Por gracia, solo por gracia
Rima sacerdote en el 64 aniversario de mi
ordenación
La
Carta a los Hebreos es muy taxativa cuando habla del Sacerdocio de Cristo: él
es el Único y Sumo sacerdote:
“…
todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los
mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. 12Pero Cristo, después de
haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre
jamás a la derecha de Dios 13y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean
puestos como estrado de sus pies.
14Con una sola
ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados. 15Esto nos lo atestigua
también el Espíritu Santo. |En efecto, después de decir: 16Así será la alianza que
haré con ellos | después de aquellos días, | añade el Señor: | Pondré mis leyes
en sus corazones | y las escribiré en su mente, 17y no me acordaré ya de
sus pecados ni de sus culpas. 18Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados”
(Heb 9,12-18).
De toda la doctrina de la carta se desprenden, a
modo de axiomas, unos principios absolutos, que podemos formular a modo de
Dogmas nucleares de nuestra FE.
Primero: En la Fe cristiana no hay
templo terreno. No hay otro templo que el Santuario celestial, en el cual está
Cristo.
Segundo. En la FE cristiana no hay
sacerdotes, porque en el cielo está el único, perfecto y definitivo Sumo
Sacerdote, que es Jesucristo.
Tercero: En la Fe cristiana, no habiendo ni templo ni sacerdotes, no hay sacrificios, porque el perdón de los pecados ya se ha verificado completamente.
Pero he aquí que, como maestro en las Santa
Escrituras, estoy explicando estos pasajes a unos jóvenes que se preparan para
recibir la Unicón Sacerdotal. Hemso de acudir a otros textos del Nuevo
Testamento, y, muy especialmente, a los relatos de la Cena del Señor. Estos
jóvenes van a escuchar, el dái de su ordenación, palabras como estas que tomamos
del Pontifical Romano:
“Aunque,
en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin
embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en
la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de
los hombres. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por
el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y
Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros
son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio son
llamados al servicio del Pueblo de Dios.
Estos
hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados para el
sacerdocio en el Orden de los presbíteros, a fin de hacer las veces de Cristo, Maestro,
Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece
como Pueblo de Dios y templo santo. Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno
Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá
en VERDADEROS SACERDOTES DEL NUEVO
TESTAMENTO para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y
celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.
Con
este trasfondo espiritual hemos creado esta rima sencilla para dar gracias y
alabanzas al Señor pro el don del sacerdocio.
Por gracia, solo por
gracia
soy sacerdote de Cristo,
por gracia, nunca por
méritos
sacerdote del Altísimo.
Y humildemente quisiera,
y quiero, como elegido,
perseverar hasta el fin,
siendo fiel y compasivo.
Pero dice al Escritura
y Hebreos muy firme dijo
que uno solo es Sacerdote
y ese solo es Jesucristo.
Él intercede en el cielo,
su Santuario es divino,
y ofrendas y sacrificios
en Él fueron abolidos.
Y somos su pueblo santo,
que camina peregrino,
por la ruta de la fe
con la gracia del
bautismo.
Es verdad, pura verdad,
que quita orgullo y
prestigio,
y que dice al sacerdote
que no es más que su
vecino.
Que somos todos hermanos
del mismo Padre nacidos,
y con al sangre preciosa
todos fuimos redimidos.
Pero Jesús en la Cena,
cuando tomó el pan y el
vino,
y se dio para expiar
todo pecado y delito
y quedarse permanente
con quienes somos sus hijos,
“Hacedlo en memoria mía”,
que es mi mandato y aviso.
Por la santa Eucaristía
soy sacerdote del Hijo,
yo, pecador, consagrando
ese Cuerpo sacratísimo.
Soy sacerdote en verdad,
por un misterio infinito,
porque él vive y él actúa
cuando sus palabras digo.
Y, al perdonar, él
perdona,
pues con él soy uno mismo,
y por mis manos destilan
sus divinos beneficios.
Para ser buen sacerdote,
humildad, Jesús, te pido,
que sea tu servidor
sin buscar nada distinto.
En tu Iglesia, amada
esposa,
corren vientos divididos,
yo te pido tu mirada
para saber distinguirlos.
Y en tan dulce aniversario
con recuerdos tan bonitos,
yo te pido tu caricia
para seguir lo que he
sido.
Como Pablo, como Juan,
como otros tantos,
tantísimos,
te pido fidelidad
hasta el último suspiro.
Dame de tu santidad,
para ser digno ministro,
que todos te puedan ver
cuando actúa este
discípulo.
Gozo y paz, santa alegría,
mirando a Jesús pascual,
sus heridas nos curaron,
y por su viva vivimos.
Tú, Jesús, y solo tú,
has de ser nuestro destino,
fe, esperanza y caridad
por los siglos de los
siglos. Amén.
Cuautitlán
Izcalli, 2 de abril de 2024
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