martes, 2 de abril de 2024

1958. Rima sacerdote en el 64 aniversario de mi ordenación

 Por gracia, solo por gracia

Rima sacerdote en el 64 aniversario de mi ordenación


La Carta a los Hebreos es muy taxativa cuando habla del Sacerdocio de Cristo: él es el Único y Sumo sacerdote:

“… todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. 12Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios 13y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. 

14Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados. 15Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. |En efecto, después de decir: 16Así será la alianza que haré con ellos | después de aquellos días, | añade el Señor: | Pondré mis leyes en sus corazones | y las escribiré en su mente, 17y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas. 18Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados” (Heb 9,12-18). 

 

De toda la doctrina de la carta se desprenden, a modo de axiomas, unos principios absolutos, que podemos formular a modo de Dogmas nucleares de nuestra FE.

 

Primero: En la Fe cristiana no hay templo terreno. No hay otro templo que el Santuario celestial, en el cual está Cristo.

Segundo. En la FE cristiana no hay sacerdotes, porque en el cielo está el único, perfecto y definitivo Sumo Sacerdote, que es Jesucristo.

Tercero: En la Fe cristiana, no habiendo ni templo ni sacerdotes, no hay sacrificios, porque el perdón de los pecados ya se ha verificado completamente.

Pero he aquí que, como maestro en las Santa Escrituras, estoy explicando estos pasajes a unos jóvenes que se preparan para recibir la Unicón Sacerdotal. Hemso de acudir a otros textos del Nuevo Testamento, y, muy especialmente, a los relatos de la Cena del Señor. Estos jóvenes van a escuchar, el dái de su ordenación, palabras como estas que tomamos del Pontifical Romano:

 

“Aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio son llamados al servicio del Pueblo de Dios.

Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados para el sacerdocio en el Orden de los presbíteros, a fin de hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como Pueblo de Dios y templo santo. Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en VERDADEROS SACERDOTES DEL NUEVO TESTAMENTO para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

Con este trasfondo espiritual hemos creado esta rima sencilla para dar gracias y alabanzas al Señor pro el don del sacerdocio.

 

Por gracia, solo por gracia

soy sacerdote de Cristo,

por gracia, nunca por méritos

sacerdote del Altísimo.

 

Y humildemente quisiera,

y quiero, como elegido,

perseverar hasta el fin,

siendo fiel y compasivo.

 

Pero dice al Escritura

y Hebreos muy firme dijo

que uno solo es Sacerdote

y ese solo es Jesucristo.

 

Él intercede en el cielo,

su Santuario es divino,

y ofrendas y sacrificios

en Él fueron abolidos.

 

Y somos su pueblo santo,

que camina peregrino,

por la ruta de la fe

con la gracia del bautismo.

 

Es verdad, pura verdad,

que quita orgullo y prestigio,

y que dice al sacerdote

que no es más que su vecino.

 

Que somos todos hermanos

del mismo Padre nacidos,

y con al sangre preciosa

todos fuimos redimidos.

 

Pero Jesús en la Cena,

cuando tomó el pan y el vino,

y se dio para expiar

todo pecado y delito

 

y quedarse permanente

con quienes somos sus hijos,

“Hacedlo en memoria mía”,

que es mi mandato y aviso.

 

Por la santa Eucaristía

soy sacerdote del Hijo,

yo, pecador, consagrando

ese Cuerpo sacratísimo.

 

Soy sacerdote en verdad,

por un misterio infinito,

porque él vive y él actúa

cuando sus palabras digo.

 

Y, al perdonar, él perdona,

pues con él soy uno mismo,

y por mis manos destilan

sus divinos beneficios.

 

Para ser buen sacerdote,

humildad, Jesús, te pido,

que sea tu servidor

sin buscar nada distinto.

 

En tu Iglesia, amada esposa,

corren vientos divididos,

yo te pido tu mirada

para saber distinguirlos.

 

Y en tan dulce aniversario

con recuerdos tan bonitos,

yo te pido tu caricia

para seguir lo que he sido.

 

Como Pablo, como Juan,

como otros tantos, tantísimos,

te pido fidelidad

hasta el último suspiro.

 

Dame de tu santidad,

para ser digno ministro,

que todos te puedan ver

cuando actúa este discípulo.

 

Gozo y paz, santa alegría,

mirando a Jesús pascual,

sus heridas nos curaron,

y por su viva vivimos.

 

Tú, Jesús, y solo tú,

has de ser nuestro destino,

fe, esperanza y caridad

por los siglos de los siglos. Amén.



 

Cuautitlán Izcalli, 2 de abril de 2024

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