domingo, 7 de abril de 2024

1961. Domingo octava de Pascua 2024 Les mostró las manos y el costado

 Les mostró las manos y el costado

Jn 20,19-31


Texto

19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 

24Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 26A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 27Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». 29Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

 30Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:

1. Domingo octava de Pascua, que corona estos siete días que hemos vivido y celebrado como un solo Domingo.

En un domingo como hoy, II de pascua, 30 de abril del año 2000, recién empezado el Tercer Milenio, el papa san Juan Pablo II canonizaba a santa Faustina Kowalska, y en la homilía pronunció estas palabras:

“4. Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina". A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que "el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a "usar misericordia" con los demás: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7)" (Dives in misericordia, 14). Y nos señaló, además, los múltiples caminos de la misericordia, que no sólo perdona los pecados, sino que también sale al encuentro de todas las necesidades de los hombres. Jesús se inclinó sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales”.

Santa Faustina, fue una humilde y sencilla religiosa. Sin ninguna formación especial, pues a los 14 años tiene que ponerse a trabajar de sirvienta en una familia. A los 20 años, tras no pocas dificultades, pudo entrar en la Congregación de la Madre de dios de la Divina Misericordia de Cracovia. Y sus oficios fueron los más corrientes: cocinera, jardinera y portera. Vivió 13 años como religiosa. Murió a los 33 el año 1938.

Su confesor y director espiritual le mandó escribir lo que ella vivía. Fueron seis cuadernos escritos en los cuatro últimos años de su vida, que es un legado espiritual precioso para entender este mensaje de la misericordia de Dios.

Es conocida la imagen de la Divina Misericordia: Jesús Resucitado con blanca túnica ala la mano derecha bendiciéndonos, y con la izquierda muestra lo que sale de la herida de su pecho: dos rayos de luz, blanco y rojo, el agua y la sangre, el bautismo y el perdón de la penitencia. Toda la figura está diciendo que, si Dios es Amor, el Amor tiene una palabra: Misericordia. Abajo hay unas palabras: Jesús, en ti confío.

 

Pero vayamos directamente al Evangelio.

En la tarde del día de la Resurrección Jesús se aparece a sus  discípulos. Estaban juntos, ausente Tomás, cobijados en una casa – acaso el mismo cenáculo – y san Juan indica que estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Para Jesús no hay distancias, no hay puertas cerradas, ni tampoco miedo a los judíos. Jesús se presenta a los suyos, como se puede presentar hoy a mí, piensen los que quieran pensar de mí todos los que me rodean.

Jesús se puso en medio y les dijo lo que hoy siguen diciendo todos los judíos: Schalom, la Paz. No era un saludo de cortesía, como podemos decir nosotros, sin ningún compromiso: Buenos días, Buenas tardes, ¿Qué tal? Muy bien, muy bien.

Al decirles: La Paz con vosotros, les mostró las manos y el costado. Es decir, la Paz salía de allí. Salía de su costado, que, como dice el mismo evangelista: al morir, un costado le atravesó con la lanza y al punto salió sangre y agua.

Y para enseñarles el costado, ¿qué tipo de túnica llevaba Jesús, para poder desabrochar o desatarla, o es que ya traído el vestido abierto? Preguntas absolutamente inútiles, porque estábamos hablando e Jesús Resucitado.

Les mostró las manos y el costado. ¿O sea que como cuerpo Resucitado había conservado aquellas llagas sin que manaran sangre, mientras que, en la frente, en el rostro, en otras partes del cuerpo no tenía heridas de las espinas, ni de los latigazos? Repitamos: Estamos hablando del cuerpo de Cristo Resucitado.

Y ese Cuerpo resucitado, que puede entrar en unión conmigo, no necesita descripciones nuestras para llevarlo a una película. Es el cuerpo de Jesús Resucitado, es el Cuerpo que pertenece al mundo que viene, es la belleza purísima de Dios, es el cuerpo del Esposo que puede entregarse a su esposa, al Iglesia, produciendo un deleite, una dulzura, una pasión que ninguna esposa ha provocado ni gustado. Es el mismo Cuerpo que se nos da en al Eucaristía.

Es el mismísimo Cuerpo que se me entrega a mí cuando comulgo, que yo lo puedo tocar, abrazar, gustar con los sentidos profundos que el Señor me da, y que son más vivos que los cinco sentidos corporales, con los cuales gozamos y sufrimos en esta vida. Es que estamos hablando de Cristo Resucitado.

 

Ocurre que Tomás no estaba con el grupo en aquel momento. Se lo contaron como lo estamos contando. Pero él no les cree. Tiene todas las razones para no creer, lo mismo que el que hoy no cree en Jesús. Te respeto;

Hablando a lo meramente humano, tienes argumento humano para no creer. Es que la fe es otra cosa que los argumentos de la razón, pro muy sabios que seas. La fe es una ilumi8nación celestial que Dios te la da, si con un corazón humilde estás dispuesto a recibir.

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Tomás, en este momento, no acaba de salir de sí mismo; tiene sus razones. Es que eso mismo dicen los evangelios de los demás apóstoles: No creyeron a las mujeres: Y Jesús se lo echó en cara, cuando se apareció a los once, según el texto de san Marcos.  No nos sorprendan, hermano, estas extrañas contradicciones que encontramos en los Evangelios, que son documentos de fe, y nos manifiestan perfiles tan diferentes que tiene la fe.

La fe es un encuentro; no un raciocinio. A los ocho días, estando Tomás, fue el encuentro. Tomás se rindió y con humildad y amor dio todo lo que tenía: Señor mío y Dios mío. Tantas personas dicen devotamente esta frase cuando en la consagración se eleva ahora el pan consagrado, y a continuación el cáliz con el vino consagrado.

Dicho Tomás que así pudo experimentar a Jesús. Pero más dichosos nosotros, dice el Evangelio, haciendo una comparación, que sin ver creemos, sin tener la visión corporal de la vista y el tacto con Jesús, hemos entregado todo el amor de nuestro corazón.

Hermanos, estamos celebrando el misterio de la Resurrección de Jesús, fuente de todos los misterios, misterio que es infinito y no tiene fondo, misterio que es real, y que me lo da el mismo Resucitado para que en él encuentre todo el sentido de mi vida.

Concluyamos:

Jesús Resucitado, como Tomás te decimos: ¡Señor mío y Dios mío! Tú eres el hallazgo de mi vida; te amo y en este amor estoy a tu servicio. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, II domingo de Pascua, 7 abril 2024.

No hay comentarios:

Publicar un comentario