en torno a dos frases o
dos mensajes del texto de este Domingo V de Pascua (Jn 15,1-8):
- Yo soy la verdadera vid, y mi
Padre es el labrador (v. 1- Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (v. 5).
Es un texto contemplativ0; y en él la palabra “permanecer” aparece 7 veces. Jesús nos quiere llevar, a través de él, hasta el Padre. El Padre, morada permanente de Jesús, es lo infinito, que abarca cielo y tierra, física y psicología, proyecto y destino. El Padre es el summum de nuestra peregrinación, y Jesús nos dice que ya está, que el que ha visto a él ha visto al Padre, como le dijo a Felipe. Él nos pide solo una cosa: “permanecer”. Este es el contenido de esta aspiración que tratamos de poner en verso y también - ¡ojalá! – en poesía.
Yo soy la
vid, nos decía,
y mi Padre
está conmigo;
mi Padre es
el viñador
de este
viñedo escogido.
Si un racimo
no da fruto,
porque a mí
no estaba unido,
lo corta y
lo tira afuera
como a sarmiento
perdido.
Ay de aquel
que no da fruto
que será
cual desperdicio,
y juntos los
desechados
arderán en
su suplicio.
Pero a aquel
que fructifica
lo hiere con
corte y filo
para que
arroje más fruto
unido a mi
sacrificio.
Soy
sarmiento de mi vid
y de su
savia yo vivo
y de esa
savia vital
en racimo
fructifico
Oh que
hermoso y qué sabroso
el racimo
esclarecido,
mas no lo
digáis a mí,
que de una
cepa he surgido.
Cantadle a
la cepa fuerte,
que ha
engendrado tales hijos,
y con verdes
vestimentas
embellece el
colorido.
Viñedos de
nuestras tierras,
que a Jesús
han conmovido,
y ha tejido
alegorías
con su
secreto divino.
Yo soy la
vid, él proclamaba,
lo ha dicho
y lo ha repetido,
y vosotros
los sarmientos
de mi seno
nutritivo.
Soy su racimo, y un día
seré su copa
de vino,
para brindar
en la Iglesia
a gloria de
Jesucristo.
Permaneced:
su consigna,
permaneced
en mí mismo,
como yo con
el Padre
somos un
solo designio.
El Padre y
yo con vosotros
somos un
trío fundido,
porque el
amor unifica
cielo y
tierra en un latido.
El cielo es
mansión ya vuestra
y el Padre
no es un vecino,
el Padre es
cielo y visión
es plenitud
y respiro.
Vivir en
Dios aquí abajo
es haberlo
conseguido,
es vivir
divinamente
como hijos
del Altísimo.
Permaneced,
solo eso,
que es un
coloquio continuo,
creatura y
Creador
en un abrazo
divino.
En el trajín
cotidiano
y en los
momentos más íntimos,
la vida
fluye la misma:
es su
aliento que transpiro.
Mi horizonte
y mis proyectos
hasta el
cielo han transcendido,
y por la vid
comprendí
que lo
divino es sencillo.
Permaneced,
solo así,
solo así que
él me lo dijo,
porque todo
lo demás
a él, Jesús,
lo confío.
Ya mi vida
es un milagro
en la paz
del paraíso,
el dolor y
la alegría
son del
mismo manantío.
Por eso,
pedid sin miedo,
y obtendréis
vuestro pedido…,
pues al
pedir solo quiero
lo que él me
ha conseguido.
Soy, Jesús,
en tu presencia
de amor
pensado y nacido
y vivir en
el amor
es vida y rumbo legítimo.
Gracias, oh
revelación,
por cuanto
aprendo a tu oído,
y sean las
Escrituras
mis
manantiales y ríos. Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, sábado, 27 abril 2024.
Cuautitlán
Izcalli, sábado 27 abril 2024.
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